Un día Cupido flechó
a dos ediles mientras debatían un proyecto de ordenanza que intentaba
reglamentar el control de plagas en el centro de la ciudad. Aunque el era de un
partido y ella respondía a otro, el amor fue mas fuerte para estos concejales
que no pudieron evitar cruzar sus miradas y sonreírse para dar comienzo a una cálida
relación.
En aquella sesión
fue como si el tiempo se detuviera para ambos. La palabra del presidente del
Concejo sonaba cada vez más lejana y parecía que todos los que estaban
alrededor caminaban en cámara lenta. Allí brotó el amor como una pequeña raíz
que luego alcanzaría grandes dimensiones.
Para las siguientes
sesiones juntaron sus sillas y votaban los diferentes proyectos, tomados de sus
manos. No había ningún proyecto en el que disentían y, mas allá de oficialismo
y oposición, proyecto que presentaba uno de ambos automáticamente tenía la
aprobación del otro. Y si por aquellas inoportunidades en algo se contradecían
durante algún debate, rápidamente cuando el presidente del concejo daba
finalizada la sesión, ambos se saludaban con un profundo beso reconciliador.
La bandería
política no impidió el amor: hasta se rumoreó entre los comensales de La
Enoteka que ambos iban a armar un nuevo partido Radicalmente Justicialista.
Pero eso quedó solo en un supuesto. Cada uno siguió militando en su partido
aunque evitaban hablar en su intimidad sobre esas cuestiones partidarias. Pero
lo que dificultó un poco la cuestión fue el momento de las elecciones legislativas...
donde ambos encabezaban respectivas listas para renovar sus mandatos.
En algunas
ocasiones uno era capaz se presenciar el acto político del otro sin ningún
temor ni problema. Jamás se criticaron en sus discursos para ganar el voto de
los ciudadanos y al momento de recorrer las calles, lo hacían juntos de la mano
y compartiendo mimos y besos en algunas esquinas de la ciudad. Y aunque cada
uno tenía sus propios seguidores, entre ellos se respetaban... incluso al punto
de colocar pasacalles y panfletos tanto de uno como del otro candidato siempre
en un clima muy armonioso. Tal fue el caso que entre esos jóvenes luego se
conformó un nuevo movimiento al que llamaron "La Campera Morada", con
militantes siempre movilizados que entraron en los jardines de infantes de la
ciudad para hacer semilleros políticos.
La noche anterior a
las elecciones ambos doblaban votos de las dos propuestas mientras
intercambiaban sus pícaras miradas. Y por mas veda electoral que estaba en
vigencia, los enamorados se conectaron entre sus brazos muy apasionadamente:
"¡Aguante Perón y Alfonsín!" - se decían al oído y entrelazaban sus
dedos.
En el acto
eleccionario, siempre de la mano recorrían escuela por escuela como veedores.
Tanto uno como el otro no tenía drama de visitar el bunker partidario de su
pareja y las notas a los medios la daban juntos:
"Si votan a
uno o al otro, votan al amor entre ambos" - decían. Y así se deseaban
suerte entre sí a tal punto que cada uno emitió el voto a su media naranja.
Y la suerte los favoreció
a ambos sacando la misma cantidad de votos y logrando así conservar sus
puestos. Los festejos fueron en grande y sus
compañeros de milicias se unieron para tirar papelitos y arrojar fuegos
artificiales para celebrar la victoria.
"Pese a que
somos de partidos diferentes... el amor fue mas fuerte" - declararon a la
prensa mientras se armaba una caravana para acompañarlos por la ciudad al
momento que se unían en un apasionado beso.
"¿Qué pasará
cuando tengan que apoyar el presupuesto del próximo año del Ejecutivo?" -
les consultó una joven periodista que luego subiría la nota al portal de Arroyo
Diario.
"Ya lo hemos
hecho y resulto" - dijo el edil, "entre nosotros no habrá tema
calificados de pertenecer al oficialismo o la oposición... todo lo aprobamos o
no, pero siempre juntos. Dejaré que mi amada decida."
Aquella relación
tomó formalidad en el altar donde el cura párroco bendijo aquella unión:
"Que ni la muerte, ni la enfermedad, ni resultados electorales ni nada
separe lo que Dios une... ¡hasta la victoria!"
Y con el tiempo
nació el retoño. Un niño que creció lleno de militantes radicales y
justicialistas, que aprendió las mañas políticas de chiquito y que mamó las
discusiones partidarias desde el momento que comenzó a tener conocimiento. Pero
que cuando creció finalmente terminó militando en la juventud de la Izquierda
Unida pese a que, a diferencia de sus padres, nunca los votos le alcanzaron
para ocupar un lugar en el concejo.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 12/01/2013