sábado, 30 de noviembre de 2013

SIETE (parte 11)



¿Qué hacemos cuando nuestros secretos más importantes salen a la luz? ¿A dónde vamos cuando las puertas de ayudas se nos cierran? ¿Y cómo enfrentamos las consecuencias que puede ocasionar justamente ese secreto? Gaspar, en una casa del barrio Doña Pepa, está entre el dilema de hacer desaparecer a su novia o su ex, la sexta persona. Porque tarde o temprano, todos terminamos por entender que cada una de las decisiones que tomamos tienen sus consecuencias.
Tras la misteriosa desaparición de cinco personas, la ciudad se encuentra conmovida y asustada. Hay manifestaciones en la via pública y la presencia de la policía y gendarmes se hace cada vez más fuerte en las calles. El agente Marcos intenta explicar lo ocurrido a los medios pero miente al explicar que se está trabajando por la aparición de esas personas; incluso de la joven oficial que dejó escapar al único sospechoso. Cuando termina de dialogar con los periodistas, se escabulle entre varios uniformados y sale de la seccional 27ª sin ser visto.
Los nervios y la impotencia hicieron que Verónica se desvaneciera y fuera llevada al hospital Nº 50. Allí permanecía en observaciones, adormecida mientras su madre, Nerina, aguardaba a algún profesional sentada en el largo sillón de cemento en el pasillo principal. Se tomaba su cabeza, lagrimeaba, se ponía de pie, caminaba observando el interior de cada consultorio y volvía a sentarse. Y cuando pocas personas habían quedado en el nosocomio, por la puerta de guardia ingresa su hijo con el cofre en  mano.
Cuando las cosas nos superan podemos negar muchas realidades para encontrar otra salida alternativa, menos de la familia. O sea, de cada una de esas personas que amamos y que sabemos nos comprenden mejor que otros. Nerina corre para abrazarlo y llorar juntos. “Hijo, ¿qué está pasando? ¿Qué hiciste?” – le pregunta pero no deseando su respuesta, sino solo que lo interroga desde su angustia. Gaspar la calma sentándola nuevamente, deja la caja a un costado y le acomoda la cabellera. La mujer le cuenta sobre el secuestro de su sobrina, “la nota decía que no aparecerá hasta que vuelva Mario” – detalla.
Luego ingresa lentamente a la sala donde se encontraba su hermana. Siempre tenía entre sus manos la caja. Permanece por varios minutos de pie a su lado y vuelve. Junto a la puerta, lo espera Marcos apoyado en la pared que sin decir palabras le indica que ingrese a otra de las salas, va tras él y cierra la puerta. Adentro, muy distendido el agente le propone negociar por el uso de la caja: “necesito hagas desaparecer a alguien por mi, ¿cuál es tu oferta?” – le preguntó. Marcos tenía el deseo de hacer eliminar de la vida a su superior con la finalidad de ascender y ocupar el primer lugar en la seccional 27ª.
Allí es donde Gaspar ve la oportunidad ideal para proponerle que recupere a su sobrina a cambio de utilizar la magia de la caja a su favor. El oficial consiente con la propuesta y llegan al acuerdo. Y mientras Marcos permanece sentado en la camilla de la sala y con una sonrisa, Gaspar aprovecha para salir por detrás del hospital. Salta un cerco y camina en dirección a la ruta. Busca los lugares en penumbra de las veredas y se dirige hacia el norte de la ciudad; aunque con un rumbo poco  definido.
El agente se dirige hacia el lugar donde se encontraba Nerina y se sienta a su lado. La mujer le explica que su hijo es un buena persona, “aunque no entiendo qué está pasando” – expresa.  No obstante el oficial aprovecha la ocasión para indagarle sobre quien podría tener cautiva a su nieta; “ella aparecerá” – le asegura.
Varias columnas y postes de luz comenzaron a llenarse con la fotografía de Gaspar y acusándolo de asesino. Pero sus hechos que para algunos lo convertían en enemigo, para otros era algo no solo inexplicable sino deseable. Ingresa al baño de la estación de servicios Oil y de pie frente al mingitorio se da cuenta que detrás estaba un joven paralizado que venía a cargar gas a su vehículo. Lo reconocía de las fotos y de lo que todos comentaban en la ciudad. Pero como Gaspar lo notó asustado, siguió con lo suyo, se lavó las manos y se dirigió a la salida; “si decís algo, ¡te hago desaparecer!” – le indicó.
A los diez minutos ingresaba al predio descampado que se encuentra frente al del basural. Entra por un enorme arco de material y aunque varios perros del predio del frente, comenzaron a ladrarle, igual se sumergió en la oscuridad. Tomó la caja, la colocó en el piso, la rodeó de hojas y ramas y se preparó para prenderla fuego. Pero antes de que acercara la llama de un encendedor al cofre, notó que a los pocos metros se encontraba aquella mujer que en la plaza San Martín le había entregado la misma.


(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 30/11/2013

sábado, 23 de noviembre de 2013

SIETE (parte 10)



¿Realmente sabemos hacer uso de un poder? ¿Qué pasa cuando no debemos explicaciones sobre el uso que le damos a esa habilidad? ¿Podemos manejar ese poder o finalmente terminamos siendo esclavos del mismo? Son las preguntas que Gaspar y Tania deberán responder. Ciertamente ni ellos están seguros de tener esas respuestas cuando en sus manos tienen una caja con la magia de poder hacer desaparecer a cualquier persona cuyo nombre se deposite dentro de ella. Y solo quedan dos chances.
Ambos permanecen sentados próximos al predio de la estación de trenes. Esperan que nadie los descubra. Ahí intentan dilucidar cómo sigue todo, “podemos tomar el padrón y al azar, escribir cualquier nombre y hacer desaparecerla” – propone ella queriendo terminar todo; “seguramente a alguien le haremos un favor y a otros le provocaremos dolor.” Pero su novio sigue sin inmutarse. Entonces ella va por una segunda propuesta: “o busquemos en los policiales de los diarios y hacemos desaparecer al más desgraciado de este mundo… ¡así le hacemos un favor a la sociedad!”
Pero en un momento, Gaspar reacciona bruscamente contra su novia cuestionándole porqué había contado todo sobre la caja a las autoridades policiales. Ella le implora perdón mientras llora; pero el camina de lado a lado muy nervioso. “Siempre pensé que podía contar con vos” – manifiesta antes de intentar alejarse del lugar. Ella lo toma del brazo y su novio se la quita de encima con mucha ira; termina sentada en el piso: “¡perdón Gaspar! ¡Pero vos hiciste desaparecer a cinco personas de Arroyo Seco y nadie te dice nada!” El se frena por un momento pensando en esas palabras pero termina por irse.
El agente Marcos llega a la comisaria y se encuentra con la celda abierta, Gaspar y otros dos ladrones sueltos y un montículo de ropa junto al ingreso de la misma. Se agarra la cabeza pero la situación es invadida por una enorme cantidad de personas que comenzaron a agruparse fuera de la seccional 27ª. Familiares y amigos de Alfredo y Mario reclamaban por la aparición de ambos. Ninguna autoridad podía darles explicaciones, incluso el comisario prefirió no salir a hablar con los manifestantes y se provocó un momento donde comenzaron a arrojar elementos contra la dependencia.
Nerina es consolada por su hija en su casa. Ninguna de las dos podía salir del asombro aunque aun no lograban entender lo que había ocurrido con el y con su padre. Y qué hacemos cuando nuestras decisiones también lastiman a los que amamos aunque no es eso lo que queríamos. Verónica nota que en el hogar algo raro estaba sucediendo, que había mucho silencio pese a que su hija permanecía todavía en su cuarto. Va hacia la habitación, abre la puerta y se encuentra con que la pequeña no estaba allí y en cambio, había una ventana abierta. Solo había una nota sobre la cama que rezaba: “Cuando aparezca mi hermano Mario, entonces aparecerá Damaris”. La mujer corre a la cocina para informarle a Nerina que habían secuestrado a la niña.
Entonces terminamos por recurrir a aquellas personas que dejamos atrás en nuestra vida. Y no necesariamente porque con esas personas las cosas resultaron mejores, sino porque no encontramos otras salidas a la realidad del presente. Gaspar llega a casa de Gisel, que tras abrirle la puerta, se sorprende y le invita a entrar para resguardarlo de la búsqueda. Ella vive en un departamento cercano al barrio Doña Pepa. Se sientan en el comedor donde la chica observa la caja, pregunta de qué se trataba pero el le niega la verdad.
Entre el tumulto de personas que reclamaban por explicaciones frente a la seccional, intentan ingresar a la misma Verónica y su madre pidiendo por su niña. Una mujer las identifica a los gritos que se trataban de familiares del sospechoso de las desapariciones y varios vecinos comienzan a insultarlas. Pero Verónica se defiende muy alterada argumentando que busca a su hija y allí se genera una gran tensión haciendo que varios gendarmes se dieran cita en el lugar para dispersar a los presentes con gases lacrimógeno y balas de gomas. Los que podían huían y otros aprovechaban los instantes para seguir arrojando cosas contra la seccional y los policías presentes. Verónica y Nerina debieron correr hacia la esquina y para resguardarse, entraron en la sede del ASAC donde finalmente la joven se desvaneció con una profunda amargura.
De lo que estaba ocurriendo en esa cuadra, toda la ciudad comenzó a enterarse de a poco. Incluso Gisel recibe un llamado de una compañera de trabajo informándole del caos. Mientras le servía jugo a Gaspar, le transmitió la nueva; “¿pero cómo es posible que hayas hecho desaparecer a personas?” – le preguntó mientras aprovechó la situación para acariciarlo y besarlo. El guardó silencio aunque respondió al afecto recibido. De todas maneras, aquel momento fue interrumpido por el timbre de la puerta.
Cuando Gisel abre se encuentra con Tania que segura de encontrar a su novio allí adentro, entra y los confronta en el comedor. Tenía lagrimas en sus ojos y se la podía notar muy nerviosa: “¡No me iré de acá hasta que no escribas mi nombre o el de ella y lo pongas en esa caja! ¡El mío o el de ella!” – planteó.

(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 23/11/2013

sábado, 16 de noviembre de 2013

SIETE (parte 9)



En pocos días la vida de Gaspar había cambiado notablemente desde que una extraña mujer le había entregado en la plaza San Martín una caja dorada con la magia de hacer desaparecer a quien el quisiera y colocase su nombre dentro de ella. Primero fue Mario, enemigo y vecino de su infancia; luego Alfredo, el encargado del lugar donde trabaja; le siguió su padre y por último, Renato, el investigador que iba tras él para apresarlo. No obstante, su propia novia lo había delatado ante la policía y ahora estaba muy confundida.
Ocurre que muchas veces queremos ayudar y sin saber cómo, terminamos por perjudicar a quienes amamos. Más aun cuando actuamos bajo una emoción fuerte que solo nos impulsó a hacer algo que no puede revertirse. Y nos sentimos culpables, tristes, confundidos o solo con ganas de que el mundo se termine para nosotros. Tania, observa el auto volcado de Renato y camina llorando a la casa de su novio que vivía cerca del Hospital Nº 50. Lo llama por la ventana, Gaspar sale con la caja en sus manos y terminan hablando sentados sobre el puente próximo al nosocomio.
El sabía que algo había pasado, conocía que esa cara podía decir más de lo que expresaran los labios. Ella comienza pidiéndole perdón y finalmente le cuenta que lo había denunciado. Gaspar se incorpora asustado, comienza a insultarla y sin controlarse termina por empujarla. Tania le pide que se detenga: “¡Anotá mi nombre y ponelo en la caja!” – le ruega, “¡sé que no sirvo para nada!”
“No, ¡hoy no!” – manifiesta Gaspar descendiendo del puente pero dejándole la caja; “¡hacelo vos!”. Camina hacia su casa muy nervioso, entra y comienza a colocar ropa dentro de una mochila. Allí junto a la puerta de su cuarto estaba su sobrina preguntándole qué estaba haciendo. El trata de escapar de la situación pero ella insiste interrogándole si iba a buscar a su abuelo. “El abuelo jamás aparecerá” – le informa con lágrimas en sus ojos, le da un fuerte abrazo y sale de su hogar. Pero afuera había varios móviles policiales y el agente Marcos le apuntó en la cara finalmente para apresarlo y llevarlo a la comisaria 27ª.
Solos en una habitación, Marcos le interroga queriendo saber dónde estaba esa caja. Gaspar permanece callado y sin levantar su mirada. “Incluso si me dices dónde está… ¡puedo darte dinero para que hagas desaparecer a cierta gente de mi vida!” – manifestó el policía muy seguro de su propuesta y captando su atención. Pero decide aguardar en silencio por lo cual es puesto en una celda junto a dos malhechores.
Mas tarde, el agente brinda información a los medios de Arroyo Seco sobre la detención. Habla de la seguridad de haber apresado al responsable de las desapariciones pero no da detalles de la manera en la que sucedieron, “ni tampoco sabemos dónde se encuentran las personas buscadas” – detalla frente a varios micrófonos. Así es, mediante el noticiero local, como la familia de Gaspar se entera de lo ocurrido: su madre muy confundida abrazada a su hija, la pequeña Damaris con temor y Tania sentada en un sofá por largos minutos y sin poder decir algo hasta que finalmente se incorpora y sale.
Media hora más tarde, por la dependencia policial, pasó Gisel intentando ver a su ex pareja. Como se lo negaron, solo le dejó un chocolate que el guardia, a punto de finalizar su turno, se lo acercó a la celda. La chica terminó mirando los peluches de El Indiecito deseando que Gaspar se acuerde de ella en el momento difícil que estaba atravesando.  
¡Qué hacemos cuando no hay más nada para hacer! Es en esos segundos donde pensamos que hubiera sido mejor no haber nacido que estar pasando por ese momento difícil, allí cuando solo tenemos a nuestro lado gente que desconoce lo que nos pasa y que difícilmente pueden ayudarnos. Instantes en los que preferimos desaparecer por completo. No obstante, aun en los lugares más oscuros también aparecen los destellos de luz.
Cuando el silencio reinaba en la comisaria y las agujas del reloj marcaban las cinco horas de la madrugada, una agente de policía se acerca a la reja y lo despierta. Traía un enorme regalo: “Gaspar… ¡no sé que es! Pero se acercó una chica que te dejó este regalo. Dijo que eran unos dulces y que te ama mucho.” La inocente policía abre la reja, coloca el paquete en el suelo del interior de la celda, cierra la misma y se retira para continuar con su guardia.
Gaspar quita el envoltorio y junto a la caja se encontraba una carta que rezaba: “¡Parece que solo funciona con vos! ¡No la uses para mal! Te amo.” Y la firma de la nota era la de Tania. Además había un anotador y una birome. Apela a un poco de su astucia y llama a la empleada que sutilmente se acerca a la reja. Le agradece por el gesto y luego de varios minutos de intercambio de palabras, le pregunta su nombre y apellido. La oficial se lo brinda, el lo anota en una hoja que finalmente introduce en la caja. En un pestañeo, el cuerpo de la mujer se esfuma dejando su ropa en el suelo. Por último, extrayendo la llave entre el uniforme, abre la reja y logra escaparse.
Corre en dirección a las vías pero antes se topa con su novia que lo esperaba sentada en la vidriera de la zapatería de San Martín y 9 de Julio. Cruzan las calles y se esconden entre los enormes galpones del predio de la estación de trenes.


(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 16/11/2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

SIETE (parte 8)



Existen puntos finales a todas las cosas que hacemos. Aun para aquellas que son consecuencias del mal uso de un poder que podamos conseguir. Ocurre que muchas veces, esos finales acontecen cuando menos los esperamos… y ahí nos damos cuenta que pese a tener poder, somos vulnerables. Para Gaspar, eso que lo convertía en poderoso era una caja con la habilidad de hacer desaparecer a cuanto nombre se depositara dentro de ella. Y también para él, el final estaba por llegar.
A la medianoche, Gaspar es despertado por la sirena del movil policial que se acercaba a su casa. Rápidamente se viste, toma la caja y sale por el patio en el mismo momento que el agente Renato llamaba a la puerta y Nerina se despertaba para abrirle. Salta el tapial que lo separaba de la casa vecina, esquiva el ataque de un perro atado y corre hacia la calle.
El ladrido del animal alerta al agente indicándole que algo estaba pasando en la cuadra. Con su radio pide refuerzos al comando radioeléctrico justo cuando Nerina abría la puerta siendo escoltada por su hija. Renato le informa que buscaba a Gaspar, la madre camina hasta el cuarto y le comunica que no se encontraba. Sale de la casa para mirar en toda dirección y las mujeres se quedaron observando sin comprender lo que estaba ocurriendo.
Gaspar salta unos arbustos y corre hacia la ruta. Siempre camina mira hacia atrás. Para cuando atraviesa la calle cercana a la capilla San Cayetano, en la curva frente al hospital el móvil policial toma la ruta y va tras el quien acelera sus pasos. Toma la calle San Nicolás, huye en dirección al rio, atraviesa un enorme zanjón y se dirige al bote club. Cerca de una cancha de fútbol, a oscuras, se frena para descansar. Se sienta bajo un árbol abrazando la caja y dispuesto a colocar en ella otros nombres. Pero divisa que desde el camino al Rowing, un auto se acerca al lugar.
Ahora corre hacia el campo entre los surcos del sembrado. Se esconde detrás de un enorme cañaveral y así la policía pasa frente a él pero sin verlo. Por momentos, respira tranquilo.  A los cinco minutos, camina en dirección al Centro Médico y allí se detuvo para divisar algo con lo que no esperaba encontrarse en ese contexto. Nota que justo en la esquina donde finaliza una estancia, estaba de pie una persona que solo miraba hacia el piso. Apenas podía ver su silueta y se anima a saludar pero no es correspondido. Se acerca lentamente suponiendo incluso que su vista le estaba engañando y a pocos metros la persona levanta su mirada provocando que Gaspar huya asustado al descubrir que allí estaba Mario.
Corre hacia el rio muy espantado. Es ahí donde cree que todo lo que había hecho, comenzaba a llegar a su fin. Primero pensó que se trató de su imaginación, pero también tenía la plena seguridad de que se trataba de él. Corre y de a ratos mira hacia atrás, y como nadie lo sigue se detiene para apoyarse en una planta. Pero nota que una sombra se reflejaba en el piso proveniente de otra persona que estaba detrás de ese árbol.  Mira y descubre que Alfredo también estaba a centímetros de él.
Corriendo ingresa al Centro Médico para acercarse a una garita de seguridad. Allí podía haber alguien que lo auxiliara, alguien que le diera, tal vez, una respuesta a lo que estaba viviendo. Trepándose pasa sobre unas rejas y cerca del puesto de seguridad, descubre que no había nadie en aquel lugar. Nadie al menos por unos pocos segundos. Porque cuando se aproxima a pasos medidos una silueta comienza a aparecer hasta tomar la forma exacta de su padre. “¡No puede ser!” – manifestó, abrazó fuertemente la caja y corrió hacia un quincho en el que podía verse algunas luces encendidas.
No obstante, antes de llegar al salón, las luces de un auto que estaba en la oscuridad se encienden y se acercan hacia él a alta velocidad. Finalmente el coche conducido por Renato termina por arroyarlo provocando que Gaspar golpee su cabeza contra el parabrisas y despierte de su sueño sobresaltado. Se sienta en la cama muy agitado, enciende la luz del cuarto y busca en su billetera la tarjeta que el investigador le había entregado. Cuando la encuentra, transcribe el nombre en un papel y lo coloca en la caja.
El detective iba por la calle H. Primo, pasa la calle San Martín en dirección a las vías y frente a la heladería Llao-Llao termina por desaparecer. El vehículo se frena bruscamente, tumba, colisiona con una camioneta estacionada en el lugar y acaba por clavarse contra unos postes a metros del monumento a los bomberos voluntarios. Rápidamente, muchas personas comienzan a acercarse al lugar sorprendiéndose que nadie estuviera al volante del auto. Y sobre la vereda, muy asustada, permanece Tania que había huido de la comisaria por una puerta trasera.



(continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 09/11/2013

sábado, 2 de noviembre de 2013

SIETE (parte 7)



Pocas veces pensamos que la magia puede salirse de la ficción y aparecer en nuestras vidas. Y menos cuando creemos que algo mágica puede ayudarnos a mejorar nuestra realidad. Tampoco Gaspar, días atrás, iba a imaginarse que una caja que le entregó una extraña mujer en la plaza San Martín iba a tener el poder de hacer desaparecer a las primeras sietes personas cuyos nombres depositara dentro de ella. Pero, ¿qué ocurre cuando otras personas con su inocencia ponen en vilo esa magia?
Damaris, de seis años, es sobrina de Gaspar y estaba a punto de romper la caja con un martillo creyendo que se trataba de una alcancía. El entra a su cuarto y al encontrarse con aquella escena, le ordena a un solo grito que no lo haga. La nena deja el martillo a un costado y finalmente su tio termina de guardarla sobre el ropero pero consintiéndola con un billete… que en definitiva, era lo que ella estaba deseando. Cuando el susto pasó, se conecta a internet pero ahora para chatear con Gisel, su ex novia, una joven empleada de un supermercado céntrico.
A los pocos minutos regresan a casa Nerina con su hija Verónica luego de buscar por el sector de la plazoleta de la estación de trenes a su esposo. Cuando Verónica propone hacer la denuncia, su hermano le sale al cruce indicándole que lo mejor era esperar otro día mas, “recién toman una denuncia por abandono de personas cuando pasan un par de días… papá se fue porque quiso” – argumentó.
Pero no solo el sabia que Ulises no iba a regresar, sino también Tania, la novia de Gaspar. Y a ella, eso le había molestado mal a tal punto de irse enojada con su novio. Llegó a su casa llorando y aunque a cada rato, veía en la pantalla de su celular las llamadas de él, no quiso atenderlo. Luego termina por enviarle un mensaje: “Gaspar… ¡no te das cuenta lo que has hecho con tu papá! Haz que aparezca o realmente iré a la comisaria a denunciarte.” El mira el mensaje y termina por romper su teléfono arrojándolo contra la pared.
Mas tarde, más tranquilo, dialoga con su hermana a solas sentados en el umbral de la casa. “Vero, ¿nunca pensaste lo bueno que sería hacer desaparecer completamente  al que intentó abusar de Damaris?” – preguntó él. Ella lo miró, y aunque desconocía el punto de la cuestión, midió su respuesta; “hizo mucho mal pero no soy quien para desearle su muerte… es Dios quien se encarga de eso.” Allí fue donde Gaspar puso punto final a la conversación, porque aunque sabía que no se trataba de una muerte, también entendía que su hermana no le iba a comprender lo que podía hacer con su caja.
Lejos de allí, en Villa Gdor. Galvez, los agentes Renato y Marcos dialogan con los empleados de la fábrica donde ejercía funciones Alfredo. Su trabajo consistía en simplemente recopilar información acerca de posibles enemigos que este jefe pudo tener antes de su misteriosa desaparición. Allí es donde varios operarios de la empresa comienzan a coincidir en que el único a quien Alfredo trataba mal era Gaspar de Arroyo Seco. Marcos mira al investigador quien le aseguró tener el dato que necesitaba para explicar, de alguna manera, lo que estaba pasando en la ciudad.
Media hora más tarde, dentro de una oficina de la seccional 27ª ambos siguen dialogando y trabajando sobre todos los datos obtenidos. Aun así, Renato no tenía la explicación racional a la manera en la que una persona podía hacer desaparecer a otros. Y para cuando todo parecía un ovillo donde resultaba difícil encontrar su punta, aparece Tania en la dependencia y es atendida por ambos.
Siempre creemos que para todas decisiones que tomamos, tendremos a los que amamos a nuestro lado. Pero su apoyo también es limitado. Entonces ahí nos damos cuenta que el amor de dos personas no tiene nada tiene que ver con las razones de ser y los deseos de cada una de ellas. “Y creo que también a su padre hizo desaparecer” – culmina el relato ante los agentes. Allí es donde Renato le informa sobre la ropa y determina a quién le correspondía.
Por unos instantes, Renato y  Marcos salen de la oficina y fuera de la comisaria acuerdan rápidas acciones sobre el caso; “iré a buscarlo” – informó el investigador. Renato se sube a su auto para ir tras el arresto de Gaspar mientras que  Marcos, por su parte, no pudo evitar pensar, por momento, qué útil le resultaría en sus manos tener esa caja; “¿y qué ocurre si se coloca el nombre de la presidenta o del gobernador?” – es otra pregunta que pasó por su cabeza. Luego regresa a la oficina y para su sorpresa, Tania no estaba.
Sentado en su cama, Gaspar tiene la caja entre sus manos y no puede evitar llorar. A su lado, muy minuciosamente, se sienta su sobrina, “¿tío, por qué estas triste?”. El obvia la respuesta y dejando el cofre sobre la mesa de luz acompaña a la niña a su cuarto, la arropa y le da un beso en al frente. Regresa a su habitación y se duerme.


(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 02/11/2013