sábado, 26 de octubre de 2013

SIETE (parte 6)



Cuando Nerina se despertó lo primero que hizo fue mirar al costado de su cama y notó que su esposo no había regresado. Mientras tanto, en su pieza, Gaspar estaba asomado a la ventana buscando las fuerzas para comenzar el nuevo día. No le era fácil enfrentar la mañana pensando que era responsable de la desaparición mágica de tres personas, incluyendo su padre. Y peor aún, cuando sabía que no había vuelta atrás tras haber colocado el nombre dentro de la caja dorada.
Tania llega a desayunar con él. Saluda a su suegra que se dispuso a preparar el café y sorprendió a su novio en su cuarto. Lo notó preocupado y aunque en parte, sabía de dónde venía aquel malestar, le preguntó qué le ocurría. Gaspar obvió la pregunta ni tampoco se animó a contarle lo de su padre. Pero en el momento cuando desayunaban, Nerina le comenta a su hijo que Ulises no había regresado y Tania queda desconcertada.
Hay decisiones que tomamos sin consultar y esquivando el consejo de quienes amamos. Y cuando nos damos cuenta que las mismas tienen mayores consecuencias de las que pensamos, es demasiado tarde para dar explicaciones o buscar culpables. Es allí cuando tenemos temor a quedarnos solos, a que nos juzguen, a que nos critiquen o simplemente a que se conviertan en nuestros enemigos.
“Gaspar… decime que no hiciste desaparecer a tu viejo” – le planteó ella en voz baja para que su suegra no escuchara desde la cocina en el momento que se disponía a colocar unas masitas en un plato. El se lo negó.
A la seccional 27ª entra una mujer muy nerviosa y es atendida por el agente Marcos. Su nombre es Sonia y vive cerca de la cancha del ASAC. Saca de una bolsa, una muda de ropa y pasa a contarle que en horas de la madrugada había visto algo sobrenatural; “estaba bajando del colectivo amarillo en la parada de H. Primo e Independencia cuando veo a un hombre en la vereda de enfrente… jamás  dejé de mirarlo pero desapareció ante mis ojos. Vi como el cuerpo se esfumaba en el aire y toda su ropa caía al piso” – cuenta. El oficial, tras buscar algún tipo de documentación entre la vestimenta, finalmente llama a Renato y lo pone al tanto; “de todas maneras, no sabemos quién era esa persona” – informa.
Sonia es tranquilizada por una policía quien primero la trata de loca; “no estoy loca señorita, estoy diciendo la verdad” – le manifestó. La joven empleada se sienta a su lado y le expresa que nadie desaparece así de esa manera, que tal vez solo le haya parecido o simplemente fue su vista la que la engañó. No obstante, entra a la sala el investigador Renato que termina por agarrarla de la mano; “yo sí le creo… ¡no es la primera vez que desaparecen personas de esa manera!” – la consuela.
Dentro del despacho del comisario, Renato le indica a Marcos que de lo último, nada debía tomar estado público. “Estas personas se esfumaron porque hay alguien que tiene una forma mágica de hacerlas desaparecer” – informa, “el tema es saber quién es y cuál es esa forma.” El agente local no terminaba por salir del asombro y queda observando detenidamente la vestimenta que yacía sobre el escritorio.
“Me preocupa tu papá” – manifestó Nerina a su hijo, “cuando anoche salió de casa, estaba ebrio.” Pero para salvarse de la situación, Gaspar le indicó que si en la próxima hora no regresaba, saldría a buscarlo. Incluso a la escena, se suma Verónica y su hija Damaris, recién llegadas de Rosario.
Su hermana estuvo casada con Alexis, quien ahora permanecía preso por intentar abusar de la hija de ambos. Fue justamente una vecina la que descubrió al joven en situación comprometedora con su niña que solo tenía por entonces, seis años. Lo sucedido fue un golpe muy duro no solo para Verónica, sino también para toda su familia incluyendo a Gaspar. El matrimonio se disolvió aunque ella prefirió seguir viviendo solamente junto a su pequeña Damaris en un departamento alquilado.
Verónica salió a caminar junto a su madre en la búsqueda de su padre mientras que Gaspar continuó en el living dialogando con su novia. Ella le indaga una y otra vez hasta que el terminó de reconocerle que ciertamente había hecho desaparecer a su padre. Tania se levanta enojada, “sino aparece, iré a la comisaría y contaré todo. ¡No puedes hacer lo que estás haciendo!” – le manifestó muy indignada y se retiró de la casa.
Pero antes de darle alguna explicación, Gaspar prefirió dirigirse a su cuarto masticando las palabras de su novia, “no si antes desapareces” – pensó. Pero ingresó a su habitación y se encontró con su sobrina a punto de romper la caja con un martillo creyendo que la misma era una alcancía.

(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 26/10/2013

sábado, 19 de octubre de 2013

SIETE (parte 5)



Gaspar estaba a punto de hacer desaparecer de su vida a su padre, un militar con problemas de alcohol y golpeador de su esposa. Sería aquella la tercera persona que quitaría de la tierra. Anteriormente lo había hecho primero con su vecino, Mario, y luego con su patrón, Alfredo… colocó sus nombres dentro de la caja dorada y estas se esfumaron de manera misteriosa. Pero sin posibilidades de volver atrás, retuvo en sus manos durante varios minutos el papel con el nombre de su progenitor.
Ocurre que aun de las personas que queremos que desaparezcan por completo de nuestras vidas, también tenemos algunos recuerdos de buenos tiempos vividos. Es como si un gran álbum de fotos se abriera rápidamente en su cabeza y Gaspar podía contemplar imágenes donde su padre jugaba con él, otra donde le enseñaba a andar en bicicleta en la plazoleta de la estación de trenes, otra donde lo acompañaba en su primer día de clases en la Fiscal 73 y otra donde le regaló un gigante auto de colección. Optó por arroyar aquel papel al que finalmente arrojó bajo su cama; luego se echó a dormir.
Como todos los días, llega a su trabajo a las ocho de la mañana pero en esta oportunidad se encuentra con sus compañeros hablando sobre la desaparición física de su jefe. Uno de sus pares, Martín, se acerca para buscar su opinión sobre lo ocurrido a lo que Gaspar comenta desconocer completamente lo ocurrido. Allí permanecieron varios minutos hasta que un responsable de la firma salió para informarles que la jornada estaba momentáneamente suspendida. Emprende el viaje de regreso a su casa.
A pocos metros de su hogar, sale a la vereda la madre de Mario acompañada por una oficial de policía y otro de sus hijos, Esteban. La mujer tenía en sus ojos la apariencia de haber estado llorando durante varias horas. Gaspar la mira y ella lo saluda muy cabizbaja. La mujer sube al vehículo del comando radioeléctrico y se retira del lugar frente a la mirada de Gaspar que no pudo tener palabras para transmitirle. Pero para su sorpresa, al ingresar a su casa se encuentra con Renato que le esperaba junto a Nerina en el living.
El investigador se presenta y el se sienta junto a su madre. Renato primero le pregunta si conocía a Mario y Alfredo a lo que el solo le indica el vínculo que los unía con ellos. “En muchas partes del mundo se dan fenómenos de desapariciones continuadas de personas” – explica el agente- “y siempre son inexplicables hasta que se encuentra al responsable de las mismas que tuvo vínculo con todas ellas. Lo sorprendente es que esas desapariciones seguidas no superan nunca los siete casos y hasta ahora, nadie sabe cómo se hace para que eso suceda.” Gaspar vuelve a afirmar no saber ningún dato sobre quienes dejaron de existir. Y luego de relatar esa información, Renato acomoda su corbata y se retira del lugar. No obstante, antes de llegar a la puerta se vuelve para entregarle su tarjeta personal, “por si en algún momento sabes algo… allí tienes mi número” – indica.
Luego del mediodía, se ejercita en el gimnasio ubicado sobre calle Constantini y se detiene para escuchar a dos jóvenes que hablaban sobre Alfredo. Uno comenta que aunque todos sabían que pese a ser una mala persona en relación con sus empleados y robaba en su empresa, enfrentaba un gran problema: tenía una nena de seis años a quien le habían declarado un cáncer fulminante. “Para esa nena… su padre era la fortaleza y ahora lo necesita” – comentan estas personas sobre sus bicicletas. Gaspar agacha la cabeza y sin dar explicaciones al entrenador, sale del lugar en dirección a la plaza San Martín, envía un mensaje a su novia y se sienta a esperarla cerca de la abandonaba fuente.
Porque es difícil de sobrellevar cuando hacemos sufrir a otros y no hay manera de volver atrás para subsanarlo. Tania llega y encuentra a su novio llorando. El le cuenta que sus lágrimas se debían al encuentro con la madre de Mario y al escuchar la razón de la vida de Alfredo. “Tiene que haber una forma para revertir esto” – manifiesta ella pero el lo niega. Por varios minutos permanecen abrazados ante la mirada distante del agente Marcos que permanecía dentro de su auto en el playón de la estación de servicio.
Las horas transcurrieron y Gaspar estaba durmiendo. Pero algo volvió a despertarlo como en otras oportunidades. Eran algo de las dos de la madrugada y el llanto de su madre lo obliga a salirse de la cama e ir tras ella. La encuentra nuevamente en el piso, “papá volvió a golpearme, hijo; no sé qué hacer…” – expresó la mujer sin fuerzas y abrazada a él. Ulises tras agredir a su esposa, había salido a la calle, ebrio y sin rumbo. Cansado de la situación, impotente de poder revertirla, ayuda a su madre a incorporarse hasta sentarla en una silla y rápidamente corre a su cuarto. Toma el papel que estaba debajo de su cama y se decide a colocarlo dentro de la caja.


(continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 19/10/2013

sábado, 12 de octubre de 2013

SIETE (parte 4)



Dos desaparecidos misteriosamente en Arroyo Seco y un solo responsable: Gaspar. Un secreto que solo conocía su novia Tania: la existencia de una caja dorada capaz de hacer desaparecer a las primeras siete personas cuyos nombres se colocarán dentro de ella. Y un agente de policía, Marcos, junto a un investigador de la policía federal, Renato, tras una pista esencial: buscar el vínculo entre esas dos personas.
A diferencia de una relación sentimental donde es uno el que elige a quien quiere poner a su lado, hay otras personas cuya proximidad es solo una determinación de la vida. Sin chaces de elegir; sea para aceptar o para rechazar, estas personas están a nuestro alrededor.
El padre de Gaspar llega a casa luego de cumplir su larga guardia militar en Rosario. Aun trae puesto el uniforme cuando se sienta en el comedor algo ebrio y le ordena rápidamente a su esposa que le trajera la cena. Nerina sirve de lo preparado en un plato y lo lleva a la mesa. Luego del primer bocado, Ulises arroja el plato al piso indicando que la comida estaba fría.
Ulises acostumbraba a denigrar a su mujer. Lo hacía con las palabras o con acciones. Prácticamente desde que se casaron, la violencia se había instalado en aquel matrimonio. Aun sus hijos, de pequeños, vieron y se dieron cuenta de todo lo que pasaba entre ellos. Pero cuando crecieron, tanto Gaspar como su hermana en muchas ocasiones salieron a la defensa de su madre.
“La próxima vez que tocas a mamá, ¡te mato!” – lo había amenazado Gaspar a su padre cuando cinco meses atrás llegó a casa y encontró a su madre con moretones en su cara. No dudó en lanzarse contra Ulises que al encontrarse alcoholizado, no pudo mantenerse en pie para defenderse de la situación. Y Nerina rápidamente medió para que todo se calmara.
“Dame dos minutos que ya la caliento” – le indicó la mujer a su esposo que procedía a quitarse la camisa mientras que dejaba su arma sobre la mesa. Encendió nuevamente la cocina y tomó un repasador para limpiar lo que había caído al piso. Pero cuando se acercó a su esposo, este la empujó con violencia para hacerse paso e ir al dormitorio. Y allí quedó la mujer muy triste y llorando.
A los pocos minutos, cuando Nerina notó que su hijo ingresaba, luego de haber acompañado a Tania a su casa, se incorporó rápidamente como si nada hubiera pasado secando inclusive sus lágrimas.
“¿Estás bien mamá?” – le preguntó Gaspar que conocía ese rostro de angustia.
Pero su madre le indicó que sí. Incluso le manifestó que estaba muy cansada y que deseaba irse a la cama. No obstante, el sabía que algo había pasado… algo que incluso pasó en muchas otras oportunidades anteriormente. Prefirió en esta oportunidad no hacer nada y solamente se encerró en su cuarto, puso algo de música y chateó nuevamente con su novia pese a tener mensajes privados en su facebook de su ex novia.
“Otra vez el enfermo golpeando a mi vieja” – le contó. A ella le preocupaba lo que había ocurrido con los desaparecidos animándose a creer en la magia de aquella caja. Tania le dijo qué pensaba hacer al respecto por lo que su novio, preocupado y dolido a la vez, le manifestó que tal vez vuelva a utilizarla con el nombre de su padre. “No, Gaspar… ¡si en verdad funciona, luego puedes arrepentirte y será demasiado tarde!” – manifestó ella.
En la comisaria 27ª, el agente Marcos entra a una oficina donde Renato trabajaba mirando fotos y documentos de quienes habían desaparecido. “Tenemos un vínculo…” – le informó al investigador, “es un tal Gaspar, vive cerca del hospital 50. Es vecino de Mario, el primer desaparecido, y a su vez, empleado de Alfredo, el segundo.”
Es en los momentos cuando apoya la cabeza en su almohada que no puede evitar traer a su memoria los malos momentos vividos en su casa con su padre alcohólico agrediendo al resto de la familia. Y a pocos centímetros de él se encontraba sobre la mesa de luz, la caja dorada con la habilidad de poder cambiar esa difícil historia. Gaspar se detuvo por minutos, observándola, hasta que tomó un papel donde escribió el nombre de su progenitor.


(continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 12/10/2013

sábado, 5 de octubre de 2013

SIETE (parte 3)



La magia de la caja dorada le sirvió a Gaspar para hacer desaparecer de la tierra a Mario, vecino y enemigo de la adolescencia. No obstante, de lo que no podía escapar fue de las preguntas de dos oficiales que en la búsqueda del desaparecido llegaron a su casa. Es ahí donde Nerina, su madre, de descuidada indica a los policías que él y Mario eran prácticamente enemigos.
“De todas maneras, no sé nada de él… ojalá que aparezca” – expresó Gaspar salvaguardándose de la mirada sospechosa de los agentes de la seccional 27ª.
En ese momento ingresó Tanía a la casa. Se saludaron con un beso y la muchacha saluda a su suegra que despedía a los policías. Porque así como hay personas que marcan para mal nuestras vidas o la de nuestros seres queridos, también están aquellas que nos hacen muy bien. Y existen porque queremos que existan. Y correspondemos a esa existencia amándoles. Nos hace bien estar con las mismas y tienen ese perfume capaz de hacernos olvidar los problemas o los malos momentos. Y para Gaspar, Tania es una de ellas.
Habían cursado juntos el colegio secundario aunque recién iniciaron una relación casi cinco años después de su graduación en una cena de reencuentros. Incluso vivían en el mismo barrio aunque pocas veces se cruzaron en su infancia. Tania es empleada de Grimoldi y estudia vocalización en la academia de Lucas Boschiero. Se llevaban muy bien salvo ocasiones donde aparecía entre ambos, Gisel, una ex novia.
“¿Qué tal tu día?” – indagó. El explicó que su jornada resultó ser la misma de siempre. A solas, Gaspar se anima a mostrarle la caja y contarle sobre el poder que en ella residía y que apenas comenzaba a conocer.  Y aunque obviamente, primero no le creyó luego le resultó novedosa la explicación. Y en ese momento, el propuso probarlo con su encargado… anotó en un papel su nombre y ante la mirada de su novia, lo colocó dentro de la caja: “aquella mujer me dijo que funcionaria con siete personas solamente” – detalló.
En ese instante Alfredo, cuando ingresaba al local de venta de motos de Colón y Moreno, despareció dejando solo un montículo de su vestimenta sobre sus zapatillas. La empleada del comercio sale, nota la ropa y algo desorientada, da aviso a la comisaria.
La pareja sale a caminar por el centro de la ciudad y cenan en Premis.  Sentados en el bar, la pareja observan el televisor y para su asombro, la presentadora del noticiero de Canal 2 informa sobre la misteriosa desaparición de un hombre. “Al salir del negocio, solo me encontré con la ropa y un celular” – relata la empleada del negocio a la prensa; “es como si hubiera sido secuestrado, pero lo secuestraron desnudo.” Con la pista del celular y la documentación en la billetera que permanecía en el pantalón, finalmente dan a conocer la identidad del desaparecido.
Tania mira a su novio, el corresponde su mirada y  lleva su mano a la boca. Todo era muy extraño para que resultase una mera coincidencia. Dónde está preguntó ella pero él no encontró respuesta para darle más que rascarse su cabellera y, con la mano en alto, solicitarle la cuenta al mozo para retirarse rápidamente del lugar. Al salir, se tomaron de la mano y caminaron hasta la remisería que se encuentra a media cuadra.
En el lugar donde Alfredo desapareció, varios vecinos se dieron cita para observar nada más ni nada menos que ropa apilada sobre unas zapatillas. Oficiales de la seccional 27 habían rodeado la zona con una cinta pero entre los curiosos, se asomó un hombre de gran estatura que pasó tras la misma y se acercó hasta la escena. Una agente intentó frenar su paso pero no le dio importancia hasta que llegó al comisario  y un ayudante para presentarse como un agente especial representando a la policía federal, un tal Renato: “fui enviado para investigar lo que está sucediendo en Arroyo Seco, ¡necesito todos los datos que tienen sobre las dos personas desaparecidas!”
El comisario asigna a su agente Marcos para que le aporte la información reunida hasta el momento. Renato levanto con la ayuda de su birome la camisa que yacía sobre el piso y le comenta al empleado policial que no es la primera vez que comienzan a desaparecer personas de esa manera en la historia del país e incluso en otros lugares del mundo. Marcos lo miró sin entender nada; “solo tenemos que buscar el vínculo entre los dos desaparecidos y podemos encontrar al responsable” – detalló el investigador.


(continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 05/10/2013