Una familia
regresa de sus vacaciones y se encuentran con que delincuentes habían
desvalijado por completo su casa. Se encontraban paseando por Córdoba cuando
desde su domicilio, desconocidos se alzaban con objetos y elementos muy valiosos:
LCD, notebook, microondas, minicomponente, etc. El impacto que les produjo
encontrarse con un enorme desorden al ingresar a su vivienda, fue muy fuerte a
tal punto de ponerse a llorar mientras que el jefe del hogar se comunicaba
rápidamente con la dependencia policial. Y no les quedaba otra que volver a
empezar.
Al día
siguiente, Margarita desciende de la trafic que la lleva todos los fines de
semana al casino y siendo las siete de la mañana, al intentar abrir la puerta
de su casa, se da cuenta que la misma estaba sin llave y abierta. Ingresó y se
encontró que por el patio, desconocidos habían ingresado revolviendo cajones e
interiores de los muebles buscando dinero u objetos de valor; para su tristeza
descubre que le habían robado varias joyas, perlas y algo de dinero que tenía
guardado en un rincón del ropero. Y aunque llamó a la policía muy triste, no le
quedó otra que tener que resignarse y volver a empezar.
Días después, un
matrimonio sale de una fiesta de casamiento y regresa muy de tarde a su casa.
Pero divisan de lejos que la puerta principal estaba semi abierta. Rápidamente
frenan el auto y mientras la mujer llama a la policía, el esposo se anima a
ingresar con un bate que guardaba debajo de su asiento. Ingresa a su hogar muy
despacio y en los primeros ruidos que produce con su andar, se da cuenta que en
el patio había extraños que alarmados intentaron saltar los tapiales y huir. El
hombre, apenas los divisó, les gritó pero los malvivientes lograron escapar por
espacios linderos al terreno y así perderse entre la oscuridad de la manzana.
El matrimonio ya con la presencia de la policía, descubre que los delincuentes
habían robado dinero que tenían guardado y pequeños objetos de valor; entre
ellos tablet, mp3, relojes de pulsera, etc. Y para cuando los oficiales se
retiraron del domicilio, la pareja quedó mirando cada rincón de la casa con la
impotencia de saber que habían invadido su privacidad.
Y Sergio regresa
de un simposio de profesionales de la medicina, ingresa el auto en su garaje y
para cuando entra a su casa, se encuentra con que desconocidos habían violado
la seguridad de la propiedad y revolvieron algunos sectores alzándose de cosas
de valor. Rápidamente fue a su oficina, tomó un arma que ocultaba debajo de un
mueble creyendo que aun los delincuente podían estar allí, pero no tuvo suerte
y tras recorrer la casa y dar aviso a la fuerza policial, se encontró con que
el robo había sido perpetrado el día anterior faltándole su notebook,
computadora de escritorio, televisor, reproductor de blue-ray, etc. Y guardo el
arma nuevamente, resignado con que lo ocurrido no iba a revertirse de ninguna
manera.
Pero en una casa
común y corriente, tres jóvenes se distribuyen el dinero y los elementos robados en los cuatro hechos.
Se toman varias cervezas y conversan sobre los pasos a seguir para nuevos
robos. Entonces, se toman el tiempo y cada uno se sienta frente a su notebook
conectándose a las redes sociales.
Días atrás, los
integrantes de la familia subían fotos a Facebook de sus vacaciones por Carlos
Paz y la zona. Publicaban imágenes de los lindos paisajes y de sus excursiones.
Y como si fuera poco, la mujer postea una mañana en su muro: “disfrutando los
dos últimos días en Córdoba antes de regresar a casa… ¡qué rápido se pasan las
vacaciones!”.
Margarita
acostumbra de cada lugar donde está, sacarse foto y subirlas a su Facebook.
Incluso horas antes de que ingresaran a robar a su casa, posteo una foto con
dos amigas tomada en el hall del Casino con el comentario: “hoy como todos los
viernes, a probar suerte en este lugar.” Y la foto tuvo varios “me gusta” y
comentarios de otros amigos deseándoles suerte.
Durante la tarde
y mientras el matrimonio se prepara para asistir al casamiento de unos amigos,
la mujer plancha y aprovecha un instante para comentar en su Facebook: “esta
noche todos al casamiento de Loli y Juancho… allá vamos.” Y su publicación tuvo
una decena de pulgares hacia arriba.
Sergio, también
muy fanático de la red social, publicó días atrás las imágenes de cada uno de
los expositores del simposio del que participaba. Incluso subió una selfie en
la que se lo podía ver junto a otros profesionales amigos en el hall del hotel
donde se desarrollaba el evento con la leyenda: “capacitándonos en los últimos
días del simposio de nuestras vidas.” Y la imagen tuvo algunos “me gusta”.
Es que
justamente estos tres jóvenes delincuentes tienen entre sus amigos a estas
personas que publicaron de sus actividades en Facebook e informaron que se
encontraban, por ende, fuera de sus domicilios. Dan “me gusta” a sus fotos y
estados; y pasó lo que pasó.
La Posta Hoy, 1/8/15

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