sábado, 30 de junio de 2012

REMIS EJECUTIVO


“Llegó a la ciudad un servicio preferencial para gente preferencial” – así comenzó a difundirse el slogan de la nueva empresa que abría sus puertas en Arroyo Seco. Un empresario abrió la primera agencia de remis cinco estrellas, solo con vehículos último modelo y con dos C3, un Audy y una limusina entre su flota, todos con vidrios polarizados. Antes de abrir la empresa, la selección de los choferes se hizo anotando a jóvenes de 25 a 35 años con título secundario, manejo fluido del inglés y presencia. Y para la inauguración, allí estaban los doce choferes seleccionados vistiendo traje para las cámaras de televisión.
Con la habilitación municipal correspondiente, este servicio ejecutivo tenía un costo de $20 la bajada de bandera. Los viajes podían abonarse con tarjetas de debito o crédito y era exclusivo para clientes que estaban registrados previamente en la agencia. Así fue como una noche, doña Iginia llamó a la agencia pidiendo un vehículo con el que llegó a la casa de su amiga Clementina descendiendo de la mano del chofer como Mirta Legrand en la novela. Su amiga se murió de envidia, pero finalmente pasaron la noche jugando al chinchón como eternas amigas.
Además resultó  ser una agencia bien eficiente en cuanto a la prontitud del servicio solicitado. Todos sabían que aunque lo iban a pagar más caro, luego de llamar y en menos de cinco minutos, tenían asegurado el vehículo frente a su casa. No como muchas telefonistas que dicen enviártelo en cinco minutos o quince, y el auto llega en media hora.

- Buenas noches… ¡usted se ha comunicado con Remis Ejecutivo! ¡Indique, por favor, la dirección donde necesita de un vehículo!
- En la puerta del Cementerio, por favor.
- Bien señora. Ya tenemos identificado su número así que preguntaremos por usted al llegar el lugar. En cuatro minutos nuestro vehículo estará en el lugar, y en caso de producirse demoras, por cada minuto que nuestro coche se atrase, se lo descontaremos del costo que usted abonará.
Y en tres minutos, una limusina llegaba al ingreso al cementerio retirando a la clienta que no terminaba de guardar el celular en su cartera y se disponía a subirse al remis de la mano del joven chofer. La señora se acomodaba en el asiento y comenzaba a escucharse la música de su interés.
Las quinceañeras directamente contrataban un remis de esta agencia para salir de su casa, sacarse fotos y llegar al salón de fiesta con mucho glamor. Esa era la ventaja de ser una remiseria que siempre tendría un auto disponible para cualquier servicio que fuese solicitado, aun en los días de lluvia donde, como siempre ocurre, ninguna de las otras remiserias tienen autos.
En un principio no faltaron las críticas de ser un servicio muy caro. Pero al tiempo, sea por prontitud, por eficiencia o simplemente para lucirse delante de las chusmas del barrio, cada vez más fueron los vecinos que apostaron a este lujo.
Así es como una abuela del Centro de Jubilados fue a registrarse como clienta y le dieron una planilla donde solicitaban: Nombre y Apellido, Teléfono, Dirección, Preferencia de Horarios para el servicio, Número de tarjetas y Música favorita. Al día siguiente, llegó al jardín El Nogal para participar del coro de abuelos en un C3 y escuchando a Los Iracundos.
También la empresa tenía todo previsto en cuestión de seguridad. El día que se subió un muchacho armado para robarle al chofer, el vehículo se detuvo en el mismo momento que el supuesto cliente se ubicaba en su asiento ya que detectaba un arma dentro de la unidad. De inmediato, el chofer dio aviso a la policía con un botoncito junto al volante y el joven fue detenido por unos agentes.
Una joven dejó con la boca abierta a sus compañeras, cuando descendió de la limusina frente a la empresa Grimoldi a las seis de la mañana tal cual Susana Gimenez con Jazmin en brazo. Y una señora abonó 32 pesos para trasladarse por quince cuadras hasta el Hospital en un Audy… eso sí, luego protestó de que quisieran cobrarle un bono contribución en el nosocomio.
No tardaron en aparecer las quejas de las otras remiserias que se vieron afectadas negativamente por este servicio. Otra agencia entró en competencia promocionando viajes con vehículos solo conducidos por chicas 90-60-90 y otra, ofreciendo un sistema de puntajes por cada servicio utilizado con la finalidad de poder canjearlo por electrodomésticos y muchos premios.
Pero esto no freno el uso de este ejecutivo servicio. Muy pronto, con la aprobación de los concejales, se creó a lo largo de la calle San Martín y Belgrano un carril exclusivo para estos coches y colectivos interurbanos. A todo esto, la agencia incrementó enormemente la flota hasta que finalmente apareció en la ciudad, otra agencia similar… como siempre ocurre en Arroyo Seco: ningún negocio es interesante hasta que uno lo demuestre y de pie a que, luego, varios empresarios hagan lo mismo.



 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 30/06/2012

sábado, 23 de junio de 2012

LA PORTERA


Si había algo que Saturnina tenía bien en claro, era su papel de portera de escuela secundaria. A su trabajo le ponía alma y pasión, a fin de que toda su escuela marchara como corresponde. Había llegado a su cargo mucho antes de que apareciera la cuestión del escalafón, y su antigüedad le daba el derecho de mandar, inclusive, más que la propia directora.
Saturnina llegaba todas las mañanas y antes de poner las llaves en el portón de la escuela, juntaba los envoltorios de caramelos que habían arrojado los alumnos a la salida del día anterior. A su ingreso, mientras ponía la cafetera en el fuego, recorría salón por salón encendiendo las luces y acomodando los pupitres desordenados: “Son unos caballos estos pibes” – refunfuñaba.
Se tomaba el primer café de la mañana y se acercaba al portón principal para recibir a los primeros alumnos, “Rodríguez levántese el nudo de la corbata… ¡Llevarla en el ombligo no es forma!” – le indicó a Miguelito, un adolescente que iba al colegio sólo esperando que le entregasen la notebook de la presidenta para desaparecer del mapa. “Molinari… ¡Ése no es el uniforme de la escuela!” – corrigió a Malenita, una chica que, aunque intentó explicarle que su ropa estaba aún mojada, tuvo que regresar a su casa.
“Schugler… ¡Con ese peinado no está bien que entre al colegio!” – continuó corrigiendo a un estudiante flogger, que le refutó: “Mi apellido es Eschuller!”. Fue allí cuando Saturnina trató de mal educado al alumno por contestarle y rebelarse a la autoridad que ella ostentaba… En las próximas horas sería esto lo primero en enterarse la directora (que siempre llegaba tarde).
También allí en el ingreso se encargaba de amargarle el día a determinados profesores que llegaban algo tarde al establecimiento, “profe… ¡Muy tarde vino hoy! ¡Tiene que dar el ejemplo!” – le dijo a una docente, que si no fuera por la ética escolar ya la hubiera golpeado con uno de los libros que traía en sus manos. Y así, cuando llegaba la directora, era justamente la portera Saturnina la encargada de pasarle las primeras novedades de la mañana.
Continuamente trataba mal a los estudiantes apelando a que dentro del establecimiento todas las cosas deben hacerse con orden y respeto. Era capaz de abofetear al alumno que arrojara migajas de un sándwich en el patio del colegio, que despreciara su copa de leche, que escribiera su pupitre con mensajitos de amor o que simplemente esté distraído al momento de izar la bandera.
Un día encontró un cigarrillo en el inodoro del baño de mujeres. Fue aquel día que, con todo su atrevimiento, ordenó a todas las alumnas salir de sus aulas al patio para olfatear una por una, hasta descubrir a la maleducada que había fumado. Cuando la identificó, ella misma la escoltó hasta la dirección, donde la directora sólo esperaba hacer lo que su portera le recomendara.
Si luego de que sonara el timbre había alumnos en el patio, ella misma iría con una especie de picana eléctrica con la que arreaba a los mismos hasta las respectivas aulas. Esperaba que cada uno estuviera sentado en su silla y recién allí le entregaba la clase al profesor que, desde su escritorio, no sabía qué hacer hasta que Saturnina se retiraba del lugar.
De mal llevada que era no permitía que ningún docente ingresara a la cocina, ahí mandaba ella (allí y afuera). Así fue como una profesora le solicitó un termo con agua caliente y ella se la entregó tibia, argumentando que no había mucho gas y que había que economizar. La educadora tomó el termo y entre dientes le dijo: “¡Vieja loca!”. Eso dio motivo a que Saturnina pasara a convertirse como Hulk, arrojara el termo en el piso y se arme una batalla campal con dos mujeres agarradas de los pelos.
“Con profesoras así… ¡Cómo no vamos a tener los pibes que tenemos!” – argumentaba la portera, que daba golpes a la docente. Gracias a la intervención de otros empleados provinciales ambas se calmaron, pero Saturnina no tardó ni un minuto más y fue ante la presencia de la directora que, por amiguismo, terminó expulsando a la profesora en cuestión.
Toda la comunidad educativa temía a Saturnina. Se sabía que detrás de esta mujer que se paseaba por el patio con una escoba y un trapo de piso, había una imparable bestia difícil de dominar en su estado agresivo. Que en cualquier momento, si había razones, era capaz de ingresar si fuera necesario a un aula y maltratar verbalmente a los inocentes púberes, interrumpiendo a cualquier docente en su hora de cátedra.

Lo más probable es que, luego de leer este cuento, dos profesoras dialoguen entre sí diciendo que hay porteras que son muy buenas y excelentes personas, “pero que Saturninas las hay… Las hay” – concluirá una de ellas.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 23/06/2012

sábado, 16 de junio de 2012

ODISEA PARA UN EXAMEN


Lunes 4 de junio: la profesora de geografía anuncia que el martes 19 será el examen de geografía. “Falta mucho” – fue lo que pasó por la mente de Pedro.

Viernes 15, 17:00 hs: faltando cuatro días, Pedro considera que es momento de, al menos, ver los temas que entran en el examen. Lo piensa bien y sabiendo que comienza el fin de semana, se le van las ganas de agarrar la carpeta. “Si estudio ahora para el lunes me olvido todo” – especula. Además supone que no son muchas las hojas por estudiar, así que disfruta de su viernes.

Sábado 16, 13:00 hs: se despierta, almuerza y con mucha fiaca se arroja en su cama con su carpeta para comenzar a leer algo. Se acuerda de que en el Facebook le habían dejado mensajes, así que deja sus apuntes de lado y se conecta a Internet. Mas tarde, cuando sale del Facebook y se dispone a agarrar la carpeta, le envían un SMS invitándolo a un partido de fútbol así que se retira de su casa.

Domingo 17, 14:00 hs: se levanta de la cama, almuerza y nuevamente se dirige a su pieza para estudiar. Nota que la tarde está bastante linda como para desperdiciarla en su cuarto, así que se va a matear con amigos a la plazita de los juegos. Cuando regresa a su casa, se pone a mirar un partido de fútbol excusándose de que luego de pegarse un baño, por la noche, estudiaría.
21:00 hs: luego de ducharse, Pedro se engancha con un película en HBO.
23:00 hs: cansado del día, se va a dormir argumentando que mañana tendrá tiempo para estudiar.

Lunes 18, 09:00 hs: en el recreo, busca el resumen más corto de entre todos sus compañeros y le saca fotocopias. Cuando cree tener el resumen más chico, aparece un compañero con un resumen de solamente una hoja (escrita en tipografía que sólo puede leerse con lupa) así que también le saca una copia. Rosita exclama “el examen es muy difícil”, pero Pedro no le da importancia.
14:00 hs: Nuevamente la tarde está muy linda, así que Pedro opta por salir a la plaza a dar vueltas en su moto.
22:00 hs: “Soñando por cantar” gana la atención de Pedro, que termina diciéndose que más tarde estudiará.
00:30 hs: Considera que es muy tarde y el sueño lo está venciendo. Se va a dormir pero antes pone el despertador a las 4 horas para levantarse a estudiar.

Martes 19, 04:00 hs: suena el despertador. Pedro se levanta, va al baño, coloca el despertador a las 04:30 hs y vuelve a acostarse.
04:30 hs: se levanta. Como se acuerda que no eran muchas las hojas por estudiar, vuelve a poner el despertador media hora más tarde. “Y no creo que la haga muy difícil” – piensa.
05:00 hs: se levanta con mucho sueño. Lee un poco el resumen y comienza a desesperarse dándose cuenta de que los temas son más de lo que él suponía. Lee, lee y lee. Trata de memorizar alguna oración interesante y se conforma sabiendo bien algunos renglones. Descarta los resúmenes porque se da cuenta de que no entiende la letra de sus compañeros.
06:15 hs: se viste y algo sonámbulo, se va al colegio. Se lleva unas hojas en la mano y va leyendo mientras camina.
06:55 hs: llega al aula y se alegra sabiendo que otros de sus compañeros tampoco estudiaron nada, “es más, creo ser el que más estudio” – concluye mentalmente. Rosita dice que no estudió nada aunque después es siempre la que se saca diez. Da la última ojeada a los temas y se anota algunas frases en el pupitre (frases que al final no son del tema que le corresponde a él).
07:00 hs: entra la profesora y empieza a dar los temas del examen. Pedro habla con Dios por primera vez en su vida, promete que si le va bien se va a comportar mejor. Le pregunta a la docente si puede empezar por cualquier punto (en realidad no sabe ninguno, pero así aparenta que estudió). Comienza a escribir algo que se acuerda y algo que va sanateando. Espera que un compañero haga una pregunta para escuchar la respuesta de la profesora y escribir algunos renglones más. Luego de que todos entregaron, devuelve el examen a la docente y se va al patio comentando con sus compañeros: “No nos puede poner un uno a todos… Porque la echan, así que me quedo tranqui.”


Martes 26, 07:00 hs: la profe le entrega el examen, que apenas alcanzó para un cinco. Pedro se acuerda del siete que se sacó en el examen anterior y sonríe, “soy un genio” – piensa.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 16/06/2012

ODISEA PARA UN EXAMEN


Lunes 4 de junio: la profesora de geografía anuncia que el martes 19 será el examen de geografía. “Falta mucho” – fue lo que pasó por la mente de Pedro.

Viernes 15, 17:00 hs: faltando cuatro días, Pedro considera que es momento de, al menos, ver los temas que entran en el examen. Lo piensa bien y sabiendo que comienza el fin de semana, se le van las ganas de agarrar la carpeta. “Si estudio ahora para el lunes me olvido todo” – especula. Además supone que no son muchas las hojas por estudiar, así que disfruta de su viernes.

Sábado 16, 13:00 hs: se despierta, almuerza y con mucha fiaca se arroja en su cama con su carpeta para comenzar a leer algo. Se acuerda de que en el Facebook le habían dejado mensajes, así que deja sus apuntes de lado y se conecta a Internet. Mas tarde, cuando sale del Facebook y se dispone a agarrar la carpeta, le envían un SMS invitándolo a un partido de fútbol así que se retira de su casa.

Domingo 17, 14:00 hs: se levanta de la cama, almuerza y nuevamente se dirige a su pieza para estudiar. Nota que la tarde está bastante linda como para desperdiciarla en su cuarto, así que se va a matear con amigos a la plazita de los juegos. Cuando regresa a su casa, se pone a mirar un partido de fútbol excusándose de que luego de pegarse un baño, por la noche, estudiaría.
21:00 hs: luego de ducharse, Pedro se engancha con un película en HBO.
23:00 hs: cansado del día, se va a dormir argumentando que mañana tendrá tiempo para estudiar.

Lunes 18, 09:00 hs: en el recreo, busca el resumen más corto de entre todos sus compañeros y le saca fotocopias. Cuando cree tener el resumen más chico, aparece un compañero con un resumen de solamente una hoja (escrita en tipografía que sólo puede leerse con lupa) así que también le saca una copia. Rosita exclama “el examen es muy difícil”, pero Pedro no le da importancia.
14:00 hs: Nuevamente la tarde está muy linda, así que Pedro opta por salir a la plaza a dar vueltas en su moto.
22:00 hs: “Soñando por cantar” gana la atención de Pedro, que termina diciéndose que más tarde estudiará.
00:30 hs: Considera que es muy tarde y el sueño lo está venciendo. Se va a dormir pero antes pone el despertador a las 4 horas para levantarse a estudiar.

Martes 19, 04:00 hs: suena el despertador. Pedro se levanta, va al baño, coloca el despertador a las 04:30 hs y vuelve a acostarse.
04:30 hs: se levanta. Como se acuerda que no eran muchas las hojas por estudiar, vuelve a poner el despertador media hora más tarde. “Y no creo que la haga muy difícil” – piensa.
05:00 hs: se levanta con mucho sueño. Lee un poco el resumen y comienza a desesperarse dándose cuenta de que los temas son más de lo que él suponía. Lee, lee y lee. Trata de memorizar alguna oración interesante y se conforma sabiendo bien algunos renglones. Descarta los resúmenes porque se da cuenta de que no entiende la letra de sus compañeros.
06:15 hs: se viste y algo sonámbulo, se va al colegio. Se lleva unas hojas en la mano y va leyendo mientras camina.
06:55 hs: llega al aula y se alegra sabiendo que otros de sus compañeros tampoco estudiaron nada, “es más, creo ser el que más estudio” – concluye mentalmente. Rosita dice que no estudió nada aunque después es siempre la que se saca diez. Da la última ojeada a los temas y se anota algunas frases en el pupitre (frases que al final no son del tema que le corresponde a él).
07:00 hs: entra la profesora y empieza a dar los temas del examen. Pedro habla con Dios por primera vez en su vida, promete que si le va bien se va a comportar mejor. Le pregunta a la docente si puede empezar por cualquier punto (en realidad no sabe ninguno, pero así aparenta que estudió). Comienza a escribir algo que se acuerda y algo que va sanateando. Espera que un compañero haga una pregunta para escuchar la respuesta de la profesora y escribir algunos renglones más. Luego de que todos entregaron, devuelve el examen a la docente y se va al patio comentando con sus compañeros: “No nos puede poner un uno a todos… Porque la echan, así que me quedo tranqui.”


Martes 26, 07:00 hs: la profe le entrega el examen, que apenas alcanzó para un cinco. Pedro se acuerda del siete que se sacó en el examen anterior y sonríe, “soy un genio” – piensa.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 16/06/2012

sábado, 9 de junio de 2012

EL CANDIDATO


Entre tantas caras nuevas que se postulan para cargos políticos en nuestra ciudad, en cierta elección apareció un tal Rubertino Solitario… De Proyecto Sur, candidato a intendente de Arroyo Seco. Poco se sabía de él, más que se trataba de un humilde militante que estaba en cientos de comisiones directivas de varias instituciones de la ciudad. Había militado en otro partido, pero por no coincidir con ideales, se separó formando su propio bloque. Tenía mucha fe de llegar e incluso hasta de colocar a alguno de sus nombres en el cargo de concejal, lista que conformaban en su totalidad tres hermanos, su suegra y dos sobrinas.
Rubertino comenzó la campaña como si fuera un Pocho Leprati, y no necesariamente por su labor social sino por ir en bicicleta. Visitó a los medios y le hicieron un par de notas sobre sus propuestas, que no eran otra cosa más que la que proponen siempre todos los candidatos elección tras elección en nuestra ciudad. Habló de FAE, radicación de empresas, mejorar el hospital, seguridad, reordenar el tránsito y wi-fi en todas las plazoletas.
Solicitó licencia en su trabajo y se dedicó a recorrer barrios siempre en dos ruedas. Empeñó su sueldo en compras en el supermercado y llevó a varias familias bolsones de mercadería, garrafas y zapatillas para niños carenciados. Se lo vio a la salida de los colegios repartiendo golosinas a los niños e incluso algunos globos, los que justamente no hacían propaganda con su nombre, sino en los que se leía Feliz Cumpleaños.
Fuera del hospital recibió la queja de tres vecinos: una abuela que dijo estar cinco horas esperando al médico de guardia que dormía su siesta, una señora indignada con una enfermera y un hombre que se quejó de que le hayan cobrado cinco pesos de contribución, cosa que lo privó de comprarse sus cigarrillos. Rubertino tomó nota de todo eso en una servilleta, ya que no alcanzaba su presupuesto de campaña para comprarse una agenda.
Con esas herramientas salió al ataque de las autoridades, “una vergüenza nuestro hospital… ¡Cientos de vecinos me han manifestado su queja!” – expresó a un medio radial. Y luego de hablar entregó a la periodista un folleto de su campaña: una fotocopia de una hojita tipeada en Word con errores ortográficos.
Con mucho esfuerzo alquiló un local en donde montó un tablón con caballetes y algunas sillas de plástico blancas, con las que esperaba atender a los vecinos que pudieran estar interesados en sus proyectos. A saber, jamás nadie visitó el lugar más que una abuela que llegó de casualidad buscando la verdulería que dejó de funcionar en ese local dos meses atrás. De todas maneras, Rubertino era un hombre de fe.
“Sr. Solitario, ¿por qué se postula? Las encuestas lo ubican en el último lugar” – fue el interrogante que le hizo una movilera de radio en la Plaza 9 de Julio.
“Esas encuestas no son fehacientes” – objetó el candidato, “veo el apoyo de la gente mientras camino las calles, así que estoy bien seguro de ganar estas elecciones.”
Comprometiendo sus últimos recursos monetarios, organizó una choripaneada donde reunió a su familia, amigos de sus hijos, algunos vecinos y diez simpatizantes, que de ahí se irían a comer los choripanes de otro candidato. Durante la comida tomó la palabra ante la mirada atenta del público y agradeció el apoyo de todos los que apostaban al cambio votándolo a él.
“¡Vamos Rubertino, carajo!” – gritó un vecino con algunas copas de más.
La emoción alcanzó a los presentes, que se unieron en un solo aplauso ante la sonrisa de Rubertino, que del partido que representaba no había recibido ningún aporte económico, ni siquiera el logo partidario para reproducirlo en su folletería o en los dos pasacalles que tenía en toda la ciudad.
Llegó el día de las elecciones y Rubertino aceitó la cadena de su bicicleta para recorrer los colegios, dialogando con periodistas e informando a algún que otro ciudadano que no encontraba su mesa de votación.
“¿Me permite ingresar al cuarto oscuro para ver si faltan votos?” – preguntó a un presidente de mesa tal cual veedor electoral.
“Señor, en estas elecciones se usan planillas y una birome para votar…” – le informó el docente, que no veía la hora de que fueran las seis de la tarde para llenar planillas e irse a su casa.

Sacó en total sólo cuatro votos. Ni siquiera el dos por ciento de su familia lo había votado. Es más, en su propia mesa su planilla había sido anulada porque Rubertino la había marcado en el lugar incorrecto. Se animó a decir que había sido un fraude electoral y prometió a un medio gráfico investigar lo sucedido.

En los siguientes días bajó las persianas de su local y continuó su vida de manera normal, aunque pagando las cuentas de su campaña. A los cuatro años volvió a aparecer dispuesto a dar pelea otra vez y ahora con CAMBIOS… o sea, con una nueva bicicleta con cambios.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 09/06/2012

sábado, 2 de junio de 2012

PARADAS CAMBIADAS II


“¡Pobre abuela!” – fue el comentario que varios hicieron al leer la historia de Beatriz*, que por no dar con las paradas de colectivos (cambiadas), tuvo que llegar al cementerio caminando. ¿Qué es de su paradero? Se lo contamos.
Días atrás la ubicamos en pleno centro de la ciudad, aún perdida por no encontrar las paradas correctas en las que pudiera tomar el colectivo amarillo que la llevara al cementerio para acercarle flores a su difunto marido. En un momento llega a una esquina para subir a un ómnibus, detrás de dos mujeres que irían al casino.
“¿Dónde viaja abuela?”
“Al cementerio, joven” – respondió Beatriz al chofer, mientras hurgaba en su monedero.
“Abuela, tiene que tomar el cole a una cuadra… Este va para Rosario.”
Se bajó del vehículo y cuando el semáforo indicó el color rojo se determinó a cruzar la calle. Esquivó a un par de vehículos que estaban estacionados sobre la senda peatonal y llegó a la otra vereda, donde una pomposa joven le entregó un descuento para Pasacalle. Lo guardó en su monedero y continuó caminando mientras visualizó que una tropa de adolescentes corría en bicicletas en su dirección, tal como autos en ‘Rápido y Furioso’.
Esquivó a un par de bicicletas pero finalmente un manubrio la golpeó en su brazo derecho, arrojándola contra la vidriera de El Indiecito, originando un fuerte ruido. Dos empleadas de la librería salieron a socorrerla y una de ellas le manifestó:
“Abuela… ¡Si quería ver los precios de los ositos no tenía que acercarse tanto a la vidriera!”
Beatriz agradeció la ayuda y siguiendo su camino. Más adelante tuvo que resguardarse contra la pared, ahora esquivando a un grupo de perros que caminaban desesperados detrás de una perra. Un mestizo olfateó su pierna, levantó su pata y orinó su cancán. Se secó con su pañuelo y se dispuso a cruzar de vereda.
Pasó frente a la comisaria, donde en ese momento dos policías introducían esposado a un integrante de la comisión de un ex club deportivo de la ciudad. Beatriz se persignó mirando la cara de mafioso de aquella persona y se acercó a la salida del Registro Civil, donde varias personas esperaban a la feliz pareja que acababa de contraer matrimonio.
Allí se detuvo. Aquella situación le trajo a la memoria cuando se casó con su esposo (QEPD). Estaba a punto de emocionarse por ver nuevamente a una parejita de enamorados que habían dado el sí para toda la vida y estaban a punto de salir de la oficina para ser aplaudidos por familiares y amigos.
Beatriz se dispuso a ver la cara de aquella jovencita que iba a salir seguramente con un rostro angelical, un hermoso vestido y un ramo de rosas en su mano, tal como princesa de cuento de hadas. Seguramente se iba a identificar con ella en su recuerdo. Pero para su sorpresa, del Registro salieron dos jóvenes varones de traje, abrazados y besándose entre ellos. Agachó la cabeza y siguió.
“Señorita, ¿dónde puedo tomar el colectivo para ir al cementerio?” – le preguntó a una empleada municipal que en su horario de trabajo aprovechaba a salir de su oficina para comprarse ropa.
“Abuela, en la esquina puede tomar el colectivo” – le comunicó la persona cuyo sueldo pagamos todos los ciudadanos.
Pasando frente a la Municipalidad no pudo evitar mirar a unos periodistas que entrevistaban a varios sindicalistas que criticaban al intendente.
“Siguiremo con las protextax hasta quel intendete nos del aumentos que le pidimos” – comunicaba un gremialista a la prensa. Detrás de esta persona podía verse una montaña de bolsas de basura y la Plaza 9 de Julio con pastos que tapaban el monumento central. La empleada que regresaba de hacer mandados personales en su horario de trabajo se sumó a la queja gremial.
Beatriz llegó a la parada junto a varias personas. Llegó el colectivo. Todos se apuraron a subir dejándola en último lugar y haciendo que subiera al ómnibus casi al borde de la puerta.
“Joven, voy al cementerio.”
El chofer le entregó el boleto y la abuela tuvo que viajar parada, agarrada con una mano en el caño, ya que con la otra sostenía el ramo de flores que ya se estaba marchitando. Así fue como durante todo el viaje se balanceaba tal cual si se encontrara en un samba de un parque de diversiones.
Finalmente llegó ante la tumba de su esposo. Colocó sus flores y regresó.
Pero faltaba más. Si bien ese día pudo dar con la parada correcta de colectivo y evitar ir al cementerio caminando, lo que no pudo evadir fue volver a pie… ya que, por no contar con cambio justo, el chofer se quedó con sus últimos diez pesos.


* Publicado en La Posta el 18 de febrero

La Posta Hoy - 02/06/2012