En un principio de
mes y abrumada por mucho trabajo, entre ellos con la liquidación de los
honorables sueldos municipales, la Secretaria de Haciendas decide quedarse una
noche en el palacio para trabajar tranquila. Con el permiso del Intendente,
consigue las llaves del edificio y siendo las once de la noche ingresa al lugar
con muy pocas luces pero desactivando la alarma e ingresando a su oficina.
Mientras pone en funcionamiento su ordenador, se dirige a la cocina para
prepararse un café.
En la cocina
mientras espera que el agua se caliente, un misterioso ruido capta su atención.
Sale de la cocina, se persigna ante la virgen y se asoma a la escalera. Se
trataba de un sonido parecido al gruñido de una enorme bestia. Sube los
escalones con mucho temor y abre la puerta de la sala de reuniones donde solo
había restos de vasitos de plásticos y sándwiches de miga. Pero ahora el sonido
con mayor intensidad proviene de la oficina de Producción… camina hacia allí, y
no encuentra a nadie. En ese instante escucha el ruido del agua de la pava que
estaba hirviendo, así que rápidamente baja a la cocina, se prepara el café y
camina lentamente por la galería de intendentes.
La poca iluminación
del pasillo y el lejano gruñido de una desconocida bestia, causaban un escalofrío
en los brazos de la secretaria que temía volcar el contenido del pocillo. De a
ratos, miraba hacia atrás con la sensación de que alguien estaba
persiguiéndola. Además tenía el presentimiento de que las miradas de los
fallecidos intendentes seguían su caminar. Cuando pasa frente a la oficina de
su superior, escucha que el gruñido proviene del área de comercio. Deja por un
momento su café en la mesa de recepción y se atreve a abrir la temerosa puerta.
Tampoco allí
encuentra a nadie. Se asoma detrás de las cajas y finalmente mira debajo del
escritorio del responsable del cementerio. Nada había fuera de lo común.
Entonces regresa al exterior, agarra su pocillo y se dirige a su oficina. Pero
cuando pasaba frente a la siguiente escalera, ve una tenebrosa silueta que se
mueve en el patio del palacio. Allí se dirige siempre con pasos muy medidos.
Sale al exterior y lo único que encuentra de extraño es la puerta de Catastro
abierta. Observa en su interior y para cuando se da vuelta, nota que una
fantasmagórica sombra entra al palacio por la puerta que anteriormente había
dejado abierta.
Rápidamente, con
mucho coraje, regresa por donde volvió, cierra la puerta y se anima a subir al
área de Obras y Servicios Públicos. Allí también encuentra vasitos de plásticos
y sándwiches pero nuevamente el tenebroso gruñido capta su atención proviniendo
del primer piso. Desciende rápidamente aunque muy precavida para no volcar su
café. Mira la pared. Observa rasguños y un poster invitando a todos a un
desfile de orgullo gay. Despega el afiche y queda mirando aquellas marcas en la
pared provocadas por algo desconocido aun, pero que estaba allí adentro.
La sensación de
saber que no estaba sola dentro del palacio, hizo que la joven secretaria
olvidará el motivo del porqué estaba allí. Observó a cada lado, seguía
escuchando el gruñido de la bestia… pero finalmente se encerró en su oficina y
se sentó frente a su pc. Cuando se disponía a llevar el pocillo a su boca, vio
una enorme sombra que se ponía de pie del lado de afuera. Aunque tenía forma
humana, solo gruñía. La funcionaria tomó coraje, rápidamente corrió para abrir la
puerta y no encontró a nadie. Regresó, cerró la puerta y cuando dio la espalda,
nuevamente aquella figura volvió a colocarse en el lugar.
Finalmente la
secretaria se resignó a trabajar igual. Aunque la figura de esa bestia y su
potente gruñido permanecían allí, la joven procedió a liquidar los sueldos de
los empleados municipales. Pero para su sorpresa, cuando terminó de liquidar el
último sueldo, incluso dando un pequeño aumento… la sombra de la puerta se
esfumó. Al día siguiente, el propio intendente dio declaraciones a la prensa de
lo ocurrido al integrante de su gabinete: “A decir verdad, no es la primera vez
que nuestra Secretaria de Hacienda se siente intimidada por el gruñir de
algunas personas que están en este palacio… pero también hemos comprobado que luego
de los aumentos en las liquidaciones de sueldo, esos gruñidos terminan
desapareciendo y olvidándose en el tiempo… hasta la próxima paritaria, claro.”
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 17/11/2012
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