sábado, 14 de julio de 2012

TU BARRIO


“Querido Carlitos, ya hace quince años que te fuiste de Arroyo a los Estados Unidos y todavía se te extraña un tocazo en el barrio. Siempre me acuerdo cuando éramos unos pibes y jugábamos en la canchita, así nomas… sin arcos ni redes se armaba el partido. Un par de botellas vacías y un buzo indicaban los arcos. Te cuento que en ese lugar pusieron una fabrica que contamina un tocazo y está convirtiendo en mutantes a medio barrio.
¿Te acordas del gordo que siempre lo mandábamos al arco? E igual de queso era en el arco. Un día se casó, se fue del barrio y con un golpe de suerte hizo la América; ahora ni siquiera anda por acá y si te lo cruzás en el centro, hace que no te conoce. Pensar que se crió con nosotros cazando ranas en el zanjón que está detrás del barrio y ahora se da que es de clase alta.
¿Y del “narigón”? Bueno, el “narigón” jugaba muy bien a la pelota pero se quejaba de todo y siempre quería cobrar full. Me acuerdo cuando la madre se metió en la cancha y lo sacó de los pelos porque le había mentido. La vieja era media loca, eso es cierto… pero el narigón siempre le decía que se iba a la escuela, guardaba el guardapolvos en la mochila y se iba a cazar pajaritos al cañaveral.
El “narigón” también se cazó pero se quedó en la casa de la vieja. Ya tiene como cinco hijos y no le fue muy bien en la vida. Un día abrió una carnicería en el barrio, vinieron todos los amigos y familiares a la inauguración y hasta como cuatro plantas le regalaron. Pero a los dos meses tuvo que cerrar porque no vendía ni un pedazo de bife en toda una semana. Negocio que hizo, negocio que le salió mal. Después desapareció del barrio y lo último que supe es que se metió a vender droga, lo agarró la policía y está preso en Ezeiza.
¿Y te acordas del “rata”? – Era terrible ese pibe. Les mentía siempre a los viejos y se escapaba para ir al río. Me acuerdo cuando tenía once años y apareció en la canchita con un atado de cigarrillos. Fue en cana un tocazo de veces hasta que se hizo evangélico, por lo que me enteré; dejó la mala vida y ahora tiene una iglesia cerca de Rosario.
Como ya te dije esa canchita no existe más. Y si existiera no iría nadie porque todos los pibes de ahora se juntan a jugar la play y no tienen ni idea de lo que significa inflar una pelota. Además, en el lugar donde nos juntábamos a cazar pajaritos con la gomera, ahora se armó un escondite donde unos pibes se juntan a drogarse y nadie les dice nada.
Carlitos, en todo este tiempo, la ciudad cambió un tocazo. Tenemos un anfiteatro, un club nuevo, más barrios y olvídate que podés dejar las bicicletas sin candado afuera de tu casa. Me acuerdo cuando fuimos con tu mamá que estaba embarazada de tu hermano. Fuimos a acompañarla al hospital y a las cuatro horas regresamos a tu casa con el bebé. Era así de siempre; ahora te buscan muchas vueltas para que nazca un pibe y encima, te lo hacen nacer siempre un miércoles porque es el único día que viene el especialista que gana con la cesárea.
También me acuerdo cuando armamos una casa de ramas en el medio de la plaza. Estaba muy buena. Habíamos organizado entre todos los pibes turnarnos para ver quién se quedaba toda la noche a cuidarla pero después vino al topadora de la municipalidad y la terminó derrumbando. Nos enojamos un poco esa  tarde pero por la noche nos olvidamos de esa casa cuando la “martita” nos invitó al asalto que organizó en su casa. Estaba bueno eso: era escuchar música hasta que se terminara el caset, darlo vuelta y seguir bailando.
La “martita” era linda en ese tiempo. Ahora, encima que es agrandada porque esta casada con un abogado, es más fea que Chuky. Se metió en la política y dos por tres, se postula para algún puesto pero no saca más de treinta votos. ¿Y de acordás de la “rulitos”? Era re traga en la escuela, se recibió de arquitecta y ya volvió a casarse por tercera vez… pensar que cuando íbamos a los asaltos nadie quería bailar con ella de lo fiera que era. También me acuerdo cuando la madre de la “rulitos” nos invitó a todos los pibes del barrio a tomar chocolatada en su casa y, sin querer, vos le rompiste el florero entonces le echamos la culpa al gato. La vieja lo sacó a escobazos al gato que no tenía nada que ver.
¿Y de aquel día que fuimos al río detrás del cementerio? –Era sacar y sacar mojarritas. La madre del “toto” las hizo fritas y comimos entre todos los pibes, y después ahí nos quedamos a mirar una película alquilada porque era la única casa del barrio que tenía un reproductor de video.
Carlitos, ojalá algún día vuelvas nuevamente al barrio. De seguro que no lo vas a reconocer. Hay gente nueva pero todavía están nuestros nombres grabados en el cemento fresco del centro de la plaza. Ojalá amigo que nunca te olvides de las cosas que vivimos en el barrio, porque aquellos tiempos eran mas sanos y más divertidos. ¡Sí, hemos sido sabandijas pero nos divertíamos! Por eso donde estés, estoy seguro que tu barrio será siempre tu barrio.



 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 14/07/2012

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