sábado, 25 de octubre de 2014

DESAFIO AL VOLANTE (parte V)



Para cuando ningún otro vehículo atravesaba la calle Islas Malvinas en la salida a la autopista, Laureano ingresa a la ciudad en su auto para colisionar de frente y, a alta velocidad, contra el que conducía Marcos. Y casi al ingreso del Club Central, Laureano toma el carril contrario mientras que, faltando pocos metros para el impacto, Marcos se desvía hacia una calle perpendicular.
El desafío de estos cinco amigos estaba por llegar a su fin. Se trataba de un juego propuesto por un persona ajena a ellos que recompensaría con un millón de pesos a quien protagonizara el mejor accidente de tránsito. El primero fue Uriel dañando su auto un 40% y luego Cesar quien perdió su vida quedando, por ende, fuera del juego. En tercer lugar fue Dilan quien casi por casualidad, protagoniza un accidente ingresando a Capital Federal y afectando solamente una decima parte de su rodado. Y ahora era el turno de los dos que quedaban: Laureano y Marcos quienes se propusieron colisionar entre ellos para dar por terminado el desafío cuánto antes.
A alta velocidad, Marcos esquivó en primera instancia el choque. Para cuando vio las luces del vehículo de su amigo bien cercanas, se desvió rápidamente hacia una calle de la mano derecha intentando escapar de la situación y tomando el camino que lleva el loteo Don Alejando. Y allí muy cerca del ingreso al salón religioso del lugar, frena su auto tomándose la cabeza y viendo por el espejo retrovisor, a su amigo que continuó la marcha en dirección a la ciudad.
Con mucha bronca, Marcos golpea con sus puños el volante y vuelve a poner en marcha su auto para retomar una nueva calle en dirección a la zona urbana e ir en busca de su amigo. Pero cuando dobla en la siguiente esquina, es impactado por el vehículo de Laureano que siempre a alta velocidad fue detrás de su compañero para lograr lo pactado entre ambos. Marcos, por su parte, termina dentro de un zanjón con el auto invertido y Laureano a pocos metros, con su coche frenado por el impacto y golpeando luego contra unos postes de luz.
No pasaron dos minutos y ambos logran salirse de sus autos doloridos, se enfrentan en el medio de la calle y terminan por celebrar el cometido ante la mirada de desorientados vecinos que salieron a indagar sobre lo que había ocurrido tras el fuerte impacto. Al rato, también policías y una hambulancia se dan cita en el lugar aunque los amigos se encontraban fuera de peligro y optaron por dedicarse a tomar fotografías con su celular del estado de sus rodados.
Bien temprano, al día siguiente, los amigos se reúnen a desayunar en un bar céntrico con la idea de coordinar las acciones a seguir. Aunque de a ratos, aparecía el concepto de repartir el dinero en partes iguales, entre los cuatro; por otros momentos, había discusión entre ellos reclamándose quién corrió más peligro tras su accidente. E incluso, uno de ellos consideró que era justo entregar la parte que le correspondía a Cesar a su familia. Y así pasaron las primeras horas de la mañana donde hubo muy poco acuerdo entre ellos que de todas maneras, alrededor de las diez horas, se dirigieron en un remis al barrio ribereño.
Julio los recibió en su casa del Bote Club. Los cuatro ingresaron al living donde Laureano y Marcos expusieron las últimas fotos sobre una mesa. Y el hombre finalmente concluyó con que el auto de Marcos era el más dañado de todos; “éste es el accidente ganador… o sea, Marcos es el ganador del millón de pesos” – manifestó tal como si estuviera por entregar un reconocimiento a un artista famoso. El anciano salió del lugar y regresó a los pocos minutos con un maletín que entregó a Marcos ante la mirada desafiante de los tres restantes.
“Yo pensé que todo esto era un juego y no nos iba a pagar” – murmuró Uriel a Laureano entre risas.
Sin decir ninguna otra palabra más, salieron de la casa sin siquiera agradecer a Julio que terminó por cerras tras ellos la puerta principal del hogar. Subieron al remis ocupando Marcos el lugar del acompañante y teniendo entre sus piernas, el maletín. El vehículo tomó el camino que conduce al Rowing Club y levantó velocidad en dirección a la ciudad. “¿Marcos que hacemos?” – preguntó Laureano muy reservado. Marcos mordió sus labios pero no pronunció palabras y solo prestó atención a algunas vacas que pasteaban en el campo lindero. Así, ninguno de ellos se percataba que el remis iba a muy alta velocidad colisionando contra el guardarrail del puente del arroyo Savoca y terminando por volcarse entre un matorral.
¿Cuál es el límite de amigos que por dinero son capaces de poner en riesgo sus propias vidas? Tal vez ni siquiera exista o simplemente exista pero la idea de superarlo es lo que genera mayor adrenalina en todo lo que uno emprenda. Aun así, todo desafío tiene una consecuencia.

Semanas más tarde, un hombre llega a casa de Julio. “Soy el chofer del remis” – se presenta a Julio con su rostro vendado y con yeso en sus brazos. Cuando ingresa a la casa, le muestra fotografías del accidente y del estado final y trágico de sus pasajeros y Julio termina por premiarlo con el mismo maletín que contenía un millón de pesos. 

La Posta Hoy - 25/10/2014

sábado, 18 de octubre de 2014

DESAFIO AL VOLANTE (parte IV)


Cinco amigos y un desafío: protagonizar el mayor accidente de tránsito por el premio de un millón de pesos. Un interesante monto pero que aun así, jamás devolvería la vida de Cesar, el segundo en lanzarse al juego y en fallecer luego de que su vehículo terminara en el arroyo del ingreso norte a la ciudad tras colisionar con el guardarrail. Y en su velorio, Marcos, Uriel y Laureano se enteran que Dilan había protagonizado el siguiente choque en su huida a Buenos Aires.
Las pocas noticias que habían llegado a Arroyo Seco sobre el accidente de Dilan tenían en vilo a los amigos que hacían vigilia en la sala velatoria. Un familiar les había avisado que éste se encontraba fuera de peligro aunque fue trasladado a un hospital de Capital para su control; viajaba a velocidad normal pero por la herida en su mano perdió el control del coche y terminó por colisionar con otro vehículo. Asi cuando le dieron el alta, se tomó un taxi y se trasladó a la dependencia policial donde se encontraba su auto y lo fotografió por completo.
Alrededor de las dos de madrugada, las imágenes del vehículo accidentado llegan al watsapp de Marcos que no aguantó hasta que se hiciera de día y, sin comentar nada a sus compañeros, salió del velatorio y se fue a casa de Julio en el barrio donde había comenzado días atrás, el reto. Llegó al lugar, llamó varias veces hasta que las luces interiores de la casa se encendieron y se asomó de una ventana, la sobrina de aquel hombre.
Tras haberlo reconocido, la mujer salió a recibirlo y le abrió la puerta de su casa. Le informó a la visita que Julio aun permanecía en Rosario. Marcos ingresó agarrándose la cabeza y con ganas incluso de dar por terminado con todo lo que estaba sucediendo. “¿Ocurre algo?” – preguntó la mujer. El joven se apoyó sobre el espaldar de un sofá y procedió a contarte el motivo de su visita a aquella casa.
La mujer rápidamente cambió su semblante y se mostró muy preocupada por lo que estaba escuchando. Puso tranquilidad en Marcos a quien le ofreció que tomara asiento: “mi tío ha hecho esto en muchas oportunidades, es un obsesionado por los accidentes de tránsito y no hemos podido tratarlo…” – contó; “no obstante, si el les prometió ese dinero, se los dará.”
Marcos regresó a la ciudad muy confundido. Había cosas que no quedaban en claro pero estaba decidido llevar el juego hasta el final. Regresó a la sala velatoria para compartir las nuevas con sus compañeros al momento en que la madre de Cesar, muy dolida, se acercó a hablar con ellos. La mujer los observó detenidamente y les preguntó si sabían el motivo por el que su hijo pudo haber provocado su accidente.
En la larga pausa de la mujer, ninguno de los amigos encontró palabras para contar lo que podía servir para explicar lo que estaban haciendo. Pero aquella madre fue por más: “todas las cosas pasan por una causa… primero Uriel, luego mi hijo y posteriormente Dilan, en Buenos Aires” – relató; “¡esto no es casualidad! Esto está entre ustedes cinco porque siempre estuvieron juntos desde el colegio secundario.” Y los amigos intercambiaron sus miradas hasta que Marcos se animó a responderle midiendo sus palabras. Terminó por mentirle, inventarle cualquier otra excusa y llevándola a concluir que solo era una casualidad.
Y para cuando comenzaba a amanecer, los amigos terminan por acordar seguir con el juego dado que los últimos que quedaban eran Laureano y Marcos, en ese orden. Incluso antes de subirse cada uno a su auto, Uriel los vuelve a llamar y les propone: “¿Por qué no chocan entre ustedes? ¡Y matamos dos pájaros de un tiro!” Ambos se miraron y sonrieron.
A los dos días, Marcos visita le Bote Club para encontrarse con Julio a quien le mostró las fotos del accidente de Dilan: “solo es un 10% del vehículo el que se dañó” – concluyó este hombre. Entonces Julio le aclaró que el accidente de Cesar no podía contarse más en el juego dado que era condición imprescindible quedar con vida luego de cumplir el reto. Antes de salir del barrio, Marcos le mando un mensaje a Lautaro invitándolo a acceder a la propuesta de Uriel.
Fue como tomaron la decisión de protagonizar esa misma noche un choque frontal entre ambos autos por la calle Islas Malvinas próximos a la salida a la autopista. Laureano salió primero a la autopista y despidió a Marcos que permaneció frente al colegio Comercial para cuando su amigo le indicaba que estaba por entrar a la ciudad. La idea era que el primero tomara la via hacia Rosario y a la altura del acceso al paraje El Ombú, por debajo del puente se cruzara de carril, regresara y dé aviso cuando estaba por ingresar a Arroyo Seco.
(continua en la próxima edición)


 La Posta Hoy - 18/10/2014

sábado, 11 de octubre de 2014

DESAFIO AL VOLANTE (parte III)


Si los desafíos en los que uno se sube, bordean lo irracional entonces hay que replantarse si vale la pena seguirlos. Y mucho más cuando las consecuencias de los mismos, causa daños irreparables. Tal el caso de estos cinco jóvenes de Arroyo Seco que tras la propuesta de un vecino del barrio Bote Club, se proponen experimentar el mejor accidente de tránsito por el premio de un millón de pesos.
Cesar acaba de perder su vida en este juego. Era el segundo, tras su amigo Uriel, que se animaba al desafío. Ahora los cuatro amigos no logran comprender qué ocurrió o qué salió mal a tal punto de medir la locura en la que un viernes por la noche se embarcaron. Aquella iba a ser un asado más entre ellos, pero sin lugar a dudas que aquel hombre, Julio, les cambió la vida.
Apenas llega la noticia del fallecimiento de Cesar, quien a alta velocidad terminó por colisionar con el guardarrail y acabó en el arroyo del ingreso norte de la ciudad; Marcos tomó su auto y fue en búsqueda de Julio en el barrio ribereño. Iba más que enfurecido. Llegó a la casa, descendió del coche y se precipitó a llamar con sus palmas. Insistió tres veces hasta que finalmente salió una mujer.
Julio no se encontraba y ella era su sobrina que estaba de paseo por esa casa. “¿Qué es lo que necesita de él?” – le preguntó la mujer que tenía unos cuarenta años; “supongo que el debe estar en Rosario en estos momentos pero por la noche estará de vuelta por acá.”
“Nada… volveré” – expresó Marcos casi al mismo tiempo que volvía a subirse a su auto para emprender el regreso a la zona urbana y acercarse al lugar del accidente. Una vez que pasó frente al ingreso al predio de la perrera, no pudo avanzar más dado que bomberos y policías trabajan en el lugar. Descendió y entre los muchos curiosos, solo pudo observar a familiares de su amigo que lloraban al costado del puente.
Lejos de allí, detrás del Club Unión, Laureano permanecía tirado en su cama con la mirada fija en el techo. Por momentos luchó con la idea de contarle a su madre lo que estaba ocurriendo entre el grupo de amigos pero prefirió callarlo aunque la cuestión pesaba mucho sobre su mente. Y mucho más aún, porque siguiendo con el sorteo para establecer el orden en el que debían accidentarse, era su turno.
Se llega hasta allí Uriel con quien dialogan en el hall. Laureano intentó convencerlo para dar por terminado con todo e incluso contarlo a sus familiares, pero su visita se negó argumentando que había cumplido con su parte, que tenía su auto muy dañado y que, aunque uno de ellos había muerto, el resto podía seguir incluso hasta cobrar el dinero y dividirlo en partes iguales.
“Tenemos que seguir” – manifestó Uriel; “yo estoy sin trabajo y no puedo arreglar mi auto salvo que lleguemos hasta el final… cobremos esa plata y la dividamos en cuatro.” Laureano recordó que aquel desafío había costado la vida de Cesar pero Uriel objetó que aquello era parte del juego; “vos y yo sabemos que cualquier accidente puede ser fatal; el riesgo se corre pero no podemos volver para atrás” – explicó.
Dilan, por su parte, también luchó con sus pensamientos por horas mientras trabajaba en su carpintería. Tenía bien en claro su responsabilidad en la tragedia de Cesar pero no podía hacer mucho más que callarlo y esperar a ver cómo continuaba todo. Por momentos miró los sms de sus amigos pero no respondió a ninguno y en un momento de distracción terminó por cortarse parte de su mano con el serrucho.
Rápidamente puso la mano bajo el agua de una canilla y la envolvió con una remera. Perdía mucha sangre. Puso llave al comercio y en su auto, Peugeot 206 modelo 2010 color blanco, se acercó al hospital para ser curado. Una enfermera lo cura y con las indicaciones de una médica, pone varios puntos en la herida causada en la palma. Ya cuando estaba sentado en la camilla esperando las últimas recomendaciones de los profesionales para irse, observa una llamada a su celular de parte de Marcos.
Dilan apaga su celular y sale del hospital. Arroja el aparato en el medio del campo detrás del edificio del nosocomio y llega a su casa, alrededor de las diez de la noche, para preparar un bolso con su ropa. Estaba decidido irse por un tiempo a Buenos Aires donde vivía gran parte de su familia. Consideraba que esta era la única manera de escapar de aquel desafío.
Marcos, Uriel y Laureano se encontraban en el velorio de su amigo sin poder explicar lo que sabían pero tomándose el tiempo para consolar a los familiares de Cesar. “No pude ubicar a Dilan” – informa Marcos que también cuenta su intento fallido de localizar a Julio en el Bote Club. Y casi cerca de la medianoche, Uriel recibe un llamado de un familiar que le comunica que Dilan había sufrido un accidente por Panamericana al ingreso a Capital Federal.
(continúa en la próxima edición.)



La Posta Hoy - 11/10/2014

sábado, 4 de octubre de 2014

DESAFIO AL VOLANTE (parte II)


Cualquier transeúnte suponía que lo ocurrido no era otra cosa que un accidente casual. Pero se trataba de Uriel quien era el primero en cumplir el desafío, entre cinco amigos, de protagonizar el mejor accidente de tránsito a cambio del premio de un millón de pesos.
Con su auto Senic atravesó la ruta a la altura del ingreso del cementerio y fue envestido por un gran camión que venía en sentido contrario. El vehículo recibió el impacto y fue arrastrado hasta chocar con la garita de colectivo del lado este. Fue ahí donde Uriel perdió su conocimiento y minutos más tarde fue asistido por el servicio de emergencias de Arroyo Seco.
El día anterior había estado debatiendo con sus amigos si habrían de cumplir o no aquel desafío recibido por el extraño vecino, Julio, del barrio Bote Club. Cesar, quien estaba dormido cuando la propuesta de ese hombre fue lanzada sobre la mesa, pidió más explicaciones sobre la propuesta y aunque en un principio trató de loco a sus compañeros, luego se animó a jugar. En realidad los cinco estaban embarcados en la aventura y finalmente luego de tomar varias cervezas, colocaron sus nombres en una bolsa y sortearon el orden en el que debían accidentarse.
Uriel estuvo toda la tarde y la noche de aquel domingo pensando en lo que habría de hacer desde que extrajeron en primer lugar, su nombre. Ya el día lunes, por momentos, intentó obtener consejo de otros ajenos a sus amigos pero prefirió tenerlo en secreto y finalmente, antes de las 20 hs, se subió a su auto pensando en las muchas cosas que podía hacer si ganaba ese dinero.
Luego del choque, no pasaron los treinta minutos y sus amigos estaban enterados de lo ocurrido. “¡Esto es una locura!”- dijo Cesar cuando Marcos le informó por teléfono de lo acontecido. Rápidamente los cuatro se dirigieron hacia el hospital pero allí fueron informados que por la emergencia, Uriel había sido trasladado al HECA de Rosario. Los cuatro se subieron al auto de Laureano y se dirigieron hasta allí.
Después de varios minutos Uriel despertó. Se encontraba todo dolorido pero por suerte no había en su cuerpo golpes graves. Cuando hubo reaccionado de lo ocurrido, sonrió aunque sus familiares que rodeaban la cama en la sala del hospital no entendían qué le ocurría. Mas tarde fueron sus amigos los que ingresaron a verlo y sacaron conclusiones de la locura a la que se habían subido. “¿Cuánto se dañó el auto?” – preguntó Uriel y sus amigos no tuvieron respuestas dado que no habían visto el coche accidentado.
Al día siguiente Marcos pasó por la seccional 27ª donde aprovechó a fotografiar con su celular el auto de su amigo. Llevó esas imágenes a Julio en el Bote Club quien luego de bajarlas y examinarlas en su computadora portátil concluyó que solo un 40% del vehículo fue dañado en el primer intento del desafío; “¡muy poco para recibir un premio de un millón de pesos!” – expresó el hombre quien también le recordó que si uno de los cinco se negaba al reto, el desafío quedaba invalidado.
Ese dato Marcos se lo pasa por whatsapp a Uriel que aun seguía internado y se reúne con el resto, al día siguiente, en la planta baja de la galería San Jorge. Pidieron una cerveza y esperaron que Cesar, el siguiente, expresara qué es lo tenía pensado hacer. Este  intentó evitar la situación pero rápidamente sus amigos terminaron por convencerlo; “de última repartimos el millón entre los cinco y todos terminamos contentos” – concluyó Laureano a lo que el resto dio el visto afirmativo.
Una vez que le hicieron todos los estudios y pudo comprobarse una recuperación rápida, Uriel fue dado de alta el dia jueves y se acercó a la casa de Cesar para motivarlo a que protagonice un accidente. “¿Y cómo lo hago?” – se preguntó éste. Uriel terminó por darle algunas ideas bien locas pero capaces de superar el 40% del daño de su vehículo.
Finalmente luego de las 22 horas y motivado por la insistencia de sus amigos, tomó su Ford Ka modelo 2012 y se dirigió hacia el norte de la ciudad. Pasando frente al santuario del Gauchito Gil intentó colisionar con otro rodado quien rápidamente clavó sus frenos dejando a Cesar, con su auto, estacionado al ingreso del camino que lleva al puerto y a la espera de una nueva oportunidad.
¿Hasta qué punto una persona es capaz de llegar por dinero? ¿Hasta dónde alguien puede embarcarse sin medir riesgos o solamente por alguna locura entre amigos? Pensó varias veces en salirse del juego, pero los mensajes de sus compañeros a su celular le pesaron enormemente.
Media hora más tarde, tomó la ruta nuevamente detrás de una camioneta en dirección a Rosario y a 110 km/h intenta adelantársele casi a la altura de la perrera. Fue ahí cuando notó la cercanía de un colectivo urbano que venía en dirección contraria y se encontró sin espacio para volver a su carril. Terminó por volantear hacia su izquierda, el coche colisionó con el inicio del guardarrail, giró en el aire tres veces y se incrustó en el arroyo. Todos los vehículos detuvieron la marcha y cuando lograron dar aviso a emergencias, Cesar se encontraba sin vida.


 La Posta Hoy - 04/10/2014