sábado, 27 de octubre de 2012

LO QUE UNA DOCENTE DICE


Comprender lo que una docente está diciendo detrás de una sencilla y repetida frase, no es nada de otro mundo. Aquí le ofrecemos el primer manual de interpretación del vocabulario de los profesores:

“No lo vuelvo a explicar”
Expresión que sale de la boca de una docente molesta porque algunos alumnos hablan durante su exposición y pretende que todo el curso entienda el tema rápidamente. Generalmente la explicación del tema nuevo es comprendida por unos pocos estudiantes, otros van directamente a marzo y los que faltaron ese día a clase, se embroman.

“Saquen una hoja”
Probablemente se trate de una docente hartada del bullicio dentro del aula y a punto de convertirse en la nena del Exorcista. A ese hartazgo habrá que sumarle su constante queja por el bajo sueldo que cobra entonces intentará descargarse haciendo sufrir a sus alumnos tomándoles un examen inesperado.

“El que termina, entrega y  ya puede irse.”
Docente que emite un mensaje subliminal para que los alumnos que no estudiaron empiecen a morderse los dientes sabiendo que tendrán que quedarse después de hora. En otra forma está pensando “ojalá que estos terminen rápido que no veo la hora de salir de acá para comprarme la entrada para ver a Carmen Barbieri.”

“Directo a marzo”
Acá nos encontramos con un docente que hace sufrir al alumno pero que a su vez disimula su propio sufrimiento porque sabe que en marzo tendrá también que venir a tomar exámenes mientras su familia estará disfrutando de la pelopincho.

“Saquen la fotocopia y resuman”
Docente bastante cansada de su profesión pero que sin otra alternativa laboral, y faltándole mucho para jubilarse, no quiere dictar ni explicar más nada entonces apela a las continuas fotocopias sobre los contenidos a enseñar. Detrás de esta profesora se encuentra su amiga, dueña de la fotocopiadora, que es la única beneficiada.

“Mañana tenemos plenaria docente”
Docente que está feliz porque al día siguiente no verá a sus alumnos pero que se reunirá a tomar mate, facturas de por medio, con sus compañeras y va a chumear de lo que hace la directora en altas horas de la noche. Expresión que traerá alegría a los alumnos que no tendrán que venir a clases pero que jamás comprenderán a qué le llaman “plenaria docente.”

“Dividan la materia en tres carátulas.”
En este caso, tenemos el ejemplo de una educadora que le hará gastar dinero a sus alumnos en cartulinas  para dividir las hojas de su asignatura y que para la segunda mitad del año solo usarán la primera parte.

“El de ustedes, fue uno de los más lindos.”

Docente que luego de la fiesta de la familia, irá curso por curso diciéndoles la misma frase y elogiando sus respectivos bailes. Pero que en realidad, por dentro, sabe que luego de aquella fiesta ahora deberá volver a retomar los contenidos cuando sus alumnos, a esa altura del año, no tienen más ganas de aprender cosas.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 27/10/2012

sábado, 20 de octubre de 2012

REGALO PARA MAMA


Juan terminará de leer este semanario y se acordará de que mañana es el día de la madre. Así que, dejando el periódico sobre la mesa, se tomará el tiempo para pensar en un buen regalo. El ejemplar no quedará ahí mucho tiempo ya que rápidamente vendrá su esposa que lo primero que hará es leer las necrológicas y luego, las noticias policiales.
Cuando comience el horario comercial de un sábado a la tarde, Juan correrá a una florería de calle Libertad. Primero estará quince minutos buscando dónde estacionarse hasta que terminará dejando su vehículo a cuatro cuadras del comercio. Entrará y se encontrará con helechos y potus ya adornados y preparados para la ocasión. Pero cuando pregunte por ellos, el comerciante le informará que todas esas plantas ya están encargadas y que poco queda por ser vendido. “Por qué regalarle algo que todos le regalan a su madre… veré otra cosa” – pensará y saldrá del negocio.
Andando hacia su auto, se detendrá para ver la vidriera de una tienda por calle Belgrano también adornada para la fecha. Pensará primero qué color de esos vestidos le puede gustar a su madre y luego ingresará a consultar sobre los mismos. Esperará un buen rato para ser atendido, dado la cantidad de gente comprando regalos, hasta que finalmente le preguntará a la joven vendedora sobre tal vestido de la vidriera.
“¿Qué talle señor? ¿Es para una señora grande?” – le preguntará la joven.
Juan pensará en el talle a comprar. No lo recordará pero cuando le de explicaciones a la joven sobre el cuerpo de su madre, la misma le dirá que no cuentan con vestidos de ese talle. Así que saldrá de aquella tienda y caminará una cuadra más hasta encontrarse con un bazar.
También allí se encontrará con una gran cantidad de personas comprando regalos y unas malhumoradas vendedoras cansadas del día envolviéndolos. Tomará unos floreros, unas tazas, un centro de mesa y otros utensilios de cocina, “esto es muy barato… tendría que jugármela”- pensará. Dejará entonces todas las cosas en sus estantes y saldrá de aquel comercio.
En su auto llamará a su esposa para consultarle qué puede comprarle a su madre. “Ni idea… una cartera, por ejemplo” – le propondrá su amada. Así que Juan pegará unas vueltas en su auto hasta estacionarse próximo a un comercio por calle H. Irigoyen. Dado que también allí tendrá que esperar a ser atendido, se acercará a mirar unas carteras y comenzará a observarlas mientras no sabrá con cuál quedarse.
“¿Es para usted señora?” – le preguntará la vendedora. Juan, algo ofendido, dejará la cartera en el lugar y saldrá corriendo del comercio para volver a subirse a su vehículo y dirigirse a una casa de electrodomésticos que justamente había lanzado un panfleto con artículos para las madres.
Allí consultará sobre licuadoras, secadores de cabello, celulares y hasta por una tostadora que estaba en promoción. Pero nada le convencerá por los costos también recordando la cantidad de deudas que contrajo en otros momentos. Se determinará a salir y seguirá buscando por otros rubros.
Consultará por un desayuno por calle Sarmiento, por un kit de belleza en calle San Martín, un par de zapatos por calle Sarmiento, unas cortinas en una retacería de Independencia y finalmente terminará comprando, cuatro horas más tarde, un elegante alhajero con un toque bien delicado de presentación. Elegirá el mejor papel de envoltorio y saldrá para su casa esperando el día siguiente para llevárselo a su madre.

Diez de la mañana, Juan llegará junto a su esposa al geriátrico donde está su madre. Bajará con el regalo mientras su mujer quedará en el auto. Entrará al lugar, saludará y abrasará a su mamá que se emocionará al volver a ver a su hijo. Le entregará el regalo y a los cinco minutos saldrá del lugar para subirse al auto y comenzar el día de paseo con su familia.  Su madre, por otro lado, irá a su cuarto y dejará ese regalo junto a los demás que recibió en los últimos años… en el día de la madre.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 20/10/2012

sábado, 13 de octubre de 2012

ADOLESCENCIA DE LOS NOVENTA


Carla, con doce años, se juntaba con sus amigas para ir a comer al restaurante que funcionaba en el primer piso del supermercado Siria. A eso de las nueve y media, cada una salía muy arreglada de su casa y se encontraban en la esquina de San Martín y H. Primo, para reírse de los disparates propios de la adolescencia. Luego de comer en ese lugar, irían a tomar un helado a Fiorilli y a dar una vuelta por el centro de la ciudad, hasta que una de las madres iba a buscarlas y las repartía en cada domicilio cerca de la una de la madrugada.
Darío, de catorce, prefería ir con un par de amigos a comer a la Shell. Intentaban subir al primer piso del restaurante, pero aparentemente éste estaba, de alguna manera, reservado para gente más pudiente. Así que ahí nomas, cerca del cajero del autoservicio, pedían sus hamburguesas con papa fritas. Salían de ese lugar, también darían una vuelta por el centro, hasta que cada uno se iba a su casa cerca de las dos de la mañana. Incluso Darío acompañó a su amigo, que vivía cerca de la tienda Nosotros por calle J. B. Justo al 600.
Martina, también de catorce, se juntaba con sus amigas en la Plaza 9 de Julio e iban al cine del Club Athletic a ver la película de las Spice Girls. Se compraban pororós en el ingreso a la sala y disfrutaban de dos divertidas horas. Una de estas chicas era de P. Esther, a quien la trajo su madre en auto, dado que sólo funcionaban los remises compartidos y las traffics que recogían a los pasajeros en cada garita después de que se terminaran de fundir los últimos ómnibus de la empresa Victoria.
Julián, de doce, disfrutaba de los festivales que se organizaban en calle San Martín e H. Yrigoyen. Porque en un kiosquito podían comprar los globos bombuchas con los que irían a molestar a otras chicas que paseaban por el centro. Si se aburrían, sólo tenían que dirigirse al local de video juegos que funcionaba frente al Sanatorio Maiorano, donde gastarían sus monedas en fichas. No había ni celulares ni Facebook pero igual se divertían. Y aunque el festival terminaba, ellos podían permanecer por varias horas caminando por allí, hasta que el sueño los convenciera de irse a su cama.
Los que preferían quedarse en casa, antes pasaban por el video de La Plaza por una peli en VHS: era cuestión de elegir entre Las Tortugas Ninjas, Robocop, Terminator I o alguna argentina como Los Bañeros. Estaban, claro, los más grandecitos, que pispiaban el rincón de las pelis condicionadas o algo erótico, como ver a Isabel Sarli en una ducha. Por otro lado, algunos amigos preferían jugar con el Family: alquilar un cartucho de Turri de esos en los que venían más de un juego y pasar toda la noche, por ejemplo, disparando a los patos con una pistolita verde que se conectaba a la consola de video juego.
Por la tarde, los alumnos del Santa Lucía hacían el Test de Cooper alrededor de la Plaza 9 de Julio. Algunos corrían y otros intentaban engañar al profesor escondidos detrás del kiosquito de Chipo, mientras que leían los titulares de la revista Saber Más u ojeaban alguna historieta de Condorito. Luego se llenaban sus bolsillos de caramelos ‘media hora’ y Fizz, o para pintarse la lengua de colores.
En las fiestas de quince no se pagaban tarjetas y lo más copado era festejarlo en el local de Fiebre, luego de que la cumpleañera se sacara fotos junto al aljibe del Club Unión. Bailaban con la música del ‘tractor amarillo que no da ni la hora’ y terminaban llorando con la ceremonia de velas, donde la chica dedicaba la última a los seres queridos que no estaban presentes.
Leo, de once años, iba el día viernes a la Biblioteca y se llevaba un cuento de esos que le permitían armar la historia al lector, seleccionando la página donde continuar la aventura. Entonces, con ese libro tendría un fin de semana ocupado por más que sus amigos lo invitaran a cazar ranas en el canal Savoca o jugar un partido de fútbol en el potrero de Rivadavia y Cardozo. 
Y si se trataba de diversión para los adolescentes, ingrediente importante eran las llegadas de los parques y circos a la ciudad. Un parque se colocaba en el terreno frente a la Escuela 6036 y alegraba a todos con un samba o una pequeña montaña rusa que constaba de una sola vuelta. Y para los circos,el lugar preferido era detrás del hospital: días antes se paseaba al león por la ciudad y casi todos estarían presentes en las funciones.

Así es, en una humilde muestra, cómo se divertían en Arroyo Seco quienes hoy ya pasaron los treinta años y siguen sosteniendo que hubo un tiempo diferente, donde la diversión fue mucho más sana que la actual.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 13/10/2012

sábado, 6 de octubre de 2012

VIRUS INFORMÁTICO


Aquella mañana, el empleado municipal comenzó a trabajar a las nueve horas pese a haber marcado su tarjeta a las siete. Luego de servirse un desayuno, hablar con sus compañeros del último capítulo de ‘Dulce Amor’ y actualizar el estado de su Facebook; tomó una carpeta con algunos papeles con los que caminaría toda la mañana por el palacio municipal.
Diez minutos más tarde, la secretaria de Hacienda pone un grito en el cielo haciendo temblar todas las paredes de la Municipalidad. La red estaba afectada por un virus, el que había borrado de su ordenador la hoja de Excel donde  tenía registrada la última cuota de aguinaldo que había abonado a los empleados. Pero el virus causó más daños que ese.
Doña Celina fue a regularizar su deuda con la tasa municipal, pero el sistema le indicó que tenía algo de cuatro mil pesos a favor. En catastro, un mapa de la ciudad salió impreso con errores, dado que el Autocad había agregado algunos nuevos barrios: en Kennedy y J. Celman, Filiberti y Belgrano y dentro del cementerio San Roque. En Cultura, los partes de prensa salieron de manera masiva, llegando un e-mail a la cuenta del semanario La Posta. Y en gobierno, misteriosamente salió un documento de Word con una ordenanza que permitía el aumento de la dieta y de empleados municipales.
Entonces allí la primera orden dada por la secretaria de Gobierno, viendo la gravedad del asunto, fue cerrar todos los programas abiertos de todas las computadoras conectadas en red: un empleado de Obras Públicas abandona el GTA, otra de Finanzas cierra su Facebook, uno de Cultura minimiza la ventana de Movie Maker y otra empleada de Comercio directamente desenchufa su pc del tomacorriente sin cerrar antes ni el Messenger ni el Ares, con el que descargaba el tema ‘El Mundo’, de Sergio Dalma.
El departamento técnico informa al intendente de la gravedad del asunto, quien luego convoca a los medios para informar el problema:
“Aparentemente uno de nuestros empleados, apenas ingresó esta mañana a su trabajo, descargó un virus luego de dar click a una ventana que le ofrecía un premio por ser el visitante un millón en cierta pagina” – expresó el funcionario.
“¿Se trata de un Troyano?” – le preguntó una movilera radial.
“No, es un empleado municipal que tiene años en su puesto pero que aún no aprendió a que las herramientas informáticas del palacio son solamente para uso laboral. De todas maneras, ya identificado el problema por nuestros destacados ingenieros informáticos, procederemos a eliminarlo” – detalla el jefe del Ejecutivo.
“¿Eliminar al virus?” – vuelve a consultar la periodista.
“No, eliminar al empleado.”
“¿Es la primera vez  que un virus causa daño a la Municipalidad?”
“No, hace tiempo tuvimos un brote de Hepatitis B, dos por tres media planta nos falta por angina y casi siempre tenemos empleados de maestranza con ausentismo por algunos virus que, hasta el día de hoy, desconocemos su procedencia.”
La periodista vuelve a preguntarle: “¿Y ya los tienen identificados?”
“Las dos cosas: tenemos identificados a los virus gracias al trabajo de la Secretaría de Salud y a los empleados que faltan por tonterías, que generalmente se trata de aquellos que fueron contratados antes de que asumamos nosotros.”
Al terminar la conferencia de prensa, el intendente estornuda y pide disculpas a los presentes si los hubiera contagiado de alguna gripe u otro virus estacional. Y más tarde se reúne con el servicio técnico para informarse un poco más del problema.
“El virus se llama Martha y estaba causando mucha pérdida a la Municipalidad, por suerte ya está identificado, está en cuarentena y procederemos a eliminarlo” – le comunica el ingeniero.

El intendente mira a su alrededor y expresa: “Conozco a ese virus. Ya ha estado en la red de la Municipalidad y creo que también en su momento ha causado daño y pérdidas considerables.”

La Posta Hoy - 06/10/2012