sábado, 26 de julio de 2014

ESTOFADO


Hace cuarenta años que Pedro y Celestina se unieron en matrimonio y prometieron amarse, acompañarse y cuidarse tanto en las buenas como en las malas. Y para dar muestra de esa promesa, basta con que aparezca alguna situación como la siguiente.
Dos de la mañana, y el estofado de la cena le hace pasar una mala jugada al estomago del esposo. Empieza a toser sintiendo como si le faltara el aire y con un malestar en la garganta cada vez más fuerte. Su esposa rápidamente enciende la luz de la mesita y le pregunta si estaba bien. Pedro se baja de la cama y agarrado de las paredes, algo mareado, se lleva las puertas por delante caminando hasta llegar al inodoro donde termina vomitando.
Celestina se levantó para ir tras de él muy preocupada. Cuando Pedro está saliendo del baño, nuevamente el estofado regresa a su garganta y corre al inodoro para seguir despidiendo. Ella se apoya sobre la pared del baño preguntándole si quiere llamar a AMAS a lo que el se niega. Finalmente regresa a la cama, siempre tosiendo y quejándose del fuerte dolor de panza mientras que su esposa se queda unos segundos para limpiar en el baño los desechos del inodoro y acomodar la toalla y jabón en su lugar.
Ya en la cama, ella continuamente le toca la cabeza hasta encontrarle un poco de fiebre. Allí se levanta a buscarle una pastilla que le arrima con un vaso de agua y se lo da prácticamente en la boca. Pedro sigue quejándose del dolor y prueba acostarse de costado pero todo sigue igual: la tos es más fuerte, la fiebre crece y las ganas de vomitar son más frecuentes.
Así estuvieron como una hora: Pedro casi a los gritos sin nada que calmara su malestar y ella a su lado, muy preocupada pero buscando algo entre los medicamentos de su botiquín con el que pudiera ayudar a su amado esposo. Y como si fuera poco, bien temprano el le comunica que no iría a trabajar… entonces Celestina se levanta, toma el teléfono e informa a la empresa de su marido, el ausentismo.
Pasan dos semanas y un nuevo estofado produce una mala jugada… con la diferencia que la afectada ahora es ella. Cuando las tripas se comenzaron a incomodar, Celestina se levanta y va al baño sin quejarse. Pero también empieza a toser y cada vez con más frecuencia… lo que hace que Pedro la escuche, pero se de vuelta y siga durmiendo y roncando hacia el otro lado de la cama.
Ella estira su mano y enciende la luz. Mira el despertador y nota que son las dos de la madrugada. Pasa sobre su esposo y corre hacia el baño también a vomitar. Allí también se ocupa de limpiar el retrete y acomoda la toalla y el jabón en su lugar. Aprovecha, pese al dolor de estómago, a pasar el secador en el piso del baño al notarlo algo mojado. Y regresa a la cama.
Acostada sigue notando el malestar. Y siente que también tiene fiebre, así que se levanta para tomarse un medicamento. Además termina de guardar en la alacena los cubiertos de la cena. Luego se dirige el baño donde vomita una segunda y tercera vez sintiendo incluso que su cuerpo se desvanece. Se toma de la pared y piensa que puede llamar a emergencias pero decide esperar un poco más. Y con mucho esfuerzo, regresa otra vez a acostarse.
En la cama, acomoda nuevamente las sabanas y frazadas y vuelve a dormirse luchando por superar el enorme malestar de su cuerpo. Tose, gira su cuerpo, acomoda la almohada, vuelve al baño, toma agua, limpia el baño, regresa, etc. Todo esto ante la presencia de su esposo que, como oso en época invernal, continúa en su tercer sueño.
Por la mañana, Celestina siente que no tiene fuerzas para ir a su trabajo entonces despierta a su amado que con mucho esfuerzo logra despegar sus ojos. “Querido no estoy bien y voy a faltar a la fabrica” – le informó ella. Pedro le dijo que no había problemas sin siquiera interiorizarse en lo que a ella podía pasarle. La mujer se levanta y llama a su empresa informando de su inasistencia. Luego regresa a la cama y le cuenta a su esposo que estuvo en la madrugada varias horas sin poder dormir debido a un malestar estomacal. “Ah… no escuché nada” – expresó Pedro.
Así es como Pedro y Celestina viven lo que hace cuarenta años aproximadamente prometieron delante del Padre Florio, familiares y amigos… amarse y apoyarse tanto en la salud como en la enfermedad; aunque un estofado nocturno pudiera indicar lo contrario.



 La Posta Hoy - 26/07/2014