Cesar jamás se imaginaba lo que iba a sucederle solo por el hecho de
aportar su presencia a un momento cargado de diversión y ternura. Se prestó
como voluntario para colaborar en la fiesta del niño municipal y terminó
vestido de payaso. “Pirulin” se bautizó y llegó a la plazoleta haciendo
piruetas y malabares con tres naranjas que había comprado dos horas antes en El
Príncipe.
En un primer instante, una decena de niños corrieron a él para
abrazarle y demostrarle su amor. “Hola Piñón Fijo” – le saludaron unas mellizas
con trenzas. El les aclaró que no tenía nada que ver y que solo era un
voluntario para la fiesta. Pero el cariño de los presentes fue más allá de la
identidad y de a poco, otros niños se sumaron al abrazo para Pirulin.
De su bolsillo sacó unos chupetines que con mucha alegría comenzó a
distribuir entre los niños. De repente se dio cuenta que a su alrededor tenía más
chicos que las golosinas con las que contaba en su bolsillo. Y peor aún, detrás
de los árboles seguían saliendo más y más y caminaban en su dirección con los
brazos abiertos. Entonces Pirulin se asustó y comenzó a despedirlos, “bueno
chicos, ya está… pueden ir para el otro lado” – les comentó.
Repartió los últimos chupetines y levantó en alto la bolsa vacía
apelando a que todos se alejaran de él. Pero un pequeñito de dos años vino a
abrazarlo y estiró su mano esperando recibir su golosina. Pirulin se estremeció
y no le quedó otra que darle la bolsa vacía, dejó que el chiquito buscara el
chupetín allí adentro y aprovechó a alejarse del lugar. Pero no pudo irse muy
lejos, se dio cuenta que una decena de niños permanecían abrazados a sus
piernas.
“Bueno, hago el último malabar” – aclaró Pirulin sabiendo que no tenía
muchas alternativas para zafar de la situación. Los chicos aplaudieron
esperando ver nuevamente el show de tres naranjas que daban vuelta por el aire
y se cruzaban de mano en mano. Así sucedió el sencillo espectáculo terminando
con el momento en que el payaso regaló las frutas a unos niños. Pero se sumó un
cuarto, un quinto y muchos más reclamando también sus frutas. “Voy a buscar más
frutas y vuelvo” – expresó sonriendo mientras huía hacia atrás.
Pero no fue muy lejos. Tropezó con una nenita cachetona y pecosa,
terminando en el piso y los niños se le abalanzaron ya no para abrazarlo sino
para comenzar a saltarle encima. Incluso un nenito de seis años intentó
quitarle la peluca tirándole inclusive de sus patillas naturales. Pirulin se
incorporó y comenzó a agitar sus piernas para despegar a los púberes tal como
un perro de sus pulgas. Pero unos se soltaban y otros se sumaban, y cada vez
eran más… ya no eran veinte ni treinta sino más de cincuenta purretes los que
venían a abrazar al payaso.
Hizo, hizo e hizo hasta que logrando despegarse de los niños, corrió
unos metros… pero esto enardeció a los pequeños haciendo que una nena de cinco
años le arrojara una piedra por la cabeza. Pirulin, medio mareado, terminó apoyado en un árbol y nuevamente se le
juntaron a su alrededor: “Ataquemos a Pirulín!!!” – gritaron algunos pequeños
líderes haciendo que alrededor de setenta burrumines corrieran a él, incluso
bebes que descendían de sus cochecitos y a pasos lentos iban para abrazarlo.
Fue allí cuando un nenito de tres años con camiseta de Ñuls le pegó en
la cabeza con su pelota y otros con remera de Ben10 le dio en la cara con su
tazo. Pirulin empezó a los manotazos como queriendo zafar de un enjambre de
avispas en pleno ataque, pero no pudo con la multitud de inocentes que venían a
rodearlo, incluso algunos bajando del árbol con plumas en su cabeza, pintados
la cara y con flechas y arcos. El payaso intentó huir pero nuevamente cayó en
las manos de siete nenas de cuatro años que vestidas de las Princesas de Disney
lo frenaron y comenzaron a golpearle. Y un pequeñito de cinco años, vestido de
angelito, aprovechó para morderle la oreja y sacarle la nariz roja.
Pirulin no tenía escapatoria y aunque pidió auxilio, ninguno adulto
acudió a ayudarle porque estaban mirando la obra de teatro que se desarrollaba
sobre el escenario, “mira como los chicos quieren al payaso” – le dijo una
madre a otra. Sin embargo, Pirulin seguía siendo víctima de desenfrenados niños
tal como hombre que cae en un rio lleno de pirañas. Hasta que finalmente, Cesar
se quitó la peluca y se sobresaltó entre todos como Hulk dispuesto a dar pelea.
Por un momento, los pequeños se frenaron asustados… se miraron entre sí,
“¡ataquen!” – se motivaron y fueron otra vez a su encuentro.
Pirulín hizo piquete de ojos a un chiquito, tecleó la oreja a otro,
nockeo a otro con una naranja, puso su pañuelo sucio en la boca de un cuarto,
le dijo que Papa Noel no existe a un quinto y revoleo a un par sobre las ramas.
Pero los niños iban a la contraofensiva con mayor impulso: le golpearon en la
panza, uno mordió sus manos, otro le tiró con un bate sobre la cabeza y otro le
pegó en sus genitales dejándole tirado en el piso pidiendo tiempo y paz.
Los chicos se daban cuenta de que todo se les había escapado de sus
manitos. Entonces comenzaron a llorar haciendo que sus padres vinieran a ver
qué es lo que estaba ocurriendo en el lugar. Y los progenitores lo único que
encontraron fue a un payaso tirado en el piso lamentándose de dolores; “¡Que
mal esta persona haciendo llorar a los niñitos! ¡Niños tan inocentes y este
payaso que los trata mal!” – le repudiaron finalmente a Pirulin que terminó
internado en el Clemente Alvarez.
La Posta Hoy - 14/09/2013
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