Ocasión para unir a
la familia hay muchas durante la vida, pero nada tan especial como lo son las
fiestas. Ahí es donde se vuelven a ver los parientes que hace meses no se veían
por esas cosas de la vida o simplemente porque se soportaban lo poco y
suficiente. Pero ahí se juntan todos alrededor de la mesa para celebrar el fin
de un año y el comienzo del otro.
Estará el abuelo
que comenzará a brindar de temprano, que no llegará a la medianoche y que recién
se enterará que es un año nuevo a las seis horas del día siguiente donde se
levantará a tomar mate con su esposa y el pan dulce comprado en Los Nonos.
Estarán presentes las cuñadas que poco se toleraron durante el año, pero que
para el momento de salutación se abrazaran como amigas mientras que por dentro
se reirán de lo desalineada que se vistió la otra.
Estará la tía que
siempre corre hasta el último momento, la que estuvo hasta última hora de la
tarde en El Príncipe comprando las frutas para la ensalada de sus sobrinos. La
que además apartará algunas de esas frutas en otra olla para el claricol de los
más grandes. La que cuando los demás solo piensan en sentarse a comer, llegará
al lugar del encuentro en bicicleta cargada de bolsos de pan, carne, servilletas,
papas y budines.
No faltará la tía
que aclarará antes de la comida que está a dieta. Que primero extraerá de su
bolso un tapper con una ensaladita de lechuga y zanahorias, pero que minutos
antes de la medianoche terminará prendiéndose de la parte más grasosa del
lechón que todos están comiendo. Eso sí, al día siguiente se sentirá con culpa
y se excusará que la dietista le había permitido algo de esas cosas para las
fiestas.
También estará el
sobrino preadolescente que separará las frutas abrillantadas del pan dulce. Su
madre lo volverá a retar como todos los años y también nuevamente saltará su
abuela para defenderlo. Y estará su hermanito que a partir de las ocho de la
noche cansará a todos con las ganas de tirar los cuetes que su primo mayor
compró... y estará la madre que siempre dirá la frase de todos los años:
"tené cuidado! No te acerques cuando no exploten! Que los más grandes los
tire tu padre!"
No faltará la prima
preocupada por taponear el oído de sus mascotas asustadas por las bombas. Ni el
primo que jamás se enterará qué es lo que se celebra y dirá "¡Felices
pascuas!" a todos los presentes. Ni las hermanas que se pondrán al día con
los chismes del barrio después de no verse por varios meses. Ni las tías a las
que se les caerán unas lágrimas recordando a los que ya no están.
El bebé último en
sumarse a la familia recibirá el año nuevo durmiendo en la cama de la abuela y
no faltará el sobrino que hará una broma con la pelela o la dentadura del
abuelo. Pero estará el sobrinito de tres años que será el centro de atención
cuando su madre le pida que cante la canción que le enseñaron en el jardín...
lo hará y las tías se babearán apretando sus cachetes. Y como tampoco faltará
la nueva novia del primo que por ser la última en sumarse al clan, estará sola
en un rincón más perdida que perro en cancha de bocha.
No podrá faltar el
momento de los regalos y es ahí cuando todos dirigirán su mirada a la tía más
rica para ver qué regalos trajo para todos: juguetes para sus sobrinos
comprados en Amilcar y utensilios de cocina para la abuela y tías comprados en
Libra. Los sobrinos más grandes recibirán un nuevo par de medias o de
calzoncillos para su colección y luego todos se emocionarán cuando el sobrino
de cuarenta y ocho años anunciará que ese nuevo año piensa casarse. Y además se
sumará el vecino que de casa en casa va saludando y probando algo, hasta que da
la vuelta a toda la manzana y se olvida hasta de dónde queda su propio hogar.
La tía rica sacará
un vino fino y brindará con Champagne. Su cuñada más delicada lo hará con sidra
sin alcohol comprada en La Muralla y sus cuñados y sobrinos jóvenes se tomarán
todo lo que haya sobre la mesa. Una de las tías sacará, casi cuando se están
por ir todos a dormir, un pan dulce con chocolate después de que su marido la
mandara al frente de estar guardándolo para ella sola. Y no faltará el primo
que se la dará se disk jockey y que animará la fiesta, toda la noche, siempre
con el mismo cd de La Liga en su centro musical.
No podrá faltar el
corcho que caerá justo frente a la prima que lleva once años de noviazgo. Ni
tampoco la caña voladora que traspasará accidentalmente el calzón que la abuela
olvidó de bajar del tendedero de ropa. Habrá un tres tiros que solo emitirá dos
explosiones y un sobrino que, a falta de recursos, sacrificará la última
birulana que le quedaba a una de sus tías.
Para el baile
estará el tío que saldrá a la pista haciendo el baile del caballo y hará reír a
todos; y las primas que apenas pase la medianoche, se irán a saludar a sus
amigas regresando recién al día siguiente.
La abuela quedará dormida en la silla y el primo medio tomado se querrá
encarar a la vecina que vino a saludar vistiendo ropa muy ajustada. El
sobrinito seguirá asustando a las tías con sus cebollitas y fosforitos hasta
que su madre se le agote la paciencia y lo mande a dormir después de prepararle
la mamadera; aunque su tía le pedirá que lo deje un rato más despierto.
Así es como la
familia se unirá para la ocasión: divertidos algunos, otros malhumorados, otros
bien golosos pero todos juntos para desearse un mejor y buen futuro en el
momento en que todo el cielo de Arroyo Seco se ilumine de fuegos artificiales y
cada uno salude a su par diciéndole: Feliz Año Nuevo!
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 29/12/2012