sábado, 12 de enero de 2013

HONORABLE AMOR


Un día Cupido flechó a dos ediles mientras debatían un proyecto de ordenanza que intentaba reglamentar el control de plagas en el centro de la ciudad. Aunque el era de un partido y ella respondía a otro, el amor fue mas fuerte para estos concejales que no pudieron evitar cruzar sus miradas y sonreírse para dar comienzo a una cálida relación.
En aquella sesión fue como si el tiempo se detuviera para ambos. La palabra del presidente del Concejo sonaba cada vez más lejana y parecía que todos los que estaban alrededor caminaban en cámara lenta. Allí brotó el amor como una pequeña raíz que luego alcanzaría grandes dimensiones.
Para las siguientes sesiones juntaron sus sillas y votaban los diferentes proyectos, tomados de sus manos. No había ningún proyecto en el que disentían y, mas allá de oficialismo y oposición, proyecto que presentaba uno de ambos automáticamente tenía la aprobación del otro. Y si por aquellas inoportunidades en algo se contradecían durante algún debate, rápidamente cuando el presidente del concejo daba finalizada la sesión, ambos se saludaban con un profundo beso reconciliador.
La bandería política no impidió el amor: hasta se rumoreó entre los comensales de La Enoteka que ambos iban a armar un nuevo partido Radicalmente Justicialista. Pero eso quedó solo en un supuesto. Cada uno siguió militando en su partido aunque evitaban hablar en su intimidad sobre esas cuestiones partidarias. Pero lo que dificultó un poco la cuestión fue el momento de las elecciones legislativas... donde ambos encabezaban respectivas listas para renovar sus mandatos.
En algunas ocasiones uno era capaz se presenciar el acto político del otro sin ningún temor ni problema. Jamás se criticaron en sus discursos para ganar el voto de los ciudadanos y al momento de recorrer las calles, lo hacían juntos de la mano y compartiendo mimos y besos en algunas esquinas de la ciudad. Y aunque cada uno tenía sus propios seguidores, entre ellos se respetaban... incluso al punto de colocar pasacalles y panfletos tanto de uno como del otro candidato siempre en un clima muy armonioso. Tal fue el caso que entre esos jóvenes luego se conformó un nuevo movimiento al que llamaron "La Campera Morada", con militantes siempre movilizados que entraron en los jardines de infantes de la ciudad para hacer semilleros políticos.
La noche anterior a las elecciones ambos doblaban votos de las dos propuestas mientras intercambiaban sus pícaras miradas. Y por mas veda electoral que estaba en vigencia, los enamorados se conectaron entre sus brazos muy apasionadamente: "¡Aguante Perón y Alfonsín!" - se decían al oído y entrelazaban sus dedos.
En el acto eleccionario, siempre de la mano recorrían escuela por escuela como veedores. Tanto uno como el otro no tenía drama de visitar el bunker partidario de su pareja y las notas a los medios la daban juntos:
"Si votan a uno o al otro, votan al amor entre ambos" - decían. Y así se deseaban suerte entre sí a tal punto que cada uno emitió el voto a su media naranja.
Y la suerte los favoreció a ambos sacando la misma cantidad de votos y logrando así conservar sus puestos. Los festejos fueron en grande y sus  compañeros de milicias se unieron para tirar papelitos y arrojar fuegos artificiales para celebrar la victoria.
"Pese a que somos de partidos diferentes... el amor fue mas fuerte" - declararon a la prensa mientras se armaba una caravana para acompañarlos por la ciudad al momento que se unían en un apasionado beso.
"¿Qué pasará cuando tengan que apoyar el presupuesto del próximo año del Ejecutivo?" - les consultó una joven periodista que luego subiría la nota al portal de Arroyo Diario.
"Ya lo hemos hecho y resulto" - dijo el edil, "entre nosotros no habrá tema calificados de pertenecer al oficialismo o la oposición... todo lo aprobamos o no, pero siempre juntos. Dejaré que mi amada decida."
Aquella relación tomó formalidad en el altar donde el cura párroco bendijo aquella unión: "Que ni la muerte, ni la enfermedad, ni resultados electorales ni nada separe lo que Dios une... ¡hasta la victoria!"
Y con el tiempo nació el retoño. Un niño que creció lleno de militantes radicales y justicialistas, que aprendió las mañas políticas de chiquito y que mamó las discusiones partidarias desde el momento que comenzó a tener conocimiento. Pero que cuando creció finalmente terminó militando en la juventud de la Izquierda Unida pese a que, a diferencia de sus padres, nunca los votos le alcanzaron para ocupar un lugar en el concejo.


 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 12/01/2013

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