sábado, 28 de julio de 2012

EL VAGO


Difícil y dura resultó ser siempre la vida de Ignacio Vagoneta que, con treinta y dos años, entre las pocas veces que trabajó fue como voluntario en una campaña de Caritas. En Arroyo Seco siempre tuvo la fama de odiar al trabajo tanto como el gato al agua, pero todo se debió a que cuando en la escuela secundaria le informaron sobre su deber de hacer pasantías, esos días se enfermó con cuarenta y tres de fiebre.
Jamás agarró siquiera una pala. No hacía fuerzas ni siquiera sentado en el inodoro y el día que le dieron una tenaza para desarmar su bicicleta, estuvo tres horas buscando la manera de cómo usar esa herramienta hasta que desistió y pidió un manual de instrucción.
Cuando sus amigos le hablaban de cierto lugar o fábrica que estaba necesitando de empleados, una rara alergia le brotaba en sus brazos y no podía disimularlo. Y si le decían que una empresa ubicada en el norte de la ciudad tomaba gente, el agarraba su bicicletas y recorría el sur desorientado como yerno que es abrazado por su suegra.
Cierto tiempo pasó a ser parte de la planta municipal. Trabajó en maestranza y una mañana pidió al Secretario de Obras un permiso de seis horas paras llevar su perro al veterinario. Pero como le negaron el permiso, trabajó sin ganas y rompió algunas maquinas de la Municipalidad. Finalmente cobró su sueldo un día viernes (atrasado, pero lo cobró) y al día lunes desapareció del corralón. Tampoco fue mucho lo que cobró ya que del mes de empleo, trabajó solo siete días y el resto lo pasó con carpeta médica por su simple dolor de pulgar.
El día que lo llamaron de Grimoldi para que entrara a trabajar, el día antes de ingresar se llegó al correo y envió un telegrama de renuncia.
“¿Desde hace cuanto que trabaja ahí?” – le preguntó la secretaria del correo.
“Cero días… iba a entrar mañana.”
Bajo la presión de su madre cansada de mantenerlo compró un escueto curriculum en El Indiecito pero jamás lo llenó con sus datos ni tampoco lo fotocopió para repartirlo en las empresas. Y si lo hacía, ponía algún que otro dato falso con tal de que nadie lo ubicara.
Pero por esas cosas de la vida un día lo ubican desde Dreifus y se presenta a la entrevista:
“¿Sabe soldar?” – le preguntó el personal de recursos humanos de la empresa.
“No.”
“¿Sabe electricidad?”
“No.”
“¿Sabe manipular un torno?”
“No.”
“Dígame, ¿qué sabe hacer? ¿Para qué vino a la entrevista?”
“Nada. Solo vine a decirle que conmigo no cuente.”
Además consiguió por entonces un Plan Trabajar del Gobierno. Como contraprestación a ese subsidio debía prestar una servicio en alguna institución por un par de horas en el día… cosa que jamás cumplió pero, de todas maneras, no tardó en quejarse cuando se lo quitaron.
Su situación económica sin embargo no era nada mala, de vez en cuanto lograba enamorar a una cincuentona que lo llevaba a su casa, lo empilchaba y así sobrevivía un par de semanas. Así es que cuando le estaba faltando mantención, se iba a los bailes del Club de Tango o del Centro de Jubilados y regresaba llevando del brazo a una que otra mujer mayor necesitada de amor.
Uno de sus mejores amigos, viendo su situación, le recomendó que se dedicara a la política y que se postulara para un cargo en el Concejo Deliberante. Así fue como se sumó a uno de esos partidos políticos que hay en Arroyo, hizo tres mes de militancia y lo pusieron en una lista. Resultó ser que ganó; pero cuando tuvo que presentarse a trabajar, terminó renunciando.
Una de esas tardes en las que recorría las calles mirando vidrieras, sin saberlo terminó leyendo los anuncios de empleados de Adecco. Fue en ese instante que una empleada salió a preguntarle si pensaba postularse para alguno de esos puestos. Vagoneta cayó desmayado y tuvo que ser socorrido por Amas simplemente por encontrarse más cerca de un trabajo como nunca antes.
A pesar de todo, no le fue muy mal en la vida. Entre las últimas novias que tuvo, una al fallecer le dejó un par de locales comerciales en alquiler. Así que si de Vagoneta se trató, no solo que jamás trabajó sino que además, a partir de ese momento se dedicó a vivir de los arriendos.

Y así es como se lo suele ver hoy paseando por Arroyo. Siempre bien empilchado, sin arrugas en sus manos, sentado en la vereda de su casa aparentando estar cansado y observando como miles y miles se ganan el sueldo con el sudor de su frente.

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 28/07/2012

sábado, 21 de julio de 2012

ESCUELAS SECUNDARIAS


¿Qué tienen de diferentes las escuelas de la televisión con las escuelas secundarias de Arroyo Seco?

Escuelas para magos Hogwart de Harry Potter
- En Hogwart, la docente puede convertirse por arte de magia en una lechuza. En las escuelas secundarias de la ciudad, lo más parecido a una lechuza son las profesoras de historia con anteojos fondo de botella.
- En Hogwart, los alumnos pueden hacerse invisibles. En las escuelas secundarias de la ciudad, algunos intentan desaparecer cuando la profesora les descubre el machete durante un examen.
- En Hogwart, los alumnos practican deportes montados en una escoba y en el aire. En las escuelas secundarias de la ciudad, los profesores de educación física mandan hacer siempre los mismos ejercicios, mientras ellos solo miran, y siempre por tierra.
- En Hogwart, las preceptoras son hechiceras que guardan secretos por miles de año. En las escuelas secundarias de la ciudad, la mayoría de las preceptoras son chismosas y no guardan un secreto ni por dos minutos.
- En Hogwart, si un alumno se equivoca de ejercicio el hechizo da otro resultado. En las escuelas secundarias de la ciudad, el alumno que resuelve mal un ejercicio puede irse directamente a marzo.
- En Hogwart, los alumnos son magos y pasan de año. En las escuelas secundarias de la ciudad, hay alumnos que ni siquiera haciendo magia pueden pasar de año.

Escuela Xavier de los X-Men
- En escuela Xavier, la profesora puede provocar una tormenta con su mente. En las escuelas secundarias de la ciudad, solo la provocan las profesoras con su boca el día que anuncian de improvisto un examen.
- En escuela Xavier, una alumna traspasa las paredes. En las escuelas secundarias de la ciudad, algunos solo de esa manera podrían pasar de año.
- En escuela Xavier, hay una bestia. En las escuelas secundarias de la ciudad, muchas.
- En escuela Xavier, los estudiantes se divierten en el recreo con juegos se simulación virtual. En las escuelas secundarias de la ciudad, las salas de informática cuenta con tres computadoras con Windows 3.1
- En escuela Xavier, un alumno manipula el hielo. En las escuelas secundarias de la ciudad, quedan helados los alumnos que se confiaron en un examen y que finalmente no aprueban.
- En escuela Xavier, un alumno se puede convertir en metal. En las escuelas secundarias de la ciudad, lo más parecido son algunos alumnos punk que están llenos de piercing.
- En escuela Xavier, un profesor puede lanzar rayos rojos de sus ojos. En las escuelas secundarias de la ciudad, lo más parecido a esto es la profesora que se puso los lentes de contacto más ridículos del mundo.
- En escuelas Xavier, aun en silla de ruedas el director sigue dando clases. En las escuelas secundarias de la ciudad, por cualquier simple enfermedad, la mayoría de los docentes falta a clase.

Escuela Elite Way School de Rebelde Way
- En Elite Way, los alumnos llegan en Ferraris y otros en Audis. En las escuelas secundarias de la ciudad, la mayoría caminando.
- En Elite Way, los estudiantes nunca rinden. En las escuelas secundarias de la ciudad, viven tomando exámenes.
- En Elite Way, el colegio tiene un bar con un barman muy canchero. En las escuelas secundarias de la ciudad, apenas funciona un kiosquito y generalmente, atendido por una señora malhumorada que se queja de todo.
- En Elite Way, en el curso se arma una banda y se hace famosa. En las escuelas secundarias de la ciudad, solo cantan el himno nacional.
- En Elite Way, siempre en los recreos hay música por mucho tiempo. En las escuelas secundarias de la ciudad, los recreos son cortos, a veces no tienen música y si las hay, siempre suena la misma.
- En Elite Way, las profesoras son chicas de veinticinco años. En las escuelas secundarias de la ciduad, la mayoría de las profesoras superan los cuarenta.

Dedicado a todos los alumnos y docentes de las escuelas secundarias de Arroyo Seco.



Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 21/07/212

sábado, 14 de julio de 2012

TU BARRIO


“Querido Carlitos, ya hace quince años que te fuiste de Arroyo a los Estados Unidos y todavía se te extraña un tocazo en el barrio. Siempre me acuerdo cuando éramos unos pibes y jugábamos en la canchita, así nomas… sin arcos ni redes se armaba el partido. Un par de botellas vacías y un buzo indicaban los arcos. Te cuento que en ese lugar pusieron una fabrica que contamina un tocazo y está convirtiendo en mutantes a medio barrio.
¿Te acordas del gordo que siempre lo mandábamos al arco? E igual de queso era en el arco. Un día se casó, se fue del barrio y con un golpe de suerte hizo la América; ahora ni siquiera anda por acá y si te lo cruzás en el centro, hace que no te conoce. Pensar que se crió con nosotros cazando ranas en el zanjón que está detrás del barrio y ahora se da que es de clase alta.
¿Y del “narigón”? Bueno, el “narigón” jugaba muy bien a la pelota pero se quejaba de todo y siempre quería cobrar full. Me acuerdo cuando la madre se metió en la cancha y lo sacó de los pelos porque le había mentido. La vieja era media loca, eso es cierto… pero el narigón siempre le decía que se iba a la escuela, guardaba el guardapolvos en la mochila y se iba a cazar pajaritos al cañaveral.
El “narigón” también se cazó pero se quedó en la casa de la vieja. Ya tiene como cinco hijos y no le fue muy bien en la vida. Un día abrió una carnicería en el barrio, vinieron todos los amigos y familiares a la inauguración y hasta como cuatro plantas le regalaron. Pero a los dos meses tuvo que cerrar porque no vendía ni un pedazo de bife en toda una semana. Negocio que hizo, negocio que le salió mal. Después desapareció del barrio y lo último que supe es que se metió a vender droga, lo agarró la policía y está preso en Ezeiza.
¿Y te acordas del “rata”? – Era terrible ese pibe. Les mentía siempre a los viejos y se escapaba para ir al río. Me acuerdo cuando tenía once años y apareció en la canchita con un atado de cigarrillos. Fue en cana un tocazo de veces hasta que se hizo evangélico, por lo que me enteré; dejó la mala vida y ahora tiene una iglesia cerca de Rosario.
Como ya te dije esa canchita no existe más. Y si existiera no iría nadie porque todos los pibes de ahora se juntan a jugar la play y no tienen ni idea de lo que significa inflar una pelota. Además, en el lugar donde nos juntábamos a cazar pajaritos con la gomera, ahora se armó un escondite donde unos pibes se juntan a drogarse y nadie les dice nada.
Carlitos, en todo este tiempo, la ciudad cambió un tocazo. Tenemos un anfiteatro, un club nuevo, más barrios y olvídate que podés dejar las bicicletas sin candado afuera de tu casa. Me acuerdo cuando fuimos con tu mamá que estaba embarazada de tu hermano. Fuimos a acompañarla al hospital y a las cuatro horas regresamos a tu casa con el bebé. Era así de siempre; ahora te buscan muchas vueltas para que nazca un pibe y encima, te lo hacen nacer siempre un miércoles porque es el único día que viene el especialista que gana con la cesárea.
También me acuerdo cuando armamos una casa de ramas en el medio de la plaza. Estaba muy buena. Habíamos organizado entre todos los pibes turnarnos para ver quién se quedaba toda la noche a cuidarla pero después vino al topadora de la municipalidad y la terminó derrumbando. Nos enojamos un poco esa  tarde pero por la noche nos olvidamos de esa casa cuando la “martita” nos invitó al asalto que organizó en su casa. Estaba bueno eso: era escuchar música hasta que se terminara el caset, darlo vuelta y seguir bailando.
La “martita” era linda en ese tiempo. Ahora, encima que es agrandada porque esta casada con un abogado, es más fea que Chuky. Se metió en la política y dos por tres, se postula para algún puesto pero no saca más de treinta votos. ¿Y de acordás de la “rulitos”? Era re traga en la escuela, se recibió de arquitecta y ya volvió a casarse por tercera vez… pensar que cuando íbamos a los asaltos nadie quería bailar con ella de lo fiera que era. También me acuerdo cuando la madre de la “rulitos” nos invitó a todos los pibes del barrio a tomar chocolatada en su casa y, sin querer, vos le rompiste el florero entonces le echamos la culpa al gato. La vieja lo sacó a escobazos al gato que no tenía nada que ver.
¿Y de aquel día que fuimos al río detrás del cementerio? –Era sacar y sacar mojarritas. La madre del “toto” las hizo fritas y comimos entre todos los pibes, y después ahí nos quedamos a mirar una película alquilada porque era la única casa del barrio que tenía un reproductor de video.
Carlitos, ojalá algún día vuelvas nuevamente al barrio. De seguro que no lo vas a reconocer. Hay gente nueva pero todavía están nuestros nombres grabados en el cemento fresco del centro de la plaza. Ojalá amigo que nunca te olvides de las cosas que vivimos en el barrio, porque aquellos tiempos eran mas sanos y más divertidos. ¡Sí, hemos sido sabandijas pero nos divertíamos! Por eso donde estés, estoy seguro que tu barrio será siempre tu barrio.



 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 14/07/2012

sábado, 7 de julio de 2012

ASADO CON AMIGOS


El día lunes por la mañana los compañeros de trabajo de un taller mecánico de la ciudad se ponen de acuerdo en juntarse a comer un asado el viernes siguiente. Entre ellos se encontraba Carlos, que también es informado del evento:
“Este viernes comemos un asadito con los muchachos” – le comunica un amigo del taller, “eso sí, traete la autorización de tu señora porque no queremos ser culpables de tu divorcio.” La última vez que se habían juntado a comer, antes de que Carlos llevara el primer bocado de carne a su boca sonó su celular y se tuvo que ir a su casa luego de que su esposa lo llamara asustada por creer escuchar algunos ruidos extraños en el patio.
Llega a su casa y se dispone a darle la noticia a su amada Susana que en ese momento cortaba cebollas con una cuchilla preparando la salsa para los fideos que habían comprado en La Cholita. Pensándolo bien, directamente le pidió una hoja y una lapicera a su hija y se puso a escribir la autorización: “Día viernes. Autorizo en el día de hoy a mi esposo Carlos a asistir al asado con sus amigos siempre y cuando se limite a ir a ese lugar y volver desde allí. Firma: Susana.”
“¿Y, Carlos, te dieron el permiso?” – le preguntó su compañero al día siguiente, a lo que el le respondió: “Estoy en ese trámite… pero cuenten conmigo, no hay problema.”
Ya nuevamente en su casa, le dice a Susana de la invitación que recibió para el día viernes. “Claro, te invitan tus amigos del taller y vas…” – le manifestó su cariñosa esposa, “pero cuando te invito yo a pasear, siempre tenés una excusa. La ultima vez que me llevaste al cine fuimos a ver ‘La ultima nieve de primavera’ en el cine Unión.” La autorización tenía que esperar unos días, dado que justo ese martes su señora estaba con el día más complicado del mes de toda mujer.
A solas, toma nuevamente la autorización y agrega una nueva oración al texto: “Siempre y cuando no salude ni mire a otra mujer que se le cruce en el camino; ni ingiera más alcohol de lo permitido. Firma: Susana.” Al día siguiente, antes de llegar a casa, pasa por Noya y le compra un secador de cabellos ya que era el motivo por el que ella siempre renegaba: tener que salir con el pelo mojado en pleno invierno.
“Vos sabes que no me gustan estos aparatos… dañan mucho el cabello, lo escuché en Utilísima” – le expresó su esposa que de todas maneras, le agradeció el regalo. Luego ella, mientras preparaba la cena, también ayudaba a su hija en la tarea de la escuela, al mismo tiempo pasaba la escoba por el comedor y también daba de comer al perro; pero Carlos solo miraba el noticiero de Canal 2.
Por la noche, nuevamente agrega más palabras al texto: “Reconociendo que por ir al asado me tendrá que escuchar toda la semana cuando le recrimine que sus amigos están siempre primero. Firma: Susana.” El día jueves, Carlos coordina con un compañero para que el día viernes pase a buscarlo por su casa abriendo al paraguas antes de que llueva.
“Mañana no pensarás llevarte el auto, ¿eh?” – le consultó Susana a su esposo durante la cena. Carlos le dijo que su amigo pasaría a buscarlo. Fue en ese momento donde el se puso contra la pared y ella sacó su artillería: “¿Y quién va? ¿Dónde comen? ¿Cuánto vas a gastar… acordate que la semana próxima tenemos que pagar la cuota del lavarropas? ¿Por qué no te compras con esa plata un pantalón que estas hecho un croto? ¿Y para qué compraste el secador de pelo?… que a propósito se lo regalé a mi mamá!”
Carlos se toma otros minutos a solas para modificar la nota: Esta autorización tiene validez entre las 21 hs y las 01 hs. Firma: Susana.“ Y pretende conseguir el permiso apelando al amor. Planifica una noche fogosa pero cuando llega a la cama, su esposa estaba en el quinto sueño y roncaba como el oso perezoso de La Era de Hielo. Se acuesta, reza como nunca antes lo había hecho en su vida y se duerme.
Por la mañana se levanta temprano y le prepara un rico café que lleva a la cama de su amada. “¿Café? Hace quince años que estamos casados y no sabés que el café me produce nauseas…” – le recrimina ella obligándole a tirar todo lo preparado e irse al taller. En el trabajo, mientras sus compañeros dejaban preparado el parrillero y compraron el asado para la noche, Carlos pensaba la manera en que conseguiría la firma de Susana.
Como si fuera poco, cuando llega a su casa se encuentra con la visita de su suegra que hacía cinco meses que no venía a visitarlos, “vino a comer con nosotros esta noche y agradecerte por el secador de pelos” – le comunica su mujer. Saca la nota del bolsillo de su pantalón y se la extiende.
“¿Esto que es?” – le pregunta ella que mira a su madre desconcertada.
Carlos entrecruza la mirada de su esposa con su suegra y finalmente termina abollando la autorización para arrojarla en el tacho de basuras, “¿suegra, le gusta el café?” – pregunta mientras le manda un mensaje a su compañero para que no pase a buscarlo.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 07/07/2012