Amaro ingresa a la seccional 27ª muy nervioso. Golpea
con su llave el cristal de la recepción y de detrás de la pared sale una joven
oficial para atenderlo.
"Señorita, ¡vengo a hacer una denuncia por una
desaparición!" - informó muy decidido a la empleada.
La agente tomó asiento detrás de su mostrador y se
dispuso a tomar nota mientras buscaba una birome Bic en todo su escritorio.
Como no la halló, directamente tomó una lapicera que llevaba dentro de su
cartera que había comprado en Caprichos. Tomó una hoja en blanco, encabezó el
asunto como "búsqueda de desaparecido" y luego dirigió su mirada al
hombre que permanecía de pie muy preocupado.
"Señor, dígame. ¿Quién desapareció?" -
preguntó.
Amaro se rascó la cabeza y midió las palabras con las
que comenzaría su denuncia. La oficial notó sus gestos y le preguntó sobre un
nombre, apellido, fecha de desaparición, vínculo u otro dato que pudiera
facilitar la búsqueda de quien estaba desaparecido. Pero el hombre sorprendió
con su información:
"Desapareció mi barrio" - le dijo.
La joven paralizó su mano y le solicitó que repitiera
lo que había dicho. El masculino le comunicó que luego de estar veinte años en
Italia regresó a Arroyo Seco y no encontró su barrio: "algo tiene que
haber pasado, ¡no puede ser que esas manzanas y esa plaza no estén en el lugar
que estaban antes de irme!" - manifestó muy nervioso.
"Señor, ¡los barrios no desaparecen! ¿Cómo está
seguro que desapareció el suyo?" - interrogó la empleada que no salía del
asombro y que no veía el momento de que finalizara su turno para irse a su casa
y descansar junto a su familia mientras miraría el programa de Lanata.
Amaro insistió en su denuncia: "había un barrio
donde se encontraba una enorme higuera... ahí subíamos con los pibes a atrapar
chicharras o jugar a las escondidas mientras que otro contaba apoyado en uno de
los eucaliptus del mismo predio. Y de esa planta pasábamos a comer moras en
otra, terminábamos con la boca pintada y luego imitábamos las armas de las
Tortugas Ninjas con las ramas caídas. En ese mismo lugar, había dos arcos que
marcaban una cancha y un largo camino que llevaba a un monte donde llevábamos
nuestros galgos para cazar liebres. Pero todo eso desapareció y quiero saber
dónde está."
La agente sonrió y se prestó al inesperado relato. Le
consultó si era seguro que la higuera, la mora y los eucaliptus no seguían
estando allí: "difícil que desparezcan los arboles, tal vez los está
buscando en un lugar incorrecto" – le manifestó.
El hombre tragó saliva y siguió danto detalles:
"Estoy seguro señorita que no están allí. ¡Cómo no darme cuenta dónde
estaba ese árbol de higo que se llenaba de moscas! Además había una planta de
kaki que jamás dejábamos con los pibes que los mismos duraran mucho tiempo. No
sabe lo rico que eran... ¡y cómo no recordar cuando las avistas nos sacaron
corriendo en uno de esos días que subimos al mismo para comer de esas frutas!
Terminamos todos llenos de ronchas en todo el cuerpo y rápidamente fuimos al
zanjón que estaba detrás de casa para pasarnos barro y amortiguar la picazón.
¡Nada de eso hay! ¡No puede ser! ¡Algo pasó para que desapareciera de esa
manera mi barrio!"
La oficial miró la hora en su celular e hizo que
buscaba entre unas carpetas un formulario el que completaría los datos de la búsqueda.
Amaro se apoyó en el cristal con sus dos manos y unas lagrimas se le escaparon
de sus ojos: "Señorita, ¡dígame algo! ¡No sabe lo que significaba para mí
ese barrio que ya no está! Ahí conocí a mis mejores amigos... ¡los pibes del
barrio! Ahí también conocí a mi novia... ¡teníamos doce años y nos dimos el
primer beso detrás de los eucaliptus para que nadie nos viera! Ahí también
enterramos a mi perro galgo luego de que con un alambre se lastimara su panza y
se le infectara todo el cuerpo. En ese mismo lugar poníamos las botellas donde
colocábamos las cañitas voladoras y encendíamos los cuetes para las fiestas...
¡a propósito, mi perro galgo los agarraba y le explotaban en su boca sin
hacerle daño! ¡Ese lugar que ya no está es mi barrio! ¡Quiero volver a verlo
dónde estaba!"
"Señor, las cosas han cambiado desde que usted se
fue a Italia... en veinte años seguro que su barrio no es el mismo, ¡pero le
puedo asegurar que está ahí!" - le indicó la muchacha mientras bajaba el
volumen de su radio para que el triste hombre no escuchara las palabras de sus
compañeros que recorrían las calles de la ciudad.
"¡No puede ser, señorita!" - expresó el
hombre al momento que su esposa ingresó a la dependencia y lo motivó a regresar
al auto para recorrer la ciudad que no veían desde hace varios años. La mujer
notó la tristeza de su marido y no pudo evitar decirle que se tranquilizara:
"Amor, lo habíamos hablado allá en Italia. Era obvio que no ibas a
encontrar tu barrio como era antes. Pero vos sabes que aunque tu barrio haya desaparecido
por los cambios normales del paso del tiempo... esos arboles, esos frutos, esos
pibes, esos galgos, esos momentos lindos vivido en tu barrio no desaparecerán
nunca de tu mente!"
Gracias Lucas por la idea para este cuento. Dedicado a
los que volvieron a Arroyo Seco.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 03/08/2013
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