sábado, 10 de agosto de 2013

EL POLLO


"Buen día, señora, ¿qué va a llevar?" - le preguntó el amable empleado de la carnicería de un supermercado céntrico a doña Clementina. La mujer le pidió un pollo, el que estaba dispuesta a cocinar al horno con papas y disfrutar junto a su esposo y a su hija menor en la cena especial donde esta última iría a presentar a su novio. Colocó el pollo en el changuito, compró unas verduras y se dirigió al sector de cajas.
Al momento de pagar se encuentra con una vieja amiga del club de abuelas del jardín el Nogal. Ambas habían integrado el coro y trabajado en algunas ventas en beneficio del colegio.
"¿Qué tal Marta?" - la saludo Clementina; "¿tus chicos bien? ¿tu esposo bien?"
Marta le correspondió al saludo y mientras se ponían al tanto de las novedades de la vida, la cajera les indicó que se dieran prisa y hablaran menos en beneficio de la larga cola que se había armado tras ellas. Pero para sorpresa de Clementina, Marta observó su compra y le murmuró: "Clemen... ¡ese pollo tiene un color extraño! ¡Miralo bien antes de cocinarlo!"
La mujer abonó a la cajera y para quitarse las dudas sobre lo que le había indicado su amiga, abrió la bolsa y realmente notó un color verdoso en el pollo. Volvió a ingresar y se dirigió directamente al empleado que no encontraba explicaciones para el reclamo:
"¡Este pollo está feo! ¡Quiero que me lo cambien!"
"Señora, ¡no puedo hacer eso!" - le indicó el joven que continuaba picando carne para los demás clientes.
Clementina trató de sinvergüenza al empleado, "¡Esto no va a quedar así!" - le expresó y a toda velocidad salió del supermercado en dirección a la seccional 27a. Llegó a la comisaría con el pollo en mano y fue atendido por el sumariante que la escuchó muy atentamente.
"Tendrá que dejar el pollo para que le hagamos el control bromatológico" - indicó el oficial.
"¿Y yo qué le cocino a mi hija que esta noche traerá a cenar a su novio?" - preguntó Clementina.
El comisario que escuchó el tono nervioso de la mujer, bajó por la escalera y se sumó a la charla. "Tranquila, señora. Es muy común que vengan clientes y nos indiquen este tipo de cosas" - le comentó a la mujer; "¡de una rotisería céntrica vino ayer una cliente indicando que el pollo estaba crudo!"
"¿Y? ¿Qué paso? ¿Estaba crudo o no?" - indagó Clementina.
"Algo crudo estaba..." - le informó el comisario, "ahí tenemos al pollo en el patio comiendo y siendo alimentado con engorde." El oficial despidió a la mujer y rápidamente le indició al sumariante que ordenaran un control exhaustivo para verificar si el artículo se encontraba en condiciones de ser vendido y consumido; finalmente salió de la seccional y se subió al nuevo móvil para salir a recorrer las calles de la ciudad.
Doña Clementina llegó a su casa muy amargada por la situación. Llamó a las radios locales y rápidamente su queja se hizo pública: el movilero de radio Arroyo Seco le interrogó en vivo donde inclusive la mujer agregó que ya le había pasado en otras oportunidad algo parecido con otros artículos en el mismo supermercado, "¿Y para qué sigue comprando ahí, entonces?" - le preguntó el periodista que finalmente terminó dejándole una artesanía de su negocio de cotillón. En radio Asunción, la mujer salió al aire y dialogó con Stella a quien también manifestó su enojo por aquel pollo en estado deplorable.
El sumariante tomó una muestra del animal y lo colocó en una bolsa hermética transparente para enviar a pericias. Luego llamó a su superior para indicarle que el resultado de la muestra recién estaría para dentro de dos semanas, "mientras tanto, ¿qué hacemos con el pollo?" - preguntó. Su jefe estacionó el nuevo vehículo frente al anfiteatro y tras pensar en una solución al problema, le ordenó: "el que está en el patio, desplúmenlo y háganlo a la cacerola para el turno de la noche... ¡ese que ya está desplumado me lo llevo yo a casa!"
A Clementina no le quedó otra que comprar unas milanesas y acompañaras con puré para la especial cena familiar. Inclusive su propio esposo no le creyó la historia del pollo podrido y solo le expresó que era su exageración. No obstante la mesa estaba preparada para la ocasión: "¡Esperemos que la nena no se vaya de casa tan rápido como lo hizo la mayor" - comentó a su esposo.
Y alrededor de las diez y media de la noche ingresa a casa primero su hija mientras su novio estacionaba el auto, "llegamos a esta hora porque el recién termina de trabajar" - les informó la muchacha a sus padres. Clementina aprovechó los pocos segundos que restaban para sacarse el delantal y acomodarse su cabellera. En ese instante le nena ingresa al hogar de la mano del joven empleado de la carnicería del supermercado.

Doña Clementina jamás dirigió palabras a su futuro yerno que no salía del asombro y que por la situación incómoda tampoco pudo tragar nada de la comida. De todas maneras, como se quedó con hambre cuando el muchacho llegó a su casa se prestó a probar lo que había quedado de la cena. Y cenó el pollo que su padre, el comisario, había cocinado al horno con papas.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 10/08/2013

sábado, 3 de agosto de 2013

DÓNDE ESTÁ MI BARRIO


Amaro ingresa a la seccional 27ª muy nervioso. Golpea con su llave el cristal de la recepción y de detrás de la pared sale una joven oficial para atenderlo.
"Señorita, ¡vengo a hacer una denuncia por una desaparición!" - informó muy decidido a la empleada.
La agente tomó asiento detrás de su mostrador y se dispuso a tomar nota mientras buscaba una birome Bic en todo su escritorio. Como no la halló, directamente tomó una lapicera que llevaba dentro de su cartera que había comprado en Caprichos. Tomó una hoja en blanco, encabezó el asunto como "búsqueda de desaparecido" y luego dirigió su mirada al hombre que permanecía de pie muy preocupado.
"Señor, dígame. ¿Quién desapareció?" - preguntó.
Amaro se rascó la cabeza y midió las palabras con las que comenzaría su denuncia. La oficial notó sus gestos y le preguntó sobre un nombre, apellido, fecha de desaparición, vínculo u otro dato que pudiera facilitar la búsqueda de quien estaba desaparecido. Pero el hombre sorprendió con su información:
"Desapareció mi barrio" - le dijo.
La joven paralizó su mano y le solicitó que repitiera lo que había dicho. El masculino le comunicó que luego de estar veinte años en Italia regresó a Arroyo Seco y no encontró su barrio: "algo tiene que haber pasado, ¡no puede ser que esas manzanas y esa plaza no estén en el lugar que estaban antes de irme!" - manifestó muy nervioso.
"Señor, ¡los barrios no desaparecen! ¿Cómo está seguro que desapareció el suyo?" - interrogó la empleada que no salía del asombro y que no veía el momento de que finalizara su turno para irse a su casa y descansar junto a su familia mientras miraría el programa de Lanata.
Amaro insistió en su denuncia: "había un barrio donde se encontraba una enorme higuera... ahí subíamos con los pibes a atrapar chicharras o jugar a las escondidas mientras que otro contaba apoyado en uno de los eucaliptus del mismo predio. Y de esa planta pasábamos a comer moras en otra, terminábamos con la boca pintada y luego imitábamos las armas de las Tortugas Ninjas con las ramas caídas. En ese mismo lugar, había dos arcos que marcaban una cancha y un largo camino que llevaba a un monte donde llevábamos nuestros galgos para cazar liebres. Pero todo eso desapareció y quiero saber dónde está."
La agente sonrió y se prestó al inesperado relato. Le consultó si era seguro que la higuera, la mora y los eucaliptus no seguían estando allí: "difícil que desparezcan los arboles, tal vez los está buscando en un lugar incorrecto" – le manifestó.
El hombre tragó saliva y siguió danto detalles: "Estoy seguro señorita que no están allí. ¡Cómo no darme cuenta dónde estaba ese árbol de higo que se llenaba de moscas! Además había una planta de kaki que jamás dejábamos con los pibes que los mismos duraran mucho tiempo. No sabe lo rico que eran... ¡y cómo no recordar cuando las avistas nos sacaron corriendo en uno de esos días que subimos al mismo para comer de esas frutas! Terminamos todos llenos de ronchas en todo el cuerpo y rápidamente fuimos al zanjón que estaba detrás de casa para pasarnos barro y amortiguar la picazón. ¡Nada de eso hay! ¡No puede ser! ¡Algo pasó para que desapareciera de esa manera mi barrio!"
La oficial miró la hora en su celular e hizo que buscaba entre unas carpetas un formulario el que completaría los datos de la búsqueda. Amaro se apoyó en el cristal con sus dos manos y unas lagrimas se le escaparon de sus ojos: "Señorita, ¡dígame algo! ¡No sabe lo que significaba para mí ese barrio que ya no está! Ahí conocí a mis mejores amigos... ¡los pibes del barrio! Ahí también conocí a mi novia... ¡teníamos doce años y nos dimos el primer beso detrás de los eucaliptus para que nadie nos viera! Ahí también enterramos a mi perro galgo luego de que con un alambre se lastimara su panza y se le infectara todo el cuerpo. En ese mismo lugar poníamos las botellas donde colocábamos las cañitas voladoras y encendíamos los cuetes para las fiestas... ¡a propósito, mi perro galgo los agarraba y le explotaban en su boca sin hacerle daño! ¡Ese lugar que ya no está es mi barrio! ¡Quiero volver a verlo dónde estaba!"
"Señor, las cosas han cambiado desde que usted se fue a Italia... en veinte años seguro que su barrio no es el mismo, ¡pero le puedo asegurar que está ahí!" - le indicó la muchacha mientras bajaba el volumen de su radio para que el triste hombre no escuchara las palabras de sus compañeros que recorrían las calles de la ciudad.
"¡No puede ser, señorita!" - expresó el hombre al momento que su esposa ingresó a la dependencia y lo motivó a regresar al auto para recorrer la ciudad que no veían desde hace varios años. La mujer notó la tristeza de su marido y no pudo evitar decirle que se tranquilizara: "Amor, lo habíamos hablado allá en Italia. Era obvio que no ibas a encontrar tu barrio como era antes. Pero vos sabes que aunque tu barrio haya desaparecido por los cambios normales del paso del tiempo... esos arboles, esos frutos, esos pibes, esos galgos, esos momentos lindos vivido en tu barrio no desaparecerán nunca de tu mente!"


Gracias Lucas por la idea para este cuento. Dedicado a los que volvieron a Arroyo Seco.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 03/08/2013