sábado, 20 de octubre de 2012

REGALO PARA MAMA


Juan terminará de leer este semanario y se acordará de que mañana es el día de la madre. Así que, dejando el periódico sobre la mesa, se tomará el tiempo para pensar en un buen regalo. El ejemplar no quedará ahí mucho tiempo ya que rápidamente vendrá su esposa que lo primero que hará es leer las necrológicas y luego, las noticias policiales.
Cuando comience el horario comercial de un sábado a la tarde, Juan correrá a una florería de calle Libertad. Primero estará quince minutos buscando dónde estacionarse hasta que terminará dejando su vehículo a cuatro cuadras del comercio. Entrará y se encontrará con helechos y potus ya adornados y preparados para la ocasión. Pero cuando pregunte por ellos, el comerciante le informará que todas esas plantas ya están encargadas y que poco queda por ser vendido. “Por qué regalarle algo que todos le regalan a su madre… veré otra cosa” – pensará y saldrá del negocio.
Andando hacia su auto, se detendrá para ver la vidriera de una tienda por calle Belgrano también adornada para la fecha. Pensará primero qué color de esos vestidos le puede gustar a su madre y luego ingresará a consultar sobre los mismos. Esperará un buen rato para ser atendido, dado la cantidad de gente comprando regalos, hasta que finalmente le preguntará a la joven vendedora sobre tal vestido de la vidriera.
“¿Qué talle señor? ¿Es para una señora grande?” – le preguntará la joven.
Juan pensará en el talle a comprar. No lo recordará pero cuando le de explicaciones a la joven sobre el cuerpo de su madre, la misma le dirá que no cuentan con vestidos de ese talle. Así que saldrá de aquella tienda y caminará una cuadra más hasta encontrarse con un bazar.
También allí se encontrará con una gran cantidad de personas comprando regalos y unas malhumoradas vendedoras cansadas del día envolviéndolos. Tomará unos floreros, unas tazas, un centro de mesa y otros utensilios de cocina, “esto es muy barato… tendría que jugármela”- pensará. Dejará entonces todas las cosas en sus estantes y saldrá de aquel comercio.
En su auto llamará a su esposa para consultarle qué puede comprarle a su madre. “Ni idea… una cartera, por ejemplo” – le propondrá su amada. Así que Juan pegará unas vueltas en su auto hasta estacionarse próximo a un comercio por calle H. Irigoyen. Dado que también allí tendrá que esperar a ser atendido, se acercará a mirar unas carteras y comenzará a observarlas mientras no sabrá con cuál quedarse.
“¿Es para usted señora?” – le preguntará la vendedora. Juan, algo ofendido, dejará la cartera en el lugar y saldrá corriendo del comercio para volver a subirse a su vehículo y dirigirse a una casa de electrodomésticos que justamente había lanzado un panfleto con artículos para las madres.
Allí consultará sobre licuadoras, secadores de cabello, celulares y hasta por una tostadora que estaba en promoción. Pero nada le convencerá por los costos también recordando la cantidad de deudas que contrajo en otros momentos. Se determinará a salir y seguirá buscando por otros rubros.
Consultará por un desayuno por calle Sarmiento, por un kit de belleza en calle San Martín, un par de zapatos por calle Sarmiento, unas cortinas en una retacería de Independencia y finalmente terminará comprando, cuatro horas más tarde, un elegante alhajero con un toque bien delicado de presentación. Elegirá el mejor papel de envoltorio y saldrá para su casa esperando el día siguiente para llevárselo a su madre.

Diez de la mañana, Juan llegará junto a su esposa al geriátrico donde está su madre. Bajará con el regalo mientras su mujer quedará en el auto. Entrará al lugar, saludará y abrasará a su mamá que se emocionará al volver a ver a su hijo. Le entregará el regalo y a los cinco minutos saldrá del lugar para subirse al auto y comenzar el día de paseo con su familia.  Su madre, por otro lado, irá a su cuarto y dejará ese regalo junto a los demás que recibió en los últimos años… en el día de la madre.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 20/10/2012

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