El gobierno municipal optó en un
determinado momento por brindar un nuevo servicio a la comunidad: una oficina
con la atención de dos profesionales para mediar en conflictos vecinales y
buscar resoluciones pacíficas sin tener que llegar a instancias de denuncias o
juicios. Al frente del nuevo espacio de la municipalidad quedaron Eugenio
Metido, abogado y el psicólogo Renzo Delmate.
La primera consulta la hicieron dos damas del
barrio del puerto que tenían conflictos por el agua que una de ellas barría
frente a la casa de la otra luego de lavar su auto. "Estoy cansada de
salir y encontrarme con una laguna frente a mi casa porque a ella se le ocurre
lavar en cualquier momento del día su C4" - manifestó una de las mujeres
delante de los académicos.
"Yo no tengo la culpa que
frente a tu casa haya un pozo y quede el agua estancada allí" -se defendió
la otra persona; "tampoco voy a estar barriendo el agua hasta la bajada
del puerto para que caiga al río." Cuando el doctor Metido tomó la palabra
y les ofreció, luego de tranquilizarlas, que la dueña del C4 antes de lavar el
auto saque a pasear por el centro de Arroyo Seco a su vecina y luego proceder
al lavado. Las damas aceptaron la propuesta y antes de cada lavado, una llevaba
a la otra a lucirse por la ciudad en el auto y ambas terminaban lavándolo
juntas y abrazadas.
La siguiente situación fue con una
vecina del cuartel del bomberos; "no puede ser que siempre que suene la
sirena, el ruido de la misma me de un susto a punto de pararme el corazón"
- dijo. El doctor Delmate también convocó a una reunión a un representante de
la institución para que escuchase la queja de la señora: "lavando los
platos, suena la sirena y del susto se me caen de las manos... o durmiendo,
pego un salto en la cama que me da miedo. Así no puedo seguir viviendo" -
manifestó.
Tras la medicación profesional, el
cuartel de bomberos acordó que antes de sonar la sirena primero llamaría a la
vecina alertándola de la misma para que no le agarre de sorpresa. Así es que
segundos antes de anunciar una emergencia, el teléfono de la mujer sonaba y el
cuartelero le comunicaba: "señora, tome asiento y póngase cómoda que en
cinco segundos suena." Y ella se acomodaba para recibir el ulular de
manera tranquila y sin sobresaltos.
Otro conflicto llevado a la oficina
municipal tuvo como protagonistas a una madre del barrio Asunción enojada con
su vecino cuyo perro ladraba toda la noche y no dejaba dormir a su hijito;
"mi bebé no puede dormir con el ladrido... ¡eso no es justo!" El dueño
del can asistió y se defendió del ataque delante del doctor Metido: "No es
así doc, porque el hijo de la señora no puede dormir no por mi perro sino
porque tiene 19 años y se queda toda la noche en facebook".
De todas maneras, para una
medicación con profunda parcialidad entre las partes, los profesionales optaron
por aconsejarle que mientras el muchacho permaneciera en internet invite al
perro a dormir en su regazo o que navegue con su notebook en el patio con el
animal y utilizando el wifi del vecino. Todos aceptaron la propuesta y la
pusieron en marcha sin percatarse que al poco tiempo también el can se hizo
adicto al internet 2.0
También un vecino del barrio Santa
Rita llegó a presentar su queja; "tengo mi vecino que es havy metal y se
la pasa escuchando música a alto volumen todo el día sin que en mi casa ni
siquiera podamos comunicarnos entre nosotros" - expresó. El doctor Delmate
convocó al roquero a una reunión y allí se presentó un joven con unos
auriculares del tamaño de una taza y escuchando música estrepitosa; "no,
men, este anciano no tiene onda y le cae todo pesado... pero mei music tiene estilo y es lo más"
– argumentó en su defensa.
El aporte de los responsables del
área ayudó a que el vecino se hiciera muy amigo del roquero con la condición de
que además de rock metal a alto volúmen, de vez en tanto se pudiera oír un
tango o una chacarera. El metalero aceptó y cada quince minutos reproducía un
tema acorde al gusto del vecino que le indicaba estar más que cómodo detrás de
las cortinas de la ventana.
Y como estos, cientos y cientos de
casos pudieron tener una resolución armoniosa: cuñadas que terminaron
abrazándose y queriéndose como amigas, suegras y nueras que salieron de la
oficina tomadas de la mano, almaceneras de un mismo barrio que se juntaban a tomar
el té para acordar vender ambas al mismo precio, abuelas que devolvieron a los
chicos de su manzana las pelotas que caían en su patio y hasta algunos
concejales que terminaron como íntimos amigos de integrantes del ejecutivo.
Todo parecía de maravilla hasta que
el doctor Metido acusó a su compañero de haber llegado a ese puesto sin
concurso de convocatoria a profesionales; mientras que el doctor Delmate le
devolvió la acusación tratándolo de impostor por aprovechar la oficina para
hacerse de nuevos clientes. Los profesionales terminaron a las trompadas, no
hubo posibilidades de reconciliación y el área de medicación vecinal, llegó a
su fin.
La Posta Hoy - 13/07/2013
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