sábado, 7 de noviembre de 2015

ROBO A-Z: SUERTE



El pelado Huguito estaba sentado en la vereda junto a la mesa de un bar céntrico y se le sentó a su lado, el flaco Sixto. En realidad, minutos antes éste último había convocado a su amigo mediante whatsapp a encontrarse en ese bar, tomar una cerveza y charlar sobre una propuesta. Pidieron una cerveza a la moza y Sixto le preguntó a su compañero: “¿Tenes la chata todavía? Tengo un negocito para ofrecerte…”
Al oído de Sixto llegó la información de que el único sereno de una casa de campo camino a Uranga, tenía un cumpleaños de quince el sábado siguiente: “Tienen un par de lechoncitos que están justo para la parrilla… vamos, los cargamos en tu camioneta y nos venimos como si nada” – le propuso. “¿Y cómo sabes que no habrá otro sereno?” – indagó el pelado casi a punto de interesarse por completo en la propuesta. Entonces su amigo le detallo que el empleado, por temor a ser reemplazado por otro, directamente no le informó a su patrón de su ausencia por una noche. Y habiendo acordando el lugar para encontrarse y partir en dirección al campo, se despidieron justo en el momento en que el flaco tumbó accidentalmente un vaso lleno de cerveza sobre su pantalón.
Llegado el sábado, cerca de los diez de la noche, Hugo pasó a buscar a su pana que lo esperaba en la plaza San Martín y de allí partieron para la zona rural en su F-100 modelo 1987. Lo que no tuvieron en cuenta fue la gran tormenta que se levantó una hora antes, con caída de agua de manera torrencial. Por momentos, el camino de tierra se les convirtió en un pantano pero haciendo maniobras, finalmente aparcaron con luces bajas a unos metros de la casa indicada. Y allí descendieron de la camioneta cubriéndose de la lluvia con unos camperones y caminaron por el campo sobre las huellas marcadas por otros vehículos hasta llegar a  la parte trasera de la vivienda.
El flaco Sixto se aproximó a un corral mientras alumbraba con una linterna que compró en Caprichos y sin darse cuenta, agarró un cerco electrificado y terminó por ser despedido a unos metros. Hugo corrió para incorporarlo y luego buscando un portón, ingresaron al lugar donde dormían cerdos, gallinas y otros animales. El pelado con mucha sutileza agarró un lechón, lo ató de manos y pies y finalmente lo colocó en una bolsa arpillera para buscar su mejor posición física y llevarlo a su chata. Y su amigo quiso hacer lo mismo, pero cuando tomó otro lechón, el grito del animal provocó la reacción de otro cerdo mas grande que terminó envistiéndolo.
El pelado ya había cargado su lechón en la camioneta y el flaco seguía renegando con el otro animal mientras que el lio generado en el corral hizo que las gallinas, pavos y patos se despertaran. Finalmente Sixto agarró otro chancho pero el alboroto en el predio hizo que los perros de la casa se acercarán y lo corrieron por el medio del campo. Y aunque pudo zafar de los canes, saltó la cerca del predio y arrojó el lechón junto a la rueda de la chata; no obstante al engancharse con un alambre de púas de la cerca, abrió su pantalón de punta a punta.
No solo eso, sino que tras haber colocado el segundo lechón sobre la camioneta e ingresar a la cabina, recuerda que dejó la linterna en el corral. “Olvidate de la linterna” – le expresó Hubo. “Imposible” – manifestó Sixto, “es de mi pibe que la llevó la semana pasada al campamento de la escuela.” Y finalmente ante el avance de los minutos y la lluvia que no cesaba, el flaco fue convencido por su amigo a abandonar el lugar.
Pero varios metros mas adelante, el barro hizo que la camioneta se saliera del camino y quedara en un zanjón. Después de varios intentos fallidos por salir nuevamente al camino, los amigos divisaron que de lejos, se acercaba otro vehículo que probablemente pudiera socorrerlos. Allí se percataron de la presencia de los dos lechones detrás de la camioneta y ante la proximidad del otro coche, optaron por arrojar a los animales atados a un campo lindero. Y la otra chata conducida por un buen hombre, se les acercó.
“Ando por acá porque me enteré que el sereno de mi campo me abandonó la hacienda por irse a una fiesta” – manifestó el campesino mientras gentilmente, mediante una fuerte soga, se disponía a sacar la camioneta del pelado enterrada en el lodo. Sixto le indicaba las maniobras al salvador y poniéndose delante de la camioneta, al hacer esta un avance brusco, termina por ser atropellado. Y finalmente la camioneta se ubicó en el camino en el momento en que el flaco se recuperó lentamente de algunos dolores.
Para cuando el ayudante se alejó de los amigos, Sixto nuevamente fue tras los dos lechones que permanecían reducidos y tirados en el campo a oscuras. Pero tras haber cargado el primer animal, regresó por el otro y en ese momento fue alcanzado por la caída de un rayo. Y para cuando Hugo salió a asistir a su compañero, lo encontró abrazado al electrificado cerdo y con sus pelos erizados, pero muy sonrientes.
Y como si fuera poco, al día siguiente cuando el flaco se comenzaba a recuperarse de la agitada noche, se encontró con algunos oficiales de policía fuera de su casa. “Está acusado por el robo de lechones” – le informó un agente mientras lo invitaba a subir al móvil policial tras esposarlo. Es que Sixto no tuvo en cuenta que en la linterna estaba escrito el nombre y apellido de su niño acompañado con el domicilio.

sábado, 31 de octubre de 2015

ROBO A-Z: QUITA


Una entidad bancaria crea un nuevo seguro: ante una eventualidad lluvia, la compañía reintegra el dinero que se le  pudo haber mojado a un usuario al salir del cajero automático. Y de manera automática, incorpora en el débito automático de todas las cuentas de sus clientes el costo por este seguro de diez pesos mensuales.
Alicia abona el seguro sin saberlo ya que no es usuario de home banking, y, al desconocerlo, termina por lamentarse el día que salió del cajero, bajo una fuerte lluvia, y perdió trescientos pesos que se le humedecieron en su cartera. No obstante, antes de aquel mal momento, el banco ya le había descontado, desde la creación de la cobertura,  durante cinco años. Y ella nunca tuvo conocimiento.
Roberto descubre en la app del banco sufría esa quita mensual; entonces opta por llamar a la entidad bancaria. Busca en la guía el teléfono y lo marca en su celular; escucha una larga presentación y saludo de bienvenida y finalmente opta por una opción de las nueve que le ofrece el automático. Y luego de elegir la opción buscada, tuvo que esperar a ser atendido por un representante escuchando tres veces el ritmo de “Imagine” de John Lennon.
Cuando estaba a punto de cortar y luego de un mensaje grabado que le agradecía por haber aguardado, es atendido por una empleada que ante la consulta de qué se trataba ese descuento, termina por derivar la llamada a otro interno. Roberto vuelve a escuchar la melodía de “Imagine” hasta que es atendido en esta oportunidad por un empleado que vuelve a consultarle el motivo de la llamada. Y allí recibe la explicación: para dar de baja el cobro del seguro, debía acercarse al banco personalmente.
Como debía pedir permiso en el trabajo para hacer el trámite, sufrir la congestión del tránsito en el centro de Rosario, pagar el estacionamiento para su coche y esperar a ser atendido; mejor dejó todo como estaba y siguió sufriendo la quita consolándose de que se trataba solamente de diez pesos mensuales. Y cuando un día intentó cobrar el seguro por unos billetes que sacó del cajero y se le mojaron por un torrencial fuera del banco; no tuvo éxito porque la entidad argumentó que no había forma de demostrar que esos billetes fueron los que extrajo de la máquina y además porque la numeración de su domicilio no coincidía con la que el banco tenía en su sistema informático.
Angela, en cambio, decidió presentarse en la sucursal del banco tras haberse gastado setenta pesos del crédito de su celular en la llamada y charla con el representante de atención al público. Fue decidida a dar de baja el seguro en cuestión, aguardó media hora en ser atendida y finalmente, delante de una joven secretaria, presentó su inquietud. La empleada operó en el sistema informático y le dio de baja el débito automático pero antes de que se fuera, le ofreció otra cobertura mucho más completa a lo que Ángela accedió gustosamente. Y cuando se dispuso a ir a su casa, se dio cuenta que en el parabrisas de su coche tenía una infracción por aparcar libremente en un sector de estacionamiento medido.
Elvio retiró mediante cajero automático, los últimos doscientos pesos que le quedaban en su cuenta y salió corriendo para ingresar rápidamente a su auto mientras llovía a cántaros. En ese momento no se percató de la caída desde su billetera, de cien pesos que terminaron por mojarse completamente en el piso. Al día siguiente se presentó en el banco, dejó la evidencia y apeló al seguro que le venían descontando. Y así pasaron los meses y ninguna respuesta tuvo.
Pero sin deseos de rendirse, el hombre se asesoró por un representante de Defensa del Consumidor. Desde esta entidad intimidaron al banco a responder a su cliente por ese billete lila mojado. Y luego de cuatro años, tras muchos trámites burocráticos, finalmente la entidad bancaria le respondió el reclamo retribuyéndole en su cuenta el billete perdido pero que, descontado los gastos administrativos, quedó en un valor de sesenta pesos.
No obstante, Alicia, Roberto, Angela y Elvio, como miles de clientes, siguieron sufriendo la quita de los diez pesos mensuales por una cobertura que nunca quedó bien en clara ni tampoco merecía mucha explicación desde la entidad bancaría… entidad que, mes tras mes, solamente por este seguro, tenía una ganancia de cien mil cuatrocientos pesos.

ROBO A-Z: ROBADO



Roberto es un padre de familia, camionero y reclamador constante, como muchos, de poder vivir con mayor seguridad en la ciudad. La única vez que fue victima de robo fue cuando haciendo ejercicios una tardecita sobre el boulevard Maiorano, se le acercó un joven que tras intimidarlo con una navaja terminó por robarle el celular. El ladrón de alzó con el aparato de última generación y huyó antes de que reaccionara y saliera a correrlo. Y aunque pidió auxilio a otras personas del lugar, el caco ya se hallaba bastante lejos como para ser alcanzado.
Indignado llegó a su casa, publicó en su Facebook su descargo y no reparó en cargar contra las autoridades políticas por no aplicar acciones concretas para frenar la delincuencia. A su publicación en la red social, se le sumó el repudio de varios vecinos entre ellos el de Celina quien, meses atrás, sufrió el arrebato de su cartera mientras caminaba por  peatonal San Martín de Rosario. Y la crítica de la mujer se centralizó en culpabilizar al gobierno provincial por no hacer nada: “esa es la provincia, gobernada por amigos del narco que no hacen nada para frenar los robos.”
Otro de los comentarios al post de Roberto fue el de doña Meregilda, muy indignada también tras dos robos en el lapso de un mes en su salón de ventas. En una oportunidad, unas chicas, haciéndose pasar por clientas, aprovecharon su distracción mientras guardaban en su ropa interior varias prendas y objetos de valor. Al día siguiente se dio cuenta de las cosas que le faltaban. Y en la segunda ocasión, mientras se disponía a colocar la reja del exterior del comercio fue sorprendida por un muchacho encapuchado que, bajo amenaza con un arma blanca, pudo llevarse todo lo recaudado en el día.
Meregilda comentó también apelando a la crítica discriminatoria sobre personas que viven en villas de emergencia “vagos mantenidos por este gobierno” – escribió mientras propuso, deliberadamente, en algunas oraciones más adelante directamente ir a esos barrios con una topadora y arrasar con todos ellos. Y como si fuera poco, terminó criticando a los jueces que permiten que “entren y salgan de la comisaria como si nada hicieran.”
Y haciendo sobremesa en un asado familiar de domingo, Roberto terminó escuchando a su cuñado quien le manifestó no poder dormir al tener que dejar su auto Renault 9 sobre la calle frente a su domicilio, viviendo a dos cuadras de una villa de emergencia. “Lo que me deja un poco más tranquilo es que los conozco” – contó a su cuñado; “son dos o tres los que siempre roban así que no conviene que me toquen el auto porque iré a buscarlos hasta debajo de la cama.”
No obstante, lo que Roberto nunca comentó es de dónde vino el celular que le sustrajeron. Una vez por mes viajaba con su camión a Buenos Aires y en una estación de carga se cruzaba con, además de los operadores de logística, de unos jóvenes que vendían objetos robados. Uno le ofreció el celular de gran valor en el mercado a un costo muy accesible: quinientos pesos. Dado que Roberto no contaba con ese dinero en aquel viaje, terminó cerrando la operación a doscientos pesos adquiriendo el aparato con cargador y funda de protección. Y ahora esperaba al próximo viaje para apelar a la oferta de uno de estos muchachos y regresar a su casa con un nuevo equipo telefónico.
Celina, por su parte, luego de comprarse otra cartera se dirigió a un local comercial donde vendían joyas y bijouterie de dudosa procedencia. “Estoy buscando comprar un reloj de pulsera” – le indicó a la vendedora quien le informó que podía pedirlo para los próximos días. La vendedora le enviaría un mensaje a una joven conocida del barrio quien a su vez lo compraría robado a unos jóvenes cuya facilidad era ingresar a las propiedades para alzarse de todas las cosas de valor.
Meregilda, sin embargo, seguía vendiendo cosas que le proveían sin remitos ni ninguna otra documentación. Una vez por semana, su hijo mayor viajaba hasta la plaza central de Villa Gobernador Galvez donde una mujer le entregaba artículos de bazar y regaleria que unos muchachos de su barrio le vendían a bajo costo. Muchachos que a su vez, por ejemplo, entraron a robar elementos donados a un comedor comunitarios  convirtiéndolos, mas adelante, en cosas vendidas en el salón de ventas de Meregilda con envoltorios como nuevos.   
Y por último, el cuñado de Roberto salió una tardecita afuera de su casa y mientras limpiaba con unos rollisec el vidrio de su auto, aprovechó que unos jóvenes del barrio pasaron a su lado para consultarles algo: “¿saben quién puede estar vendiendo un celular robado?” Los pibes le respondieron que no pero el vecino fue por más: “les encargo si tienen algún stereo o equipo de audio para autos.” “Esta noche te conseguimos algo” – le manifestó un joven.


sábado, 24 de octubre de 2015

ROBO A-Z: QUITA


Una entidad bancaria crea un nuevo seguro: ante una eventualidad lluvia, la compañía reintegra el dinero que se le  pudo haber mojado a un usuario al salir del cajero automático. Y de manera automática, incorpora en el débito automático de todas las cuentas de sus clientes el costo por este seguro de diez pesos mensuales.
Alicia abona el seguro sin saberlo ya que no es usuario de home banking, y, al desconocerlo, termina por lamentarse el día que salió del cajero, bajo una fuerte lluvia, y perdió trescientos pesos que se le humedecieron en su cartera. No obstante, antes de aquel mal momento, el banco ya le había descontado, desde la creación de la cobertura,  durante cinco años. Y ella nunca tuvo conocimiento.
Roberto descubre en la app del banco sufría esa quita mensual; entonces opta por llamar a la entidad bancaria. Busca en la guía el teléfono y lo marca en su celular; escucha una larga presentación y saludo de bienvenida y finalmente opta por una opción de las nueve que le ofrece el automático. Y luego de elegir la opción buscada, tuvo que esperar a ser atendido por un representante escuchando tres veces el ritmo de “Imagine” de John Lennon.
Cuando estaba a punto de cortar y luego de un mensaje grabado que le agradecía por haber aguardado, es atendido por una empleada que ante la consulta de qué se trataba ese descuento, termina por derivar la llamada a otro interno. Roberto vuelve a escuchar la melodía de “Imagine” hasta que es atendido en esta oportunidad por un empleado que vuelve a consultarle el motivo de la llamada. Y allí recibe la explicación: para dar de baja el cobro del seguro, debía acercarse al banco personalmente.
Como debía pedir permiso en el trabajo para hacer el trámite, sufrir la congestión del tránsito en el centro de Rosario, pagar el estacionamiento para su coche y esperar a ser atendido; mejor dejó todo como estaba y siguió sufriendo la quita consolándose de que se trataba solamente de diez pesos mensuales. Y cuando un día intentó cobrar el seguro por unos billetes que sacó del cajero y se le mojaron por un torrencial fuera del banco; no tuvo éxito porque la entidad argumentó que no había forma de demostrar que esos billetes fueron los que extrajo de la máquina y además porque la numeración de su domicilio no coincidía con la que el banco tenía en su sistema informático.
Angela, en cambio, decidió presentarse en la sucursal del banco tras haberse gastado setenta pesos del crédito de su celular en la llamada y charla con el representante de atención al público. Fue decidida a dar de baja el seguro en cuestión, aguardó media hora en ser atendida y finalmente, delante de una joven secretaria, presentó su inquietud. La empleada operó en el sistema informático y le dio de baja el débito automático pero antes de que se fuera, le ofreció otra cobertura mucho más completa a lo que Ángela accedió gustosamente. Y cuando se dispuso a ir a su casa, se dio cuenta que en el parabrisas de su coche tenía una infracción por aparcar libremente en un sector de estacionamiento medido.
Elvio retiró mediante cajero automático, los últimos doscientos pesos que le quedaban en su cuenta y salió corriendo para ingresar rápidamente a su auto mientras llovía a cántaros. En ese momento no se percató de la caída desde su billetera, de cien pesos que terminaron por mojarse completamente en el piso. Al día siguiente se presentó en el banco, dejó la evidencia y apeló al seguro que le venían descontando. Y así pasaron los meses y ninguna respuesta tuvo.
Pero sin deseos de rendirse, el hombre se asesoró por un representante de Defensa del Consumidor. Desde esta entidad intimidaron al banco a responder a su cliente por ese billete lila mojado. Y luego de cuatro años, tras muchos trámites burocráticos, finalmente la entidad bancaria le respondió el reclamo retribuyéndole en su cuenta el billete perdido pero que, descontado los gastos administrativos, quedó en un valor de sesenta pesos.
No obstante, Alicia, Roberto, Angela y Elvio, como miles de clientes, siguieron sufriendo la quita de los diez pesos mensuales por una cobertura que nunca quedó bien en clara ni tampoco merecía mucha explicación desde la entidad bancaría… entidad que, mes tras mes, solamente por este seguro, tenía una ganancia de cien mil cuatrocientos pesos.

sábado, 17 de octubre de 2015

ROBO A-Z: PROSTIBULOS


Representantes de una ong que trabaja contra la trata de personas, llegaron al concejo y fueron recibidos en privado por el único edil presente esa mañana. Los visitantes le manifiestaron el interés por dar clausura a varios bares de la ciudad; “tenemos denuncias anónimas de que en esos lugares hay chicas que son obligadas a prostituirse” – le expresaron al funcionario que escuchó muy atentamente.
El concejal poniéndose al hombro la denuncia convocó al día siguiente, a los periodistas e informó estar muy preocupado por lo que estaba aconteciendo sin dar nombre a los bares; “fui elegido por los ciudadanos y me debo a ellos; y por el bien de esta comunidad no permitiré que haya ese tipo de cosas en esta ciudad” – manifestó a los comunicadores. Y comentó haberse puesto a disposición de la ong y de la ley para que se cierren esos lugares.
Aún más, el funcionario puso a disposición una caja de ahorro para todos los que querían colaborar con la causa de esta organización sin fines de lucro. Y motivó a sus representantes a una movilización por las calles de la ciudad para repudiar toda acción de trata y explotación sexual de mujeres: “todos tenemos que hacer oír nuestra voz en contra de estas cosas.”
La ong por su parte elevó a la justicia las denuncias correspondientes cuyos fiscales comenzaron a trabajar en cada caso. Se trataba de lugares habilitados como bares pero que detrás de su fachada, en cuartos traseros, tenían a varias mujeres en situación de servidumbre para explotarlas sexualmente. Y lo peor aún es que antes que esta organización arribara a la ciudad y se pusiera a trabajar, muchos sabían del tema pero nadie se animó a hacer nada.
“Hay que acabar con estos que obligan a inocentes mujeres a esa condición” – siguió manifestando el edil, que era candidato a renovar su banca, en cada oportunidad que se le acercaba un micrófono y recordando nuevamente la convocatoria a la marcha y la cuenta en el banco para los que querían colaborar con la causa. Y finalmente llegó el día de la manifestación.
Aquella noche cientos de vecinos se dieron cita en la marcha. Muchos lo hicieron con pancartas y pasacalles repudiando la trata de personas y toda acción de violencia contra la mujer. Incluso hubo voluntarias puestas por el concejal, con urnas, para recaudar donaciones para la labor de la organización. Y llegado el momento de las palabras, primero se pronunciaron autoridades de la ong y finalmente el edil que nuevamente criticó la existencia de estos prostíbulos: “golpearemos, de ser necesario, hasta la última puerta para que se cierren estos lugares y de ser electo otra vez, trabajé para crear una comisión que controle que si se habilita un bar, ese lugar trabaje como tal y no esconda nada que esté fuera de la ley” – expresó siendo ovacionado por la multitud.
La presión social generada por la marcha, hizo que el juez ordenara el primer allanamiento a uno de los supuestos bares. Allí llegaron el fiscal, policías (varias mujeres uniformadas) y auditores de la ong. Ingresaron al comercio y para sorpresa de todos, en aquel lugar no había mas que mesas, botellas y utensilios típicos de bar. Y aunque ingresaron también en la parte trasera del local, no encontraron nada que pareciera ser lo que estaban esperando hallar.
Al día siguiente, el edil convocó a una conferencia de prensa para informar: “el primer allanamiento fue negativo, pero seguiremos trabajando para desbaratar toda acción de trata contra las inocentes damas que muchas veces, dejan sus hogares engañadas.” Y volvió a recordar que estaba a disposición de la población, una caja de ahorro, de su gestión, para contribuir en la causa de la ong interviniente.
Dos días después y un nuevo allanamiento irrumpe contra la tranquilidad de otro de los bares en la mira. Allí también las fuerzas de seguridad ingresan detrás del inmueble en la que había una casa pero tampoco encontraron cosas que pudiera relacionarla con un prostíbulo. En la vivienda trasera habitaba una parejita de ancianos. Y todo volvió a la normalidad.
Y lo mismo ocurrió con los otros dos bares denunciados. En ninguno de ellos se encontraron mujeres explotadas sexualmente y lo peor aun, sus dueños se dispusieron a denunciar a las autoridades judiciales por el mal momento vivido en sus comercios.
Es que esa misma tarde del día en que los representantes hablaron con el edil, este funcionario llamó a un empresario amigo: “flaco, van por ustedes… váyanse de la ciudad por unas semanas hasta que pase todo; sacame a todas las mujeres que tengas” – le informó previniéndole. “Dale… incluso en uno de los bares pondré a mis viejos para que vivan simulando que está todo normal” – le expresó el empresario agradecido que solventaba la campaña del concejal con lo recaudado por estos prostíbulos.
Y una vez que pasaron todos los allanamientos con resultados negativos, el concejal entregó a la ong solamente un cinco por ciento de lo depositado en la caja de ahorro quedándose con el resto; “la verdad: hay que valorar el trabajo de estas organizaciones” – comentó el edil a los periodistas mientras entregaba el cheque al presidente de la misma. Al mes siguiente, el político volvió a ganar y luego los prostíbulos abrieron nuevamente sus puertas.  


sábado, 10 de octubre de 2015

ROBO A-Z: OCASION


Nueve de la mañana del día lunes y un religioso convocó a los medios de la ciudad para una conferencia de prensa. Cosa que sorprendió a los comunicadores puesto que hacía tiempo que nada de importante acontecía en la localidad que de a poco, se estaba quedando en la historia. En realidad se trataba de una ciudad decaida económicamente tras el cierre de varias industrias en la zona, con cientos de desempleados y miles de familias desganadas. Y allí el profeso se dispuso a dar un importante anuncio a los periodistas.
“La ciudad ha sido protagonista de un hecho milagroso” – comenzó la conferencia. El religioso contó que días atrás concurrió a una vivienda tras el llamado urgente de su propietaria. La mujer, de nombre Julia, mientras barría el patio divisó algo que le llamó la atención. Resulta ser que cuando el flotante de su tanque de agua estaba roto hacía que el mismo se rebalse y una cascada corriera por los laterales de la casa. Se acercó a una de las paredes y allí vio un querubín que movía sus alas entre el agua.  Y cuando corrió adentro de la casa para buscar su celular y registrar la imagen, a su regreso, el ángel ya no estaba.
La nueva se difundió por toda la ciudad y prácticamente no hubo vecino que no hablara de lo que había ocurrido. Incluso cientos de mujeres motivadas por la fe se acercaron a la vivienda para encender velas en su vereda mientras que a Julia, solamente se la podía ver tras las rejas y encerrada en su vivienda sin dar declaraciones a nadie.  Y el mismo religioso usando de sus contactos, informó de lo acontecido a otros medios regionales.
La noticia llegó a los medios nacionales que incluso enviaron sus corresponsales a la ciudad para entrevistar al religioso y filmar la casa donde había ocurrido el milagro. Para los siguientes días, ya había voluntarias religiosas que montaron una especie de tablones frente a la vivienda vendiendo imágenes y esculturas de ángeles. Y además un extraño colocó un puesto alegando vender en botellas de un litro, agua de la que se había reflejado el ser celestial y se vendieron miles de ellas.
A la semana siguiente, el gobierno local anunció que por la gran cantidad de visitantes y curiosos que se acercaron a la casa, se tomó la decisión de trasladar a doña Julia a una vivienda privada y alejada del público, y su casa se convertiría en un santuario abierto para los feligreses. Y así se hizo: de incógnito se trasladó a Julia a una granja y con la colaboración de voluntarios, se permitió el ingreso a la vivienda donde varios fotografiaban la pared que aún tenía el agua que rebalsaba del tanque.
Grandes colas de personas se hicieron presentes en la cuadra para tener su turno –a un bajo costo- e ingresar a conocer el interior de la casa. Hubo entonces quienes aprovecharon el público y montaron en el barrio nuevos kioscos y mercaditos con mucho éxito. Y luego llegó el dia donde el mismo gobierno informó que de lo recaudado por las entradas a la vivienda más inversiones del sector privado, se comenzaría a trabajar en la construcción en el lugar un santuario para aquel querubín.
La edificación de un majestuoso templo en el patio de la casa, la cantidad de curiosos que llegaban de diferentes lugares del país y la aparición de ciertos comentarios, fomentados por el religioso, que atribuían cierto poder sanador el agua de la pared; hicieron que en la ciudad se abriera una Secretaría de Turismo para informar a los visitantes. Y fue así que los comercios locales inclinaron sus negocios en torno al suceso: tiendas de vestimentas con remeras estampadas del ángel, restaurantes con platos cuyos nombres contenían significados angelicales, esculturas y pinturas a doquier con la imagen del querubín reflejándose en las aguas, etc.
En pocas semanas, el ingreso público que genero el evento milagroso fue incrementándose a tal punto que paso a ser el principal motivo de recaudación del gobierno local. Calles muy arregladas e iluminadas en torno al lugar donde se estaba levantando el santuario al querubín y embellecimiento de las plazas para alojar provisoriamente a los visitantes que llevaban en ómnibus y merendaban al aire libre. Incluso la invirtió en la colocación de hoteles y otros hospedajes. Y a los tres meses, también se sumó el festival popular en honor al ángel con presencia de grandes artistas y miles de espectadores.
Nadie ya podía parar el boom generado por el suceso que cada vez ayudaba a recaudar más y más, levantando la economía de la ciudad que meses atrás estaba en decadencia. Antes de que en una reunión privada entre las autoridades junto con el religioso, el gobernante de turno planteara la necesidad de hacer algo para levantar la ciudad. Y fue allí cuando el profeso, luego de escuchar las pésimas noticias económicas del territorio, se levantó y murmuró a los presentes: “déjenme convencer a una mujer que vive sola; si hago que ella invente una historia creíble y fantástica… será la ocasión para que esta ciudad pueda crecer como nunca.”

sábado, 3 de octubre de 2015

ROBO A-Z: NUTRIA



Faltando unas semanas para las elecciones, un candidato opositor se juntó con un jefe policial en un bar. Café de por medio, sin más personas en el lugar, conversaron sobre acciones de campaña muy diferentes a las conocidas: “Necesito una movida para que la ciudad hable de inseguridad” – le manifestó el político al empleado provincial. Y la respuesta del oficial fue: “tengo a un negrito, el ‘nutria’, que me puede servir”.
A los siguientes días, una joven, en el momento que bajaba las rejas de su tienda en el centro de la ciudad, fue sorprendida por un muchacho que tras arrinconarla contra la pared terminó por robarle toda la recaudación del día. Ningún vehículo ni transeúnte pasaban por el lugar en esos segundos. La chica, muy nerviosa, le entregó el dinero y provocó que el ladrón le arrebate también su cartera y se alejó del lugar corriendo. Y sin reaccionar de otra manera, se largó a llorar hasta que fue auxiliada por una vecina.
A los dos días, un matrimonio regresó del cine frenando delante de su casa para darle lugar a que la esposa, descendiendo del vehículo, se dispusiera a abrir el portón del garaje. En ese instante, un delincuente salió detrás de un árbol y apuntando con un arma a la pareja, le solicitó de manera apresurada todo el dinero que tenían. El hombre descendió del coche intentando proteger a su mujer y por aquella reacción, el delincuente le hirió con un disparo en la pierna y huyó. Y finalmente la pareja es auxiliada por otros vecinos que salieron alarmados por el ruido del arma.
Y a la noche del día siguiente, un nuevo robo aconteció en la ciudad teniendo como víctima a dos playeros de una estación de servicios. Cuando la playa quedó descubierta, un ladrón se acercó a los empleados y con pistola en arma, logró que los mismos le entregaran todo lo recaudado que guardaban en sus bolsillos. Y sin más, el delincuente salió corriendo y aunque había cámaras en el lugar, no pudo ser identificado dado que usaba capucha.
En el transcurso de las siguientes horas, varios vecinos anoticiados de lo acontecido, pusieron a la inseguridad como tema principal de comentarios en las redes sociales y portales de noticias. Incluso varias personas comenzaron a mostrarse molestar con el intendente de turno, que iba por la relección, y sobre su falta de respuestas a la problemática. Y fue allí cuando el candidato opositor, le expresó a uno de sus más allegados: “es el momento de organizar una marcha.”
Esta última persona aprovechó que ese día tuvo la recarga de abono de su celular y envió mensajes a sus allegado motivándolos a movilizarse por los hechos de inseguridad acontecidos en los últimos días. Su idea tuvo una rápida aceptación y los ciudadanos terminaron por autoconvocarse a los dos días, manifestándose en una marcha por el centro de la ciudad y culminando frente al edificio municipal para expresar su crítica al intendente por no tener acciones concretas que hubieran impedido los robos: “esto es tierra de nadie y este gobierno no hace nada” – gritó una mujer a las autoridades policiales.
Un periodista consultó al jefe policial sobre la detención del ladrón que había alterado la tranquilidad de la ciudad: “el testimonio de varios vecinos, incluso la imagen de la cámara de seguridad de la estación de servicio, da a entender de que se trata del mismo delincuente el que protagonizó los hechos… ¿ustedes lo tienen identificado?” Y el oficial manifestó estar trabajando en la identificación pero que dudaba que se tratase de la misma persona: “generalmente todos estos delincuentes visten y actúan igual.”
También el candidato opositor fue consultado por los medios sobre la inseguridad instaurada en la opinión pública a raíz de los hechos acontecidos: “los ciudadanos se merecen seguridad… mi propuesta es que haya mayor cantidad de policías recorriendo todas las horas, cada manzana y barrio de esta ciudad; trabajaremos, en caso de ser electo, junto a las fuerzas policiales para frenar la delincuencia” – manifestó.
Al día siguiente, en respuesta a la marcha y en lo que parecía un importante operativo, el jefe policial sacó de un hogar, ante la mirada de las familias vecinas, al “nutria” y lo subió en el móvil. Y cuando lo ingresó a la seccional, le quitó la esposa y se dispuso a conversar: “cortala… eran solamente unos robos, nadie te habló de usar armar ni de disparar a nadie” – le cuestionó al delincuente. Nutria lo miró, le pidió disculpas y terminó por ser liberado. “Anoche detuvimos a un joven con antecedentes pero por falta de pruebas, fue puesto en libertad por el juzgado de turno” – informó el empleado provincial, a la mañana siguiente, a los comunicadores.
Llegaron las elecciones y, a la manera de indignación por los hechos delictivos ocurridos, la mayoría de la población votó en contra del gobierno que iba por su relección y buscó el cambio dando la oportunidad al opositor. El ganador celebró la victoria con mucho ruido incluso teniendo entre sus celebrantes a Nutria que aplaudía junto a sus amigos. Y por último, a los cuatro días, el candidato electo entregó al comisario una importante suma de dinero en honorarios por el servicio prestado; quién además repartió una parte a Nutria.



sábado, 26 de septiembre de 2015

ROBO A-Z: MISTICA


Rita entró en casa de doña María puesto que una amiga del barrio le había recomendado esa visita: “es muy vidente y sabe todo sin que le digas nada” –le había indicado. Permaneció sentada por unos minutos en el living esperando su turno mientras observó algunos cuadros: uno donde estaba grabado el padrenuestro con la imagen del Cristo, otro con la imagen de Dalai Lama y un tercero, en grande, con la foto del Papa Francisco y una frase fomentando las acciones de amor y solidaridad. En el interior de la vivienda, otra señora manifestaba a la anfitriona su preocupación al ver que su hijo le iba mal en el colegio. “Decime, querida, ¿cómo era el día en que nació tu pibe?” – le preguntó María a lo que la madre, haciendo uso de la memoria, solo manifestó que llovía mucho el día del parto. Y la vidente concluyó: “es por eso que todo le va a ir mal en la vida a tu pibe… nació en un día gris; pero te recomiendo este ungüento: se lo pasas todos los días, antes de ir al colegio, en la cabeza y San Irineo de Afganistán le dará sabiduría para los exámenes.” Mientras Rita seguía esperando, llegó otra señora que se sentó a su lado manifestando estar muy preocupada por su pareja que la había abandonado: “no sabes lo triste que me siento; estoy dispuesta a hacer todo lo que me diga esta mujer para recuperar a mi novio.” Esta desesperada dama vino recomendada también por otra amiga: “María es muy vidente y muy poderosa, a mi amiga le dio un pote con el que roció una maquinita del Casino y ganó dos mil pesos.” Tras la salida de aquella desesperada madre que pagó por el frasco unos cuatrocientos pesos, Rita ingresó al comedor donde la dueña de casa la invitó a sentarse frente a ella mientras le solicitaba las manos. “Mi vida, la consulta es de doscientos pesos” – le informó María muy sonriente; “sabes que no tengo otro ingreso más que este, querida.” La visita abonó con unos billetes que llevaba en sus corpiños y se prestó a la lectura. “Mmmm” – manifestó María muy preocupada y haciendo que su visita abriera los ojos bien grandes; “acá veo que tu esposo te dejará por otra.” Rita preguntó si estaba seguro con aquella lectura, “porque soy soltera”- le aclaró. Allí la clarividente apeló a su explicación mística; “acá veo que el marido que vas a tener en el futuro, un día te dejará por una mujer más joven.” Entonces se entristeció por lo que María le soltó las manos y puso sobre la mesa un ungüento de color celeste: “tranquila querida… te recomiendo que desde ahora te pases un poco de este aceite cada mañana, en tus talones, y así harás que el hombre que conozcas se enamore completamente de vos y no te abandone.” Por la mañana, la vidente había llenado varios de esos frascos con el agua de red al tiempo que se disponía a podar sus rosas. Y por la tarde, le ofreció a la visita el producto: “Querida esto es un ungüento que contiene lágrimas de ángeles y gotas de rocío” – le detalló. Por momentos Rita tuvo el presentimiento de estar siendo estafada pero vino a su memoria los consejos de su vecina con quien en varias oportunidades charlaban subidas a la trafic que las llevaba los fines de semana a presencir la misa en vivo del Padre Ignacio: “se de una amiga que tenía su hijo tartamudo y fue de esta mujer que dicen es muy poderosa. Le entregó un líquido para que le diera de beber al pibe y éste terminó hablando un poco mejor” – le contó; “tenes que ir… además, no cobra; en realidad solo pide una ayuda porque, pobre, es lo único que tiene para vivir.” Rita adquirió el frasco por trescientos pesos y cuando estaba por retirarse, la vidente volvió a pedirle la mano: “a ver querida… me parece que faltaba algo que no podía leer porque había interferencias con los seres de luz” – le expresó. La mujer volvió a sentarse a la mesa y dispuso sus manos para una nueva lectura: “¿puede que haya alguien enfermo en tu casa?” – le preguntó. Rita le aclaró que vivía solamente con una perra llamada Diana; “entonces es esa perra la que está enferma o se va a enfermar en los próximos días. Te recomiendo, querida, crema de kiwi para liberar de todo mal a tu mascota” – le expresó la vidente mientras le vendía a doscientos pesos un pote de crema; “se la pasas por la panza a tu perrita y listo.” Cuando la mujer terminó de gastar de los últimos billetes que le quedaban de la quincena de su sueldo como empleada municipal, se prestó a salir del lugar pero una vez más, María la detuvo mostrándole una cajita forrada con imágenes de Mickey y Minnie: “querida, sin compromisos, esta alcancía es para ayudar a los huerfanitos de un Hogar del África… si queres colaborar de corazón, podes hacerlo” – explicó. Rita colaboró con su último cien pesos mientras la vidente le daba más detalles; “no sabes lo que son esos niños con esas caritas negritas y los moquitos colgando de sus narices… te parten el alma verlos. Dios te bendiga.” Finalmente se retiró al mismo tiempo que María le daba la despedida: “y sabes que si te quedas sin ese ungüento, tengo más para entregarte, querida.” Rita salió y dio lugar a la otra visitante; “quiero que me ayude a recuperar al amor de mi vida” – le detalló a la vidente que rápidamente colocó un nuevo pote sobre la mesa.

sábado, 19 de septiembre de 2015

ROBO A-Z: LLAMADOS



Cinco de la mañana y una llamada de destinatario restringido ingresó a la comisaria de Arroyo Seco. El oficial de guardia se levantó de su cama y atendió al llamado de una voz masculina que no quiso identificarse: “hoy por la mañana, se asaltará al camión blindado que llegará al banco céntrico” – informó al policía y cortó. El uniformado se lavó la cara y optó por llamar a su superior para informarle sobre la nueva.
Rápidamente el responsable de la dependencia dio aviso al juez de turno que con una coordinación policial pudo constatar a la empresa transportadora de caudales para ponerla al tanto, aunque la unidad ya estaba en camino hacia esta localidad desde Buenos Aires. También se dio aviso a la entidad bancaria que puso en marcha su propio plan de acción preventiva. Y la Policía puso a decenas de oficiales a disposición cubriendo la zona donde se ubica el banco a fin de resguardar al vehículo.
“Seguramente se trató de uno que dejaron afuera del robo” – manifestó el comisario a un compañero intentando explicar el llamado recibido; “algo así como un despechado.” Y ordenó a otros policías que de civil se dieran cita en la cuadra donde estacionaría el camión blindado para el intercambio de caudales con el banco.
Por su parte, la empresa transportadora modificó brevemente su operatoria y ordenó a los conductores del camión que detuvieran su marcha en una comisaría próxima mientras que desde otro centro de logística partió otra unidad como señuelo. Este segundo camión era conducido por tres empleados con conocimiento y táctica para tales asuntos transportando sumas de dinero falso. Y el primero se detuvo frente a la dependencia policial de Pavón, dio aviso a las autoridades policiales y aguardó para continuar con la marcha.
Alrededor de las nueve de la mañana, entre las decenas de personas y vehículos transitaban por la zona bancaria; también se aproximó el camión blindado. La mirada de todos los policías, ubicados en diferentes y estratégicos lugares, se dirigió hacia la unidad de la que descendió un empleado de seguridad con unos papeles en mano e ingresó a la entidad bancaria. Y en esos momentos una alerta se encendió cuando bruscamente detrás del blindado clavó sus frenos un auto.
Varios policías dirigieron sus armas hacia el vehículo sospechoso pero la operatoria rápidamente se desintegró cuando descubrieron que solo se trataba de una mujer que por hablar por teléfono mientras conducía, no se percató del blindado y frenó bruscamente para evitar el impacto. La señora pidió disculpas a los policías que se le acercaron a su coche y en cuestión de minutos, retomó su viaje.
Otro empleado de la seguridad privada descendió del coche para escoltar al primer empleado que se acercó al blindado con bolsas de dinero en mano. Cargó las mismas en el interior del vehículo sin ninguna anomalía y finalmente se alejó del lugar dejando a todas las autoridades policiales boquiabiertas. “Para mí, estos vieron la cantidad de policías que salieron con la alamar de la mujer que frenó bruscamente y desistieron del robo” – fue lo que explicó el comisario y jefe del operativo a sus superiores.
La cuestión es que el mismo llamado se repitió a la madrugada de los dos siguientes días. El policía intentó obtener más datos pero no tuvo éxito. Informó a su superior nuevamente de la situación que, otra vez, activó el plan de prevención ya establecido para estos casos y dio aviso, entre otros, también a la empresa transportadora y a la entidad bancaria. Lo cierto es que fueron las nueva de la mañana, y todo se desarrolló sin ningún inconveniente.
Lo mismo ocurrió varias veces durante los siguientes días. Se montaba todo un operativo pero el robo nunca ocurrió. Lo único de positivo fue que la investigación pudo dar con mucha proximidad el destinatario de cada llamada. El policía con el tubo del teléfono en mano ya cansado de dar una falsa alarma pensó por momentos en directamente no dar aviso a su superior y continuar dormitando como si nada. Pero a los diez minutos, tras luchar con sus pensamientos, optó por dar aviso y el operativo otra vez se puso en marcha.
Cuando eran las ocho de la mañana un operativo comando ingreso a un departamento de Pavón dando con un joven que desde el interior de su cuarto realizaba las llamadas anónimas y anunciaba los robos que nunca ocurrieron. Con la orden judicial correspondiente fue trasladado a la otra dependencia policial para ser interrogado justo en el mismo momento que el camión blindado amenazado llegaba allí para resguardarse y dar paso, desde otro lugar, al señuelo. El joven detenido aprovechó el descuido de la poca presencia policial en el lugar, dado que los demás estaban cubriendo la zona bancaria, y logró salirse de la dependencia con la ayuda de un oficial amigo que abrió sus esposas. Y mientras los choferes del blindado charlaban en el interior de la comisaria, puso en marcha el transporte de caudales y huyó. 
Para cuando lograron ubicar el camión blindado, lo encontraron en una zona descampada abandonado y sin nada en su interior. Y el joven y su policía amigo, a los días siguientes se distribuyeron el dinero. 


La Posta Hoy, 19/09/15

sábado, 12 de septiembre de 2015

ROBO A-Z: JUNTOS


 Chapi era un delincuente como muchos y su debilidad eran los robos nocturnos a locales comerciales. En sus atracos no acostumbraba a ejercer violencia ni mucho menos, pistas para ser identificado. Sin embargo, un viejo amigo lo encontró sentado en la esquina de la cuadra donde residía y en voz baja, le propuso un negocio: “soy cerrajero y tengo copia de las llave de un nuevo comercio” – le comentó captando su interés.
Pero antes de que avanzaran en el acuerdo que iría a beneficiarlos a ambos, el cerrajero le expresó que había un solo problema: “el local se encuentra a metros de la policía” – le indicó. Se trataba de un comercio que inauguró semanas atrás y cuyo dueño había cambiado la cerradura de la puerta principal con la finalidad de obtener seguridad; “y como es nuevo, todavía el local no cuenta con alarmas… además, quién va a creer que alguien irá a robar al lado de la comisaria” – expresó.
“El problema es que en la esquina de esa cuadra hay cámara” – manifestó el Chapi a su amigo quien sonrió dándole a entender que tenía todo bajo control para poder quedarse con la mitad del botin. “Tengo un amigo que esta semana monitorea esa cámara de 180°, entonces esta noche va a poner el foco en dirección contraria al local” – le aclaró el cerrajero a lo que el caco acepto el trato y tomó la llave en sus manos.
Cerca de la una de la madrugada, Chapi caminó frente a la comisaría y a los pocos metros, llave de por medio, ingresó al  local. Para trabajar tranquilo y buscar en el interior todos los objetos de valor posibles, volvió a poner llave a la puerta e inició su tarea. Revisó primero los cajones de un escritorio y para su alegría, encontró efectivo por la suma de mil pesos junto a un reloj de pulsera y una cadenita que aparentaba ser de oro. Y rápidamente empezó a poner esos elementos valiosos dentro de sus bolsillos.
Pero algo complicó la labor de Chapi. A los quince minutos, se dio cuenta que otra persona se puso de pie junto a la puerta de ingreso y colocó una llave en la cerradura. Se escondió detrás del escritorio utilizando la penumbra y se inmovilizó. Y allí entró otro ladrón que para evitar un mal momento, cerró la puerta con llave tras su ingreso y se preparó para revisar el lugar.
“Este es el Gato” – balbuceó debajo del escritorio cuando conoció a su inesperado acompañante. Rápidamente se dejo ver por su amigo que primero se alarmó, pero luego terminó por abrazarse con quien, en otras tantas oportunidades, había compartido algunos robos. “¿Qué haces robando acá?” – preguntó el recién ingresado a su pana, a lo que Chapi le respondió que estaba gracias a la llave que el cerrajero le había brindado. El tema es que el cerrajero también había mandado al Gato con otra copia y allí se quedaron inmovilizados los dos ladrones sorprendidos por las casualidades de la vida.
“Hacemos así: todo lo que hay de valor lo repartimos en tres parte iguales” – propuso Chapi considerando en el botín al proveedor de la llave. El Gato consintió y antes de que pusiera una cadenita de oro en su bolsillo, su amigo le frenó cuestionando: “todo lo ponemos sobre el escritorio y luego lo llevamos en una bolsa para que quede más claro.”  Y ambos siguieron separando las cosas de valor que había en el nuevo comercio aunque el primero jamás reveló lo que ya tenía oculto en sus bolsillos.
No pasaron ni cinco minutos y un tercer ladrón, apodado Laucha, entró en escena con otra copia de la llave. Lo bueno es que todos estos se conocían puesto que en alguna oportunidad habían compartido celda de una comisaría de Villa Gdor. Galvez. “¡Esto es increíble! Cuando agarre al cerrajero, lo mato” – expresó el Gato ante la mirada de Chapi que se rascaba su cabellera. “¿Y ahora?” – preguntó el tercero en sumarse.
“Hagamos algo: todo lo de valor lo repartimos entonces en cuatro” – propuso el primero en llegar al lugar. Pero el Gato, haciendo uso de la palabra, expuso que directamente el cerrajero, por aquella jugada de regalar copias de la llave a doquier, quede afuera del botín y los demás aceptaron.
Ya para cuando los tres delincuentes colocaron sobre el escritorio todos los objetos de valor hallados, Chapi tomó una bolsa y ante la mirada de sus compañeros los guardó. “De acá vamos hasta la esquina de mi casa y repartimos todo esto” -  expuso casi sin más nada que hacer en ese local. Y entonces, de manera silenciosa, salieron del comercio pero, para su sorpresa, afuera les esperaban unos cinco oficiales de policía apuntándoles con arma que finalmente les redujeron.
Meses atrás, un comerciante se había cansado de que le robaran tres veces. Entonces alquiló un local a metros de la comisaría, montó allí su nuevo comercio y se presentó de un amigo que meses atrás hizo un curso de cerrajería. “Quiero atrapar a esos choros y tengo una idea” – le propuso al cerrajero que estaba dispuesto a ayudarle.


 La Posta Hoy, 12/09/15

sábado, 5 de septiembre de 2015

ROBO A-Z: INNOBLE


Carlos en un hombre trabajador, honesto policía y padre de familia. Su afán por el trabajo no se traduce más que a mantener económicamente a su esposa y sus hijos. Y su vida es tan sencilla como cualquier otro vecino puede verla, aunque con circunstancias llamativas.
Un día llega a su casa y su esposa, antes de darle un beso como bienvenida, le informa que el lavarropas automático dejó de funcionar. Entonces, dos horas después, carga el aparato a su camioneta y la lleva al service. El técnico se toma el tiempo para desarmar el lavarropa y con un tono de voz ronca le indica que “el desperfecto se encuentra en el tambor, que debe ser cambiado completamente con todas su conexiones.” Carlos opta por abonar una seña de mil pesos para iniciar la reparación y a los tres días, cuando iría a retirarlo, abonará los otros mil restantes.
En otro momento del día, pasa por el mercadito del barrio y compra un yogurt bebible para sus hijos. Abona y al salir, sube a su vehículo donde lo esperaba su esposa que agarra el artículo y sin esperar más, observa la fecha de vencimiento: “esto está vencido” – le comunicó. Carlos corroboró la fecha notificándose que efectivamente el producto había vencido unas semanas atrás; ingresó al comercio y tras su reclamo, le cambiaron el artículo. Y finalmente se retiraron a su hogar.
Casi después del mediodía del día siguiente, su hija preadolescente viene a expresarle que la computadora estaba funcionando mal. Como Carlos conocía poco y nada de informática, y al pedido insistente de su niña, terminó por llevarla al técnico que tras observarla pasó a darle el diagnóstico: “este ordenador tiene un virus seguramente que ingresó por alguna descarga de internet; lo peor es que voy a tener que resetear la máquina e instalar nuevamente todo incluso cambiando el disco” – le informó ante su desorientación. En fin, terminó por aceptar el servicio técnico al ordenador por la suma de mil quinientos pesos a pagar en tres veces.
Acompañado por su mujer, aquella misma tarde se presentó en su local de ropa favorito para elegirse una camisa que estrenaría en un casamiento que tendría en los próximos días. La vendedora le mostró varias prendas indicándole que todas las que tenía en stock eran de excelente calidad y buena marca. Carlos eligió colores, se probó dos prendas y finalmente compró una camisa al costo de cuatrocientos pesos.
Además, terminó esa semana complicada descubriendo que su vehículo presentaba un problema: tras permanecer estacionado una mancha de agua aparecía debajo de la camioneta. Rápidamente la llevó al taller donde el mecánico le indicó, tras analizarla, que se trataba de la bomba por lo que debía retirarla y cambiarla por una nueva. Sin cuestionar al que demuestra saber, aceptó el trabajo dejando su vehículo en el taller por un par de días y abonando por el trabajo una interesante suma de dinero.
Y por último, ya en su casa, descansando, se puso a analizar el resumen de su tarjeta de crédito. Allí se encontró con que la entidad bancaria le descontaba cinco pesos en los últimos meses de un aporte voluntario a Greenpace al que jamás había accedido. Y sin ganas siquiera de llamar al banco ni de reclamar en persona a la sucursal, terminó por aceptarlo admitiendo que se trataba de una escueta suma.
Pero se encontró en una disyuntiva cuando su superior, días después, le pidió que firme una planilla de carga de combustible de los móviles dibujando un número falso. En realidad, gran parte del combustible de los figurado en ese documento fue al vehículo propio de ese jefe y Carlos debía consentir con su firma a fin de que la Provincia abonara el importe a la estación de servicia en cuestión. “Jefe, enójese si quiere… pero soy una persona honesta y no me gustan estas cosas” – le expresó el policía negándose a colocar su firma.  Y allí comenzó una etapa incómoda para su vida.
Mas tarde, el mismo jefe le solicitó que pasara por un casino clandestino a cobrar los cuatrocientos pesos semanales como honorario al no tener que clausurar el supuesto cibercafé. También a esto se negó Carlos y tuvo que ir soportando el mal trato creciente de su superior, por mantener su honestidad a sol y a sombras. Y cuando no pudo aguantar más, terminó por renunciar ya cansado de sentirse como si fuera el único honesto que quedaba.
Es que, lejos de la dependencia policial, el técnico de lavarropas reparaba solamente el enchufe y ponía en marcha el aparato aunque le cobró por un trabajo mayor que jamás debía realizar. El dueño del mercadito volvió a poner el yogurt vencido en el stock y entre otros cliente, se volvió a vender y ya no hubo reclamo. El técnico informático lo único que hacía era instalar el buscador sin más cambios a la pc. La vendedora de la tienda reponía sus camisas comprándolas a sesenta pesos en un viaje a La Salada de Buenos Aires. El mecánico solamente emparchaba una manguera que contenía una minúscula pinchadura. Y el banco recaudaba de a cinco pesos, millones entre todos su usuarios que no se quejaban por ese descuento involuntario que jamás llegaría a la fundación ecologista. 

 La Posta Hoy, 05/09/15

sábado, 29 de agosto de 2015

ROBO A-Z: HIJO


Ignacio bajó del colectivo a metros de la facultad pensando en el examen final de su carrera de abogacía. Durante varias semanas venía preparándose para rendir esa evaluación y en su cabeza no había más que leyes, conceptos y definiciones. E ingresando al edificio universitario, segundos antes de que se dispusiera a poner en silencio su celular, recibió una llamada identificándose como representante de su empresa de telefonía.
En un breve tiempo, el emisor le ofreció un plan para su servicio mucho más económico que lo que venía abonando. Pero ante los nervios propios de la situación, Ignacio intentó acelerar la conversación optando por aceptar el cambio de plan y confirmando la operación aportando sus datos personales requeridos por el promotor. Y luego, cuando finalizó la llamada optó por apagar el celular e ingresó al aula donde debía exponer su trabajo final.
A los cinco minutos, la mamá de Ignacio, llamada Petrona, quien acomodaba y limpiaba su hogar, recibió una llamada a su celular. Atendió y del otro lado una voz masculina le informó que tenían secuestrado a su hijo y que si seguía sus indicaciones, todo terminaría de la mejor manera. La mujer cortó rápidamente la llamada aunque quedó pensando en aquella data. Pero a los treinta segundos, el llamado se duplicó.
Petrona optó nuevamente por cortar la llamada entrante y rápidamente llamó a su hijo, cuyo celular le indicaba estar apagado. Intentó tres veces, le envió un watsapp y cuando estaba por dejar el aparato sobre la mesa, recibió el llamado del supuesto secuestrador. “¿Cómo sé que es mi hijo?” – preguntó. Del otro lado le brindan los datos de su hijo indicándole incluso que fue secuestrado a  metros de su ingreso a la facultad; y para cuando la mujer pide hablar con él, solo pudo escucharse una llamado de auxilio que dijo “mamá, soy yo” y esta la confundió con la voz de su hijo.
El secuestrador le solicitó cinco mil pesos en tarjetas de telefonía celular de varias compañías luego de que la mujer le preguntara qué pedía a cambio de la libertad de Ignacio. “No cuelgues nunca el teléfono… nosotros escuchamos todo desde acá y te vigilaremos cuando salgas a la calle; si avisas a alguien entonces tu hijo, muere” – le indicó el delincuente mientras Petrona se disponía a salir a la calle tras tomar un dinero que tenía en su mesa de luz tras haber cobrado su jubilación días atrás.
De manera meticulosa, la mujer siempre con el celular intercomunicado dentro de su bolsillo, se dirigió a un kiosco a media cuadra de su casa y compró varias tarjetas por el valor de cinco mil pesos incluyendo la ganancia agregada del comerciante. “¿Todo bien, Petrona? ¿Para qué quiere tantas tarjetas?” – le preguntó de curioso el kiosquero a lo que la señora le respondió que era para participar de un juego televisivo y, para evadir otras preguntas, salió el comercio en dirección a su hogar.
Dentro de su casa, con  el celular en altavoz se sentó junto a la mesa del comedor y comenzó a raspar las bandas de los códigos numéricos de cada una de las tarjetas. Y tras indicaciones del secuestrador, Petrona les fue pasando cada una de esas series de manera pausada. 
Luego el delincuente le pidió que tome todas las tarjetas ya raspadas, las coloque dentro de un balde y junto con otros papeles, las prenda fuego. Así lo hizo la mujer siempre bajo la presión de que estaba siendo observada desde lejos. Y cuando hubo terminado, el secuestrador la felicitó y antes de cortar, le informó que su hijo sería liberado en la puerta de la facultad. Petrona terminó llorando apoyada sobre su mesa y a la media hora recibió el llamado de Ignacio que le comunicó muy feliz el haberse recibido; el joven salía de la facultad, era felicitado por sus amigos pero se encontró con las llamadas perdidas de su madre.
En realidad el secuestrador no era más que un detenido de la cárcel de Piñeiro que contaba con un teléfono celular de incógnito en su celda. ¿Cómo obtuvo el número de Ignacio? – Este lo tenía publicado en su Facebook, donde incluso semanas atrás había posteado que se acercaba tal día en que debía rendir el final de su carrera. ¿Cómo consiguió el número de Petrona? – Cuando llamó primero al joven, para confirmar el supuesto cambio de plan, el falso promotor le pidió otro número auxiliar e Ignacio le paso el de su madre. ¿De quién era la voz de auxilio? – Simplemente pertenecía a otro compañero de su celda, con quién luego compartió las recargas para mensajes y llamadas.

Y aunque luego intentaron llamar al número que había aparecido en el celular de la mujer, nunca tuvieron éxito. Puesto que la línea pertenecía a un chip sin dueño que un familiar del preso había adquirido, como otros, a veinte pesos en un kiosco del barrio.

La Posta Hoy, 29/08/15

sábado, 22 de agosto de 2015

ROBO A-Z: GANGA


Lo habitual era que Darío esperara, como todas las mañanas, el colectivo interurbano que lo dejaría a metros de una fábrica en la que era operario. Pero en esta oportunidad, llegó a la parada minutos antes de las seis de la mañana, observó que no hubiera nadie a su alrededor, tomó una remera que tenía en su bolso de trabajo, vendó su mano izquierda y se dirigió rápidamente al dispensario que estaba a pocas cuadras.
Ingresó al nosocomio y el médico de guardia lo recibió haciéndolo pasar a su consultorio casi de incógnitos sin ser vistos por otros pacientes que esperaban a ser atendidos. Darío se sentó, quitó la venda y colocó el brazo sobre una camilla. El profesional le anestesió el brazo y tras la indicación de que mirase para otro lado, tomó un bisturí e hizo un corte largo en su palma. Y finalmente el mismo médico le prestó la atención correspondiente mientras que él dio aviso por un sms a su supervisor de que había tenido un accidente y no se presentaría a trabajar.
Media hora más tarde, el abogado de Darío se presentó en el dispensario para constatar lo que había ocurrido; y tras charlar previamente con el médico acompañó a su cliente a hacer la denuncia policial: “estaba en la parada, esperaba el cole para irme a trabajar y en ese momento se me acerca un loco que con una navaja me pide la mochila y el celular. No se lo quiero dar y en el forcejeo agarra la navaja y me corta la mano” – declaró ante la autoridad policial que con un solo dedo tipiaba el relato en el ordenador. “Contale cómo estaba vestido y en qué estado estaba” – le sugirió abogado con un guiño a lo que su representado agrega: “tenía una capucha así que no pude ver la cara y para mí estaba drogado o algo de eso, porque cuando me cortó, se asustó y salió corriendo como si estuviera mareado.”
Casi en simultáneo, pero en otro lugar de la ciudad, Carlos llegó a su lugar de trabajo rengueando y quejándose por un dolor muy fuerte en su pie. Apenas marcó su ingreso en la portería, se apoyó contra la pared y dando aviso a su encargado fue visto por un médico que tras trasladarlo al hospital y hacerle la radiografía correspondiente, le informó que tenía una fractura de tibia y peroné. “Venía lo más bien y cuando estaba bajando del colectivo para ir a la fábrica, desciendo y piso mal en un pozo junto al cordón cuneta. Es que me bajé cuando el cole aún estaba en movimiento y ahí comencé a sentir el dolor intenso en el pie” – contó.
En realidad la versión de lo acontecido difería a lo que Carlos relató. La fractura se la había hecho el día anterior por la tarde mientras jugaba un picadito en el potrero del barrio y fue trabado por un jugador contrario, un gordo lo más parecido a un ropero que acostumbraba a mezclar en el futbol técnicas de boxeo, taekwondo y rugby. Un amigo lo llevó hasta el hospital donde fue asistido por un profesional pero nuevamente en su casa se comunicó con su abogado preguntándole cómo aquello podía perjudicarle en su trabajo. Entonces tras la recomendación del letrado, se quitó el yeso, aguantó el dolor toda la noche y esperó el trayecto hacia su trabajo para manifestar que se había hecho la lección al bajar el colectivo y a pocas cuadras de la fábrica.
Dos horas más tarde, en otra fábrica, una mujer de unos cuarenta años, de nombre Esther, vigilaba que una maquina industrial realizara los cortes de tela y prensado pertenecientes a la línea de producción. Su función no era más que la de asistir visualmente y ante cualquier desperfecto o error de la máquina, dar aviso a su supervisor. Pero tras asegurarse que ningún compañero la estuviera observando, cerró los ojos y colocó su mano derecha debajo de la prensadora para cortarse el dedo índice. Gritó, fue asistida por otros operarios y finalmente fue trasladada al hospital sin posibilidad de recuperar su falange. Y cuando estaba más tranquila, con su mano sana tomó su celular y mediante un watsapp le dio aviso con un “listo” a su abogado.
El mismo abogado representó a los tres operarios sin ningún tipo de vínculos entre ellos ni entre sus lugares de trabajo. En los tres casos, este letrado fue el ideólogo del accidente al ser muy amigo de sus clientes y a quienes les había asegurado que esos juicios laborales se ganarían sí o sí; “aun los que ocurren en el trayecto al lugar del trabajo” – les explicó a los dos primeros. Se encargó de realizar el juicio correspondiente a las ART y a los meses cobró sus respectivos honorarios dando también la parte que le correspondía al médico que hizo el corte en la mano de Darío; “prepárate porque vas a tener otros pacientes” – le expresó al profesional de la salud.
Y los tres empleados disfrutaron del dinero a su manera: Darío pudo, junto a otro dinero que tenía ahorrado, comprar un terrero y edificar su casa; Carlos se compró un auto, el que hacía tiempo deseaba comprar pero lo veía como imposible con su escueto sueldo y Esther se dio el gusto de viajar y conocer las playas de Brasil aunque con un dedo menos.


La Posta Hoy, 22/08/15

sábado, 15 de agosto de 2015

ROBO A-Z: FERMATIXLIN


Un sábado por la mañana, una avioneta sobrevoló un campo lindero a la zona urbana esparciendo sobre la siembra una especie de agroquímico. Hizo varias veces el recorrido hasta que en cuestión de veinte minutos, terminó por alejarse casi sin ser percibido por los vecinos de la zona. Y sin embargo, con el paso de los días, algo comenzó a ocurrir teniendo a varias personas como protagonistas.
El día miércoles, una mujer de unos cincuenta años se presentó en el consultorio de dermatología para que el profesional le observe algunas manchas que aparecieron en algunas partes de su cuerpo. Se trataba de una extraña hiperpigmentación de color roja que, aunque sin producir picazón, era muy molesta estéticamente. El dermatólogo de renombre, tras observar las manchas, le expreó que ese tipo de manchas son producidas solamente por el contacto con un químico de poco uso; “lo extraño es que en estos últimos tres días, esta es la quinta consulta similar” – manifestó a la paciente.
Pero sin transmitir a la señora su preocupación, terminó por recetarle una crema de nombre Fermatixlin; “es de las más caras pero muy efectiva para este tipo de manchas” – le recomendó aclarándole que incluso su compra no tenía descuento por ninguna obra social. A los veinte minutos, la paciente entra en una farmacia y con la receta termina de adquirir la crema en un pote de ciento cincuenta gramos al costo de novecientos pesos.  Y lo llamativo es que en la misma farmacia, en el trascurso del día se vendieron otros cuatro potes iguales.
Al día siguiente nuevamente el dermatólogo recibió la visita de una madre y su hijo de diez años con las mismas manchas en su piel. Tras una simple observación, el profesional da otra vez el conocido diagnóstico y receta Fermatixlin para la cura y eliminación de esa pigmentación. Y, para entonces, una alerta se generó en la mente del médico que pidió a la administración del Centro de Salud donde trabajaba, el legajo de sus últimos pacientes.
Se llevó la documentación a su consultorio y por varios minutos permaneció a puertas cerradas estudiando de manera más profunda cada caso. Tras varios minutos, dejó la papelería sobre su escritorio y tomó nota de lo que había descubierto: todas las personas que se habían presentado con manchas iguales en su piel, residían en el mismo barrio o zona de la ciudad.
Entonces para la siguiente consulta con la misma problemática, el profesional indagó un poco más sobre el la zona de residencia; “el químico que produce estas manchas se encuentra solamente en algunos agroquímicos que están prohibidos” – comentó al paciente. Y así fue como, tras la información aportada por el vecino, se comprobó que días atrás una avioneta había estado fumigando con ese químico en un campo aledaño al barrio damnificado.
Y aunque los vecinos que sufrieron el contacto con ese agroquímico hicieron la denuncia correspondiente y el caso tomo estado público, muy poco se avanzó en el tema del cual nunca se encontró responsables penados y en cuestión de dos semanas, todo pasó al olvido. Porque incluso el Fermatixlin había producido sus efectos sin dejar cicatrices en la piel de los damnificados y no hubo otras consecuencias adversas o mayores para el químico en cuestión.
Solo pudo darse con el piloto de la avioneta pero su declaración ante la justicia le sirvió para que el juez lo declare inimputable; “mi idea no era fumigar esa zona sino solo probar los aspersores de mi nave y sin querer, utilicé ese agroquímico que tenía guardado de años en un galpón de mi campo” – había confesado. El hombre no tuvo siquiera que pagar una multa por su error y terminó por pedir disculpas a los vecinos mediante su Facebook.
Lo que sí ocurrió es que el dermatólogo, trascurridas varias semanas, se comunicó telefónicamente con un amigo que justamente trabaja en el laboratorio que produce Fermatixlin. “Hice mi trabajo” – le comentó el profesional a su compañero quien no tardo en agradecerle; “sí, lo sé… me informó el distribuidor que en cuestión de días se vendieron más de treinta potes en tu ciudad… todo un record.” Y así es como el médico recibió en su cuenta corriente, un depósito por diez mil pesos en concepto de regalía de parte del laboratorio.
Pero aún hay más, el principal titular del laboratorio es el mismo gerente de la fábrica que produce el agroquímico esparcido en aquel campo; “usa estos químicos desde tu avioneta que no son mortales pero me ayudará a vender unas cremas” –le había pedido a su primo, quien fuera el piloto de la avioneta. “Mira que si se descubre todo no quiero ir preso” – le refutó el pariente antes de colocar el producto en los fumigadores; para lo cual el empresario le manifestó: “no te preocupes, con lo que ganó de las cremas vendidas me alcanza también para adornar al juez.”
Y a los dos meses, cuando lo ocurrido en la ciudad quedó en el olvido, las manchas aparecieron en vecinos de otra población distante de la provincia. Puesto que en esa localidad, también trabajaba el famoso dermatólogo, había sobrevolado la misma avioneta y la causa la tomó el juez de siempre. Allí también hubo venta record de Fermatixlin.


La Posta Hoy, 15/8/15

sábado, 8 de agosto de 2015

ROBO A-Z: ESCALA


Cerca de las 17 hs, un colectivo interurbano ingresó a la ciudad desde el sur y en la parada cercana a la estación de servicio es solicitado por la mano de un pasajero. Subió allí un joven que pidió un boleto para Rosario, abonó en efectivo dejando el vuelto para el conductor y se sentó en uno de los últimos asientos. El transporte, una unidad  con espacios para varias sillas de ruedas, no contaba con muchos pasajeros en esos momentos.
En su recorrido habitual, ingresando al centro de la ciudad donde entre otras personas, otro joven subió en la parada ubicada en la zona bancaria. Este también abonó en efectivo, con cambio justo, y se quedó de pie en el medio de la unidad. Y más adelante, sobre la ruta y la intersección con la calle Kenedy, un tercero ascendió quedándose de pie cerca del chofer.
El colectivo salió de la zona urbana con algo más de diez pasajeros además del chofer y estos tres jóvenes que en realidad se conocían y sus subidas al colectivo habían sido previamente sincronizadas. Todo pareció transcurrir de manera normal hasta que el último en subirse, se acercó al conductor, le muestró un arma que portaba en su cintura al levantarse discretamente su campera y le indicó: “no te pares por nada ni intentes nada que yo no te diga”. El empleado se dio cuenta de la situación, tragó saliva y apretó sus manos al volante; “dame tu celular” – le obligó el delincuente.
Para cuando el colectivo atravesó la vía de Dreyfus, otro de los jóvenes con arma en mano alzó la voz desde la mitad de la unidad anunciando que se trataba de un robo, pidió que se quedasen tranquilos y que entregasen los celulares y billeteras. Así es como entró en escena el joven sentado en los últimos asientos que con una bolsa comenzó a recoger los elementos de los pasajeros, algunos de ellos asustados y nerviosos. Y como si fuera mucho, una mujer puso algo de resistencia a la entrega de sus cosas de valor e hizo que uno de los delincuentes la obligara subiendo el tono de su voz.
Un operario de fábrica tomó disimuladamente su celular y entre su mochila, comenzó a escribir un mensaje de auxilio que enviaría a uno de sus contactos para que dieran aviso a las fuerzas de seguridad. Terminó de escribir pero su mensaje jamás quedó archivado en la bandeja de salida por falta de crédito. Cuando probó por segunda vez, un delincuente se percató de lo que estaba pasando y le retiró bruscamente la mochila.
Pasando frente a “Casa Joven”, en dirección contraria pasó junto a la unidad un móvil policial y aunque el conductor –sin que los asaltantes se percataran- hizo seña con las luces altas; los oficiales no se dieron cuenta del mensaje y continuaron con su viaje de manera normal.
Mientras que los delincuentes quitaban a todos los pasajeros sus cosas de valor, el ómnibus atravesó la principal parada del ingreso a General Lagos pero siguió por la ruta, dejando a varias personas con sus manos extendidas. Estas personas en la parada observaron el interior del colectivo y aunque se indignaron al verlo pasar de largo, ninguno se percató de lo que estaba ocurriendo en su interior.
Cruzó la siguiente parada de esa localidad y nuevamente abandonó la zona urbana impidiendo que dos personas descendieran donde querían hacerlo. Incluso el delincuente junto al chofer le quitó a este también sus pertenencias como ser celular, reloj de pulsera y billetera. Este último, cuando el colectivo cruzó frente al ingreso del Cotolengo, le indicó al chofer que en la siguiente entrada, dejara la ruta y se dirigiera para el lado del río.
Así entonces el conductor se desvió en dirección al rio y tras transitar algo de cien metros, frenó la unidad a la orden de uno de los delincuentes: “pará el motor y dame la llave” – le ordenó al mismo mientras que un vehículo se acercaba en sentido contrario y a marcha muy lenta. “Por el GPS de la unidad, la empresa ya llamó a la policía seguramente” – le informó el empleado intentando incomodarlos pero sin resultado.
“Se quedan adentro del colectivo sino regresamos y los matamos a todos” – manifestó un asaltante mientras su compañero confirmaba que el auto que se acercaba era el de su amigo, quien pasaba a recogerlos para culminar así con el operativo.
En cuestión de treinta segundos, los tres ladrones descendían del colectivo, se subían al auto donde los esperaba un cuarto integrante de la banda y se dirigieron hacia la ruta para perderse de vista en dirección a Rosario. “Tranquilos”- manifestó el empleado de la empresa de transporte a los pasajeros viendo que varios se pusieron de pie planificando una acción rápida. Y cuando pasaron los cinco minutos, finalmente optaron por bajarse y uno de ellos corrió unos doscientos metros hasta llegar a una casa y dar aviso a la policía.


La Posta Hoy, 8/8/15