Hace cuarenta
años que Pedro y Celestina se unieron en matrimonio y prometieron amarse,
acompañarse y cuidarse tanto en las buenas como en las malas. Y para dar
muestra de esa promesa, basta con que aparezca alguna situación como la
siguiente.
Dos de la
mañana, y el estofado de la cena le hace pasar una mala jugada al estomago del
esposo. Empieza a toser sintiendo como si le faltara el aire y con un malestar
en la garganta cada vez más fuerte. Su esposa rápidamente enciende la luz de la
mesita y le pregunta si estaba bien. Pedro se baja de la cama y agarrado de las
paredes, algo mareado, se lleva las puertas por delante caminando hasta llegar
al inodoro donde termina vomitando.
Celestina se
levantó para ir tras de él muy preocupada. Cuando Pedro está saliendo del baño,
nuevamente el estofado regresa a su garganta y corre al inodoro para seguir
despidiendo. Ella se apoya sobre la pared del baño preguntándole si quiere
llamar a AMAS a lo que el se niega. Finalmente regresa a la cama, siempre
tosiendo y quejándose del fuerte dolor de panza mientras que su esposa se queda
unos segundos para limpiar en el baño los desechos del inodoro y acomodar la
toalla y jabón en su lugar.
Ya en la cama,
ella continuamente le toca la cabeza hasta encontrarle un poco de fiebre. Allí
se levanta a buscarle una pastilla que le arrima con un vaso de agua y se lo da
prácticamente en la boca. Pedro sigue quejándose del dolor y prueba acostarse
de costado pero todo sigue igual: la tos es más fuerte, la fiebre crece y las
ganas de vomitar son más frecuentes.
Así estuvieron
como una hora: Pedro casi a los gritos sin nada que calmara su malestar y ella
a su lado, muy preocupada pero buscando algo entre los medicamentos de su
botiquín con el que pudiera ayudar a su amado esposo. Y como si fuera poco,
bien temprano el le comunica que no iría a trabajar… entonces Celestina se
levanta, toma el teléfono e informa a la empresa de su marido, el ausentismo.
Pasan dos
semanas y un nuevo estofado produce una mala jugada… con la diferencia que la
afectada ahora es ella. Cuando las tripas se comenzaron a incomodar, Celestina
se levanta y va al baño sin quejarse. Pero también empieza a toser y cada vez
con más frecuencia… lo que hace que Pedro la escuche, pero se de vuelta y siga
durmiendo y roncando hacia el otro lado de la cama.
Ella estira su
mano y enciende la luz. Mira el despertador y nota que son las dos de la
madrugada. Pasa sobre su esposo y corre hacia el baño también a vomitar. Allí
también se ocupa de limpiar el retrete y acomoda la toalla y el jabón en su
lugar. Aprovecha, pese al dolor de estómago, a pasar el secador en el piso del baño
al notarlo algo mojado. Y regresa a la cama.
Acostada sigue
notando el malestar. Y siente que también tiene fiebre, así que se levanta para
tomarse un medicamento. Además termina de guardar en la alacena los cubiertos
de la cena. Luego se dirige el baño donde vomita una segunda y tercera vez
sintiendo incluso que su cuerpo se desvanece. Se toma de la pared y piensa que
puede llamar a emergencias pero decide esperar un poco más. Y con mucho
esfuerzo, regresa otra vez a acostarse.
En la cama,
acomoda nuevamente las sabanas y frazadas y vuelve a dormirse luchando por
superar el enorme malestar de su cuerpo. Tose, gira su cuerpo, acomoda la
almohada, vuelve al baño, toma agua, limpia el baño, regresa, etc. Todo esto
ante la presencia de su esposo que, como oso en época invernal, continúa en su
tercer sueño.
Por la mañana,
Celestina siente que no tiene fuerzas para ir a su trabajo entonces despierta a
su amado que con mucho esfuerzo logra despegar sus ojos. “Querido no estoy bien
y voy a faltar a la fabrica” – le informó ella. Pedro le dijo que no había
problemas sin siquiera interiorizarse en lo que a ella podía pasarle. La mujer
se levanta y llama a su empresa informando de su inasistencia. Luego regresa a
la cama y le cuenta a su esposo que estuvo en la madrugada varias horas sin
poder dormir debido a un malestar estomacal. “Ah… no escuché nada” – expresó
Pedro.
Así es como
Pedro y Celestina viven lo que hace cuarenta años aproximadamente prometieron
delante del Padre Florio, familiares y amigos… amarse y apoyarse tanto en la
salud como en la enfermedad; aunque un estofado nocturno pudiera indicar lo
contrario.
La Posta Hoy - 26/07/2014