sábado, 7 de septiembre de 2013

MATRIMONIO DE FIESTA



Había llegado el día y el matrimonio de Zulma y Gino se comenzaron a preparar para asistir a una fiesta de quince que se desarrollaría en Kawintun. La cita era a las 21 hs; el ya estaba preparado a las 19 hs pero ella recién 20:55hs entraba al baño a ducharse. Ella, días atrás había recorrido un par de tiendas hasta encontrar el vestido más adecuado para la situación e incluso ese sábado se tomó el tiempo para ir a la peluquería de Pagano; en cambio él, siempre despeinado recurrió a ponerse la misma camisa y el jeans que había usado en las dos anteriores fiestas.
Gino a las 21 hs comienza a dar vuelta por la casa mientras que, de a ratos, le indica a su esposa que se apure. Coloca un pañuelo en el bolsillo trasero de su pantalón, un peine en otro, su celular en el bolsillo delantero y  su billetera en otro, además de poner un Beldent en el de la camisa. Zulma, en cambio, pondría todo lo necesario y más aún en un solo lugar: su cartera; aquella que había comprado en una boutique del centro de la ciudad. Ella llevaría además un Uvasal, una tableta de ballaspirinas, un carretel de hilo negro, pañuelitos descartables, pintalabios, espejito, sacapuntas, birome, estampita, monedero, pendrive, tic tac, alfileres de gancho,  esmalte, quitaesmalte, bolsita, monedas sueltas y cientos de pequeñas cosas más.
El enciende el televisor a fin de constatar en Crónica que la hora sea la que figura en su reloj pulsera. Comprueba que efectivamente ya son las 21:20 hs y su mujer recién sale del baño, conecta la plancha y procede a secarse el cabello mientras se queja con su peluquera de haberle dejado un desastre la cabeza; “y encima me cobró ochenta pesos” – manifiesta. Es ahí donde Gino quiere refutarle preguntándole por qué había ido a ese lugar si sabía que no le harían un buen trabajo, y comienzan las primeras discusiones de la noche.
Zulma se toma su tiempo para elegir qué ponerse argumentando que el vestido que había comprado días atrás finalmente no le gusta. Entonces pasa varios minutos mirando el placar, midiéndose uno y otro vestido y buscando la mejor combinación entre zapatos, cartera, aros y resto del vestido. Toda esa búsqueda descontrolada la pone nerviosa mientras que su amado permanece apoyado en la puerta de la habitación esperando el momento para dirigirse a la fiesta.
Un jeans y una camisa fueron sencillamente la ropa de Gino que ya estaba preparado para pasar una linda noche. Ella, en cambio prefirió tomarse su tiempo además para seleccionar el pañuelito que colocaría en su cuello y ver qué anillo combinaba mejor con las minúsculas florcitas que decoraban sus sandalias.
Cuando los ánimos se alteraron por completo, el prefiere ir al vehículo a esperarla mientras se coloca el primer beldent en su boca. Cada cinco segundos, toca bocina haciendo que su hermosa esposa llegara al punto de ebullición y se asome a la puerta para gritarle “¡ya voy!”.  Pero la espera llega a su fin, el termina todos los chicles y ella termina por subirse en el mismo momento en que su amado se da cuenta que tiene pinchada la rueda trasera del vehículo; “¡cómo puede ser que no miraste antes que estaba pinchada!” – le reclama Zulma.
Gino desciende. Reniega por minutos con el baúl hasta que lo abre. Saca las herramientas y auxilio. Afloja los tornillos de la rueda a cambiar. Levanta el coche con el gato. Coloca el auxilio, baja el coche completamente al nivel del piso y ajusta los tornillos. Guarda las herramientas en el baúl e ingresa a su casa para lavarse las manos. Ella aprovechó todo ese momento para dar dentro del coche los últimos retoques a su imagen; encima cuando sube su esposo, le hace la observación que la camisa se había ensuciado con aceite. Entonces el pobre hombre se ve obligado a regresar a su hogar para cambiarla por una que estaba sin manchas, aunque toda arrugada. Y así salen para el cumpleaños faltando pocos minutos para las diez de la noche.
Dentro del coche, había un silencio que podía en cualquier momento quebrarse con enojos contenidos. “Les pedí que nos sentaran en la mesa con mi mamá” – indica ella haciendo que cierto malestar subiera a la cabeza de su esposo. El recordó que en la última fiesta su suegra, en medio de la fiesta, se ahogó con un pedacito de lechuga y tuvo que ser socorrida por AMAS haciendo que tuviera que terminan acompañándola mientras quedó internada hasta el día siguiente.
Y así Gino transitó las últimas cuadras antes de llegar al salón sin ganas. Más aún cuando su esposa nuevamente  se queja de la peluquera. Y para colmo, cuando llegan a Kawintun se encuentran con que no había ninguna fiesta… entonces Zulma busca entre su cartera la tarjeta de invitación donde finalmente descubren que la fiesta había sido el día anterior.


La Posta Hoy - 07/09/2013

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