sábado, 28 de abril de 2012

ROBO A LA TURISTA


“Vengo a denunciar un robo” – informó Amanda al agente de policía que la atendió en la seccional 27ª. Oriunda de Rosario, estaba de visita por Arroyo Seco junto con sus dos hijos que dejó en el vehículo mientras hacia la denuncia: “un robo a cara descubierta… me sacó todo el dinero que tenía.”

Había visitado durante la primera hora de la mañana el puerto local donde esperaba pasar el día pescando y comiendo hamburguesas a la parrilla. Pero se encontraron con una bajada totalmente sucia, baño tapado, mesas rotas y las únicas sanas, estaban llenas de tripas de pescado. Buscaron otro lugar.

“Ya le tomamos la denuncia, señora” – le expresó el oficial muy atentamente. “Estoy indignada” – se descargó ella, “días atrás escuchamos por la radio en Rosario a un concejal de acá decir que Arroyo tenía un perfil turístico, venimos con mi familia y nos pasa esto.” Amanda caminaba por la comisaría a la espera del sumariante que en ese momento revisaba su facebook en su oficina.

También estuvieron en la bajada detrás del cementerio y de playa Mansa con la idea de encontrar hermosas riberas para colocar una sombrilla y hacer castillos de arena. Pero solo había una costa repleta de embases de botellas, camalotes, viejas del agua y hasta un caballo muerto. Optaron por seguir el recorrido.

“Señora, acá tiene el libro con fotos de delincuentes de Arroyo Seco… mírelo tranquilo y me dice si quien le robó está ahí” – le dijo el agente mientras ponía en sus manos un bibliorato con más de cien hojas. Amanda se sentó a mirar. A los pocos segundos, regresó el policía con otro libro de unas cincuenta hojas; “disculpe señora, me equivoqué de libro, ese es el de violadores… aquí tiene el de los delincuentes” – le indicó mientras intercambiaron los álbumes.

Pasaron por el museo esperando encontrar gigantes fósiles de dinosaurios y utilería de la antigüedad que perteneciera a los indígenas que habitaron la zona. Pero al entrar hallaron algunas pocas fotos muy dispersas y un balde con un trapo de piso en su interior; esto último era de la empleada de limpieza que había olvidado guardarlos y los dejó a la vista de todos.
Por allí nomás recorrieron la estación de trenes y unas oficinas municipales donde funcionaba al Area de Desarrollo y Asistencia Social; “seguramente de acá ayudan a los más necesitados” – le dijo la madre a sus hijos. Y allí nomás, al lado de esta área, estaban unas personas en situación de calle. La familia siguió el recorrido.

“Yo estaba parada en la plaza cuando viene un delincuente y me pide todo el dinero que tenía” – relata Amanda al policía que le tomaba la declaración mientras seguía ojeando el álbum que contenía fotos de malandras, cacos, pibes chorros, góticos, villeros, rocanroleros, rolingas, emos, flogger y algunas otras tribus urbanas.

Intentando encontrar lo turístico de la ciudad terminaron recorriendo el espacio verde próximo al anfiteatro. Se tomaron algunas fotografías junto a los juegos oxidados y obsoletos de la plazita y finalmente se retiraron del lugar cuando comenzaron a percibir el olor a marihuana que provenía de detrás de algunos árboles del lugar.

“Éste es el que me robó… éste es” – le aseguró la mujer al empleado provincial mientras le señalaba la foto. El oficial tomó el álbum y cuando vio la fotografía, abrió su boca algo sorprendido. “Este… este… ¡debe haber un error, señora!” – balbuceó.
“No, no hay ningún error… ¡este es el hombre que me robó!” – insistió Amanda.
Pero el policía seguía sin encontrar explicación a lo que acontecía en el momento. “Es que alguien hizo una broma y puso en este álbum esta foto de un concejal de la ciudad” – explicó.

Amanda cruzó sus brazos: “Ya sé, ¡no me diga que es el mismo concejal que habló por la radio diciendo que Arroyo tenía un perfil turístico!” El policía la miró y le dijo que sí.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 28/04/2012

lunes, 23 de abril de 2012

EL KIOSCO


“Buen día, vengo a averiguar qué papeles debo presentar para abrir un negocio en mi casa” – dijo Celestina a un empleado municipal de la oficina de comercio, quien le consultó: “¿de qué rubro?”
“Pienso vender porros y tal vez algunas bolsas de marihuana” – le notificó la señora mientras golpeaba con sus dedos el mostrador de la municipalidad. “Señora” – le comunicó el joven, “para ese tipo de comercio se tiene que dirigir directamente a la policía.”
“¿Y el impuesto de todo comercio?”
“No se preocupe por el impuesto, desde allí mismo, irán una vez por mes a cobrarle los impuestos de su kiosquito” – concluyó el empleado que vestía con ropa de La Salada.

La noche anterior Celestina se había reunido con su mejor amiga a tomar unos mates. La conversación giraba sobre la necesidad de abrir algún tipo de negocio, “algo tengo que hacer, ¡ya no me alcanza con la asignación” – le expresó la mujer a su amiga Marta, “voy a poner un kiosco que venga droga.”
Marta la miró algo desconcertada; “¡vos estás loca! no tenés corazón sino pensas un poco en la cantidad de vidas que vas a arruinar.” Pero su amiga estaba decidida a hacer la vista gorda con tal de llenarse sus bolsillos, “las zapatillas para colgar en los cables frente a mi casa ya las tengo… así que lo voy a abrir a ese kiosco.”
“¡Qué Dios te libre de esa, Celestina!” – le dijo Marta.

“¿Y en qué parte de Arroyo quiere abrir ese kiosco?” – le preguntó el agente de policía mientras se le hacía agua su boca. Entonces Celestina extrajo de su cartera un papel con la dirección y se la entregó al empleado provincial; “es al lado de la canchita, ¡ahí voy a tener clientes a granel después de cada partido!”
“Hay un problema” – le objetó el policía, “por cuestiones de franquicia, en ese barrio no puede haber otro kiosco igual.”
Así que Celestina salió de la seccional muy indignada al truncársele su proyecto. Cruzó la plaza 9 de Julio donde un par de adolescentes con uniforme escolar encendían sus fasos y se dirigió a su casa. Igualmente a los dos días consiguió proveedores de Villa Gdor. Galvez y abrió su kiosco con pacos de mejor calidad al que los de su competencia barrial: con menos vidrios molidos en su composición. Y decoró su negocio con dos paquetes de yerba, una bolsa de caramelos, una cajita de te y dos tic-tac entre varios estantes.

A la semana, Marta fue a la seccional a denunciar la existencia del kiosco de su ex amiga: “tengo hijos adolescentes y tengo miedo que caigan en esa porquería” – le expresó desesperada al sumariante que le tomaba la declaración. Luego también se dirigió a tribunales, pero de allí volvió más indignada aún, cuando un empleado le indicó: “Señora, no podemos hacer nada, para actuar necesitamos fotos, videos, facebook, talla de pie y marca de la ropa interior de quien usted sospecha que vende drogas en su barrio.”

La cuestión es que diez años después, gracias a Celestina, en ese barrio hubo más jóvenes con menos neuronas; entre ellos, los propios hijos de Marta… quien luego de hacer la denuncia tuvo que quedarse en el molde cuando su ex amiga mando a patotearla con sus clientes. Pasaron los meses y el kiosco se hizo popular.

Cierto día Marta salió a caminar por la plaza llena de impotencia por no poder frenar ese negocio y viendo la cantidad de jóvenes drogándose, rezó: “¡Que Dios tenga misericordia de vos, Celestina!”

sábado, 21 de abril de 2012

BAILA ARROYO


Y sucedió un día que la producción de Showmatch eligió a nuestra ciudad para participar en el concurso que permitía competir a dos ciudades del país mediante una coreografía. La noticia comenzó a difundirse un lunes a la mañana con Stela, por un lado, y Noemí, por el otro, que comenzaban a convocar a los habitantes a los ensayos del baile que esperaba ser multitudinario.
Un productor se reunió con el intendente que muy dispuesto se puso a disposición del programa televisivo inclusive prometiéndoles declarar el evento de interés general. Trascendió luego que invitó a todo los integrantes de su gabinete a bailar en la coreo por más madera que resultasen en los pasos, todos aceptaron a cambio de horas extras. Finalmente el productor se retiró del palacio municipal muy motivado por las promesas del gobierno de turno.
El único problema que surgió hasta entonces devino de cuestiones futbolísticas. La convocatoria era al primer ensayo en el Salón Dorado pero los panzas y otros, juntaron firma rápidamente para que sea en un lugar neutro a clubes. La invitación se modificó trasladándose al Centro de Jubilados ya que la comisión de dicha institución aceptó la propuesta siempre y cuando se les dejaría participar de manera especial a sus socios.
En el Concejo también se hicieron eco del suceso. Más de uno propuso envió minutas de comunicación para que se declarase de interés legislativo al mismo. Por otro lado se supo que cuatro de los concejales se compraron pantalones chupines de color rosa para participar de la coreografía que se sabía sería del tema de Fiebre de Sábado por la Noche y hasta uno de ellos se ofreció a hacer de Jhon Travolta pero no le hicieron caso.
Desde la comisaría ofrecieron a su personal para organizar la llegada de las personas en el Centro de Jubilados  y hasta algunos de ellos se vistieron con tutú listos para ser protagonistas. Los excombatientes y bomberos se encargarían de servir una chocolatada durante la jornada de ensayo. Y hasta ofrecieron una de sus autobombas para tomar imágenes desde las alturas. Amas ofreció una ambulancia para cobertura en el lugar y otras instituciones de la ciudad pusieron su granito de arena para la optimización del evento. E incluso trascendió que se sumarían vecinos de Gral. Lagos y Fighiera, menos el presidente comunal de esta última localidad que no podía disponer de tiempo para venir a los ensayos ya que tenía que resolver conflictos con sus empleados.
Ya estaba en marcha y en los almacenes de barrio, en los patios de las escuelas y hasta en las misas, todos hablaban del tema. Por ahí se murmuró que hasta el mismo Tinelli iba a venir a Arroyo pero se supo que solo resultó ser un chisme que inventaron unas señoras mientas separan ropa para los necesitados dentro de una institución de la ciudad.

Llegó el día del ensayo. Los primeros en llegar al lugar fueron los funcionarios municipales y representantes del legislativo. “¿Vienen a apoyar a las ciudadanos que van a bailar?” – les preguntó una movilera a uno de ellos; “claro además venimos porque no hay nada para hacer en el Concejo” – le respondió un edil que traía en su mochila su pantalón chupin y gel para acomodarse su cabello.
Una gran cantidad de vecinos de todas las edades se hicieron presentes aquella tarde. La música comenzó a sonar por unos enormes parlantes y la coreografía comenzó a tomar forma. Se filmaron varias tomas del baile y todos regresaron a sus casas muy contentos como si hubiera pasado por la ciudad un avión arrojando billetes.
A las siguientes semanas, era el turno de la competición televisiva. Tinelli presentó la ciudad como la que vio nacer al Leo Biaginni, Romina Incicco y Lucas Boschiero y luego se proyectó el video final mientras casi la tercera parte de los ciudadanos de Arroyo Seco esperaban el resultado reunidos en las tribunas de un gran estadio local. Se proyectó un segundo video de otra ciudad del país y comenzaron a activarse los teléfonos de la producción del programa donde debían votar por el ganador.
Y minutos antes de que el famoso conductor anunciaría la coreografía ganadora, se levantó una ventolina y la EPE cortó el suministro eléctrico. Los únicos que se enteraron del resultado fueron los vecinos del barrio Güemes cuya red eléctrica no se vio afectada, así que al día siguiente fueron los encargados de informarles a la parte restante de Arroyo Seco que la ganadora había sido la otra ciudad que estaba en competencia.
El evento pasó a la historia pero quedó demostrado, como muchas veces, que la cooperación de personas e instituciones de la ciudad con un fin común es muy rica para la ciudad a pesar de que el resultado no haya sido premiado. De todas maneras, los concejales, a partir de aquella coreografía, se compraron el tutú y se inscribieron en la academia de ballet.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 21/04/2012

lunes, 16 de abril de 2012

DOCTOR PERSECUTTO


Aquella mañana de lunes la secretaria ingresó a la oficina de su patrón a quien encontró ojeando un diario y muy encrespado. Se trataba del Dr. Persecutto, un abogado de la ciudad cuya carrera le llevó unos quince años terminar y que ahora contaba con su pequeño estudio jurídico gracias al primer juicio que había ganado.
“Buen día Dr; ¿desea un café?” – le preguntó la amable empleada. El abogado le respondió afirmativamente y su secretaria volvió a salir para complacerle.

Desde la conversación de dos mujeres que hacían la cola en el Banco Santa Fe, había trascendido que el Dr. Persecutto era vidente. Una de ellas lo había encontrado cierta tarde en la intercesión de dos importantes calles de Arroyo Seco.  Ahí estaba de pie muy tranquilo hasta que a los tres minutos, dos autos a gran velocidad colisionaron en aquella esquina haciendo que el letrado, secándose la baba, se acercara a uno de los conductores a entregarle su tarjeta. Pero era obvio que no era vidente, sino que el Dr. Persecutto tenía la virtuosa habilidad de llegar al lugar de un accidente incluso antes de que éste ocurriera.

“Dr. aquí tiene su café” – le expresó su secretaria mientras dejaba un pocillo en el escritorio junto al diario.
“Gracias Romina. Alcánceme los legajos que les dejé el otro día” – le ordenó el profesional.
“Claro, ya se los alcanzo.”

También las malas lenguas habían dicho que el Dr. Persecutto en ciertas oportunidades hacía vigilia fuera del hospital y las clínicas de la ciudad. Allí esperaba dentro de su vehículo sagazmente. Y cuando veía salir del nosocomio alguna persona llorando descendía de su auto y se le abalanzaba encima ofreciéndoles sus servicios. Fue así como un día se arrojó sobre un hombre que salía llorando, “¿Quiere hacerle algún juicio a la clínica? Aquí tiene mi tarjeta” – le expresó. “No, para nada, nos han atendido muy bien… es que acabo de ser papá y estoy muy emocionado” – le respondió el hombre. Pero el Dr. Persecutto antes de retirarse del lugar, le propuso: “¿Por qué no le envía una carta documento a su esposa obligándola hacer el adn al bebé? Tal vez no es suyo… por eso aquí le dejo mi tarjeta.”

“Dr. sírvase los legajos… los ordené alfabéticamente. ¿Necesita algo más Dr.?”
“Gracias Romina… por ahora nada más.”
La empleada volvió a retirarse luego de dejar unos papeles sobre el escritorio.

También días atrás había cierto comentario que relacionaba al Dr. Persecutto con malas jugadas en relación a sus colegas. “¿Cómo te va con el caso de la señora Mendieta?”- le consultó a un colega que había cruzado en el registro civil. “No pasa nada, viene lento el caso” – le informó el joven abogado que recién trabajaba en su primer caso. Pero por las noches cuando el Dr. Persecutto llegó a su casa, se arrojó brutalmente sobre la guía de teléfono y buscó el apellido Mendieta. “La llamo señora para ofrecerle mis servicios como abogado, ya que estoy al tanto que quien tiene su caso se ha dormido y yo puedo ganarle ese juicio en una semana” – le ofreció a quien días después se convirtió en su nueva clienta.

La secretaria ingresó a la oficina nuevamente pero ahora algo preocupada:
“Dr. lo está buscando la señora Mendieta… está muy malhumorada ya que asegura que usted se quedó con más dinero de lo que le correspondía a sus honorarios por el juicio” – le comunicó.
“Dígale que no la puedo atender hoy… que vuelva la semana próxima luego de mis vacaciones.”
Pero la empleada antes de retirarse notó a su patrón aún indignado sin despegar su mirada del diario. Se le acercó lentamente y con mucho respeto le preguntó:
“Dr. lo notó furioso por algo… ¿ocurre algún problema?”
El Dr. Persecutto levantó lentamente su vista del semanario La Posta y miró a su secretaria al tiempo que mordía la punta de su lengua y zigzagueaba su cabeza dando a entender que una nueva idea nacía en sus neuronas:
“Pienso demandar a este diario por publicar, en la sección de los cuentos, mi biografía.”


sábado, 14 de abril de 2012

TENEBROSO


Eran las ocho de la mañana de un frío jueves. Lloviznaba y nadie transitaba por la calle en aquel momento. Margarita llegó al lugar donde se dirigía al instante que se le erizó la piel y una sensación tenebrosa invadió su cuerpo. Por un momento detuvo sus pasos para mirar hacia atrás luego de oír un silbido, pero, para su sorpresa, no había ninguna otra persona.
Se persignó y comenzó a caminar por lo que parecía un largo, frío y húmedo pasillo en medio de un bosque oscuro habitado por salvajes y hambrientas fieras. Cuando hizo sus primeros pasos en aquel sombrío camino sintió el aullido de un lobo que le daba la sensación de estar más cerca de lo que sus ojos podían percibir. Volvió a detenerse, cerró sus ojos fuertemente y se encomendó en oración a Dios. Cuando volvió a mirar, nada había a su alrededor más que siluetas fantasmagóricas que se vislumbraban entre los arboles.

“Hija, ten cuidado cuando vayas” – le había recomendado su abuela la noche anterior.
Pero aunque Margarita supuso que iba a encontrarse con una terrorífica odisea, jamás pensó que hallaría tanta sensación de abandono y desorden a su alrededor.
Caminó lentamente pisando las últimas hojas secas que quedaban del otoño pasado. Cada crujir bajo sus pies aceleraba el latido de su corazón y hacía eco en el lejano fondo de aquel pasaje. Fue allí cuando experimento que algo pesado atravesaba por sus pies. Se paralizó, bajó su mirada y observó que una negra serpiente pasaba sobre sus zapatillas. Abrió su boca pero no se animó a emitir un grito por temor a que la víbora reaccionara mordiéndola. Cuando el animal pasó de largo, Margarita volvió a respirar y siguió caminando.
Con el próximo crujir de las hojas unos murciélagos se lanzaron al vacío sobrevolando su cabeza. Pero Margarita tomó coraje y no se detuvo aun teniendo la sensación de que enormes ojos la observaban a su alrededor. Eran miradas terroríficas de atroces bestias dispuestas a dar muerte a inocentes criaturas. Siguió caminando hasta llegar a una vieja puerta que parecía no abrirse por miles de años.
Extendió lentamente su mano derecha para abrirla cuando una fuerte voz le susurró: NO! Nuevamente la piel se le erizó pero cuando descubrió que nadie estaba a su lado, se dispuso a abrirla. Había atravesado un triste pasaje por tres horas y aun quedaba un breve tramo por atravesar detrás de aquella puerta que lentamente comenzó a abrirse acompañada del ruido de sus bisagras.
Cuando la puerta terminó de abrirse una risa maquiavélica salió de su interior. Aquel lugar oscuro parecía una abandonada tumba donde cientos de arañas se escabullaron en sus escondites al momento que Margarita comenzó a ingresar. Ya no había hojas secas bajo sus pies sino lodo y algo más. De pronto sus pies tocaron algo macizo, tomó su celular Nokia 1100 para alumbrar a sus pies y así visualizó un esqueleto. El espanto invadió su espíritu y caminó unos pasos hacía atrás. Pero al instante volví a tomar valor e iluminó la mano de aquel cadáver en cuyos dedos se encontraba un papel con la leyenda: “turno: junio de 2015”.
Cuando acabó de tragar saliva visualizó una nueva puerta llena de desesperados rasguños. Allí comprendió que aquel cadáver pertenecía a una persona que se cansó de pedir a gritos que le abrieran hasta que finalmente terminó entregando su vida al tenebroso lugar. Quitó con sus manos enormes telarañas que colgaban frente a su rostro de tal manera que pudo visualizar una titánica y oxidada manilla. Puso allí su mano derecho y abrió la puerta lentamente mientras que, nuevamente, un ensordecedor ruido de bisagras inundó el lugar.
Finalmente entró:
“¿Sra, puedo ayudarle en algo?” – le preguntó una empleada a Margarita.
“Vengo para renovar mi DNI.”
“Bueno, tome su turno… tendrá que volver en quince meses.”


 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 14/04/2012

sábado, 7 de abril de 2012

EL CASCO


Hoy, la historia del casco en Arroyo Seco.
Siempre existió pero tuvo su momento de gloria cuando hace algo de cuatro años atrás, el flamante y nuevo gobierno impulso su uso casi a rajatablas. Por entonces, salieron de los lugares de ventas como pan caliente… de diferentes colores y formas, pero siempre en mano de un conductor que tenía temor a que le sustrajeran su moto.
Su uso alteró la cordialidad entre los amigos. Tal es el caso de Julieta y Morena, dos jóvenes, que rompieron con su amistad de años simplemente porque una de ellas iba en moto y no fue saludada por su amiga que desconocía la identidad que se escondía debajo de aquel casco. Y hubo muchos más que se quedaron con el brazo en el aire sin recibir el saludo de vuelta de peatones que miraban el casco con ojos achinados tratando de descubrir a quién manejaba.
Otros sirvieron para usos diferentes: protector de golpes en el codo y otros como colgantes para las muñecas de sus brazos. Darío llevó su casco en su codo y sin medir distancias, rayó el costado izquierdo del vehículo de su vecino que lo había estacionado frente a su casa. Y doña Maria no solo que lo llevaba siempre en su muñeca sino que dentro de él colocaba su abultado monedero con el que iba a hacer las compras al super Día.
Por el, varias denuncias llegaron a la oficina de Defensa del Consumidor reclamando tamaños XXL que eran difíciles de conseguir en los  lugares de venta. Se supo de un muchacho que estuvo casi tres horas probándoselos en el negocio y al no entrarle ninguno, optó por cortar en dos un tambor vacio de doscientos litros para crearse su propio casco.
Gran cantidad de conductores se lo compraron por temor a que no le quitaran su vehículo. Aunque, por ejemplo, Pedro se lo compró pero igual se la sacaron ya que no tenía ni seguro, ni patente, ni carnet de conducir y al momento del operativo iban cuatro personas en su Zanella 50. Y se supo de un paisano que se lo compró para andar en sulky por temor a que le sacaran su caballo que tampoco estaba en reglas.
Y no tardaron en aparecer las quejas por el valor de los mismos. Mauricio manifestó su queja a sus amigos luego de habérselo comprado: “Esto es un robo… un casco $ 150, ¡con lo que a uno le cuesta ganar esa plata!” Luego saludó a sus amigos y se subió a su motocicleta que había abonado $ 18000 en efectivo. Y, desde la otra vereda, Mirta se compró un casco cuyo valor era mayor al de su moto.
Pero hay quienes evitaron gastar esa suma de dinero; tal es el caso de Ruben que usaba en la calle cuando transitaba en su moto, el casco que le habían dado años atrás cuando era empleado de Toepfer. E inclusive, Carmen, una docente de nivel inicial se lo confeccionó con un globo de cumpleaños bien inflado al que cubrió con pedazos de papeles de diarios pegados con engrudo. Secado, pinchó el globo, lo pintó de color negro y salió a la calle.
Pero si de cosas locas se trata, también Nerina, una abuela de la ciudad, se lo compró sin tener una moto.
“¿Busca un casco abuela?”- le preguntó el vendedor algo sorprendido.
“Si, joven, deme aquel grande y de color rojo” – le respondió la abuela muy decidida.
Resultó ser que todas las tardes sacaría a pasear a su perro chihuahua dentro del casco mientras lo trasladaba tal como Caperucita y su canastita que iba a casa de su abuela. Y su perrito viajaba allí lo más pancho y protegido, claro, de todo golpe.
También se rumoreó de otra abuela que en la oscuridad de la noche manoteó el casco de su hijo debajo de su cama confundiéndolo con su pelela. Lo peor fue que su hijo al día siguiente salió corriendo para su trabajo y se lo colocó en su cabeza sin antes mirar lo que había adentro. Y mucho más trágico fue lo que le ocurrió a Ramiro que se lo puso luego de levantarlo del piso sin percatarse la araña gigante que estaba dentro del mismo.
Y así recopilamos un par de historias de cascos que jamás llegaron a ser cascos.
Pero de lo que estamos seguros todos es que su uso es muy importante. Así que USELO, pero como corresponde… igualmente antes de ponérsele sacúdalo bien, no vaya a ser que haya alguna araña o el regalo de su abuela que lo confundió con la pelela.



Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 07/04/2012