sábado, 25 de julio de 2015

ROBO A-Z: CAUSA


Mientras almuerza junto a su esposa y sus hijos, un abogado recibe una llamada anónima a su celular. Aunque no acostumbra a atender ese tipo de llamadas, como es insistente finalmente atiende. Del otro lado, una voz masculina le informa que se trata de un secuestro y que tienen a su padre; “¿Qué?” – pregunta desorientado y el llamador le vuelve a informar que tenía a su progenitor. Sin más palabras, el abogado corta la llamada. Pero a los dos minutos, su celular vuelve a sonar.
La llamada anónima fue insistente, entonces el hombre atiende y al reconocer la voz del interlocutor, corta la comunicación y opta por apagar su celular mientras se dispone a terminar su almuerzo. “Es un imbécil que me quiere joder” – expresa a su esposa dejando su aparato a un costado de la mesa. Y a los pocos minutos, la llamada se trasladó al teléfono fijo de la casa haciendo que la mujer se levantase a atender.
“Es para vos… pero no quiso decirme quién es” – la informa la señora entregándole el teléfono inalámbrico. “Hola, ¿qué queres?” – preguntó al instante que se llevó el aparato al oído. Entonces el llamador le vuelve a informar que todo se trataba de un secuestro y que tenía a su padre; pero el abogado con una pequeña sonrisa le informa: “¡Imposible! Mi viejo falleció hace un año… ¡andá a joder a otro!”. Y cuando busca colgar la llamada, del otro lado le solicita que aguarde: “Sí, lo sé… por eso es que tengo el cajón donde está tu padre a mi lado” – le informa.
El profesional recibe la indicación que en una hora volverían a contactarlo advirtiéndole que no llamara ni avisara a la policía. Tiempo justo para que salga de su casa indicando a su esposa que se quede junto a sus hijos allí; entonces se dirige en su camioneta hacia el cementerio. Estaciona el vehículo e ingresa al predio, apresura su caminata y cuando se aproxima al nicho de su padre, se encuentra con que la lápida estaba removida y en su interior no había ningún féretro. Entonces sale corriendo y es sorprendido por el encargado del lugar, “doctor, ¿se encuentra bien?” – le pregunta el empleado que lo reconocía de su función. Antes de que intentara decirle algo, prefirere solo preguntarle si por la noche había sereno en el lugar a lo que la persona le indica que sí “pero hace tres noches que no viene porque está enfermo.” Y sale del lugar.
Nuevamente en su vehículo y antes de que ingrese a la ciudad, recibe la llamada del extorsionador. “Cien mil pesos y te devuelvo el cajón de tu viejo” – le solicita. “¿Y qué vas a hacer sino te lo doy?” – pregunta el abogado estacionando su coche a un costado de la calle. Entonces el delincuente le informa que si no se concretaba el pago, iba a tener que recoger el cadáver repartido en partes por diferentes lugares de la ciudad y otras serían arrojadas al río. “¡Te vas a quemar en el infierno por esto!” – le expresó muy embroncado. Y llega a su casa.
En su hogar le cuenta lo que estaba pasando a su esposa que por momentos intenta convencerlo de no realizar el pago: “Amor, tu viejo ya no está ahí… eso es solo un cadáver, el no va a sufrir” –le manifiesta. Pero el hombre se ofusca con su mujer diciéndole “decis eso porque no es el cuerpo de tu viejo el que tiene ese bastardo”; y se rasca la cabeza sabiendo que tendría que entregar el dinero que poseía en su caja fuerte y que había obtenido de honorarios por un juicio ganado días atrás.
Es que tras haber sobornado al fiscal y al juez, logro que su cliente y amigo fuera declarado inocente pese a haber abusado y asesinado a un niño practicante de fútbol. Sus mentiras y trampas, hicieron que su cliente, que se desempeñaba como entrenador de las inferiores, saliera en libertad aun cuando todas las pruebas estaban en su contra. Y ahora era ese dinero de sus honorarios, el que debía de entregar.
Ingresa a su oficina y se pone a separar el dinero en cantidades de diez mil, tal como se lo indicó anteriormente el secuestrador. Coloca todo el dinero dentro de un bolso y se pone a pensar qué podía hacer al respecto, entonces opta por arrancar un diminuto rastreador de su maletín y ocultarlo dentro del bolso. Y se dirige hacia el anfiteatro colocando el bulto a un costado del escenario, se aleja del lugar y estaciona en el ingreso de la ciudad siguiendo en la pantalla de su tablet la ubicación del rastreador.
A los diez minutos recibe la llamada confirmando la operación; “todo bien, ya el cajón de tu viejo se encuentra en el nicho de donde lo sacamos” – le informa el secuestrador y cuelga. Rápidamente se dirige primero hacia el cementerio y confirma que el féretro se hallaba en el lugar; luego llama a la policía contándole rápidamente lo sucedido e indicándole la ubicación del rastreador que estaba inmovilizado. Y corre a máxima velocidad para intentar recuperar el dinero.
Cuando se aproxima al lugar donde le indicaba el rastreador, se topa ya con la policía que estaba en el lugar; “doctor, encontramos el bolso adentro la un contenedor basura” – le informa un uniformado intentando detener su marcha sin resultado. El abogado se acerca al contenedor justo en el momento que otros oficiales sacaban el bolsón a la luz; lo abren y para sorpresa de todos, el hombre se encuentra con que adentro no había más que un par de botines de futbol de niño.


La Posta Hoy, 25/7/15

sábado, 18 de julio de 2015

ROBO A-Z: BILLETES



Entre jubilación y la pensión por el fallecimiento de su esposo, Argelina cobraba algo más de veinte mil pesos cada mes. Aquel día siete, llegó a la entidad bancaria, hizo la cola como todo usuario y finalmente llegó a la caja para cobrar lo que le correspondía: “abuela, tenga cuidado con el dinero” – fue la recomendación del cajero; “guárdelo bien.” Y tras poner los billetes dentro de su cartera y agradecer la amabilidad del empleado, sale.
Habían pasado cinco minutos desde que salió del banco, y mientras caminaba aún por el centro de la ciudad, Argelina nota que a una persona que transitaba a menos de dos metros delante de ella se le cae un fajo de billetes. Se agachó para levantarlo con la intención de darle aviso al hombre y devolvérselo, pero justo en ese momento se le aproxima una mujer que le susurra: “guárdelo, guárdelo en su cartera abuela… ”. Así en cuestión de segundos, guardó los billetes ante la mirada de la extraña mujer que tapaba la acción de la vista de otros transeúntes.
“Abuela vayamos para el otro lado…” –le manifestó la dama a Argelina llevándola en sentido contrario hacia donde se dirigía aquel pobre hombre que había extraviado su dinero; “vayamos para el lado de la estación de trenes así contamos cuánto hay en ese fajo y lo dividimos entre las dos.” Y la abuela siguió sus indicaciones para finalmente alejarse juntas, tomadas del brazo, del centro comercial.
Por momentos la conversación entre ambas fue muy amena incluso la abuela aprovechó para contarle que era viuda y que ninguno de sus cuatro hijos se preocupaba por ella; “pensar que cada uno de ellos tiene auto pero ninguno me trae hasta el banco y tengo que andar caminado para todos lados” – contó.
A tres cuadras de la zona bancaria y sin presencia de otros transeúntes, la mujer le indica a Argelina que era momento de contar el fajo; “yo solo me conformo con una parte, abuela. Usted se puede quedar con todo el resto.” Pero antes de que sacara los billetes de su cartera, se aproxima a ambas justamente el dueño de los mismos que venía siguiéndolas de manera disimulada. “Oigan… ¡ustedes tienen mi dinero!” –les reclamo.
Las mujeres negaron tenerlo pero se pusieron algo nerviosas frente a la postura del caballero que seguía firme en su idea: “Se me cayó el dinero y sé que ustedes venían detrás de mí” – sostenía. “No sabemos de qué está hablando” – expresó la mujer sosteniendo del brazo a Argelina; “pero si no se retira ahora entonces llamaremos a la policía.” Y esas últimas palabras incomodaron al hombre que aún permanecía preocupado por sus billetes.
“Yo haré la denuncia aunque perdí la esperanza de recuperar mi dinero, el que tenía para la operación de mi hijo” – manifestó el hombre muy compungido y que se encontraba de paso por la ciudad; “¿dónde queda la comisaría?”. Por cuestión de segundos, las mujeres intercambiaron miradas algo dolidas por aquel hombre; pero antes de que Argelina metiera su mano en la cartera, la otra la susurró: “¡espéreme acá! Ya vuelvo y contamos el dinero.” Luego se ofreció a acompañar al hombre hasta la dependencia policial y así finalmente se perdieron de vista regresando al centro comercial.
Unos pocos minutos habían transcurrido y Argelina viendo que la mujer no regresaba, comenzó a caminar considerando que era la oportunidad justa de quedarse con todo el dinero. Llegó a la oficina del Correo donde preguntó a un empleado si le podían hacer el favor de llamarle un remiss y así lo hicieron. La abuela mientras esperaba el auto, observaba algo nerviosa la zona de la estación de la que quería alejarse lo más pronto posible. Finalmente llegó el vehículo que en cuestión de minutos la dejó frente a su casa. Abonó el servicio con algo de dinero que contaba en un monederito que llevaba en el bolsillo de la campera y se introdujo en su hogar poniendo llave a la puerta principal.
Argelina sacó el fajo de su cartera y cuando les quitó la bandita, para su sorpresa, descubrió que el primero estaba impreso del lado exterior y que el resto era solamente papel de diario prolijamente cortado en forma de billetes. No solo eso, sino que cuando buscó lo que había cobrado en el banco, su dinero ya no estaba dentro de la cartera puesto que la mujer se lo había quitado en un descuido en el momento que dialogaban con el hombre. Y entonces se sentó junto a la mesa del comedor y comenzó a llorar.
 Tres horas mas tarde, dentro de un vehículo estacionado a metros del acceso al autopista el dinero de Argelina era repartido entre la mujer, el hombre y el cajero.


 La Posta Hoy, 18/7/2015

sábado, 11 de julio de 2015

ROBO A-Z: ALARMA


Marta es una comerciante de la ciudad que cada dos meses realiza un viaje a los mercados de pulga de Buenos Aires con la finalidad de abastecerse de ropa para revender en su tienda. Cuando ya tenía todo acordado se encuentra con que un jueves, el día anterior al viaje a Capital Federal, dos jóvenes ingresan a su vivienda y le sustraen el dinero ahorrado para la compra mayorista.
Eran cerca de la una de la madrugada cuando siente que abren la puerta principal de la calle forzando la cerradura. Marta no tuvo tiempo de tomar su teléfono cuando se dio cuenta que dos jóvenes encapuchados ya habían ingresado al dormitorio reduciéndola y obligándola a que les indicara dónde tenía el dinero de la tienda. Primero la mujer se negó a decirlo pero cuando uno de los malvivientes ejerció algo de violencia, mientras que el otro revisaba cada cajón, acabó por indicarle el lugar. Y cuando los ladrones tuvieron en su poder los veinte mil pesos que era lo que vinieron a buscar, optaron por atar a la señora para finalmente irse de la casa.
Ella quedó reducida sentada al lado de la cama sin poder hacer movimientos más que permitirse llorar de la impotencia por lo vivido. Ya cuando se dio cuenta que habían pasado varios minutos y ningún otro ruido se oía en el resto de la casa, comenzó a pedir auxilio a alta voz haciendo que una vecina la escuchara y la socorriera. No pasaron más de cinco minutos y la mujer ya había sido desatada, se encontraba rodeada por varios vecinos que cuando llamaron a la Policia le dijeron que el único móvil se encontraba en la otra parte opuesta de la ciudad pero que luego se daría cita en el lugar y lo hizo quince minutos más tarde.
Por la mañana, ya más tranquila, Marta se comunicó con el chofer de la trafic que la llevaría a Buenos Aires para informarle sobre lo acontecido y decirle que no iría. Cortó y a los cinco minutos es el chofer quien la llama para nuevamente solidarizarse con la mujer, pero además indicarle que estaba dispuesto a prestarle al menos diez mil pesos y “luego, Marta, me lo devuelve como puede… es por su negocio” – le expresó el hombre con quien hacía prácticamente un año que viajaba.
Agradeciendo el buen gesto, luego la mujer cortó la comunicación, le compartió a su familia la solidaridad de aquel hombre y algunos vecinos se hicieron presentes en su casa. Fácilmente todos los moradores de la cuadra estaban asustados por el robo ocurrido y ya se habían contactado con un comerciante que les ofreció la colocación de una alarma comunitaria para brindar mayor seguridad a la zona. De manera rápida, entre todos los vecinos lograron juntar el dinero para colocar el novedoso sistema de prevención permitiendo a Marta contar con un control de auxilio para la próxima, que nadie deseaba que ocurriera.
Aquella misma noche, la trafic pasó a retirar a Marta desde su domicilio y viajó a Capital pudiendo abastecer su tienda de un importante stock y variedad de prendas. Y siempre agradeció el gesto del chofer de la trafic por su solidaridad quien además le permitió devolver el dinero en partes y acordes a sus posibilidades comerciales.
Pero lejos de toda aquella realidad, tres días antes del robo era justamente el propio chofer el que indicaba a dos primos, duchos en el tema, que la mujer contaba con ese dinero en su casa como lo era cada día previo al viaje a Buenos Aires; les explicó dónde vivía y les manifestó cómo se distribuirían la suma: “son cinco mil para cada uno de ustedes y diez mil para mí que soy gestor del plan” – acordó.
Esa misma noche, la trafic espero a los malvivientes a cuatro cuadras de la casa de Marta. Se distribuyeron el dinero dentro del vehículo estacionados fuera de la ciudad, dejó a sus primos en sus casas y luego, tras enviar un sms, se encontró en una estación de servicio con el policía que patrullaba la calle. A éste agente, su amigo de la infancia, le correspondieron otros cinco mil pesos por haber accedido al pedido de, durante esa hora de la madrugada, mantenerse ocupado de alguna manera en la otra punta de la ciudad. Y en las primeras horas de la mañana, el chofer se arrimó al banco para sacar cinco mil pesos de su cuenta esperando que su clienta se comunique para ofrecerle el préstamo de los diez mil.
Y no solo eso, como parte de su plan, una vez hecho el ofrecimiento del dinero a la mujer; el chofer se comunicó con un amigo que había conocido en las apuestas de carreras de caballos pero que también se dedicaba a la comercialización y colocación de alarmas comunitarias; “toma nota de este barrio de la ciudad, te presentas allí y de seguro que vendes una alarma con lo asustado que están” –le indicó; “dale, si logro vender una alamar más, te doy un porcentaje”- le manifestó la otra parte.


 La Posta Hoy, 11/7/2015

sábado, 4 de julio de 2015

EL DT DE MUJERES – parte III



Cualquiera diría que dirigir un equipo de futbol es cosa simple, salvo cuando se trata de un plantel femenino y entre ellas, está la esposa del DT. Como es el caso de Álvarez, que tras la petición de su mujer y un par de sus amigas, se puso al hombro la tarea de dirigir un amateur equipo de barrio preparándose para un encuentro con pares de la localidad de Fighiera. Y lo que el buen hombre no se esperaba, era que su amada le haría una escena de celos abandonando el seleccionado tres días antes del partido.
“No me podes hacer esto” – le solicitó Álvarez apenas llegado a su casa y mientras dejaba a un costado, la utilería de entrenamiento; “la número 9 es tuya”. Pero su esposa le cuestionó que había mirado en demasía a alguna de sus compañeras; “le pasaste una botellita de agua a la Mari y a mí, nada.” Y fue entonces que el DT apeló al poco romanticismo que le surgió de repente, hasta finalmente convencerla a sumarse nuevamente al equipo y celebrar la decisión con una noche romántica.
Al día siguiente, por la tarde, el equipo se dio cita frente al Anfiteatro para correr y entrenarse en las diferentes cuadras que conforman el boulevard. Las chicas corrieron varias vueltas al nivel de las exigencias como cualquier deportista, hicieron ejercicios sobre las estructuras de gimnasio y algunas, terminaron por quedarse cerca de la estación de trenes donde se sometieron a pequeños golpecitos en sus espaldas con la promesa de ser curadas de todo mal. Y así regresaron a sus casas esperando el encuentro del día siguiente frente a sus pares de Fighiera.
Después de subirse todas a la M Verde, las integrantes del equipo comenzaron con sus canticos de cancha mientras que Álvarez se permitió estar sentado solo en los primeros asientos y argumentando que las conocía poco y nada. Otras en cambio, se sentaron juntas para ponerse al día de lo que estaba aconteciendo con los protagonistas de Las Mil y una Noche; y Entre Caníbales. Hasta que llegaron a Fighiera y descendieron en la parada más próxima al predio donde desarrollarían el encuentro y allí el DT aprovechó el momento para sacar de su bolso, un juego de camisetas; unas similares a la de Rosario Central que había conseguido en calidad de préstamo de un equipo de la copa organizada por un canal de televisión.
“Ni loca me pongo esos colores” – argumentó Yoli a sus compañeras, “nací y moriré leprosa.” Y aunque por varios minutos sus compañeras intentaron convencerla sin éxito, finalmente optó por ponérsela al revés al momento en que llegaban a la cancha y vio que el equipo rival vestía de una camiseta con colores similares a la del Barcelona.
Al instante arribó al predio un retirado árbitro que generosamente había aceptado dirigir el partido tras el pedido de su amigo, Álvarez, a quien conocía de años cuando era director técnico de las inferiores de un club de Arroyo Seco. Y cuando todo estaba en condiciones, las jugadoras se ubicaron dentro de la cancha y sonó el silbato.
Comenzó el encuentro y Álvarez no paraba de asombrarse por la agilidad y fortaleza de una de las jugadoras del equipo local, una chica que no se cansaba de correr a una velocidad considerable y con una táctica indiscutible. Incluso esta jugadora hace el primer gol a los tres minutos de iniciado el partido desde un tiro libre ejecutado desde el centro de la cancha. Y allí fue cuando al DT las cosas no le cerraban en la conformación del equipo contrario.
Segundos luego del festejo del gol y para cuando todas las jugadoras se preparaban para el saque desde el medio de la cancha, la flamante goleadora se acomoda con sus manos su entrepierna y Álvarez le grita al árbitro que detuviera el partido. Y para sorpresa de todas las visitantes, aquella jugadora no era más que una travesti  infiltrada en el equipo figuerense.
Allí fue cuando Álvarez intentó que anularan el gol, expulsaran a esa jugadora o suspendieran el encuentro, caso contrario. “No hay que discriminar” – se defendía la goleadora, lo más parecido a Lizy Tagliani del sur santafesino. Pero Álvarez argumentando que su presencia era ventajosa para el equipo local, y sin que el árbitro no pudiera mediar entre las partes; las jugadoras de Arroyo Seco terminaron por agredir a las rivales convirtiendo el encuentro en un ring de kingboxing. Y a la media hora, las arroyenses terminaron en la seccional de policía de la vecina localidad mientras que Álvarez salió en libertad rápidamente pero tuvo que enfrentar una manifestación frente a la dependencia de cientos de gay y travestis contra su supuesto acto discriminatorio.
Fue así que Álvarez decidió nuevamente alejarse de la dirección técnica aunque tuvo que comprar un juego de camiseta nueva para el equipo que le había prestado la vestimenta pre encuentro. Y las chicas del barrio se conformaron solamente con picaditos entre ellas con el deseo, lejano de alguna manera, de volver a encontrar otro DT que las guiara por la senda correcta.

La Posta Hoy, 4/7/2015