Por los años ochenta fue el furor la
manera en la que se engaño a muchos niños que compraron un sea monkeys: una
especie de cápsula que al entrar en contacto con el agua daba lugar a una
especie de monito mutante acuático. La cuestión es que jamás dieron resultado.
O al menos hasta ahora, ya que pudo comprobarse en estos días que varios sea
monkeys cayeron en el Arroyo Seco, al ingreso de la ciudad, y por la
contaminación de éste pudieron sobrevivir y evolucionar.
“Sr Intendente ¿qué explicación le da
a esto?” – preguntó una periodista al funcionario en radio Asunción. “Creemos
que finalmente la contaminación de nuestro arroyo no es tan negativa… acá vemos
el fruto, gracias a ella sobrevivieron estos monitos de agua y ahí están…
felices y contentos” – respondió el intendente.
Así fue como grupos de alumnos de las
escuelas de la ciudad visitaban eL basural de la ciudad para asomarse al arroyo
y divisar a los extraños animalitos que se paseaban por el agua.
“Señor ¿y eso que flota ahí que es?”
–le preguntó Ramirito a su maestra. “Vos mirá los monitos… ¡lo otro que está
flotando no mires” – le indicó la docente que podía reconocer el fruto del
desagüe cloacal, “¿no son hermosos esos seamonkeys?”
Un medio televisivo local fue a la
defensa de la contaminación, “hace meses atrás hablábamos de los peces muertos
que aparecieron en este arroyo, pero ahora vemos que también hay cosas
positivas… acá vemos la vida de esos monitos” – relató una periodista.
De Basta de Cáncer y otros
movimientos ecológicos, personas fueron a recorrer el arroyo y no pudieron
salir del asombro al hallar organismos vivientes en ese contaminado lugar, “no
salimos del asombro, a partir de ahora abandonaremos nuestra lucha porque nos
damos cuenta que la contaminación tiene lados buenos” – manifestó una mujer de
la agrupación a un periódico. Eso motivó a una campaña donde se invitaba a
todos los vecinos a arrojar sus residuos desde el puente sobre la ruta con la
finalidad de brindar alimento a estas especies.
El concejo aprobó una ordenanza
declarando al arroyo como caudal de vida para los hidro-monitos, “inclusive
estamos analizando marcar un espacio cerca del predio de la perrera, para que
la gente vaya a bañarse y tenga contacto directo con estos animalitos” –
comentó en sesión un edil que día atrás había arrojado su bolsa de basura al
arroyo siguiendo la sucia pero motivadora campaña.
Otro de los ediles fue más allá del
asunto y se animo a tomar agua en las manos y llevarla a su boca, “vamos a
crear una ordenanza invitando a empresas contaminantes a instalarse junto a
este caudal… queda demostrado que no hay mejor que la contaminación para la
vida de estos seamonkeys” – expresó en conferencia de prensa mientras hacia
gárgaras con el agua que en ese momentos tenía manchas azules y burbujas de
extrañas procedencias.
Así es como un importante empresario
llegó con su empresa a la ciudad apelando “nuestros desechos son los mejores
abonos para estos bichitos… llegamos a arroyo para aportar nuestra
contaminación”- informó a la prensa frenando la marcha de algunos vecinos que
irían a oponerse a su instalación; “sabemos que esos mismos desechos pueden
crear deformaciones en algunos ciudadanos que residen próximo a nuestra planta,
pero son efectos secundarios… acá importa la vida de esos monitos.”
Ante el aplauso de autoridades la
nueva planta comenzó a funcionar sin problemas abriendo unas enormes canillas y
dejando caer kilos de residuos patológicos al canal de agua, “con estos
residuos nuestros seamonkeys estará más que felices” – manifestó un funcionario
ante los micrófonos. Una espuma verdosa se formó en la superficie del arroyo
dando muerte a varios peces y a animales que bebieron del mismo, pero lo que
importaba era el aporte contaminante a la causa de vida de estos especímenes
cuya historia ya investigaba National Geographic para un documental.
“Nuestra contaminación no daña… da
vida”- fue el enorme cartel que se colocó al ingreso de la ciudad con el
auspicio de varias empresas locales.
Aunque luego de varios años y con la
llegada de un nuevo gobierno, se descubrió que esos seamonkeys jamás existieron
en el arroyo…. y que solo fue el invento de funcionarios que justificaron la
contaminación y la instalación de empresas contaminantes yendo bien lejos de la
realidad.
Gracias a Gustavo por la idea para este cuento.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 19/05/2012
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