Mientras
almuerza junto a su esposa y sus hijos, un abogado recibe una llamada anónima a
su celular. Aunque no acostumbra a atender ese tipo de llamadas, como es
insistente finalmente atiende. Del otro lado, una voz masculina le informa que
se trata de un secuestro y que tienen a su padre; “¿Qué?” – pregunta
desorientado y el llamador le vuelve a informar que tenía a su progenitor. Sin
más palabras, el abogado corta la llamada. Pero a los dos minutos, su celular
vuelve a sonar.
La llamada
anónima fue insistente, entonces el hombre atiende y al reconocer la voz del
interlocutor, corta la comunicación y opta por apagar su celular mientras se
dispone a terminar su almuerzo. “Es un imbécil que me quiere joder” – expresa a
su esposa dejando su aparato a un costado de la mesa. Y a los pocos minutos, la
llamada se trasladó al teléfono fijo de la casa haciendo que la mujer se
levantase a atender.
“Es para vos…
pero no quiso decirme quién es” – la informa la señora entregándole el teléfono
inalámbrico. “Hola, ¿qué queres?” – preguntó al instante que se llevó el
aparato al oído. Entonces el llamador le vuelve a informar que todo se trataba
de un secuestro y que tenía a su padre; pero el abogado con una pequeña sonrisa
le informa: “¡Imposible! Mi viejo falleció hace un año… ¡andá a joder a otro!”.
Y cuando busca colgar la llamada, del otro lado le solicita que aguarde: “Sí,
lo sé… por eso es que tengo el cajón donde está tu padre a mi lado” – le
informa.
El profesional
recibe la indicación que en una hora volverían a contactarlo advirtiéndole que
no llamara ni avisara a la policía. Tiempo justo para que salga de su casa
indicando a su esposa que se quede junto a sus hijos allí; entonces se dirige
en su camioneta hacia el cementerio. Estaciona el vehículo e ingresa al predio,
apresura su caminata y cuando se aproxima al nicho de su padre, se encuentra
con que la lápida estaba removida y en su interior no había ningún féretro.
Entonces sale corriendo y es sorprendido por el encargado del lugar, “doctor, ¿se
encuentra bien?” – le pregunta el empleado que lo reconocía de su función.
Antes de que intentara decirle algo, prefirere solo preguntarle si por la noche
había sereno en el lugar a lo que la persona le indica que sí “pero hace tres
noches que no viene porque está enfermo.” Y sale del lugar.
Nuevamente en su
vehículo y antes de que ingrese a la ciudad, recibe la llamada del extorsionador.
“Cien mil pesos y te devuelvo el cajón de tu viejo” – le solicita. “¿Y qué vas
a hacer sino te lo doy?” – pregunta el abogado estacionando su coche a un
costado de la calle. Entonces el delincuente le informa que si no se concretaba
el pago, iba a tener que recoger el cadáver repartido en partes por diferentes
lugares de la ciudad y otras serían arrojadas al río. “¡Te vas a quemar en el
infierno por esto!” – le expresó muy embroncado. Y llega a su casa.
En su hogar le
cuenta lo que estaba pasando a su esposa que por momentos intenta convencerlo
de no realizar el pago: “Amor, tu viejo ya no está ahí… eso es solo un cadáver,
el no va a sufrir” –le manifiesta. Pero el hombre se ofusca con su mujer
diciéndole “decis eso porque no es el cuerpo de tu viejo el que tiene ese
bastardo”; y se rasca la cabeza sabiendo que tendría que entregar el dinero que
poseía en su caja fuerte y que había obtenido de honorarios por un juicio
ganado días atrás.
Es que tras
haber sobornado al fiscal y al juez, logro que su cliente y amigo fuera
declarado inocente pese a haber abusado y asesinado a un niño practicante de
fútbol. Sus mentiras y trampas, hicieron que su cliente, que se desempeñaba
como entrenador de las inferiores, saliera en libertad aun cuando todas las pruebas
estaban en su contra. Y ahora era ese dinero de sus honorarios, el que debía de
entregar.
Ingresa a su
oficina y se pone a separar el dinero en cantidades de diez mil, tal como se lo
indicó anteriormente el secuestrador. Coloca todo el dinero dentro de un bolso
y se pone a pensar qué podía hacer al respecto, entonces opta por arrancar un
diminuto rastreador de su maletín y ocultarlo dentro del bolso. Y se dirige
hacia el anfiteatro colocando el bulto a un costado del escenario, se aleja del
lugar y estaciona en el ingreso de la ciudad siguiendo en la pantalla de su
tablet la ubicación del rastreador.
A los diez
minutos recibe la llamada confirmando la operación; “todo bien, ya el cajón de
tu viejo se encuentra en el nicho de donde lo sacamos” – le informa el
secuestrador y cuelga. Rápidamente se dirige primero hacia el cementerio y
confirma que el féretro se hallaba en el lugar; luego llama a la policía
contándole rápidamente lo sucedido e indicándole la ubicación del rastreador
que estaba inmovilizado. Y corre a máxima velocidad para intentar recuperar el
dinero.
Cuando se
aproxima al lugar donde le indicaba el rastreador, se topa ya con la policía
que estaba en el lugar; “doctor, encontramos el bolso adentro la un contenedor
basura” – le informa un uniformado intentando detener su marcha sin resultado.
El abogado se acerca al contenedor justo en el momento que otros oficiales sacaban
el bolsón a la luz; lo abren y para sorpresa de todos, el hombre se encuentra
con que adentro no había más que un par de botines de futbol de niño.
La Posta Hoy, 25/7/15



