“Querido Carlitos, ya hace quince
años que te fuiste de Arroyo a los Estados Unidos y todavía se te extraña un
tocazo en el barrio. Siempre me acuerdo cuando éramos unos pibes y jugábamos en
la canchita, así nomas… sin arcos ni redes se armaba el partido. Un par de
botellas vacías y un buzo indicaban los arcos. Te cuento que en ese lugar
pusieron una fabrica que contamina un tocazo y está convirtiendo en mutantes a
medio barrio.
¿Te acordas del gordo que siempre lo
mandábamos al arco? E igual de queso era en el arco. Un día se casó, se fue del
barrio y con un golpe de suerte hizo la América; ahora ni siquiera anda por acá
y si te lo cruzás en el centro, hace que no te conoce. Pensar que se crió con
nosotros cazando ranas en el zanjón que está detrás del barrio y ahora se da
que es de clase alta.
¿Y del “narigón”? Bueno, el “narigón”
jugaba muy bien a la pelota pero se quejaba de todo y siempre quería cobrar
full. Me acuerdo cuando la madre se metió en la cancha y lo sacó de los pelos
porque le había mentido. La vieja era media loca, eso es cierto… pero el
narigón siempre le decía que se iba a la escuela, guardaba el guardapolvos en
la mochila y se iba a cazar pajaritos al cañaveral.
El “narigón” también se cazó pero se
quedó en la casa de la vieja. Ya tiene como cinco hijos y no le fue muy bien en
la vida. Un día abrió una carnicería en el barrio, vinieron todos los amigos y
familiares a la inauguración y hasta como cuatro plantas le regalaron. Pero a
los dos meses tuvo que cerrar porque no vendía ni un pedazo de bife en toda una
semana. Negocio que hizo, negocio que le salió mal. Después desapareció del
barrio y lo último que supe es que se metió a vender droga, lo agarró la
policía y está preso en Ezeiza.
¿Y te acordas del “rata”? – Era
terrible ese pibe. Les mentía siempre a los viejos y se escapaba para ir al
río. Me acuerdo cuando tenía once años y apareció en la canchita con un atado
de cigarrillos. Fue en cana un tocazo de veces hasta que se hizo evangélico,
por lo que me enteré; dejó la mala vida y ahora tiene una iglesia cerca de
Rosario.
Como ya te dije esa canchita no
existe más. Y si existiera no iría nadie porque todos los pibes de ahora se
juntan a jugar la play y no tienen ni idea de lo que significa inflar una
pelota. Además, en el lugar donde nos juntábamos a cazar pajaritos con la
gomera, ahora se armó un escondite donde unos pibes se juntan a drogarse y
nadie les dice nada.
Carlitos, en todo este tiempo, la
ciudad cambió un tocazo. Tenemos un anfiteatro, un club nuevo, más barrios y
olvídate que podés dejar las bicicletas sin candado afuera de tu casa. Me
acuerdo cuando fuimos con tu mamá que estaba embarazada de tu hermano. Fuimos a
acompañarla al hospital y a las cuatro horas regresamos a tu casa con el bebé.
Era así de siempre; ahora te buscan muchas vueltas para que nazca un pibe y
encima, te lo hacen nacer siempre un miércoles porque es el único día que viene
el especialista que gana con la cesárea.
También me acuerdo cuando armamos una
casa de ramas en el medio de la plaza. Estaba muy buena. Habíamos organizado
entre todos los pibes turnarnos para ver quién se quedaba toda la noche a
cuidarla pero después vino al topadora de la municipalidad y la terminó
derrumbando. Nos enojamos un poco esa
tarde pero por la noche nos olvidamos de esa casa cuando la “martita”
nos invitó al asalto que organizó en su casa. Estaba bueno eso: era escuchar
música hasta que se terminara el caset, darlo vuelta y seguir bailando.
La “martita” era linda en ese tiempo.
Ahora, encima que es agrandada porque esta casada con un abogado, es más fea
que Chuky. Se metió en la política y dos por tres, se postula para algún puesto
pero no saca más de treinta votos. ¿Y de acordás de la “rulitos”? Era re traga
en la escuela, se recibió de arquitecta y ya volvió a casarse por tercera vez…
pensar que cuando íbamos a los asaltos nadie quería bailar con ella de lo fiera
que era. También me acuerdo cuando la madre de la “rulitos” nos invitó a todos
los pibes del barrio a tomar chocolatada en su casa y, sin querer, vos le
rompiste el florero entonces le echamos la culpa al gato. La vieja lo sacó a
escobazos al gato que no tenía nada que ver.
¿Y de aquel día que fuimos al río
detrás del cementerio? –Era sacar y sacar mojarritas. La madre del “toto” las
hizo fritas y comimos entre todos los pibes, y después ahí nos quedamos a mirar
una película alquilada porque era la única casa del barrio que tenía un
reproductor de video.
Carlitos, ojalá algún día vuelvas
nuevamente al barrio. De seguro que no lo vas a reconocer. Hay gente nueva pero
todavía están nuestros nombres grabados en el cemento fresco del centro de la
plaza. Ojalá amigo que nunca te olvides de las cosas que vivimos en el barrio,
porque aquellos tiempos eran mas sanos y más divertidos. ¡Sí, hemos sido
sabandijas pero nos divertíamos! Por eso donde estés, estoy seguro que tu
barrio será siempre tu barrio.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 14/07/2012
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