Cualquiera diría
que dirigir un equipo de futbol es cosa simple, salvo cuando se trata de un
plantel femenino y entre ellas, está la esposa del DT. Como es el caso de
Álvarez, que tras la petición de su mujer y un par de sus amigas, se puso al
hombro la tarea de dirigir un amateur equipo de barrio preparándose para un
encuentro con pares de la localidad de Fighiera. Y lo que el buen hombre no se
esperaba, era que su amada le haría una escena de celos abandonando el
seleccionado tres días antes del partido.
“No me podes
hacer esto” – le solicitó Álvarez apenas llegado a su casa y mientras dejaba a
un costado, la utilería de entrenamiento; “la número 9 es tuya”. Pero su esposa
le cuestionó que había mirado en demasía a alguna de sus compañeras; “le
pasaste una botellita de agua a la Mari y a mí, nada.” Y fue entonces que el DT
apeló al poco romanticismo que le surgió de repente, hasta finalmente
convencerla a sumarse nuevamente al equipo y celebrar la decisión con una noche
romántica.
Al día
siguiente, por la tarde, el equipo se dio cita frente al Anfiteatro para correr
y entrenarse en las diferentes cuadras que conforman el boulevard. Las chicas
corrieron varias vueltas al nivel de las exigencias como cualquier deportista,
hicieron ejercicios sobre las estructuras de gimnasio y algunas, terminaron por
quedarse cerca de la estación de trenes donde se sometieron a pequeños
golpecitos en sus espaldas con la promesa de ser curadas de todo mal. Y así
regresaron a sus casas esperando el encuentro del día siguiente frente a sus
pares de Fighiera.
Después de
subirse todas a la M Verde, las integrantes del equipo comenzaron con sus
canticos de cancha mientras que Álvarez se permitió estar sentado solo en los
primeros asientos y argumentando que las conocía poco y nada. Otras en cambio,
se sentaron juntas para ponerse al día de lo que estaba aconteciendo con los
protagonistas de Las Mil y una Noche; y Entre Caníbales. Hasta que llegaron a
Fighiera y descendieron en la parada más próxima al predio donde desarrollarían
el encuentro y allí el DT aprovechó el momento para sacar de su bolso, un juego
de camisetas; unas similares a la de Rosario Central que había conseguido en
calidad de préstamo de un equipo de la copa organizada por un canal de
televisión.
“Ni loca me
pongo esos colores” – argumentó Yoli a sus compañeras, “nací y moriré leprosa.”
Y aunque por varios minutos sus compañeras intentaron convencerla sin éxito,
finalmente optó por ponérsela al revés al momento en que llegaban a la cancha y
vio que el equipo rival vestía de una camiseta con colores similares a la del
Barcelona.
Al instante
arribó al predio un retirado árbitro que generosamente había aceptado dirigir
el partido tras el pedido de su amigo, Álvarez, a quien conocía de años cuando
era director técnico de las inferiores de un club de Arroyo Seco. Y cuando todo
estaba en condiciones, las jugadoras se ubicaron dentro de la cancha y sonó el
silbato.
Comenzó el
encuentro y Álvarez no paraba de asombrarse por la agilidad y fortaleza de una
de las jugadoras del equipo local, una chica que no se cansaba de correr a una
velocidad considerable y con una táctica indiscutible. Incluso esta jugadora
hace el primer gol a los tres minutos de iniciado el partido desde un tiro
libre ejecutado desde el centro de la cancha. Y allí fue cuando al DT las cosas
no le cerraban en la conformación del equipo contrario.
Segundos luego
del festejo del gol y para cuando todas las jugadoras se preparaban para el
saque desde el medio de la cancha, la flamante goleadora se acomoda con sus manos
su entrepierna y Álvarez le grita al árbitro que detuviera el partido. Y para
sorpresa de todas las visitantes, aquella jugadora no era más que una
travesti infiltrada en el equipo
figuerense.
Allí fue cuando
Álvarez intentó que anularan el gol, expulsaran a esa jugadora o suspendieran
el encuentro, caso contrario. “No hay que discriminar” – se defendía la
goleadora, lo más parecido a Lizy Tagliani del sur santafesino. Pero Álvarez
argumentando que su presencia era ventajosa para el equipo local, y sin que el
árbitro no pudiera mediar entre las partes; las jugadoras de Arroyo Seco
terminaron por agredir a las rivales convirtiendo el encuentro en un ring de
kingboxing. Y a la media hora, las arroyenses terminaron en la seccional de
policía de la vecina localidad mientras que Álvarez salió en libertad
rápidamente pero tuvo que enfrentar una manifestación frente a la dependencia
de cientos de gay y travestis contra su supuesto acto discriminatorio.
Fue así que
Álvarez decidió nuevamente alejarse de la dirección técnica aunque tuvo que
comprar un juego de camiseta nueva para el equipo que le había prestado la
vestimenta pre encuentro. Y las chicas del barrio se conformaron solamente con
picaditos entre ellas con el deseo, lejano de alguna manera, de volver a encontrar
otro DT que las guiara por la senda correcta.
La Posta Hoy, 4/7/2015

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