- Dígame, señor candidato, ¿a qué se debe su cara de preocupado?
- Ocurre que ya comenzó la carrera y aun no puse primera. O sea, no sé
si usted podrá ayudarme, pero tengo que realizar una campaña con poco
presupuesto y no sé por dónde comenzar.
- Ah, bien. Le propongo que se tome un tiempo para planificar esa
campaña a base de sus recursos.
- El problema es ese, no cuento con muchos recursos. Por un lado el
partido que me invitó a que sea candidato no me dio un peso y creo que tampoco
lo hará. Y por el otro lado, no cuento con respaldo de empresarios u otros
terceros que quieran ayudarme.
- A veces es cuestión de saber administrarse… con poco se puede hacer
mucho igual. Intente priorizar los medios que utilizará para darse a conocer a
la gente.
- Eso es cierto, voy a desechar la idea del dirigible sobrevolando la
ciudad con mi cara impresa a sus costados y el recital de Soledad Pastorutti gratis
para todos. Tengo que ser original y hacer algo que otros no hicieron.
- Esa es una buena manera de pensar… ¿y se le ocurrió algo?
- Colocar un cartel bien grande sobre el paso a nivel. ¿Qué le parece?
- Le digo que es buena idea pero varios ya se anticiparon… es más, creo
que de tantos que ya tienen su cartel sobre los pasos a nivel, nadie les presta
atención. Y ni hablar si uno considera que están ubicados en un lugar donde
cualquier conductor tiene que estar atento a cruzar y no distraerse visualmente
con nada.
- No lo había pensado en eso. ¿Y qué me dice de poner un cartel en cada
poste del cantero central de las avenidas de la ciudad? Creo que no habrá
transeúnte que no vea mi cartel.
- En esas ideas se le escapó la tortura, señor candidato; otros le
ganaron de mano. Piense en otras cosas.
- Estaba pensando grabar unos globos con mi cara y enviar unas
promotoras en los barrios para que repartan a los niños. Aunque luego de
pensarlo bien, no creo que a los niños les guste mucho un globo con mi cara que
de por cierto, no me favorece mucho. Además estos pequeñitos no votan. Entonces
pensé en ir con una sombrilla a algún lugar bien transitado para charlar con
los que pasen por allí.
- ¿Pensó en el lugar?
- En el ingreso al Cementerio, un domingo a la tarde. O en el acceso al
autopista con algunas pomposas chicas que frenen a los vehículos y en esos
momentos acercarme para entregarle mi panfleto. O afuera de los supermercados…
¡quién dice que hasta puedo ayudar a alguna abuela a trasladar el changuito y ganarme
así su voto!
- Puede ser… aunque lo del ingreso al cementerio no me convence mucho.
- ¿Por qué no? Recuerdo que en otros momentos hubo muertos que
definieron elecciones. Además, estar ahí en el ingreso me permitirá consolar a
alguna viuda y acompañarla hasta el nicho de su amado y colocar juntos una
flor, esa mujer me votará seguro. E incluso pensar que pueda estar justo en el
momento en que van a sepultar a alguien y ofrecerme de corazón a trasladar el
féretro aunque no conozca al difunto… y si fuese necesario para ganar el voto
pienso emitir algún llanto.
- Sigo sin convencerme.
- Como también pienso recorrer los barrios más humildes de la ciudad…
francamente no los conozco, pero para hacerme conocer estoy dispuesto a recorrer
sus calles, saludar a los vecinos y prestar mi oído para los que quieran
contarme las necesidades que tengan. No tengo dramas con tener que llenarme el
calzado de barro caminando esos barrios o tener que sacar dos pesos de mi
billetera para ayudar a alguna familia carenciada. Y eso que mis ideas son bien
originales y bastante económicas.
- ¿Por qué no se organiza y planifica las acciones de su campaña? Una
buena planificación le ayudará a saber a qué público desea llegar y qué medio
utilizará.
- Bueno, en realidad quiero llegar a todos. No quiero que nadie se
escape de saber que soy candidato y de que soy la mejor opción para un
verdadero cambio… a propósito: CAMBIO, linda palabra para usar en la campaña.
Voy a hablar de cambio ya que nadie lo hace.
- Le cuento que es la palabra que la mayoría de los candidatos usan como
caballito de batalla.
- ¿Usted dice? Porque se me acaba de ocurrir una idea: hacer un desfile
de caballos por la ciudad y pondré a cada costado de los equinos la leyenda de “cambio”.
Recorreremos los barrios con barros y por supuesto, también el cementerio. Algo
tengo que hacer para poner primera en mi campaña… aunque pensándolo bien, la
idea del dirigible no estaba nada mal.
La Posta Hoy - 04/04/2015
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