Para
cuando ningún otro vehículo atravesaba la calle Islas Malvinas en la salida a
la autopista, Laureano ingresa a la ciudad en su auto para colisionar de frente
y, a alta velocidad, contra el que conducía Marcos. Y casi al ingreso del Club
Central, Laureano toma el carril contrario mientras que, faltando pocos metros
para el impacto, Marcos se desvía hacia una calle perpendicular.
El
desafío de estos cinco amigos estaba por llegar a su fin. Se trataba de un
juego propuesto por un persona ajena a ellos que recompensaría con un millón de
pesos a quien protagonizara el mejor accidente de tránsito. El primero fue
Uriel dañando su auto un 40% y luego Cesar quien perdió su vida quedando, por
ende, fuera del juego. En tercer lugar fue Dilan quien casi por casualidad,
protagoniza un accidente ingresando a Capital Federal y afectando solamente una
decima parte de su rodado. Y ahora era el turno de los dos que quedaban:
Laureano y Marcos quienes se propusieron colisionar entre ellos para dar por
terminado el desafío cuánto antes.
A
alta velocidad, Marcos esquivó en primera instancia el choque. Para cuando vio
las luces del vehículo de su amigo bien cercanas, se desvió rápidamente hacia
una calle de la mano derecha intentando escapar de la situación y tomando el
camino que lleva el loteo Don Alejando. Y allí muy cerca del ingreso al salón
religioso del lugar, frena su auto tomándose la cabeza y viendo por el espejo
retrovisor, a su amigo que continuó la marcha en dirección a la ciudad.
Con
mucha bronca, Marcos golpea con sus puños el volante y vuelve a poner en marcha
su auto para retomar una nueva calle en dirección a la zona urbana e ir en
busca de su amigo. Pero cuando dobla en la siguiente esquina, es impactado por
el vehículo de Laureano que siempre a alta velocidad fue detrás de su compañero
para lograr lo pactado entre ambos. Marcos, por su parte, termina dentro de un
zanjón con el auto invertido y Laureano a pocos metros, con su coche frenado
por el impacto y golpeando luego contra unos postes de luz.
No
pasaron dos minutos y ambos logran salirse de sus autos doloridos, se enfrentan
en el medio de la calle y terminan por celebrar el cometido ante la mirada de
desorientados vecinos que salieron a indagar sobre lo que había ocurrido tras
el fuerte impacto. Al rato, también policías y una hambulancia se dan cita en
el lugar aunque los amigos se encontraban fuera de peligro y optaron por
dedicarse a tomar fotografías con su celular del estado de sus rodados.
Bien
temprano, al día siguiente, los amigos se reúnen a desayunar en un bar céntrico
con la idea de coordinar las acciones a seguir. Aunque de a ratos, aparecía el
concepto de repartir el dinero en partes iguales, entre los cuatro; por otros
momentos, había discusión entre ellos reclamándose quién corrió más peligro
tras su accidente. E incluso, uno de ellos consideró que era justo entregar la
parte que le correspondía a Cesar a su familia. Y así pasaron las primeras
horas de la mañana donde hubo muy poco acuerdo entre ellos que de todas
maneras, alrededor de las diez horas, se dirigieron en un remis al barrio
ribereño.
Julio
los recibió en su casa del Bote Club. Los cuatro ingresaron al living donde
Laureano y Marcos expusieron las últimas fotos sobre una mesa. Y el hombre
finalmente concluyó con que el auto de Marcos era el más dañado de todos; “éste
es el accidente ganador… o sea, Marcos es el ganador del millón de pesos” –
manifestó tal como si estuviera por entregar un reconocimiento a un artista
famoso. El anciano salió del lugar y regresó a los pocos minutos con un maletín
que entregó a Marcos ante la mirada desafiante de los tres restantes.
“Yo
pensé que todo esto era un juego y no nos iba a pagar” – murmuró Uriel a
Laureano entre risas.
Sin
decir ninguna otra palabra más, salieron de la casa sin siquiera agradecer a
Julio que terminó por cerras tras ellos la puerta principal del hogar. Subieron
al remis ocupando Marcos el lugar del acompañante y teniendo entre sus piernas,
el maletín. El vehículo tomó el camino que conduce al Rowing Club y levantó
velocidad en dirección a la ciudad. “¿Marcos que hacemos?” – preguntó Laureano
muy reservado. Marcos mordió sus labios pero no pronunció palabras y solo
prestó atención a algunas vacas que pasteaban en el campo lindero. Así, ninguno
de ellos se percataba que el remis iba a muy alta velocidad colisionando contra
el guardarrail del puente del arroyo Savoca y terminando por volcarse entre un
matorral.
¿Cuál
es el límite de amigos que por dinero son capaces de poner en riesgo sus
propias vidas? Tal vez ni siquiera exista o simplemente exista pero la idea de
superarlo es lo que genera mayor adrenalina en todo lo que uno emprenda. Aun
así, todo desafío tiene una consecuencia.
Semanas
más tarde, un hombre llega a casa de Julio. “Soy el chofer del remis” – se
presenta a Julio con su rostro vendado y con yeso en sus brazos. Cuando ingresa
a la casa, le muestra fotografías del accidente y del estado final y trágico de
sus pasajeros y Julio termina por premiarlo con el mismo maletín que contenía
un millón de pesos.
La Posta Hoy - 25/10/2014