sábado, 7 de julio de 2012

ASADO CON AMIGOS


El día lunes por la mañana los compañeros de trabajo de un taller mecánico de la ciudad se ponen de acuerdo en juntarse a comer un asado el viernes siguiente. Entre ellos se encontraba Carlos, que también es informado del evento:
“Este viernes comemos un asadito con los muchachos” – le comunica un amigo del taller, “eso sí, traete la autorización de tu señora porque no queremos ser culpables de tu divorcio.” La última vez que se habían juntado a comer, antes de que Carlos llevara el primer bocado de carne a su boca sonó su celular y se tuvo que ir a su casa luego de que su esposa lo llamara asustada por creer escuchar algunos ruidos extraños en el patio.
Llega a su casa y se dispone a darle la noticia a su amada Susana que en ese momento cortaba cebollas con una cuchilla preparando la salsa para los fideos que habían comprado en La Cholita. Pensándolo bien, directamente le pidió una hoja y una lapicera a su hija y se puso a escribir la autorización: “Día viernes. Autorizo en el día de hoy a mi esposo Carlos a asistir al asado con sus amigos siempre y cuando se limite a ir a ese lugar y volver desde allí. Firma: Susana.”
“¿Y, Carlos, te dieron el permiso?” – le preguntó su compañero al día siguiente, a lo que el le respondió: “Estoy en ese trámite… pero cuenten conmigo, no hay problema.”
Ya nuevamente en su casa, le dice a Susana de la invitación que recibió para el día viernes. “Claro, te invitan tus amigos del taller y vas…” – le manifestó su cariñosa esposa, “pero cuando te invito yo a pasear, siempre tenés una excusa. La ultima vez que me llevaste al cine fuimos a ver ‘La ultima nieve de primavera’ en el cine Unión.” La autorización tenía que esperar unos días, dado que justo ese martes su señora estaba con el día más complicado del mes de toda mujer.
A solas, toma nuevamente la autorización y agrega una nueva oración al texto: “Siempre y cuando no salude ni mire a otra mujer que se le cruce en el camino; ni ingiera más alcohol de lo permitido. Firma: Susana.” Al día siguiente, antes de llegar a casa, pasa por Noya y le compra un secador de cabellos ya que era el motivo por el que ella siempre renegaba: tener que salir con el pelo mojado en pleno invierno.
“Vos sabes que no me gustan estos aparatos… dañan mucho el cabello, lo escuché en Utilísima” – le expresó su esposa que de todas maneras, le agradeció el regalo. Luego ella, mientras preparaba la cena, también ayudaba a su hija en la tarea de la escuela, al mismo tiempo pasaba la escoba por el comedor y también daba de comer al perro; pero Carlos solo miraba el noticiero de Canal 2.
Por la noche, nuevamente agrega más palabras al texto: “Reconociendo que por ir al asado me tendrá que escuchar toda la semana cuando le recrimine que sus amigos están siempre primero. Firma: Susana.” El día jueves, Carlos coordina con un compañero para que el día viernes pase a buscarlo por su casa abriendo al paraguas antes de que llueva.
“Mañana no pensarás llevarte el auto, ¿eh?” – le consultó Susana a su esposo durante la cena. Carlos le dijo que su amigo pasaría a buscarlo. Fue en ese momento donde el se puso contra la pared y ella sacó su artillería: “¿Y quién va? ¿Dónde comen? ¿Cuánto vas a gastar… acordate que la semana próxima tenemos que pagar la cuota del lavarropas? ¿Por qué no te compras con esa plata un pantalón que estas hecho un croto? ¿Y para qué compraste el secador de pelo?… que a propósito se lo regalé a mi mamá!”
Carlos se toma otros minutos a solas para modificar la nota: Esta autorización tiene validez entre las 21 hs y las 01 hs. Firma: Susana.“ Y pretende conseguir el permiso apelando al amor. Planifica una noche fogosa pero cuando llega a la cama, su esposa estaba en el quinto sueño y roncaba como el oso perezoso de La Era de Hielo. Se acuesta, reza como nunca antes lo había hecho en su vida y se duerme.
Por la mañana se levanta temprano y le prepara un rico café que lleva a la cama de su amada. “¿Café? Hace quince años que estamos casados y no sabés que el café me produce nauseas…” – le recrimina ella obligándole a tirar todo lo preparado e irse al taller. En el trabajo, mientras sus compañeros dejaban preparado el parrillero y compraron el asado para la noche, Carlos pensaba la manera en que conseguiría la firma de Susana.
Como si fuera poco, cuando llega a su casa se encuentra con la visita de su suegra que hacía cinco meses que no venía a visitarlos, “vino a comer con nosotros esta noche y agradecerte por el secador de pelos” – le comunica su mujer. Saca la nota del bolsillo de su pantalón y se la extiende.
“¿Esto que es?” – le pregunta ella que mira a su madre desconcertada.
Carlos entrecruza la mirada de su esposa con su suegra y finalmente termina abollando la autorización para arrojarla en el tacho de basuras, “¿suegra, le gusta el café?” – pregunta mientras le manda un mensaje a su compañero para que no pase a buscarlo.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 07/07/2012

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