Gervasia se levantó, como todos los días, a las siete horas. Lo
primero que hizo fue prender la radio sintonizando radio Asunción, donde se
enganchó con la segunda estación del rosario. De pronto la emisora se
interrumpió y quedó con una bolita en su mano para rezar, entonces cambió de
dial y lagrimeó con las profundas reflexiones de Ferreira, al estilo Bucay.
Mientras colocaba la pava sobre el fuego de la hornalla, levantó un
ejemplar de Temas & Negocios que habían dejado bajo su puerta. Leyó la
obvia crítica editorial y una importante nota de la localidad de Fighiera y lo
dejó bajo el televisor. Se dispuso a
servirse los primeros mates cuando su vecina Carlota vino a traerle la última
noticia:
“¡No sabe quién murió! Doña Nerinda... La que tenía el kiosco cerca de
la casa de la Chola...” – le expresó a su amiga; "me enteré el sábado por La Posta.”
Gervacia llevó la mano a su boca, comentando que no hacía mucho se la había
cruzado en el Centro de Jubilados y se la veía, por entonces, que regalaba
salud.
Alrededor de las once horas golpearon a su puerta y una periodista
procedió a explicarle que venía a hacerle una nota sobre el enorme pozo que
estaba frente a su casa. Y aunque se trataba de una entrevista para rellenar
aquel día en el que no sucedían muchas noticias, Gervasia se peinó un poco y
habló a la cámara: “Acá con los vecinos hicimos el reclamo en la
Municipalidad... Pero aún no tuvimos respuesta, y el otro día una chica que
vive acá a la vuelta venía de una fiesta y casi se quiebra la pierna al pisar
mal.” La chica era Silvia, que regresaba de una fiesta ochentosa y se excusó
del dolor de pierna diciendo en su casa que era por aquel pozo, cuando en
realidad era porque había bailado toda la noche... Estaba por pisar los
cuarenta pero se negaba a abandonar su juventud.
Para cuando estaba por terminar de hablar, Doña Carlota salió al cruce
y agregó que el pozo era producido por los camiones que siempre pasan por esa
calle y que, además, no dejan dormir a ningún vecino. Al finalizar la
entrevista, Gervasia se informó con Stella, que durante esa mañana entrevistó a
un concejal de la ciudad y este habló sobre típicos proyectos que ayudarían a
mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Después se fue al almacén del barrio a comprar un puré de tomates para
los fideos que iría a preparar. Ahí comentó con la almacenera el último
discurso de Cristina pero la noticia se las dio Carlota, que fue a comprar una
manteca y les habló sobre un cura de Entre Ríos que abusaba a seminaristas.
Gervasia abonó su tomate, siguió criticando el modelo K y regresó a su casa.
Luego del mediodía Carlota fue nuevamente de su vecina con la excusa
de pedirle un poco de aceite pero también para comentarle que había visto en
Enfoque 6 la información sobre un asalto ocurrido días atrás en el centro de
Arroyo Seco: “Terrible, Gervasia, terrible!!!... Y dijeron en el noticiero que
les robaron más de doscientos australes, creo… Eso es lo que escuché del nuevo
conductor, porque Stella del canal ahora no puede hablar nada.” Y luego miró
otro programa de producción local, donde quien lo dirigía, producía, editaba,
filmaba, conducía y atendía el teléfono era la misma persona.
También llegó bajo la puerta un ejemplar del periódico En Positivo. Lo
ojeó algo apurada mientras se informaba con los titulares municipales, pero al
momento del té Carlota vino muy sonriente a contarle que entre las fotos de ese periódico
estaba su nieto, que competía en las olimpíadas de matemáticas: “mire Gervasia…
Y si lee acá, va a leer el nombre de Josesito…”
Por la tarde, Gervasia recibe un llamado inesperado. Algún tipo de
encuesta del gobierno nacional le consultó sobre qué medio la mantenía
generalmente informada. Ella pensó en todos los medios de la ciudad y
finalmente respondió a la telefonista:
“Carlota… Sí, Carlota siempre me informa de todo.”
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 29/09/2012