sábado, 18 de octubre de 2014

DESAFIO AL VOLANTE (parte IV)


Cinco amigos y un desafío: protagonizar el mayor accidente de tránsito por el premio de un millón de pesos. Un interesante monto pero que aun así, jamás devolvería la vida de Cesar, el segundo en lanzarse al juego y en fallecer luego de que su vehículo terminara en el arroyo del ingreso norte a la ciudad tras colisionar con el guardarrail. Y en su velorio, Marcos, Uriel y Laureano se enteran que Dilan había protagonizado el siguiente choque en su huida a Buenos Aires.
Las pocas noticias que habían llegado a Arroyo Seco sobre el accidente de Dilan tenían en vilo a los amigos que hacían vigilia en la sala velatoria. Un familiar les había avisado que éste se encontraba fuera de peligro aunque fue trasladado a un hospital de Capital para su control; viajaba a velocidad normal pero por la herida en su mano perdió el control del coche y terminó por colisionar con otro vehículo. Asi cuando le dieron el alta, se tomó un taxi y se trasladó a la dependencia policial donde se encontraba su auto y lo fotografió por completo.
Alrededor de las dos de madrugada, las imágenes del vehículo accidentado llegan al watsapp de Marcos que no aguantó hasta que se hiciera de día y, sin comentar nada a sus compañeros, salió del velatorio y se fue a casa de Julio en el barrio donde había comenzado días atrás, el reto. Llegó al lugar, llamó varias veces hasta que las luces interiores de la casa se encendieron y se asomó de una ventana, la sobrina de aquel hombre.
Tras haberlo reconocido, la mujer salió a recibirlo y le abrió la puerta de su casa. Le informó a la visita que Julio aun permanecía en Rosario. Marcos ingresó agarrándose la cabeza y con ganas incluso de dar por terminado con todo lo que estaba sucediendo. “¿Ocurre algo?” – preguntó la mujer. El joven se apoyó sobre el espaldar de un sofá y procedió a contarte el motivo de su visita a aquella casa.
La mujer rápidamente cambió su semblante y se mostró muy preocupada por lo que estaba escuchando. Puso tranquilidad en Marcos a quien le ofreció que tomara asiento: “mi tío ha hecho esto en muchas oportunidades, es un obsesionado por los accidentes de tránsito y no hemos podido tratarlo…” – contó; “no obstante, si el les prometió ese dinero, se los dará.”
Marcos regresó a la ciudad muy confundido. Había cosas que no quedaban en claro pero estaba decidido llevar el juego hasta el final. Regresó a la sala velatoria para compartir las nuevas con sus compañeros al momento en que la madre de Cesar, muy dolida, se acercó a hablar con ellos. La mujer los observó detenidamente y les preguntó si sabían el motivo por el que su hijo pudo haber provocado su accidente.
En la larga pausa de la mujer, ninguno de los amigos encontró palabras para contar lo que podía servir para explicar lo que estaban haciendo. Pero aquella madre fue por más: “todas las cosas pasan por una causa… primero Uriel, luego mi hijo y posteriormente Dilan, en Buenos Aires” – relató; “¡esto no es casualidad! Esto está entre ustedes cinco porque siempre estuvieron juntos desde el colegio secundario.” Y los amigos intercambiaron sus miradas hasta que Marcos se animó a responderle midiendo sus palabras. Terminó por mentirle, inventarle cualquier otra excusa y llevándola a concluir que solo era una casualidad.
Y para cuando comenzaba a amanecer, los amigos terminan por acordar seguir con el juego dado que los últimos que quedaban eran Laureano y Marcos, en ese orden. Incluso antes de subirse cada uno a su auto, Uriel los vuelve a llamar y les propone: “¿Por qué no chocan entre ustedes? ¡Y matamos dos pájaros de un tiro!” Ambos se miraron y sonrieron.
A los dos días, Marcos visita le Bote Club para encontrarse con Julio a quien le mostró las fotos del accidente de Dilan: “solo es un 10% del vehículo el que se dañó” – concluyó este hombre. Entonces Julio le aclaró que el accidente de Cesar no podía contarse más en el juego dado que era condición imprescindible quedar con vida luego de cumplir el reto. Antes de salir del barrio, Marcos le mando un mensaje a Lautaro invitándolo a acceder a la propuesta de Uriel.
Fue como tomaron la decisión de protagonizar esa misma noche un choque frontal entre ambos autos por la calle Islas Malvinas próximos a la salida a la autopista. Laureano salió primero a la autopista y despidió a Marcos que permaneció frente al colegio Comercial para cuando su amigo le indicaba que estaba por entrar a la ciudad. La idea era que el primero tomara la via hacia Rosario y a la altura del acceso al paraje El Ombú, por debajo del puente se cruzara de carril, regresara y dé aviso cuando estaba por ingresar a Arroyo Seco.
(continua en la próxima edición)


 La Posta Hoy - 18/10/2014

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