sábado, 4 de febrero de 2012

ACCIDENTE


Benito Juárez salió a caminar como todos los días por la Plaza 9 de Julio y le llamó la atención un grupo de personas frente a la Biblioteca. Se acercó. Notó que se trataba de un acto donde colocaban una estrella para llamar a conciencia sobre los accidentes de tránsito. Le resultó interesante, así que cuando llegó a su casa se lo comentó a Doña Beatriz, que a medias escuchó a su esposo, ya que acomodaba en la alacena los artículos que acababa de comprar en el supermercado chino.
“...Beatriz, también estaba el intendente” – culminó el relato Benito Juárez.
Doña Beatriz, que todas las tardes se juntaba a matear con su vecina Marta, ya tenía el tema de conversación. Marta era una mujer que hacía benevolencias en Caritas. “Marta, ¿vos no escuchaste nada de un accidente frente al municipio esta mañana? Algo así me comentó Benito… Que también estaba el intendente” – le dijo Beatriz a su amiga, sentadas bajo la sombra de un paraíso.
“No Beatriz, y eso que escucho todas las mañanas a Noemí, pero no dijeron nada” – respondió Marta, que aún no salía de su asombro de cómo ocurren accidentes en pleno centro y en plena hora del día sin que nadie lo haya prevenido.
Cuando el sol comenzó a caer, la benévola Marta terminó de llenar un bolso negro con zapatillas y ropa que ya no servían en su casa y las llevó para hacer caridad. Don Julio Gómez recibió el paquete muy contento:
“Gracias Beatriz… ¡Que Dios la bendiga!”
“Don Julio, usted que anda siempre por la calle, ¿no supo nada de un accidente que tuvo el intendente esta mañana? Al parecer fue frente a la plaza…”
Julio, que aquella mañana no había salido de su casa, se enteró de la noticia muy asombrado. Que el máximo funcionario de la ciudad tuviera un accidente por negligencia (porque Beatriz supuso que, además, fue por negligencia) era una novedad que debía charlar con sus pares. Y ya que integraba la comisión directiva de tres instituciones de la ciudad, justo aquella noche lo comentó en la reunión de una de ellas.
Así fue como el accidente por negligencia del intendente fue el tema de conversación entre los cuatro miembros de la comisión directiva, que estaban reunidos como si fueran la ONU decidiendo qué hacer con la seguridad mundial. La comisión la integraban como veinte personas, pero siempre se reunían cuatro: Doña Esperanza, Don Martino, Don Ignacio y Don Julio. Entre ellos sabían que su institución era muy importante como para seguir reuniéndose y tratar de sacarla a flote, pese a las deudas que dejó la administración anterior.

Doña Esperanza llevó la noticia a su barrio. Hasta Ramirito, su vecinito de nueve años, se enteró y corrió para decirle a su mamá que el intendente estaba ebrio en el momento del choque, provocando un accidente en cadena, haciendo que un colectivo de la línea M chocara con el frente de la capilla del colegio de las monjas.
Don Martino, con algunas copas de vino de cajita encima, lo difundió entre sus compañeros de bochas. Buenos jugadores que se la pasaron criticando a los medios, que no dijeron nada del accidente sólo para cubrir al intendente, “siempre pasa eso, nos enteramos de lo que ellos quieren… de las cosas que más importan, ningún medio dice nada” – argumentó un experimentado bochófilo que sabía que tendría que esperar al sábado para enterarse de la verdad en La Posta.
Don Ignacio se lo contó a su nieta Flopi, una adolescente de quince años que más tarde chatearía con su novio. Antes, publicó la noticia en su muro de Facebook. Para entonces todos los cibernautas de la ciudad estaban enterados de que el intendente tenía su carnet de conducir vencido, manejaba un auto importado, manejaba a 100 km por hora en pleno centro y que, además, venía de discutir con el presidente del Concejo, por lo que se produjo ese accidente.

Benito salió de su casa en dirección al almacén del barrio a comprar cien gramos de mortadela, cien de queso y un cuarto de pan. Doña Elvira lo atendió muy triste y mientras colocaba el fiambre en la cortadora no pudo evitar dialogar con su vecino:
“¿Vio lo que pasó, Don Benito? Parece que murió el intendente esta mañana en un accidente…”
“No me diga Doña Elvira, pensar que lo vi esta mañana muy sonriente frente a la Biblioteca.”
“Terrible Don Benito. Seguro lo vio entonces antes de que ocurriera el accidente.”
Don Benito también se amargó por la noticia, que tendría que comentarle a su esposa al llegar a casa, mientras preparían los sándwiches de mortadela y queso.
“Era un pan de Dios este pibe” – manifestó Doña Elvira.
“¡Terrible! Y yo que lo vi parado ahí junto a la estrella…”
“Por eso le digo Don Benito, el intendente era un pan de Dios… seguro que está en el cielo, rodeado de estrellas.”



Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 04/02/2012

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