Todos tenemos personas cuya existencia
marcaron y marcan de alguna manera nuestras vidas. Positiva o negativamente; pero
su influencia es algo que no podemos evitar. Y nos acostumbramos a ellas porque
no hay otra manera de cambiar esas realidades.
También Gaspar tiene personas que lo han
marcado y lo siguen marcando a diario. Simplemente que sí tiene una manera de
modificar esa realidad: la caja que una mujer le entrego en la plaza San
Martín; en la cual todo nombre que deposite dentro de ella, esa persona
desaparece automáticamente de la faz de la tierra. Y lo probó una noche con su
vecino, un ex compañero del Goretti que vivió toda su vida hostigándole.
Se levanta y olvidando lo que había hecho, se
lanza a lo que parecía ser un día normal a otros. Normal aunque no
necesariamente bueno para su parte. Primero observa la casa de su vecino pero
no nota nada extraño. Lleva a la fábrica de helados en Villa Gdor. Galvez y se
encuentra otra vez con su mal llevado jefe, Alfredo, quien le había tomado por
punto. Este superior lo obliga a llevar una carga de doscientos kilos de helado
con una carretilla manual por toda la fábrica.
“Y si te quejas… ¡te echo!” –lo amenaza. Esto
porque justamente Gaspar no era de la elite al que pertenecían muchos de sus
compañeros que ayudaban a su jefe en ganancias deshonestas. Engañando a los
directivos de la compañía, Alfredo realizaba ventas fuera del circuito
comercial legal para favorecerse a sí mismo y a sus seguidores.
Se aguanta ese maltrato pero en el tiempo de
su almuerzo aprovecha a relajarse escribiéndose mediante su celular con su
novia. Posteriormente su jefe viene a acusarlo de hacer perder la carga
simplemente por el tiempo que llevó recorriendo todo el depósito; y aunque
Gaspar intentó defenderse, terminó siendo sancionado.
De regreso, desciende del colectivo frente al
Cristo e ingresa a una estación de servicio para comprar chicles. Ahí escucha
la conversación de dos policías que comentaban sobre la desaparición de Mario;
“fue sin dejar nada de rastros… incluso su familia encontró toda su ropa debajo
de la sábana tal como el se había acostado”- informa un oficial a su compañero.
En el living de la misma casa, estaba sentada
la madre de Mario. Una empleada de la Municipalidad que no podía entender lo
que había ocurrido con su hijo pese que un policía intenta tranquilizarla
diciéndole que tal vez podía tratarse de un secuestro. En un momento, la mujer
irrumpe en llantos.
Ya en su dormitorio, con la caja entre sus
manos, de a ratos mira la casa vecina donde varios policías entraban y salían
buscando pistas de Mario. Su madre ingresa al cuarto y manifiesta el dilema que
existía en el barrio próximo al Hospital: “¡es como si se hubiera esfumado
mientras dormía y solo quedó su ropa” – expresa. Gaspar informa no saber nada recordándole
que no tenía ningún tipo de amistad o diálogo con él.
Distintas cuestiones pululan por su mente:
¿quién podría enterarse que el responsable de esa desaparición es él? ¿dónde
fue a parar?; ¿la desaparición es para siempre?; y si no falló con Mario, ¿por
qué no probarlo con su jefe?. Y en esta última pregunta se detuvo para meditar.
Después de todo, Gaspar se merecía una mejor condición laboral después de haber
soportado por años a Alfredo.
Cuando Nerina se dirige a atender un llamado a
la puerta, su hijo queda solo en la pieza pensando que si lo de la caja dio
resultado por qué no volver a probarlo con su encargado. Aunque era muy
paciente, sinceramente estaba más que cansado por esa continua tortura en su
trabajo. Es en ese momento que dos policias de la seccional 27ª ingresan a la
casa a fin de entrevistar a Nerina y a Gaspar.
Primero es la mujer quién les expresa no saber
nada sobre el paradero de Mario. Luego su hijo indica lo mismo de mala manera.
Y para cuando los oficiales estaban a punto de retirarse del lugar, Nerina
quiere aportar otras aclaraciones a las palabras de su hijo: “oficial, eso es
seguro… ¡el no sabe nada… siempre fueron enemigos los dos!”. Los empleados
provinciales le clavaron sus miradas.
(Continúa en la próxima edición)
La Posta Hoy - 28/09/2013