Ella
corre sobre el andén de la estación de Arroyo Seco como queriendo alargar los
últimos minutos en el que veía a su novio irse en tren hacia Buenos Aires. Paso
a paso, su rostro iba cambiando hasta entristecerse totalmente y aparecen
lágrimas que corren por sus mejillas. No obstante, cuando faltaban pocos
minutos para que el andén termine, tropieza y despierta así del sueño
observando que a su lado aun permanecía su esposo dormido y roncando como oso.
Y luego de permanecer despierta en la cama, se desvela y termina por irse a la
cocina para servirse un vaso de jugo.
A
primera hora de la mañana, una comunicadora busca la mejor nota sobresaliéndose
del resto de los colegas. Cuando todos los periodistas entrevistan a un
diputado nacional que visita la ciudad, ella espera a metros de distancia, con
micrófono en mano para hacer la entrevista a solas y sin interrupciones. Y
mientras espera, se luce como modelo entre el tumulto de gente que había sido
convocado por el partido político del funcionario; “cuánta gente insoportable y
desagradable que hay acá” – expresa en voz baja.
Y
luego realiza la nota con el legislador separada del resto, sintiéndose una
diva. Pero justo cuando un colega desea acercar su micrófono para sumar con sus
preguntas, la mujer lo rebaja con su mirada cerrando finalmente su nota pese a
que aún le quedaban varias preguntas importantes por hacer a la visita. Y sale
caminando con pisadas de gacela entre la multitud hasta subirse a su vehículo y
alejarse del lugar en busca de primicias y notas exclusivas.
La
periodista recorre la ciudad en busca de una nota interesante y termina por
entrevistar a una mujer que se quejaba del agua servida frente a su domicilio.
“Esto no puede ser” – se quejaba la vecina frente al micrófono; “encima mi
vecino que se compró un auto nuevo, lo lava todos los días sobre la vereda
dejando una laguna en toda la cuadra”. Y cuando el reclamo terminó, la
comunicadora concluyó que en realidad más que una queja se trataba de una
señora envidiosa del nuevo coche de su vecino, entonces decidió no poner la
nota al aire.
Al
día siguiente, evitó una conferencia de prensa esperando la oportunidad de
hacer a solas nuevamente una nota con un importante funcionario. Se despachó
con preguntas mientras que por su mente se pasó la idea de que un día podría
llegar a caminar por una alfombra roja escoltada por decenas de flashes para
ingresar a un enorme teatro donde recibiría el premio Pulitzer. Y tras lanzar
la ultima interrogación, sonrió y se acomodó la ropa tal como si no entrara
dentro de ella.
Por
la noche, otra vez aquella primera dama sueña con el momento en que sentada en
el banco de una plaza, ve a su marido llegar montado en un caballo blanco con
su cabellera ondeando por el viento. Para cuando se acerca a ella, le extiende
su brazo para invitarla a subir al equipo y luego corretear juntos por los
campos verdes. Y cuando pega el salto para subirse al animal, se despierta en
el momento en que su esposo desde el baño la llama pidiéndole papel higiénico.
Nuevamente
la periodista recorre las calles buscando la exclusividad en alguna noticia
relevante. Termina por entrevistar a una proteccionista que expresaba su queja
hacia un vecino por tener una tortuga a la que le enseñaba a traerle el diario.
“Esto no puede ser…” – manifestaba la entrevistada, “es un animal y no entiende
lo que está haciendo así que no vamos a detenernos hasta ver a ese hombre tras
las rejas.” Y finalmente la comunicadora, cerró la nota intentando dialogar con
el vecino denunciado aunque no tuvo suerte; “por favor, es mi exclusividad, no
le des esta nota a otros medios” – le rogó a la indignada proteccionista.
Una
hora más tarde, entrevista a los directivos de una empresa que representaban
cambios en las instalaciones de su edificio. Así cuando el empresario le
brindaba detalle de las obras realizadas, por su mente pululaba la idea de un
día estar sentada en la mesa de Mirta Legrand y explicar lo difícil de su
carrera periodística en la ciudad de Arroyo Seco. Y finalmente cerró la
entrevista sin entender lo que en esencia, fue presentado aquella mañana por la
firma comercial.
Antes
de terminar el año, la comunicadora y la mujer se sientan a cenar para charlar
sobre lo logrado en el presente y el porvenir. Así la periodista manifiesta
sentirse la mejor notera que tiene la ciudad con un profesionalismo envidiable
que le ayudó en todo momento a conseguir notas más que importantes y de manera
exclusivas. Por último, le expresa a su amiga que sueña con el momento en que
levante el Pulitzer frente a cientos de miradas. Y su compañera la motiva a que
continúe soñando, tanto como ella.