sábado, 29 de junio de 2013

EL GORDO MORDATELA VI


El gordo mortadela seguía alentando al equipo de sus amores entre la 14 pero vestido como la madre del rengo. El partido iba igualado a cero y la euforia de la tribuna se encendía cada vez que un jugador panza se acercaba al arco contrario. Adán no aguantaba quedarse en silencio pero emitía gritos lo mas parecido a Lia Crucet cantando.
Dos policías se acercaron del lado de la cancha y señalaron la dirección desde donde el gordo Corneta había sido arrojado fuera de la tribuna. Mortadela viendo la situación intentó escabullirse entre los simpatizantes, pero una nueva avalancha lo llevó contra el alambrado al momento que el equipo visitante metió el primer gol del encuentro.
Fue allí cuando el gordo comenzó a enojarse contra el arquero panza. Pero lo hizo de manera desenfrenada descuidando la peluca que cayó a los pies de los barrabravas de la 14. Y para colmo, el costado del jeans cedió dejando al descubierto sus piernas peludas.
"¡Es el gordo mortadela!" - gritó otro de los hinchas ante la mirada del rengo que no encontraba palabras para explicar lo sucedido. Y desbordado por la situación, se arrancó la blusa y dejó a la vista de todos, su esbelto cuerpo; puso el pecho a la presión y salió con la cabeza en alto de la tribuna.
Y como si fuera poco, cuando entró a su casa se encontró con su suegra sentada a la mesa que quedó sorprendida de ver a su yerno vestido de esa manera.
"¡Encima travesti!" - le expresó Dina a su hija mientras extrajo el celular de su cartera y le tomó una foto.
El gordo mortadela ignoró la visita y se metió en su cuarto para escuchar el relato del segundo tiempo del partido. Incluso el relator le mandó saludos al gordo haciendo de vocero de todos los hinchas: "Volvé gordo, ¡te perdonamos!" . Mortadela terminó con unas lágrimas en sus ojos mientras se quitaba el calzón.
Al día siguiente se levantó, subió a su mujer a su Zanelita y se dirigió al supermercado Día para realizar las compras del mes. Tomó el changuito y comenzó a llenarlo de mercadería cautivando el corazón de su esposa. Luego pasaron por el bazar nuevo y compraron un par de adornos para la casa. Finalmente pararon en un puesto de diario para comprar un ejemplar de La Posta donde el gordo descubrió que en la contratapa se hallaba su imagen vestido de mujer entrando en su casa.
"Rengo, ¡me tenes que ayudar! Quiero hacer desaparecer a mi suegra... ¡no sabes lo terrible que es esa vieja!" - le comentó el gordo a su amigo nuevamente en la sede del CAU.
El rengo cargó a su amigo en el auto y merodearon la casa de su suegra para ver la ocasión adecuada. Allí descubrieron que Dina todas las mañana a la misma hora caminaba en dirección al acceso al autopista. Al día siguiente y justamente a esa hora del día, mortadela llamó a la seccional 27ª denunciando a una supuesta mujer que robaba material de las obras en construcción y que se dirigía camino al ingreso a Arroyo Seco.
Dos oficiales de policía dejaron el juego de ajedrez y se subieron a su móvil mientras uno de ellos ató las puertas del mismo con un piolín. Cerca del club Central, detuvieron a la mujer que sin entender lo que estaba sucediendo intentó huir de los agentes que salieron a correrla hasta que uno de ellos se lanzó sobre ella arrojándola al piso. Otro móvil se acercó al lugar, una agente la arrestó y fue llevada al penal de mujeres en Ezeiza.
"Nadie sabe nada de mi mamá, desapareció por arte de magia de la ciudad" - le comentó tres horas mas tardes Eva a su amado. El gordo se puso su camiseta rayada y salió a la cancha para ver la final del torneo.
"Me voy a la cancha" - le informó a su novia; "hoy y siempre me iré a la cancha aunque no quieras."

Subió a la tribuna y alentó con pasión junto a la 14. Arrojó las bengalas y ovacionó a su equipo en cada uno de los goles metido. Y finalmente, cuando Unión se consagró campeón se llenó de lagrimas abrazado al rengo que no dejaba de acariciar su panza; "te extrañe gordo, ¡te extrañé! No te vallas nunca." Toda la tribuna estalló en una gran fiesta y el gordo mortadela agarró el calzón de la madre del rengo arrojándolo a la cancha y tapando a todo el plantel panza que con copa en mano daban la vuelta de la victoria.


La Posta Hoy - 29/06/2013

sábado, 22 de junio de 2013

EL GORDO MORTADELA V


El gordo mortadela propuso hacer un viajecito a Uruguay junto a su esposa para amortiguar el mal momento de expulsión que habían pasado en el partido de Unión. Lo que no se iba a imaginar es que también se sumaría su suegra Dina que luego de que su hija le comentara que irían en auto, manifestó: "seguro que el imbécil de tu novio nos estrella por ahí y terminamos todos muertos."
Durante los siguientes días Adán se ocupó de conseguir un auto prestado para el viaje hasta que arregló con su amigo, el rengo, que le prestó su Fiat Spazio. Para conducir más cómodo, el gordo optó por quitar totalmente el asiento aunque aun así, dentro del coche iba bien apretado como sardina, su concubina de acompañante y su suegra en el asiento de atrás.
Y así vestido con una camiseta de Unión, el gordo emprendió el viaje un sábado bien temprano luego de cargar el coche con sus bolsos. Luego pasaron a buscar a su suegra que ni siquiera saludó a su yerno y se persignó al entrar en el vehículo; se sentó y sacó un ejemplar de La Posta para enterarse de los titulares. Adán miró a Dina reflejada en el espejo retrovisor y frunció su ceño.
Ya en Colón se bajó para hacer los trámites para cruzar la frontera. Con mucha fuerza salió del coche y presentó la documentación en migraciones:
- ¿Su nombre? - le preguntó el empleado federal.
- Adán.
- ¿El de su esposa?
- Eva.
El empleado levantó la mirada de los papeles y sonrió. "¡Que casualidad! Adán y Eva" - expresó; "¡no me diga que también hay una víbora en el auto."
"Sí, mi suegra" - informó el gordo mortadela brindando la información necesaria que le permitió salir del país para visitar Uruguay. Del otro lado de la frontera, Adán quiso convencer a su suegra a que hiciera paracaidismo y aladeltismo, pero no tuvo suerte. Y hasta intentó exponerla a un deporte extremo para atarla de los pies y obligarla a que salte de un puente. Pero Dina jamás aceptó las invitaciones de su yerno.
Sin la suerte a su favor, el gordo mortadela regresó a Arroyo Seco con su suegra y su esposa. Devolvió el rodado a su amigo, el rengo, y finalmente se resignó a la situación. "Gordo, el domingo juega el panza de local... ¡no podes faltar!" - le manifestó el rengo que le propuso que se vistiera de mujer, haciéndose pasar por su madre, para evitar nuevamente el repudio de la tribuna.
Así es como ese domingo cerca del mediodía, el gordo mortadela cayó en casa del rengo quien ya le había separado la ropa de su madre. "Nadie te va a reconocer así" - le expresó su amigo, "mi vieja era igual a vos." Entonces el gordo se vistió con una blusa rosa, un calzón, un jeans rojo y una peluca rubia. Finalmente se puso unas botas marrones y pintó sus labios de color rojo al estilo Zulma Lobato.
"Estoy frito así" - comentó "Mortadela" ante la mirada de su amigo que lo motivo a que de esa manera pasaría desapercibido dentro de la 14 y poder así disfrutar del encuentro sin problemas. Se subieron al auto y se dirigieron a la cancha. Cuando descendió del auto, Adán se acomodó su peluca y sintió cada vez mas cerca el batifondo de la hinchada panza que se acercaba al lugar.
"¡Cuidado muchachos! Hoy vine con mi vieja" - les dijo el rengo a los que encabezaban la 14 con bombos en mano. Y el gordo mortadela acompañó su presentación con un simple meneo de su mano derecha. Y todos entraron al estadio para ocupar el lugar adecuado en la tribuna local.
Cuando el equipo panza entró a la cancha, toda la hinchada estallo en una fiesta y Adán saltó de las gradas acompañado de la avalancha que desenrolló una enorme bandera. "Tranquilo gordo porque se van a dar cuenta que no sos mi vieja" - le murmuró el rengo. Rápidamente mortadela tomó asiento y se aguantó las ganas de alentar a su equipo con todas las garras.
Así también los colores de las bengalas cubrieron la tribuna y el gordo aprovechó entre la nube a acomodarse el calzón que se le había perdido en su trasero. Fue en ese momento cuando otro simpatizante panza, conocido como el gordo Corneta, se le acercó y le dijo al oído lo hermosa que estaba; "Si queres te acomodo yo tu ropa interior" - le expresó. Cuando la nube se disipó, aparecieron todos los hinchas en sus lugares salvó Corneta que terminó tirado detrás de la tribuna mientras un policía lo observaba buscando una explicación a lo sucedido.


(Continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 22/06/2013

sábado, 15 de junio de 2013

EL GORDO MORTADELA IV


Adán se había ido a ver el partido de Unión como visitante en P. Esther dejando a su esposa y suegra tomando mates solas en la placita de la estación. Pero el amor fue más fuerte y en la mitad el partido, decidió apostar a su relación y volver a Arroyo. Tomó el colectivo A y bajó en la garita de Libertad e Independencia.
Ya para cuando estaba pasando frente al anfiteatro vio a su amada sentada próxima al abandonado carrusel. Ella también lo vio venir y se puso de pie. Así como el reencuentro de Jack y Rous en Titanic, ambos comenzaron a correr con los brazos abiertos achicando a cada instante, las distancias. Pero faltando un metro para el abrazo, el gordo Mortadela tropezó con el tronco sobresalido de un árbol, perdió el equilibrio chocando de cabeza a su amada y terminó estrellándose contra el carrito del pororero que terminó volcándose.
A la media hora el gordo se despierta en una habitación de la clínica Martins con suero y rodeado de su amada, su madre, su suegra y el rengo. “Descansa querido que te diste un golpe muy fuerte en la cabeza” – le expresó su progenitora mientras acarició su cabellera. “Si es hombre que se lo aguante” – balbuceó doña Dina, su suegra. Tal había sido el impacto que el carrito del pochoclero había terminado en el boulevard provocando que cientos de niños se abalanzaran sobre los pororós.
Siendo las nueve de la noche, Adán cena la rica comida hospitalaria de la mano de su amada Eva que le informa: “mi mamá se ofreció para cuidarte esta noche.” El gordo se durmió pensando en el panza que levantando una copa en algo daba la vuelta olímpica en su cancha, pero por un instante entreabrió sus ojos y notó a su suegra que con una sonrisa maquiavélica estaba a punto de inyectar algo en su suero: “¿Qué hace suegra?” – le preguntó. Doña Dina intentó hacerse la distraída y guardó rápidamente la jeringa en su cartera.
Al día siguiente con su cabeza vendada y ya de alta médica, se juntó con su amigo compartir una cerveza en la sede del CAU. “Gordo, ¡es terrible lo que está pasando! Tenemos que hacer algo” – le  manifestó el rengo proponiéndole  su separación o mandar a matar a la suegra; “además tenes que volver a la cancha; este domingo viene el clásico y no podes estar ausente.”
Mortadela llegó a su casa y su mujer le dijo que no se olvidara de sacar las salchichas del agua mientras ella se daba una ducha. Pero Adán se enganchó mirando los goles del CAU en el resumen del noticiero del 6 y para cuando Eva salió del baño las salchichas estaban totalmente deformadas que igual el gordo se los comió como pancho pese a que las mismas no entraban en los pebetes.
Cuando se fue a la cama, su pareja lo espero sentada en la cama muy seria: “¡Tenemos que hablar!” – le dijo obligándolo a tragar saliva; “o es la cancha o yo… así no puedo seguir.” Mortadela la miro y para evitar otras discusiones, la besó diciéndole que ella estaba siempre en primer lugar. La noche comenzó a puro romanticismo a tal punto que lo expresado se revertió y Eva accedió a acompañarlo el domingo próximo al clásico. Si hay algo que Adán tenía bien en claro, era su poder de convencimiento.
Así fue como el domingo, el gordo llegó al estadio escoltado de un lado por Eva y del otro, por el rengo. “¿Los de negro y blanco son los de Unión?” – pregunta la flaca subiendo a la tribuna. Mortadela le dio las ultimas indicaciones y todo estalló en una enorme fiesta cuando los jugadores ingresaron a la campo de juego. Adán se abrazó a los muchachos y comenzó a saltar alentando con las mejores fuerzas de su voz mientras que su pareja se sentó, sacó sus agujas y se puso a bordar debajo de la bandera de la 14.
“¡Picante te voy a matar!” – gritó el gordo a un jugador del ASAC que entraba en el área del equipo local. “¡Querido no podes ser tan agresivo así!” – trató de tranquilizarlo ella. El futbolista pateó y marco el primer gol para el equipo visitante. “¡Goooool!” – gritó Eva entre el doloroso momento de la tribuna panza. Fue allí cuando los barrabravas optaron por sacar al gordo y su mujer del estadio, y Adán tuvo que enterarse del triunfo panza por el relato radial de Claudio Giancrisostemi.
“¡Mortadela dominado y vendido!” – le gritaron al día siguiente cuando iba de camino a tomar el colectivo para ir a su trabajo. Pero el gordo para aclarar los tantos, se levantó el buzo de su trabajo y le mostró la camiseta de sus amores… la que jamás vendería por nada ni nadie. Y para hacer olvidar el mal momento de su Eva en la tribuna, la invitó a pasear al Uruguay mediante un llamado telefónico: “¡Qué lindo! Y podemos llevar a mi mamá que siempre quiso conocer ese país” – le manifestó ella.

(continúa en la próxima edición)


 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 15/06/2013

sábado, 8 de junio de 2013

EL GORDO MORTADELA III



Diez días habían pasado desde que Adán, más conocido por el gordo mortadela, había iniciado su nueva vida conviviendo con una dama que de a poco fue cambiando cada aspecto de su andar diario. Pero lo que nada podía cambiar era su pasión por el panza y la concurrencia cada domingo a la cancha junto a la 14. No obstante, pequeño problema se le originó cuando el día que iba a hacer un asado por la visita de su suegra coincidía con un importante partido del CAU visitando al CAJU de P. Esther.
“Yo ya le dije a mi mamá que ibas a hacer un asado… ¡no te podes ir! Y si te vas, te olvidas de que existo” – le advirtió su flamante mujer. Y por el otro lado, a su celular llegó el mensaje de su amigo, el rengo, diciéndole: “Mortadela, sino venís este domingo voy a pensar que sos un dominado.”
Al día siguiente el gordo pasó toda la hora de su jornada laboral pensando qué hacer el domingo siguiente sin dañar la hermosa relación de amor ni quedar mal con su compañero de cancha. Era la primera vez que una mujer lo ponía frente a esa difícil decisión. Finalmente, y sabiendo que el partido comenzaba a las 13:30 hs, decidió seguir con la parrillada para su suegra y luego viajar a ver el partido.
Como hacia tiempo que no ocurría, ese viernes el gordo abandonó a sus amigos del pool y llevó a la flaca a tomar un helado en Grido. “¡Mortadela dominado!” – le gritaron desde un Fiat Uno que pasaba por la calle 9 de Julio. Pero sin necesidad de dar explicaciones, el panza siguió con su paseo romántico poniendo un poco de su helado en el cucurucho de su amada.
Tampoco el día sábado salió con sus amigos y prefirió ir al video club a buscar una peli para quedarse en casa con su pareja. Entró a Unelen y se puso a mirar entre los filmes románticos ante la mirada de la chica que atendía acostumbrada a verlo siempre con películas de acción, guerra o de adultos. “Quiero una bien romántica” – le pidió el gordo que luego de escuchar las sugerencias, optó por llevarse Crepúsculo. Y en la mitad de le película, segundos antes de que el vampiro se prendiera del cuello de Bella, el sonido del celular recibiendo un mensaje interrumpió todo: “mortadela, no seas gato y te esperamos mañana en la cancha” – le escribió el rengo.
Al otro día se levantó a las diez de la mañana y en su Zanella 50 fue a comprar la carne para la parrilla. Y a las once llegó su suegra y el clima de la casa se volvió muy cálido y ameno.
Alrededor de las once y media, suena el teléfono de la casa. Allí va Dina a atender un llamado que pregunta por Mortadela, "¿Usted busca a mi yerno? No, no está ese vago y atorrante" - contestó y colgó. Y luego salió al patio donde su hija le daba unos mates al gordo mientras este encendía las primeras brazas del parrillero; "era equivocado" - les informó.
El gordo miró a su suegra quien rápidamente se acercó a la carne para darle indicaciones de los cortes que debía poner primero. "Espere Dina porque se bien qué carne tengo que poner primero” - le expresó a su suegra que se arrimó a su hija y le murmuró al oído: "¡tu esposo no sirve para nada!" De todas maneras, el buen hombre tuvo que quedarse hasta que esté todo el asado bien cocinado para salir corriendo a Pueblo Esther, o al menos esa era la idea. Siendo las doce y media, Eva le manifiesta, en la sobremesa, que había planeado con su madre ir los tres a tomar unos mates a la placita.
“¡Imposible! Yo me voy a la cancha y listo” – le expresó ante la mirada pícara de su suegra que llevaba su mano derecha a la boca asombrada de aquella reacción. “¡Siempre lo mismo, amor!” – le refutó ella convirtiendo el diálogo en una discusión frente a doña Dina que cuando podía, aprovechaba a meter un bocadillo favoreciendo siempre a su hija. Finalmente el gordo agarra su campera negra y blanca y se fue a la parada del colectivo.
“Nena, ¿seguro que conoces bien a tu pareja? Me parece que es un vago que solo le interesa el fútbol” – fueron las palabras de Dina tratando de traer tranquilidad a su hija; “yo que vos lo pienso bien antes de casarme con este loco. Además fui el baño y ni siquiera tira los cotonetes sucios en el tachito de basura… ¡los tira al piso como todo mugriento!”
Mortadela llegaba a P. Esther y con otros simpatizantes entraba a la cancha del CAJU para presenciar el partido desde el espacio de los visitantes. Nuevamente la bandera de la 14 se desplegó y cientos de papelitos negros y blancos coparon el cielo cuando los jugadores del panza entraron a la cancha. El gordo se abrazó al rengo y junto a otros amigos, alentaron a su equipo a más no poder. Pero de a ratos, su mente se salía de la cancha y no podía evitar pensar en su Eva.
No habían pasado ni siquiera los primeros quince minutos del primer tiempo cuando Adán saludó a su amigo y se decidió volver a Arroyo. “¡Andá dominado!” – le gritaron desde la tribuna pero el gordo bajó las gradas sin hacerles caso ni interesarse en cómo iba el encuentro. Volvió a tomar la línea A y sentado en el primer asiento pensó: “o es ella o el fútbol”.

(continúa en la próxima edición)

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 08/06/2013

sábado, 1 de junio de 2013

EL GORDO MORTADELA II



A los 39 años, el gordo Adán dejaba su vida de soltero y se juntaba con una flaca llamada Eva, estudiante de psicología, y no tardaron en llegar los primeros cambios en su rutina. "¿Tenes que ir hoy a la cancha? ¿Por qué no venis conmigo a tomar mates a la placita?" - le cuestionó ella mientras preparaba el equipo de mate. Viendo que la relación recién tomaba forma, aceptó la invitación aunque se llevó los auriculares para escuchar desde su celular el relato del partido del panza recibiendo a Talleres en su cancha.
Y allí estaban; sentados cerca de los jueguitos de calle Independencia. Ella sirviéndole mates sin ninguna conversación de por medio mientras que el estaba en su mundo escuchando la radio. Para cuando el relator indicaba que un delantero panza se aceraba al área contraria, "mortadela" se ponía en pie a punto de gritar el primer gol del encuentro. La pelota pegó en el travesaño y el gordo terminó por dar un grito con el que asustó a varios pibes que jugaban en las hamacas que corrieron a los brazos de sus madres.
A los veinte minutos de comenzado el partido, su esposa le quita el auricular y le dice que se valla a la cancha. Para cuando Eva terminaba de hablar, "mortadela" cruzaba la vía corriendo en dirección al CAU. Aunque su peso no lo favorecía, sacó fuerzas de donde no tenía y llego al estadio casi sin aliento y agarrado de las paredes. Se abrazó al rengo, su amigo, y cobró aliento con una cerveza para comenzar a alentar junto a la 14. "Gordo, la tribuna no era la misma hasta que llegaste" - le manifestó el rengo con lagrimas en sus ojos y lleno de emoción; "¡no te cases nunca!"  Y la fiesta estalló cuando el panza hizo el primer gol del triunfo y miles de papelitos cayeron sobre su cabeza.
También llegaron los cambios a la casa. Cuando Adán llegó a su casa se encontró con todas sus cosas en orden e inclusive con un florero con pensamientos de centro de mesa. La pieza ya no olía a pies y ropa interior sino a aroma de primavera. Sus zapatillas estaban debajo de la cama y no había medias ni remeras ni restos de pizza desparramadas por el piso. Primero dudo si aquella era realmente su casa pero cuando vio a su compañera entrar, recordó su estado de concubinato. La transformación mas fuerte la sufrió cuando miró debajo del televisor y no encontró su consola, "te guardé la play en una caja y la puse sobre el ropero... ya sos grande para esas cosas"- le comunicó la flaca. "Mortadela" se fue a dormir con un sabor amargo en su garganta y sin pronunciar ninguna palabra como soldado que se retira de una guerra tras perderla.
A la media noche, su pareja llega a la cama con un ropa interior muy provocativa y el rápidamente se sienta en la cama para apostar a una noche romántica. Ella, muy feliz, le tira con su almohadón y el gordo responde con lo mismo; aunque éste no mide la fuerza y cuando le arroja con su almohada la termina por noquear dejándola tirada boca abajo en el piso y con la lengua afuera. Mortadela se agarra la cabeza: “¿Amor, estas bien?” – le pregunta. Y a la falta de respuestas, acomoda su parte de la cama y se duerme. Recién al otro día, la flaca se despierta muy desconcertada sin entender lo que había pasado.
“¿Vos estas seguro de lo que estás haciendo?” – le pregunta el rengo mientas tomaban una cerveza en la sede del club de sus amores. “No sé, rengo, pero creo que me enamoré… así es, esta mina me robó el corazón” – le responde el gordo que antes de volver a casa apostó a su lado más romántico y pasó por un almacén para comprarle algo a su amada. “¿Un salamín me trajiste?” – le cuestionó ella mientras abría el obsequio; “gracias pero no me gustan estas cosas.”
Mortadela se enganchó con una película de acción comiendo el único salamín que había para la cena mientras ella se fue a la cama. Para cuando terminó el film, el gordo salió tirando patadas al aire, se quitó la ropa y de un saltó quedó de pie en la cama: “acá me tenes, ¡mi vida!” – le gritó despertando a su pareja. Pero al instante, las patas cedieron al peso y la cama terminó por desplomarse en el piso con un gran ruido que hizo que los vecinos vinieran a preguntar si algo malo les había ocurrido.
El mismo rengo se había enterado del ruido viviendo en la otra punta de la ciudad y a la tarde del día siguiente le consultó a su amigo si se encontraba bien. Luego le recordó que el próximo domingo el CAU iba de visitante contra el CAJU de P. Esther “ahí vamos a estar” – le informó mortadela olvidando, por momentos, que ese mismo día debía hacer el asado y atender a su suegra que vendría a visitarlo.

(Continúa en la próxima edición)

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 01/06/2013