El
es Braulio pero todos los conocen como “flaco”. Tiene 20 años. Es obrero de
Arcor y toma el colectivo todas las mañanas a las 7hs en la parada del ingreso
de General Lagos junto al “pelado”, su compañero de nombre Pedro. Y lo que
parecía ser un lunes común y corriente pasó a ser el comienzo de su historia de
amor; que como todas las historias, comienza con un encuentro.
Tiene
la costumbre de sentarse en los últimos asientos del colectivo de la línea A y
ya para cuando el mismo sale de la zona urbana, con las luces apagadas, se
presta, igual que su compañero, a recuperar algo de sueño. Pero ese día es
despertado cuando las luces vuelven a encenderse en el momento que el coche
dobla por J. B. Justo y en la parada de la Esc. Nº 6036 sube una joven docente
con una encantadora figura que se sienta en los primeros lugares.
El
ómnibus hizo el recorrido normal pero en la mente de Braulio quedó picando la
imagen de la joven que desde atrás solo podía verle parte de su cabellera y el guardapolvo
que caía a un costado del asiento hacia el pasillo. Pero para cuando el
colectivo pasó frente al cuartel de Bomberos, despertó a su amigo y ambos
descendieron en el Cristo para irse a cumplir su jornada de trabajo. Y la
docente permaneció en el colectivo.
El
dia martes y el flaco vivió la misma escena. Simplemente que cuando el
colectivo atravesó el puente del Arroyo Seco, ya se despertó algo ansioso por
verla cuando volvería a subirse. Así lo hizo la joven que nuevamente ocupó los
primeros asientos luego de saludar amablemente al chofer. Y así ocurrió el
miércoles, el jueves y el día viernes; donde algo de ella le llamaba más que la
atención a Braulio que la observaba casi en penumbra desde los últimos lugares
del colectivo amarillo.
Al
dia lunes, luego de tomar el colectivo espero que su compañero se durmiera casi
cuando pasaban frente al Hogar Granja Casa Joven y aprovechó para sentarse en
las primeras butacas. Puso la mochila entre sus piernas a fin de dejar libre su
asiento contiguo y espero que el coche dejara la ruta y entrara a la ciudad por
calle J. B. Justo. Y allí la visualizó una cuadra antes; ella estaba con su
portafolio estirando la mano para detener el transporte. Subió y luego de sacar
su boleto con la tarjeta, se sentó detrás de los asientos donde estaba Braulio.
Al
flaco no le quedó otra que de a ratos, muy disimuladamente, relojear hacia
atrás intentando ver, por lo menos, la cara de quien se escondía detrás de una
hermosa y movediza cabellera. “¿Cómo se llamará?” – se preguntaba en sus
pensamientos. Pero ella no quitó su mirada de su celular donde apuntaba algunas
cosas. Y para cuando el coche estaba por llegar al Cristo, el se puso de pie
para ir a despertar al pelado y tratando muy fugazmente de leer algo de lo que
ella escribía. Llama a su compañero y finalmente se bajan del colectivo.
Al
dia siguiente, intenta la misma acción simplemente que ella se sienta delante
de el y comienza a operar con su celular. Braulio observa a su alrededor y
notando que los pocos pasajeros estaban dormitando, estira su cabeza para ver,
por encima de los asientos, algún dato en el aparato de la chica. “Una palabra…
una palabra… una palabra” – pensaba desafiante. Esforzadamente logra ver que
ella participaba de una conversación de watsapp pero cuando intenta descifrar
alguna letra, el coche frente en Libertad y San Martín haciendo que el flaco
golpee su cara con la butaca. Al rato, termina por ir a despertar al pelado e
irse a trabajar. Y aunque no pudo leer palabra alguna, la deducción que pudo
sacar es que, al menos, no era casada ya que no contaba con alianza.
Dia
miércoles y Braulio como nunca antes, permanece muy contento esperando el
colectivo. Incluso ni se percata de que el pelado estaba sentado en un banco de
la parada cabeceando y a punto de dormirse. Comienza a mirar la hora de su
celular y para su sorpresa el colectivo de la 7hs no pasa y su compañero se
encontraba roncando. Media hora más tarde, el colectivo pasa lleno y los hace
subir por la puerta trasera haciéndose lugar entre los apretados pasajeros. De
a ratos observa hacia adelante y cuando el colectivo frena en la parada próxima
a J. B. Justo y J. Celman, no sube nadie más que un uniformado.
“¿Cómo
hago para hablarle?” – pensó acostado ese día por la noche y a la mañana
siguiente, redobló la apuesta: abandonó a su compañero y se va 6:30 hs a la
parada. Toma el colectivo amarillo y desciende en el lugar en el que ella toma
el coche todas las mañanas. Allí permaneció muy ansioso y a los diez minutos, de
la esquina, dobla la chica con su portafolio.
“Hola,
¡buen dia!” – saluda ella llegando a la garita. Braulio le correspondió con el
saludo y a los treinta segundos, se le acercó y le preguntó si sabía a qué hora
pasaba el próximo colectivo. “En diez minutos” – informó la joven. El tenía casi
entre sus dedos la oportunidad justa para charlar y conocerla un poco más,
hasta que se acerca a la parada una nueva mujer; “¡hola Leticia!” – la saluda a
la maestra. Y allí entre ella y la tercera persona se entabla una amena
conversación que incluso siguie sobre el colectivo cuando ambas se sientan
juntas.
El
se sube al coche y termina por sentarse al lado del pelado que venía durmiendo.
Ahora tenía su nombre pero no más que eso. Cuando el colectivo ingresa al
centro de la ciudad, toma su celular e ingresando al facebook busca a todas las
personas llamadas Leticia de Arroyo Seco. No obstante, no le alcanza el tiempo
para ingresar a los perfiles de todas y cerca del Cristo, despertó a su
compañero a quien tuvo que contarle la verdad de su aventura.
(continúa
en la próxima edición)