"Chicas,
tenemos que organizar el acto por el día de la raza" - les informó la
directora a sus compañeras docentes en la sala donde tomaban café mientras el
alumnado correteaba afuera durante el recreo. Una de las maestras seguía
mirando hacia el patio mientras sonreía y le informaba a sus camaradas:
"Miren chicas cómo reniega la reemplazante con esos pibes que no dejan
jugar a la rayuela a las nenas.". Todas se unieron a la risa al momento
que la directora cambió el tono de su voz.
"¡Estoy
cansada de que cuando hable nadie me escuche!" - manifestó.
Todas las
docentes dirigieron sus miradas hacia la directora que acomodaba el peluquín
que por la euforia se le había movido de su cabeza. Incluso una de las
educadoras le tomó una foto y la subió automáticamente al facebook etiquetando
a sus alumnitos de séptimo grado. "Escucho ideas" - les dijo la
responsable del establecimiento educativo de Arroyo Seco.
"Podemos
hacer lo que hacemos todos los años... ¡no hay mucho más para hacer!" -
expresó una maestra ya a punto de jubilarse. De los años que estaba en aquella
escuela había participado del acto del día de la raza con el propio Colón y más
que en el acto próximo, solo tenía tiempo para pensar en el esperado momento en
que se jubilaría para conocer Europa con su familia.
"Podemos
representar la llegada de Colón a América" - propuso otra maestra;
"el profesor de carpintería que no hace nada puede confeccionar las calaveras
y nosotras nos encargamos del resto." Solo restaba seleccionar a los
alumnos mas rubios y blancos para los papeles de colonizadores y el resto, para
los nativos; "eso sí, que el papel de Colón lo haga el hijo del Doctor
Fulano... ¡es quien más aporta en la cooperadora y seguro que estará en el
acto!"
Otra de
las docentes comenzó la planificación proponiendo que el acto tenía que ser
diferente a los años anteriores para que todos los presentes se sorprendan:
"hasta podemos hacer que en vez de llegar Colón a América, los indios
hayan cruzado el océano y llegaron a España encontrándose con toda la
civilización" - detalló. La directora se agarró la cabeza y luego de
ponerse de pié le pidió una opinión a la profesora de ciencias sociales de séptimo
año.
"Chicas,
¡no sé quien es Colón ni tampoco sé lo que haya hecho!" - balbuceó la
docente, "¿ese es quien cruzó los Andes o el que descubrió las células?"
Todas se miraron entre sí pero solo una de ellas, la que seguía riéndose de
cómo renegaba la suplente en el patio, salió de la ventana y le brindó la
información: "No podes no saber esto. Colón es un club de Santa Fe,
Sarmiento fue quien cruzó los Andes y el que descubrió las células fue Neil
Amstrong."
Otra
planteó la cuestión difícil de seleccionar a los alumnitos que representarían a
los indígenas. Fue allí cuando la maestra de quinto arrojó un par de apellidos
correspondiente a sus alumnos más inquietos y revoltosos; "le ponemos una
pluma en la oreja y no necesitamos ningún otro disfraz para que actúen" -
indicó ante la mirada de la directora que no salía del asombro luego de
escuchar detenidamente lo que sus compañeras decían.
Hacía diez
años que asumió la titularidad de aquella escuela pero realmente nunca se había
encontrado con un grupo de educadoras como con las que contaba en esos
momentos. Rápidamente pensó en llamar al supervisor e incluso solicitar a
algunos integrantes de la cooperadora que se movilicen para que saquen a alguna
de ellas; pero su compasión fue más fuerte y luego de aquella reunión
solicitaría al ministerio su pase a una escuela rural.
"Además
ya estoy cansada de que siempre hable yo en todos los actos y todos los padres
y chicos estén en otra y ninguno me escuche" - dijo otra de las
profesionales que aprovechaba el wifi de la escuela para ver en su celular el
video del pollito Pio en Youtube; "¡que este año dirija el acto otra de
ustedes!". Para el caso, otra propuso hacer el sorteo con los nombre de
cada una de ellas y ver quien era la desdichada en conducir el acto escolar.
La
directora golpeo con sus manos la mesa tal cual rey Arturo que estaba por
anunciar la inminente cruzada; "chicas, ¡me sorprende de ustedes... cuatro
años en el profesorado para que ninguna me ayude en este acto del día de la
raza. Ni siquiera una idea interesante. ¡Y eso faltando tan poco para el día!
En dos semanas es el 9 de Julio y el acto por el dia de la raza no está
preparado. ¿Qué hacemos?"
Fue en ese
momento que sonó la campana del establecimiento y todas salieron corriendo de
la sala de maestras. Se atropellaron entre sí incluso tirando un par de sillas
al piso que ninguna de ellas levantó. La observadora abrazó a la reemplazante
que aun seguía en el patio sin entender nada y le dijo que no se hiciera ningún
tipo de problemas. Y finalmente todas se sumergirse en sus aulas para
transmitir conocimientos a sus queridos alumnitos.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 27/07/2013