Trascendió en cuestión de días la
existencia de un probable misterio que ocurría por las noches en el Concejo.
Primero los comentaron María y Susana, unas abuelas timberas, que mientras
regresaban de jugarse la tercera parte de su pensión en el chinchón pasaron
frente al lugar y escucharon ruidos que provenían del edificio. Segundo fue el
testimonio de don Martino que, al salir de un club de la cuadra, también
aseguró escuchar ruidos y ver inclusive una sombra que caminaba adentro –según
lo que comentó a su propia familia. A decir verdad, más creíble fue lo que
relataron las primeras señoras ya que era sabido que don Martino no salía del
bar en las mejores condiciones para que su relato tuviese validez.
Pero no tardaron en aparecer un
tercer y cuarto relato. Eran de personas que también, al pasar caminando a alta
hora de la noche frente al Consejo, aseguraron escuchar ruidos extraños en su
interior. Un político, excandidato a concejal, inclusive atestiguó ver cómo las
cortinas se movían casi simulando ser un fantasma; aunque su relato fue tomado
para la risa tratándose de esta persona que en cada candidatura jamás superó
los cien votos ni siquiera prometiendo choripanes gratis para amigos y
allegados.
Así fue como el extraño suceso tomó
estado público y finalmente llegó a tratarse en la sesión de los ediles. ‘Mitad de la población está hablando de que
en el concejo suceden cosas raras’ – expuso uno de ellos mientras seguía
mandando sms desde su celular; ‘y quiero
llevarles tranquilidad de que acá la casa está en orden.’
Otro concejal luego de proponer wi-fi
gratis en las plazas de la ciudad también manifestó su preocupación por lo que
días atrás había llegado a sus oídos: ‘propongo
también ya que vamos a tener wi-fi en las plazas, que se coloquen cámaras
dentro del concejo y ver qué pasa por las noches.’ El edil que día atrás se
había alquilado la película Actividad Paranormal tenía más interés en que se
aprobara su proyecto que en saber qué estaba ocurriendo (único proyecto que
presentaría durante todo el año).
Finalmente todos coincidieron en
invitar al cura párroco y a un pastor para que bendijera el edificio. Cosa que
ocurrió pero los ruidos extraños continuaron por las noches dándole más
seriedad al asunto que, al parecer, en un principio, era solo un chisme. Uno de
los ediles puso su pecho a la cuestión y propuso quedarse toda la noche en el
Concejo: “dormiré acá porque siempre fui
un hombre comprometido con la ciudad al igual que cuando pedí que, sí o sí,
sacaran a los violadores de la 27ª y que si fuera necesario me los llevaba a mi
casa” – expuso el funcionario en una conferencia de prensa.
El edil calzó su calzoncillo a
lunares amarillos, su gorra pompom y un osito Poh para dormir en su oficina. PUM…
se escuchó alrededor de las tres de la mañana. El ruido lo despertó y el miedo
invadió su cuerpo. Encendió una vela casi temblando. Abrió la puerta de su
oficina y el viento apagó la llama. El ruido era más continuo. Se le erizaron
los pelos de sus brazos al momento que encendía nuevamente la vela: ‘Dios te prometo que me voy a portar bien y
voy a cumplir mis promesas’-rezó mientras caminaba por el edificio. Pero el
ruido finalmente desapareció y el funcionario, que ya había mojado su ropa
interior, regresó a su sitio.
Lo llamativo fue que en lugar de
investigar el suceso, su presencia en el lugar alimentó los comentarios. “Yo vi cuando las luces se apagaban y se
prendían” – murmuraron María y Susana que siguieron malgastando la tercera
parte de su jubilación en mesas de chinchón a altas hora de la noche. “Para mi se trata del espíritu de un ex
concejal que reclama por alguna ordenanza, como muchas, que duermen en algún
cajón sin ser puesta en marcha” – concluyó un veterano político
aprovechando la ocasión para aparecer en un matutino radial. “Sinceramente no sentí ni vi nada” – fue
lo que dijo el edil al otro día mientas seguía reclamando internet gratis en
las plazas de la ciudad.
En la siguiente sesión se aprobó un
proyecto de investigación científica de lo acontecido. Terminaron convocando a
unos investigadores de Buenos Aires, los mismos que examinaron la hamaca que se
movía sola por Firmat. Y en la siguiente sesión todos los concejales terminaron
enemistados discutiendo la aprobación del jugoso pago que solicitaban estos
“científicos” por el trabajo realizado en el edificio público:
“Con
lo que gastamos en estas personas hubiéramos instalado wi-fi en todas las
plazas de la ciudad” – manifestó el único edil que se negaba a aprobar la
suma que debía abonarse. Pero por votos de la mayoría, se pagó la investigación
que concluyó en una escueta respuesta:
.: Se comunica a la ciudad de Arroyo
Seco que los sucesos extraños que han preocupado a gran cantidad de habitantes
se debía a la presencia de un felino que ingresaba por las noches al Honorable
Concejo Municipal :.
Así fue como La Posta ese siguiente sábado
publicó en sus titulares: “Gato encerrado en el Concejo.”
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 10/02/2012
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