"Buen
día, señora, ¿qué va a llevar?" - le preguntó el amable empleado de la
carnicería de un supermercado céntrico a doña Clementina. La mujer le pidió un
pollo, el que estaba dispuesta a cocinar al horno con papas y disfrutar junto a
su esposo y a su hija menor en la cena especial donde esta última iría a
presentar a su novio. Colocó el pollo en el changuito, compró unas verduras y
se dirigió al sector de cajas.
Al momento
de pagar se encuentra con una vieja amiga del club de abuelas del jardín el
Nogal. Ambas habían integrado el coro y trabajado en algunas ventas en
beneficio del colegio.
"¿Qué
tal Marta?" - la saludo Clementina; "¿tus chicos bien? ¿tu esposo
bien?"
Marta le
correspondió al saludo y mientras se ponían al tanto de las novedades de la
vida, la cajera les indicó que se dieran prisa y hablaran menos en beneficio de
la larga cola que se había armado tras ellas. Pero para sorpresa de Clementina,
Marta observó su compra y le murmuró: "Clemen... ¡ese pollo tiene un color
extraño! ¡Miralo bien antes de cocinarlo!"
La mujer
abonó a la cajera y para quitarse las dudas sobre lo que le había indicado su
amiga, abrió la bolsa y realmente notó un color verdoso en el pollo. Volvió a
ingresar y se dirigió directamente al empleado que no encontraba explicaciones
para el reclamo:
"¡Este
pollo está feo! ¡Quiero que me lo cambien!"
"Señora,
¡no puedo hacer eso!" - le indicó el joven que continuaba picando carne
para los demás clientes.
Clementina
trató de sinvergüenza al empleado, "¡Esto no va a quedar así!" - le
expresó y a toda velocidad salió del supermercado en dirección a la seccional
27a. Llegó a la comisaría con el pollo en mano y fue atendido por el sumariante
que la escuchó muy atentamente.
"Tendrá
que dejar el pollo para que le hagamos el control bromatológico" - indicó
el oficial.
"¿Y
yo qué le cocino a mi hija que esta noche traerá a cenar a su novio?" -
preguntó Clementina.
El
comisario que escuchó el tono nervioso de la mujer, bajó por la escalera y se
sumó a la charla. "Tranquila, señora. Es muy común que vengan clientes y
nos indiquen este tipo de cosas" - le comentó a la mujer; "¡de una rotisería
céntrica vino ayer una cliente indicando que el pollo estaba crudo!"
"¿Y?
¿Qué paso? ¿Estaba crudo o no?" - indagó Clementina.
"Algo
crudo estaba..." - le informó el comisario, "ahí tenemos al pollo en
el patio comiendo y siendo alimentado con engorde." El oficial despidió a
la mujer y rápidamente le indició al sumariante que ordenaran un control exhaustivo
para verificar si el artículo se encontraba en condiciones de ser vendido y
consumido; finalmente salió de la seccional y se subió al nuevo móvil para
salir a recorrer las calles de la ciudad.
Doña
Clementina llegó a su casa muy amargada por la situación. Llamó a las radios
locales y rápidamente su queja se hizo pública: el movilero de radio Arroyo
Seco le interrogó en vivo donde inclusive la mujer agregó que ya le había
pasado en otras oportunidad algo parecido con otros artículos en el mismo
supermercado, "¿Y para qué sigue comprando ahí, entonces?" - le
preguntó el periodista que finalmente terminó dejándole una artesanía de su
negocio de cotillón. En radio Asunción, la mujer salió al aire y dialogó con
Stella a quien también manifestó su enojo por aquel pollo en estado deplorable.
El sumariante
tomó una muestra del animal y lo colocó en una bolsa hermética transparente
para enviar a pericias. Luego llamó a su superior para indicarle que el
resultado de la muestra recién estaría para dentro de dos semanas,
"mientras tanto, ¿qué hacemos con el pollo?" - preguntó. Su jefe
estacionó el nuevo vehículo frente al anfiteatro y tras pensar en una solución
al problema, le ordenó: "el que está en el patio, desplúmenlo y háganlo a
la cacerola para el turno de la noche... ¡ese que ya está desplumado me lo llevo
yo a casa!"
A
Clementina no le quedó otra que comprar unas milanesas y acompañaras con puré
para la especial cena familiar. Inclusive su propio esposo no le creyó la
historia del pollo podrido y solo le expresó que era su exageración. No
obstante la mesa estaba preparada para la ocasión: "¡Esperemos que la nena
no se vaya de casa tan rápido como lo hizo la mayor" - comentó a su
esposo.
Y
alrededor de las diez y media de la noche ingresa a casa primero su hija
mientras su novio estacionaba el auto, "llegamos a esta hora porque el recién
termina de trabajar" - les informó la muchacha a sus padres. Clementina
aprovechó los pocos segundos que restaban para sacarse el delantal y acomodarse
su cabellera. En ese instante le nena ingresa al hogar de la mano del joven
empleado de la carnicería del supermercado.
Doña
Clementina jamás dirigió palabras a su futuro yerno que no salía del asombro y
que por la situación incómoda tampoco pudo tragar nada de la comida. De todas
maneras, como se quedó con hambre cuando el muchacho llegó a su casa se prestó
a probar lo que había quedado de la cena. Y cenó el pollo que su padre, el
comisario, había cocinado al horno con papas.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 10/08/2013