Había llegado el día y el matrimonio de Zulma y Gino se comenzaron a
preparar para asistir a una fiesta de quince que se desarrollaría en Kawintun.
La cita era a las 21 hs; el ya estaba preparado a las 19 hs pero ella recién
20:55hs entraba al baño a ducharse. Ella, días atrás había recorrido un par de
tiendas hasta encontrar el vestido más adecuado para la situación e incluso ese
sábado se tomó el tiempo para ir a la peluquería de Pagano; en cambio él,
siempre despeinado recurrió a ponerse la misma camisa y el jeans que había
usado en las dos anteriores fiestas.
Gino a las 21 hs comienza a dar vuelta por la casa mientras que, de a
ratos, le indica a su esposa que se apure. Coloca un pañuelo en el bolsillo
trasero de su pantalón, un peine en otro, su celular en el bolsillo delantero
y su billetera en otro, además de poner un
Beldent en el de la camisa. Zulma, en cambio, pondría todo lo necesario y más
aún en un solo lugar: su cartera; aquella que había comprado en una boutique
del centro de la ciudad. Ella llevaría además un Uvasal, una tableta de
ballaspirinas, un carretel de hilo negro, pañuelitos descartables, pintalabios,
espejito, sacapuntas, birome, estampita, monedero, pendrive, tic tac, alfileres
de gancho, esmalte, quitaesmalte,
bolsita, monedas sueltas y cientos de pequeñas cosas más.
El enciende el televisor a fin de constatar en Crónica que la hora sea
la que figura en su reloj pulsera. Comprueba que efectivamente ya son las 21:20
hs y su mujer recién sale del baño, conecta la plancha y procede a secarse el
cabello mientras se queja con su peluquera de haberle dejado un desastre la
cabeza; “y encima me cobró ochenta pesos” – manifiesta. Es ahí donde Gino
quiere refutarle preguntándole por qué había ido a ese lugar si sabía que no le
harían un buen trabajo, y comienzan las primeras discusiones de la noche.
Zulma se toma su tiempo para elegir qué ponerse argumentando que el
vestido que había comprado días atrás finalmente no le gusta. Entonces pasa
varios minutos mirando el placar, midiéndose uno y otro vestido y buscando la
mejor combinación entre zapatos, cartera, aros y resto del vestido. Toda esa
búsqueda descontrolada la pone nerviosa mientras que su amado permanece apoyado
en la puerta de la habitación esperando el momento para dirigirse a la fiesta.
Un jeans y una camisa fueron sencillamente la ropa de Gino que ya
estaba preparado para pasar una linda noche. Ella, en cambio prefirió tomarse
su tiempo además para seleccionar el pañuelito que colocaría en su cuello y ver
qué anillo combinaba mejor con las minúsculas florcitas que decoraban sus
sandalias.
Cuando los ánimos se alteraron por completo, el prefiere ir al vehículo
a esperarla mientras se coloca el primer beldent en su boca. Cada cinco
segundos, toca bocina haciendo que su hermosa esposa llegara al punto de
ebullición y se asome a la puerta para gritarle “¡ya voy!”. Pero la espera llega a su fin, el termina
todos los chicles y ella termina por subirse en el mismo momento en que su
amado se da cuenta que tiene pinchada la rueda trasera del vehículo; “¡cómo
puede ser que no miraste antes que estaba pinchada!” – le reclama Zulma.
Gino desciende. Reniega por minutos con el baúl hasta que lo abre. Saca
las herramientas y auxilio. Afloja los tornillos de la rueda a cambiar. Levanta
el coche con el gato. Coloca el auxilio, baja el coche completamente al nivel
del piso y ajusta los tornillos. Guarda las herramientas en el baúl e ingresa a
su casa para lavarse las manos. Ella aprovechó todo ese momento para dar dentro
del coche los últimos retoques a su imagen; encima cuando sube su esposo, le
hace la observación que la camisa se había ensuciado con aceite. Entonces el
pobre hombre se ve obligado a regresar a su hogar para cambiarla por una que
estaba sin manchas, aunque toda arrugada. Y así salen para el cumpleaños
faltando pocos minutos para las diez de la noche.
Dentro del coche, había un silencio que podía en cualquier momento
quebrarse con enojos contenidos. “Les pedí que nos sentaran en la mesa con mi
mamá” – indica ella haciendo que cierto malestar subiera a la cabeza de su
esposo. El recordó que en la última fiesta su suegra, en medio de la fiesta, se
ahogó con un pedacito de lechuga y tuvo que ser socorrida por AMAS haciendo que
tuviera que terminan acompañándola mientras quedó internada hasta el día
siguiente.
Y así Gino transitó las últimas cuadras antes de llegar al salón sin
ganas. Más aún cuando su esposa nuevamente se queja de la peluquera. Y para colmo, cuando
llegan a Kawintun se encuentran con que no había ninguna fiesta… entonces Zulma
busca entre su cartera la tarjeta de invitación donde finalmente descubren que
la fiesta había sido el día anterior.
La Posta Hoy - 07/09/2013
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