Cinco
amigos y un desafío: protagonizar el mayor accidente de tránsito por el premio
de un millón de pesos. Un interesante monto pero que aun así, jamás devolvería
la vida de Cesar, el segundo en lanzarse al juego y en fallecer luego de que su
vehículo terminara en el arroyo del ingreso norte a la ciudad tras colisionar
con el guardarrail. Y en su velorio, Marcos, Uriel y Laureano se enteran que
Dilan había protagonizado el siguiente choque en su huida a Buenos Aires.
Las
pocas noticias que habían llegado a Arroyo Seco sobre el accidente de Dilan
tenían en vilo a los amigos que hacían vigilia en la sala velatoria. Un
familiar les había avisado que éste se encontraba fuera de peligro aunque fue
trasladado a un hospital de Capital para su control; viajaba a velocidad normal
pero por la herida en su mano perdió el control del coche y terminó por
colisionar con otro vehículo. Asi cuando le dieron el alta, se tomó un taxi y
se trasladó a la dependencia policial donde se encontraba su auto y lo
fotografió por completo.
Alrededor
de las dos de madrugada, las imágenes del vehículo accidentado llegan al
watsapp de Marcos que no aguantó hasta que se hiciera de día y, sin comentar
nada a sus compañeros, salió del velatorio y se fue a casa de Julio en el
barrio donde había comenzado días atrás, el reto. Llegó al lugar, llamó varias
veces hasta que las luces interiores de la casa se encendieron y se asomó de
una ventana, la sobrina de aquel hombre.
Tras
haberlo reconocido, la mujer salió a recibirlo y le abrió la puerta de su casa.
Le informó a la visita que Julio aun permanecía en Rosario. Marcos ingresó
agarrándose la cabeza y con ganas incluso de dar por terminado con todo lo que
estaba sucediendo. “¿Ocurre algo?” – preguntó la mujer. El joven se apoyó sobre
el espaldar de un sofá y procedió a contarte el motivo de su visita a aquella
casa.
La
mujer rápidamente cambió su semblante y se mostró muy preocupada por lo que
estaba escuchando. Puso tranquilidad en Marcos a quien le ofreció que tomara
asiento: “mi tío ha hecho esto en muchas oportunidades, es un obsesionado por
los accidentes de tránsito y no hemos podido tratarlo…” – contó; “no obstante,
si el les prometió ese dinero, se los dará.”
Marcos
regresó a la ciudad muy confundido. Había cosas que no quedaban en claro pero
estaba decidido llevar el juego hasta el final. Regresó a la sala velatoria
para compartir las nuevas con sus compañeros al momento en que la madre de
Cesar, muy dolida, se acercó a hablar con ellos. La mujer los observó
detenidamente y les preguntó si sabían el motivo por el que su hijo pudo haber
provocado su accidente.
En
la larga pausa de la mujer, ninguno de los amigos encontró palabras para contar
lo que podía servir para explicar lo que estaban haciendo. Pero aquella madre
fue por más: “todas las cosas pasan por una causa… primero Uriel, luego mi hijo
y posteriormente Dilan, en Buenos Aires” – relató; “¡esto no es casualidad!
Esto está entre ustedes cinco porque siempre estuvieron juntos desde el colegio
secundario.” Y los amigos intercambiaron sus miradas hasta que Marcos se animó
a responderle midiendo sus palabras. Terminó por mentirle, inventarle cualquier
otra excusa y llevándola a concluir que solo era una casualidad.
Y
para cuando comenzaba a amanecer, los amigos terminan por acordar seguir con el
juego dado que los últimos que quedaban eran Laureano y Marcos, en ese orden.
Incluso antes de subirse cada uno a su auto, Uriel los vuelve a llamar y les
propone: “¿Por qué no chocan entre ustedes? ¡Y matamos dos pájaros de un tiro!”
Ambos se miraron y sonrieron.
A
los dos días, Marcos visita le Bote Club para encontrarse con Julio a quien le
mostró las fotos del accidente de Dilan: “solo es un 10% del vehículo el que se
dañó” – concluyó este hombre. Entonces Julio le aclaró que el accidente de
Cesar no podía contarse más en el juego dado que era condición imprescindible
quedar con vida luego de cumplir el reto. Antes de salir del barrio, Marcos le
mando un mensaje a Lautaro invitándolo a acceder a la propuesta de Uriel.
Fue
como tomaron la decisión de protagonizar esa misma noche un choque frontal
entre ambos autos por la calle Islas Malvinas próximos a la salida a la
autopista. Laureano salió primero a la autopista y despidió a Marcos que
permaneció frente al colegio Comercial para cuando su amigo le indicaba que
estaba por entrar a la ciudad. La idea era que el primero tomara la via hacia
Rosario y a la altura del acceso al paraje El Ombú, por debajo del puente se cruzara
de carril, regresara y dé aviso cuando estaba por ingresar a Arroyo Seco.
(continua
en la próxima edición)
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