Cuando Nerina se despertó lo primero que hizo
fue mirar al costado de su cama y notó que su esposo no había regresado.
Mientras tanto, en su pieza, Gaspar estaba asomado a la ventana buscando las
fuerzas para comenzar el nuevo día. No le era fácil enfrentar la mañana
pensando que era responsable de la desaparición mágica de tres personas,
incluyendo su padre. Y peor aún, cuando sabía que no había vuelta atrás tras
haber colocado el nombre dentro de la caja dorada.
Tania llega a desayunar con él. Saluda a su
suegra que se dispuso a preparar el café y sorprendió a su novio en su cuarto.
Lo notó preocupado y aunque en parte, sabía de dónde venía aquel malestar, le
preguntó qué le ocurría. Gaspar obvió la pregunta ni tampoco se animó a
contarle lo de su padre. Pero en el momento cuando desayunaban, Nerina le
comenta a su hijo que Ulises no había regresado y Tania queda desconcertada.
Hay decisiones que tomamos sin consultar y
esquivando el consejo de quienes amamos. Y cuando nos damos cuenta que las mismas
tienen mayores consecuencias de las que pensamos, es demasiado tarde para dar
explicaciones o buscar culpables. Es allí cuando tenemos temor a quedarnos
solos, a que nos juzguen, a que nos critiquen o simplemente a que se conviertan
en nuestros enemigos.
“Gaspar… decime que no hiciste desaparecer a
tu viejo” – le planteó ella en voz baja para que su suegra no escuchara desde
la cocina en el momento que se disponía a colocar unas masitas en un plato. El
se lo negó.
A la seccional 27ª entra una mujer muy
nerviosa y es atendida por el agente Marcos. Su nombre es Sonia y vive cerca de
la cancha del ASAC. Saca de una bolsa, una muda de ropa y pasa a contarle que
en horas de la madrugada había visto algo sobrenatural; “estaba bajando del
colectivo amarillo en la parada de H. Primo e Independencia cuando veo a un
hombre en la vereda de enfrente… jamás
dejé de mirarlo pero desapareció ante mis ojos. Vi como el cuerpo se
esfumaba en el aire y toda su ropa caía al piso” – cuenta. El oficial, tras
buscar algún tipo de documentación entre la vestimenta, finalmente llama a
Renato y lo pone al tanto; “de todas maneras, no sabemos quién era esa persona”
– informa.
Sonia es tranquilizada por una policía quien
primero la trata de loca; “no estoy loca señorita, estoy diciendo la verdad” –
le manifestó. La joven empleada se sienta a su lado y le expresa que nadie
desaparece así de esa manera, que tal vez solo le haya parecido o simplemente
fue su vista la que la engañó. No obstante, entra a la sala el investigador
Renato que termina por agarrarla de la mano; “yo sí le creo… ¡no es la primera
vez que desaparecen personas de esa manera!” – la consuela.
Dentro del despacho del comisario, Renato le
indica a Marcos que de lo último, nada debía tomar estado público. “Estas personas
se esfumaron porque hay alguien que tiene una forma mágica de hacerlas
desaparecer” – informa, “el tema es saber quién es y cuál es esa forma.” El
agente local no terminaba por salir del asombro y queda observando
detenidamente la vestimenta que yacía sobre el escritorio.
“Me preocupa tu papá” – manifestó Nerina a su
hijo, “cuando anoche salió de casa, estaba ebrio.” Pero para salvarse de la
situación, Gaspar le indicó que si en la próxima hora no regresaba, saldría a
buscarlo. Incluso a la escena, se suma Verónica y su hija Damaris, recién
llegadas de Rosario.
Su hermana estuvo casada con Alexis, quien
ahora permanecía preso por intentar abusar de la hija de ambos. Fue justamente
una vecina la que descubrió al joven en situación comprometedora con su niña
que solo tenía por entonces, seis años. Lo sucedido fue un golpe muy duro no
solo para Verónica, sino también para toda su familia incluyendo a Gaspar. El
matrimonio se disolvió aunque ella prefirió seguir viviendo solamente junto a
su pequeña Damaris en un departamento alquilado.
Verónica salió a caminar junto a su madre en
la búsqueda de su padre mientras que Gaspar continuó en el living dialogando
con su novia. Ella le indaga una y otra vez hasta que el terminó de reconocerle
que ciertamente había hecho desaparecer a su padre. Tania se levanta enojada,
“sino aparece, iré a la comisaría y contaré todo. ¡No puedes hacer lo que estás
haciendo!” – le manifestó muy indignada y se retiró de la casa.
Pero antes de darle alguna explicación, Gaspar
prefirió dirigirse a su cuarto masticando las palabras de su novia, “no si
antes desapareces” – pensó. Pero ingresó a su habitación y se encontró con su
sobrina a punto de romper la caja con un martillo creyendo que la misma era una
alcancía.
La Posta Hoy - 26/10/2013