Benito Juárez salió a caminar como
todos los días por la Plaza 9 de Julio y le llamó la atención un grupo de
personas frente a la Biblioteca. Se acercó. Notó que se trataba de un acto
donde colocaban una estrella para llamar a conciencia sobre los accidentes de
tránsito. Le resultó interesante, así que cuando llegó a su casa se lo comentó
a Doña Beatriz, que a medias escuchó a su esposo, ya que acomodaba en la
alacena los artículos que acababa de comprar en el supermercado chino.
“...Beatriz, también estaba el
intendente” – culminó el relato Benito Juárez.
Doña Beatriz, que todas las tardes se
juntaba a matear con su vecina Marta, ya tenía el tema de conversación. Marta
era una mujer que hacía benevolencias en Caritas. “Marta, ¿vos no escuchaste
nada de un accidente frente al municipio esta mañana? Algo así me comentó
Benito… Que también estaba el intendente” – le dijo Beatriz a su amiga,
sentadas bajo la sombra de un paraíso.
“No Beatriz, y eso que escucho todas
las mañanas a Noemí, pero no dijeron nada” – respondió Marta, que aún no salía
de su asombro de cómo ocurren accidentes en pleno centro y en plena hora del
día sin que nadie lo haya prevenido.
Cuando el sol comenzó a caer, la
benévola Marta terminó de llenar un bolso negro con zapatillas y ropa que ya no
servían en su casa y las llevó para hacer caridad. Don Julio Gómez recibió el
paquete muy contento:
“Gracias Beatriz… ¡Que Dios la
bendiga!”
“Don Julio, usted que anda siempre
por la calle, ¿no supo nada de un accidente que tuvo el intendente esta mañana?
Al parecer fue frente a la plaza…”
Julio, que aquella mañana no había
salido de su casa, se enteró de la noticia muy asombrado. Que el máximo
funcionario de la ciudad tuviera un accidente por negligencia (porque Beatriz
supuso que, además, fue por negligencia) era una novedad que debía charlar con
sus pares. Y ya que integraba la comisión directiva de tres instituciones de la
ciudad, justo aquella noche lo comentó en la reunión de una de ellas.
Así fue como el accidente por
negligencia del intendente fue el tema de conversación entre los cuatro
miembros de la comisión directiva, que estaban reunidos como si fueran la ONU
decidiendo qué hacer con la seguridad mundial. La comisión la integraban como
veinte personas, pero siempre se reunían cuatro: Doña Esperanza, Don Martino,
Don Ignacio y Don Julio. Entre ellos sabían que su institución era muy
importante como para seguir reuniéndose y tratar de sacarla a flote, pese a las
deudas que dejó la administración anterior.
Doña Esperanza llevó la noticia a su
barrio. Hasta Ramirito, su vecinito de nueve años, se enteró y corrió para
decirle a su mamá que el intendente estaba ebrio en el momento del choque,
provocando un accidente en cadena, haciendo que un colectivo de la línea M
chocara con el frente de la capilla del colegio de las monjas.
Don Martino, con algunas copas de
vino de cajita encima, lo difundió entre sus compañeros de bochas. Buenos
jugadores que se la pasaron criticando a los medios, que no dijeron nada del
accidente sólo para cubrir al intendente, “siempre pasa eso, nos enteramos de
lo que ellos quieren… de las cosas que más importan, ningún medio dice nada” –
argumentó un experimentado bochófilo que sabía que tendría que esperar al
sábado para enterarse de la verdad en La Posta.
Don Ignacio se lo contó a su nieta
Flopi, una adolescente de quince años que más tarde chatearía con su novio. Antes,
publicó la noticia en su muro de Facebook. Para entonces todos los cibernautas
de la ciudad estaban enterados de que el intendente tenía su carnet de conducir
vencido, manejaba un auto importado, manejaba a 100 km por hora en pleno centro
y que, además, venía de discutir con el presidente del Concejo, por lo que se
produjo ese accidente.
Benito salió de su casa en dirección
al almacén del barrio a comprar cien gramos de mortadela, cien de queso y un
cuarto de pan. Doña Elvira lo atendió muy triste y mientras colocaba el fiambre
en la cortadora no pudo evitar dialogar con su vecino:
“¿Vio lo que pasó, Don Benito? Parece
que murió el intendente esta mañana en un accidente…”
“No me diga Doña Elvira, pensar que
lo vi esta mañana muy sonriente frente a la Biblioteca.”
“Terrible Don Benito. Seguro lo vio
entonces antes de que ocurriera el accidente.”
Don Benito también se amargó por la
noticia, que tendría que comentarle a su esposa al llegar a casa, mientras
preparían los sándwiches de mortadela y queso.
“Era un pan de Dios este pibe” –
manifestó Doña Elvira.
“¡Terrible! Y yo que lo vi parado ahí
junto a la estrella…”
“Por eso le digo Don Benito, el intendente
era un pan de Dios… seguro que está en el cielo, rodeado de estrellas.”
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 04/02/2012
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