sábado, 17 de noviembre de 2012

NOCHE EN EL PALACIO


En un principio de mes y abrumada por mucho trabajo, entre ellos con la liquidación de los honorables sueldos municipales, la Secretaria de Haciendas decide quedarse una noche en el palacio para trabajar tranquila. Con el permiso del Intendente, consigue las llaves del edificio y siendo las once de la noche ingresa al lugar con muy pocas luces pero desactivando la alarma e ingresando a su oficina. Mientras pone en funcionamiento su ordenador, se dirige a la cocina para prepararse un café.
En la cocina mientras espera que el agua se caliente, un misterioso ruido capta su atención. Sale de la cocina, se persigna ante la virgen y se asoma a la escalera. Se trataba de un sonido parecido al gruñido de una enorme bestia. Sube los escalones con mucho temor y abre la puerta de la sala de reuniones donde solo había restos de vasitos de plásticos y sándwiches de miga. Pero ahora el sonido con mayor intensidad proviene de la oficina de Producción… camina hacia allí, y no encuentra a nadie. En ese instante escucha el ruido del agua de la pava que estaba hirviendo, así que rápidamente baja a la cocina, se prepara el café y camina lentamente por la galería de intendentes.
La poca iluminación del pasillo y el lejano gruñido de una desconocida bestia, causaban un escalofrío en los brazos de la secretaria que temía volcar el contenido del pocillo. De a ratos, miraba hacia atrás con la sensación de que alguien estaba persiguiéndola. Además tenía el presentimiento de que las miradas de los fallecidos intendentes seguían su caminar. Cuando pasa frente a la oficina de su superior, escucha que el gruñido proviene del área de comercio. Deja por un momento su café en la mesa de recepción y se atreve a abrir la temerosa puerta.
Tampoco allí encuentra a nadie. Se asoma detrás de las cajas y finalmente mira debajo del escritorio del responsable del cementerio. Nada había fuera de lo común. Entonces regresa al exterior, agarra su pocillo y se dirige a su oficina. Pero cuando pasaba frente a la siguiente escalera, ve una tenebrosa silueta que se mueve en el patio del palacio. Allí se dirige siempre con pasos muy medidos. Sale al exterior y lo único que encuentra de extraño es la puerta de Catastro abierta. Observa en su interior y para cuando se da vuelta, nota que una fantasmagórica sombra entra al palacio por la puerta que anteriormente había dejado abierta.
Rápidamente, con mucho coraje, regresa por donde volvió, cierra la puerta y se anima a subir al área de Obras y Servicios Públicos. Allí también encuentra vasitos de plásticos y sándwiches pero nuevamente el tenebroso gruñido capta su atención proviniendo del primer piso. Desciende rápidamente aunque muy precavida para no volcar su café. Mira la pared. Observa rasguños y un poster invitando a todos a un desfile de orgullo gay. Despega el afiche y queda mirando aquellas marcas en la pared provocadas por algo desconocido aun, pero que estaba allí adentro.
La sensación de saber que no estaba sola dentro del palacio, hizo que la joven secretaria olvidará el motivo del porqué estaba allí. Observó a cada lado, seguía escuchando el gruñido de la bestia… pero finalmente se encerró en su oficina y se sentó frente a su pc. Cuando se disponía a llevar el pocillo a su boca, vio una enorme sombra que se ponía de pie del lado de afuera. Aunque tenía forma humana, solo gruñía. La funcionaria tomó coraje, rápidamente corrió para abrir la puerta y no encontró a nadie. Regresó, cerró la puerta y cuando dio la espalda, nuevamente aquella figura volvió a colocarse en el lugar.
Finalmente la secretaria se resignó a trabajar igual. Aunque la figura de esa bestia y su potente gruñido permanecían allí, la joven procedió a liquidar los sueldos de los empleados municipales. Pero para su sorpresa, cuando terminó de liquidar el último sueldo, incluso dando un pequeño aumento… la sombra de la puerta se esfumó. Al día siguiente, el propio intendente dio declaraciones a la prensa de lo ocurrido al integrante de su gabinete: “A decir verdad, no es la primera vez que nuestra Secretaria de Hacienda se siente intimidada por el gruñir de algunas personas que están en este palacio… pero también hemos comprobado que luego de los aumentos en las liquidaciones de sueldo, esos gruñidos terminan desapareciendo y olvidándose en el tiempo… hasta la próxima paritaria, claro.”

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 17/11/2012

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