sábado, 26 de mayo de 2012

YO, INSPECTOR


Se subió a la camioneta de tránsito junto a su compañera y salieron a la casería. Aunque iba al volante se permitía desviar varias veces su mirada a los diferentes vehículos que pasaban a su lado buscando alguna irregularidad que le permitiera ejercer su autoridad.
La primera presa fue Doña Olga que salía con bolsos de mercadería del super La Fiambrerita y se disponía a subir a su gracielita.  Sonó la sirena de la camioneta y se apresuró a bajar para constatar la reglamentación de la bicicleta de la pobre señora que no veía la hora de llegar a su casa para preparar el estofado para su familia.
“Señora, a su bici le faltan los ojitos de gatos, el cubrecadenas, un guardabarros y seguramente no tiene los papeles encima que demuestren que usted es su dueña” – le expresó el inspector.
Olga lo miró desconcertada: “pero buen hombre, mire cuantas bici hay en el centro de la ciudad en la misma condiciones que la mía…”
El empleado municipal hizo oídos sordos a la defensa de la mujer y le ordenó a su compañera cargar la bicicleta en la camioneta. Olga recibió su acta de infracción y tuvo que regresar a su casa caminando… a propósito, vivía pegadito a Prefectura.
Continuaron el recorrido. Unas cuadras más adelante, es su acompañante la que le indica la existencia de un auto estacionado en triple fila en plena calle San Martín y sin baliza -“¿y que hacemos?” Pero el inspector observó el vehículo, un último modelo perteneciente a familias pudientes de la ciudad y miró para otro lado: “avísame cuando veas en la misma situación algún modelo viejo” – le pidió a la joven.
La próxima parada la hicieron frente a la plaza de juegos próxima a la estación de trenes. De lejos podía verse como un niño paseaba en su coche, un vehículo con muchos colores e imágenes de Disney pero aparentemente con alguna irregularidad.
“Hey nene… ¿dónde esta tu mamá?” – le preguntó el inspector. El bebé lo miro como una hormiga que levanta su cabeza para visualizar a un elefante y en ese momento, se aproximó su madre muy alterada.
“¿Ocurre algo inspector?” – le preguntó.
“¿Tiene los papeles al día ese vehículo?”
La madre tomó en sus brazos a su hijo que estaba puchereando a punto de llorar y expresó “es un coche para pasear bebés… no sabía que tenía que patentarlo.”
“No solo patentarlo” – le comunicó el empleado, “veo que tampoco tiene bocinas, ni luces de giro, ni normas de protección y que su hijo estaba circulando sin cinturón de seguridad ni casco. Lo tendremos que remitir al corralón.” Al instante su compañera tomó el coche a punto de subirlo a la camioneta y el bebé largó su llanto, “y si el niño se hace el rebelde, me lo tendré que llevar a la seccional por resistencia a la autoridad” – culminó ante la mirada de la madre que aun no salía del asombro.
Fue así que la camioneta se dirigió al centro de la ciudad nuevamente para interceptar a un hombre que circulaba en moto en la esquina de L. de la Torre y San Martín y quien tenía todo en reglas, “acá tiene, inspector, todos los papeles y usted me vio que venía con el casco puesto” – le expresó.
Pero el inspector estaba determinado a hacerle una multa sea por cualquier motivo. Así que por varios minutos observó la motocicleta de lado a lado. A todo esto, por detrás de él pasaron varios adolescentes corriendo en moto tuneadas, con caños escapes libres, sin casco, sin papeles, alcoholizados y encima burlándose de los controles de tránsito.
“Veo que tiene su carnet de conducir falsificado” – le expresó el inspector al hombre que abrió sus ojos como dos enormes huevos fritos; “acá dice que usted tiene sangre H positivo y no existe ese tipo.”
“Es una A, pero lo han escrito mal en tránsito…” – se defendió el conductor aunque su explicación no fue convincente y obligó a los empleados retenerle la moto hasta que se extrajera sangre en la clínica más cercana y demostrara cuál era su tipo.
La camioneta llegó a transito. El inspector se despidió de su compañera y subió a su auto para regresar a su casa. Era un vehículo con patentes vencidas, sin luces, sin freno, sin auxilio, con equipo de gas sin habilitación y por si fuera poco, su carnet estaba vencido hacía cuatro años.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 26/05/2012

sábado, 19 de mayo de 2012

ARROYO CONTAMINADO


Por los años ochenta fue el furor la manera en la que se engaño a muchos niños que compraron un sea monkeys: una especie de cápsula que al entrar en contacto con el agua daba lugar a una especie de monito mutante acuático. La cuestión es que jamás dieron resultado. O al menos hasta ahora, ya que pudo comprobarse en estos días que varios sea monkeys cayeron en el Arroyo Seco, al ingreso de la ciudad, y por la contaminación de éste pudieron sobrevivir y evolucionar.
“Sr Intendente ¿qué explicación le da a esto?” – preguntó una periodista al funcionario en radio Asunción. “Creemos que finalmente la contaminación de nuestro arroyo no es tan negativa… acá vemos el fruto, gracias a ella sobrevivieron estos monitos de agua y ahí están… felices y contentos” – respondió el intendente.
Así fue como grupos de alumnos de las escuelas de la ciudad visitaban eL basural de la ciudad para asomarse al arroyo y divisar a los extraños animalitos que se paseaban por el agua.
“Señor ¿y eso que flota ahí que es?” –le preguntó Ramirito a su maestra. “Vos mirá los monitos… ¡lo otro que está flotando no mires” – le indicó la docente que podía reconocer el fruto del desagüe cloacal, “¿no son hermosos esos seamonkeys?”
Un medio televisivo local fue a la defensa de la contaminación, “hace meses atrás hablábamos de los peces muertos que aparecieron en este arroyo, pero ahora vemos que también hay cosas positivas… acá vemos la vida de esos monitos” – relató una periodista.
De Basta de Cáncer y otros movimientos ecológicos, personas fueron a recorrer el arroyo y no pudieron salir del asombro al hallar organismos vivientes en ese contaminado lugar, “no salimos del asombro, a partir de ahora abandonaremos nuestra lucha porque nos damos cuenta que la contaminación tiene lados buenos” – manifestó una mujer de la agrupación a un periódico. Eso motivó a una campaña donde se invitaba a todos los vecinos a arrojar sus residuos desde el puente sobre la ruta con la finalidad de brindar alimento a estas especies.
El concejo aprobó una ordenanza declarando al arroyo como caudal de vida para los hidro-monitos, “inclusive estamos analizando marcar un espacio cerca del predio de la perrera, para que la gente vaya a bañarse y tenga contacto directo con estos animalitos” – comentó en sesión un edil que día atrás había arrojado su bolsa de basura al arroyo siguiendo la sucia pero motivadora campaña.
Otro de los ediles fue más allá del asunto y se animo a tomar agua en las manos y llevarla a su boca, “vamos a crear una ordenanza invitando a empresas contaminantes a instalarse junto a este caudal… queda demostrado que no hay mejor que la contaminación para la vida de estos seamonkeys” – expresó en conferencia de prensa mientras hacia gárgaras con el agua que en ese momentos tenía manchas azules y burbujas de extrañas procedencias.
Así es como un importante empresario llegó con su empresa a la ciudad apelando “nuestros desechos son los mejores abonos para estos bichitos… llegamos a arroyo para aportar nuestra contaminación”- informó a la prensa frenando la marcha de algunos vecinos que irían a oponerse a su instalación; “sabemos que esos mismos desechos pueden crear deformaciones en algunos ciudadanos que residen próximo a nuestra planta, pero son efectos secundarios… acá importa la vida de esos monitos.”
Ante el aplauso de autoridades la nueva planta comenzó a funcionar sin problemas abriendo unas enormes canillas y dejando caer kilos de residuos patológicos al canal de agua, “con estos residuos nuestros seamonkeys estará más que felices” – manifestó un funcionario ante los micrófonos. Una espuma verdosa se formó en la superficie del arroyo dando muerte a varios peces y a animales que bebieron del mismo, pero lo que importaba era el aporte contaminante a la causa de vida de estos especímenes cuya historia ya investigaba National Geographic para un documental.
“Nuestra contaminación no daña… da vida”- fue el enorme cartel que se colocó al ingreso de la ciudad con el auspicio de varias empresas locales.
Aunque luego de varios años y con la llegada de un nuevo gobierno, se descubrió que esos seamonkeys jamás existieron en el arroyo…. y que solo fue el invento de funcionarios que justificaron la contaminación y la instalación de empresas contaminantes yendo bien lejos de la realidad.



Gracias a Gustavo por la idea para este cuento.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 19/05/2012

sábado, 12 de mayo de 2012

PIOJOS


Sorpresa fue para Mirta cuando llegó al colegio de su hija y se enteró del motivo por el cual la docente la había citado. Supuso que se trataría por alguna travesura de su nena, Lumi de ocho años, pero no fue así.
“Hemos notado que Lumi ha contagiado de piojos a todo el colegio” – le comunicó la maestra que al mismo tiempo rascaba su cabeza con un compas; “hace unas semanas se rascaba con las dos manos por lo que pudimos observarla en los recreos y ahora hasta utiliza una de las columnas de la escuela para cepillarse por lo que tuvimos que reponer el revoque de la misma ya que su hija se lo iba llevando de a poco, entre sus pelos.”
Mirta se sorprendió, “no puede ser, este es un colegio privado… se supone que no hay piojos” – manifestó engreídamente, “además está acusando a mi hija de algo que no está seguro.”
La docente, que a propósito esperaba el próximo paro de dos días para descansar del constante reniego con los padres de sus alumnos, la tranquilizó y le detalló la novela escolar: “su hija fue a buscar un mapa a la dirección y a la hora todos los directivos tenían piojos inclusive la fundadora de la escuela en su retrato, luego fue a comprar golosinas al kiosco y la kiosquera pidió licencia por pediculosis, corrió por todo el colegio jugando con sus amiguitas y todos nuestros alumnos terminaron rascándose… es más, el portero del establecimiento no pudo escapar del contagio aunque tiene solo dos pelos en la cabeza.”
La madre salió indignada del colegio con su hija, subió a su vehículo mientras a gritos le pedía a Lumi que dejara de rascarse: “no te rasques delante mío que me da vergüenza, rascate cuando estas sola sino van a pensar que no te pongo nada para esos piojos.” Fueron directo a la primera farmacia donde la empleada le vendió “piojicid”, “liendrecid”, “rasquicid”, “sarnicid”, “pulguicid” y “garrapaticid” con lo que Mirta estaba dispuesta a declararle la guerra a esos insectos que habían llegado para arruinar su imagen pública: madre de una piojosa.
Salieron de la farmacia y la joven empleada no tardo en comenzar a rascarse. Se acercó también a su patrona y para los cinco minutos todos en ese negocio, tenían tanto piojos como pelos en sus cabezas. Así también, la digna docente no tardó en compartirle su epidemia a sus hijos y estos de llevar a sus visitantes al club y contagiar a sus compañeritos. Para el siguiente fin de semana: los partidos de las categorías infantiles se llevaron a cabo con niños que corrían tras la pelota pero no sacaban sus manos de su cabeza. Y así entrenadores, simpatizantes y comisión del club… todos con piojos en cuestión de días.
Pero Mirta aquella noche se había determinado acabar con esa pandemia. Sentó a su hija, le untó un hermoso engrudo en los pelos… mezcla de todo lo que había comprado en la farmacia y huevo, pimienta, kétchup y una gota de detergente. Lumi con cabeza de mutante solo esperaba que el experimento de su madre diera resultados porque no aguantaba sin rascarse ya que tenía sus manos atadas al costado de la silla.
Para cuando el invento estaba sobre la cabeza de la niña, todos los alumnos de su colegio ya habían contagiado a sus padres, hermanitos, tíos, primos y algunas mascotas. Solcito, una hermosa nena de seis años, contagió de piojos a un loro y Pedrito infectó a su hermano mayor de dieciocho años que vivía tirado en el sofá… o sea, uno que iría a rascarse más de lo que lo venía haciendo hasta entonces.
La mamá de un alumnito llevó sus piojos también a la Municipalidad mientras iba a pagar un impuesto. Así que todos los funcionarios y empleados en cuestión de pocos minutos se paseaban por los pacillos del palacio no solo trasladando escuetos papeles sino también rascándose de manera desesperada.
Lumi despertó al otro día con una bombacha de goma en su cabeza y olores que no solo habían combatido la pediculosis sino que también espantaba moscas, mosquitos y otros insectos por kilómetros de distancia. Demasiado tarde era, sin embargo, porque para entonces toda la ciudad de Arroyo Seco tenía sus piojos o los descendientes de estos.
Un lechero que bajaba un cajón, por rascarse rompió varios sachet contra el piso. Un monaguillo arrojó la copa del sacerdote justo en el momento que comenzaba a picarle la cabeza. Un remisero manejaba con una sola mano por tener la otra muy ocupada. Todos los ciudadanos con piojos… prueba de ello es que probablemente usted, desde que comenzó a leer este cuento… se rascó más de una vez sin darse cuentas.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 12/05/2012

sábado, 5 de mayo de 2012

EL PERSEGUIDO


Eran las diez de la mañana del día sábado y este buen empresario le solicitó La Posta a un canillita ubicado junto al semáforo de Mitre y Belgrano. El pibe le entregó el ejemplar y se dispuso a cobrarle.
“Esto no vale cuatro pesos pero lo pago por vos, pibe” – le dijo el malhumorado hombre.
“No tiene obligación de comprarlo señor” – le objetó el muchacho.
Lo compraba todos los sábados aunque, cuando se encontraba con sus amigos y allegados, negaba que lo comprara desvalorizando su contenido y diciendo que conocía todo lo que allí salía publicado simplemente por el comentario de la gente.
Antes de que la luz del semáforo se pusiera en verde, giró el periódico leyendo los aplausos y abucheos. “Acá tengo que estar yo” – pensó. Pero no fue así, no encontró ningún abucheo a su persona y tuvo que seguir su marcha obligado por la bocina de otro vehículo.
Y mientras hacía las maniobras de giro en las intercesiones de las calles, de reojo leía algunos titulares resaltados de la tapa. Incluso abrió el diario, y leyó el listado de quienes integran el staff suponiendo que allí podía aparecer él.
“¡Para qué lo compras si después te vas a perseguir de que hablan mal de vos!” – le criticó su esposa en su casa mientras colocaba ropa en su automático, un aparato que habían comprado financiado diez meses atrás en Noya pero que solo abonaron una cuota. “Porque seguro hablan de mí” – le refunfuñó su esposo mientras se sentaba en su sillón a ojearlo.
“Querido, la única vez que saldrás en La Posta será en la sección de necrológicas y no te vas a poder quejar” – le manifestó su señora al momento que acomodaba unos dvd de películas que habían alquilado hacia dos meses del video La Plaza pero nunca devolvieron.
El marido tenía la seguridad de encontrar alguna referencia a su persona en el periódico. Así que cada hoja la miraba detenidamente, “son unos desgraciados… seguro algo pusieron de mí” – era lo que pensaba mientras pasaban los titulares. Incluso en el suplemento deportivo se detuvo a leer línea por línea suponiendo que entre aquellos informes futbolísticos se encontraría alguna referencia a su imagen.
“Querido, ¿por qué te perseguís tanto? Si estuvieras haciendo las cosas bien, no tendrás de qué preocuparte por aparecer en el diario” – le criticó su mujer que de la ventana observaba el cable del cual se alimentaban de energía eléctrica ilegalmente.
Continuó leyendo los titulares de policiales. Buscó alguna abreviatura de los protagonistas que coincidiera con su nombre y apellido. Luego buscó también las calles y las alturas para ver si coincidían con su domicilio. Pero no había indicios. “Seguro que estoy de encubierto” – seguía pensando. Hasta miró publicidad por publicidad teniendo la plena sensación de que en alguna de ellas encontraría alguna crítica a su reputación.
“Hace tres meses me estas diciendo que la tienen contra vos… pero jamás saliste en el diario” – volvió a cuestionarle su esposa que ahora buscaba su chequera para emitir unos vales sin fondos con los que días después comprarían un terrenito en Tierras de Sueño.
Su esposo no detuvo la búsqueda ni siquiera escuchando la dulce y amorosa voz de su encantadora esposa, con quien muchas veces se lucirían de la mano en reuniones donde acostumbra asistir la gente de clase alta de la ciudad. En un momento dio su grito en el cielo ante la mirada sorprendente de su cónyuge. Había llegado a la contratapa del semanario.
“Acá estoy… seguro que esto es para arruinarme” – expresó indignado.
“¿Estas seguro?” – le preguntó su mujer algo atónita y llevando su mano izquierda a la boca.
El empresario dobló el ejemplar en dos y se dispuso a llamar a su abogado.
“Sí, claro… bien seguro, este perro gordo y negro de Decur es parecido a mí.”




 Publicado en el semanario "La Posta hoy" el 05/05/2012