sábado, 13 de julio de 2013

MEDIACION VECINAL


El gobierno municipal optó en un determinado momento por brindar un nuevo servicio a la comunidad: una oficina con la atención de dos profesionales para mediar en conflictos vecinales y buscar resoluciones pacíficas sin tener que llegar a instancias de denuncias o juicios. Al frente del nuevo espacio de la municipalidad quedaron Eugenio Metido, abogado y el psicólogo Renzo Delmate.
 La primera consulta la hicieron dos damas del barrio del puerto que tenían conflictos por el agua que una de ellas barría frente a la casa de la otra luego de lavar su auto. "Estoy cansada de salir y encontrarme con una laguna frente a mi casa porque a ella se le ocurre lavar en cualquier momento del día su C4" - manifestó una de las mujeres delante de los académicos.
"Yo no tengo la culpa que frente a tu casa haya un pozo y quede el agua estancada allí" -se defendió la otra persona; "tampoco voy a estar barriendo el agua hasta la bajada del puerto para que caiga al río." Cuando el doctor Metido tomó la palabra y les ofreció, luego de tranquilizarlas, que la dueña del C4 antes de lavar el auto saque a pasear por el centro de Arroyo Seco a su vecina y luego proceder al lavado. Las damas aceptaron la propuesta y antes de cada lavado, una llevaba a la otra a lucirse por la ciudad en el auto y ambas terminaban lavándolo juntas y abrazadas.
La siguiente situación fue con una vecina del cuartel del bomberos; "no puede ser que siempre que suene la sirena, el ruido de la misma me de un susto a punto de pararme el corazón" - dijo. El doctor Delmate también convocó a una reunión a un representante de la institución para que escuchase la queja de la señora: "lavando los platos, suena la sirena y del susto se me caen de las manos... o durmiendo, pego un salto en la cama que me da miedo. Así no puedo seguir viviendo" - manifestó.
Tras la medicación profesional, el cuartel de bomberos acordó que antes de sonar la sirena primero llamaría a la vecina alertándola de la misma para que no le agarre de sorpresa. Así es que segundos antes de anunciar una emergencia, el teléfono de la mujer sonaba y el cuartelero le comunicaba: "señora, tome asiento y póngase cómoda que en cinco segundos suena." Y ella se acomodaba para recibir el ulular de manera tranquila y sin sobresaltos.
Otro conflicto llevado a la oficina municipal tuvo como protagonistas a una madre del barrio Asunción enojada con su vecino cuyo perro ladraba toda la noche y no dejaba dormir a su hijito; "mi bebé no puede dormir con el ladrido... ¡eso no es justo!" El dueño del can asistió y se defendió del ataque delante del doctor Metido: "No es así doc, porque el hijo de la señora no puede dormir no por mi perro sino porque tiene 19 años y se queda toda la noche en facebook".
De todas maneras, para una medicación con profunda parcialidad entre las partes, los profesionales optaron por aconsejarle que mientras el muchacho permaneciera en internet invite al perro a dormir en su regazo o que navegue con su notebook en el patio con el animal y utilizando el wifi del vecino. Todos aceptaron la propuesta y la pusieron en marcha sin percatarse que al poco tiempo también el can se hizo adicto al internet 2.0
También un vecino del barrio Santa Rita llegó a presentar su queja; "tengo mi vecino que es havy metal y se la pasa escuchando música a alto volumen todo el día sin que en mi casa ni siquiera podamos comunicarnos entre nosotros" - expresó. El doctor Delmate convocó al roquero a una reunión y allí se presentó un joven con unos auriculares del tamaño de una taza y escuchando música estrepitosa; "no, men, este anciano no tiene onda y le cae todo pesado... pero mei music tiene estilo y es lo más" – argumentó en su defensa.
El aporte de los responsables del área ayudó a que el vecino se hiciera muy amigo del roquero con la condición de que además de rock metal a alto volúmen, de vez en tanto se pudiera oír un tango o una chacarera. El metalero aceptó y cada quince minutos reproducía un tema acorde al gusto del vecino que le indicaba estar más que cómodo detrás de las cortinas de la ventana.
Y como estos, cientos y cientos de casos pudieron tener una resolución armoniosa: cuñadas que terminaron abrazándose y queriéndose como amigas, suegras y nueras que salieron de la oficina tomadas de la mano, almaceneras de un mismo barrio que se juntaban a tomar el té para acordar vender ambas al mismo precio, abuelas que devolvieron a los chicos de su manzana las pelotas que caían en su patio y hasta algunos concejales que terminaron como íntimos amigos de integrantes del ejecutivo.

Todo parecía de maravilla hasta que el doctor Metido acusó a su compañero de haber llegado a ese puesto sin concurso de convocatoria a profesionales; mientras que el doctor Delmate le devolvió la acusación tratándolo de impostor por aprovechar la oficina para hacerse de nuevos clientes. Los profesionales terminaron a las trompadas, no hubo posibilidades de reconciliación y el área de medicación vecinal, llegó a su fin.

La Posta Hoy - 13/07/2013 

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