- Cuénteme, ¿en qué puedo ayudarle?
- No sé si podrá ayudarme doctora… ¡francamente me siento bastante
bajoneado por todo esto de las elecciones!
- Es la primera entrevista que me encuentro con un político bajoneado…
¿se arrepiente de ser candidato?
- Bueno, no justamente. Todo lo contrario: es que me arrepiento de no
ser candidato. Simplemente creo que escuché a las personas que no tenía que
escuchar y me quedé afuera de la pelea… ¡esto me tiene bastante mal!
- Piense en que debe haber un lado positivo en no ser candidato.
- En un principio pensé: no soy candidato dando lugar a que otro ocupe
mi lugar. Así, cuando a este nuevo le valla todo mal, dentro de cuatro años
puedo regresar con toda la gloria y la gente pidiéndome a gritos que regrese.
- Es un pensamiento muy limitado; porque si al nuevo le van bien las
cosas, resultará difícil que la gente quiera volver a confiar en usted.
- ¿Usted dice?
- Nunca hay que subestimar al electorado.
- Tiene razón. No entiendo por qué hice caso a lo que me dijeron algunos
allegados… ahora no me queda otra más que mirar las elecciones desde afuera
apoyando a otro candidato…
- Bueno, de todas maneras entonces también participa en las elecciones.
- Si, pero es que en realidad confío poco y nada en las chances de mi
candidato. Pese a que tiene todo mi apoyo y mi respaldo en la campaña, tengo miedo
de que llegue y si llega, sé que al primer día luego de la asunción, pegará el
portazo y me dejará afuera. Eso es justamente lo que me pone mal… ¡saber que a
partir de diciembre tendré que volver a mi vida normal!
- Si usted hizo las cosas bien puede que lo consideren para el nuevo
equipo de trabajo.
- Bueno, sí… esa es una esperanza que no pierdo. Incluso pensándolo en
algún puestito a nivel provincial o regional; eso sí: aspiraré a algo grande de
lo contrario me quedaré en mi ciudad que me vio crecer. Como mínimo quiero ser
Ministro de Gobierno o Ministro de Hacienda de la provincia.
- Ah, bien… ¡se nota que aspira a algo grande! Eso habla de que se
considera una persona capaz para ocupar esos cargos.
- Bueno, no tan así. Igual no iré solo: de irme a trabajar a la casa
gris me llevaré un par de amigos que acomodé en mi ciudad y que en definitiva,
harán las cosas por mí. Voy a necesitar alguien que se ocupe de prensa y de
relaciones públicas, entre otras cosas. Tengo a mi lado gente prendida como sanguijuelas
que no pretendo abandonar en esta ciudad… se irán conmigo en caso de ejercer
alguna función en el gobierno provincial.
- Y si el gobierno provincial no lo tiene en cuenta.
- Bueno, ahí es donde más me duele… ¡pensar que me quedo sin el pan y
sin la torta! Y lo peor es que mis queridas sanguijuelas terminaran anda a
saber haciendo qué… Eso es lo que me parte el corazón: pensar que tendré que
conformarme con ser un ciudadano común y corriente, reclamando por las calles
en mal estado e intentando que alguien me escuche y me dé solución a los
problemas de la sociedad.
- Vayamos por parte… si usted no es candidato y se arrepiente de no serlo,
piense en el poco tiempo que le queda hacer las cosas de la mejor manera para
que en los años venideros pueda volver con la cabeza bien en alto. Ese es mi
consejo.
- ¿Usted dice? Suena lindo pero no es tan fácil en la práctica, ¡algunas
de las sanguijuelas que me acompañan francamente no me ayudan y no sé cómo
sacarlas de mi entorno! Ese es el problema… por momentos, siento como que están
allí a mi lado sosteniéndome para que no caiga y por otros momentos, siento que
se me ríen sabiendo que ya tienen en mente otros candidatos que están apoyando
y a quienes seguirán a sol y a sombras a partir de diciembre.
- Vaya que es difícil encontrar un equipo de trabajo.
- Totalmente, y lo peor aun es que muchas veces por hacerles caso uno
termina dando la cara por sus errores. Como en varias oportunidades, ¡terminé
yo pagando los platos rotos de ellos! Y
mucho más triste es que por escucharlos me quedé afuera de esta pelea… ¡no sabe
la pena que me da todo esto!
La Posta Hoy - 28/03/2015