Cualquier
transeúnte suponía que lo ocurrido no era otra cosa que un accidente casual.
Pero se trataba de Uriel quien era el primero en cumplir el desafío, entre
cinco amigos, de protagonizar el mejor accidente de tránsito a cambio del
premio de un millón de pesos.
Con
su auto Senic atravesó la ruta a la altura del ingreso del cementerio y fue
envestido por un gran camión que venía en sentido contrario. El vehículo
recibió el impacto y fue arrastrado hasta chocar con la garita de colectivo del
lado este. Fue ahí donde Uriel perdió su conocimiento y minutos más tarde fue
asistido por el servicio de emergencias de Arroyo Seco.
El
día anterior había estado debatiendo con sus amigos si habrían de cumplir o no
aquel desafío recibido por el extraño vecino, Julio, del barrio Bote Club.
Cesar, quien estaba dormido cuando la propuesta de ese hombre fue lanzada sobre
la mesa, pidió más explicaciones sobre la propuesta y aunque en un principio
trató de loco a sus compañeros, luego se animó a jugar. En realidad los cinco
estaban embarcados en la aventura y finalmente luego de tomar varias cervezas,
colocaron sus nombres en una bolsa y sortearon el orden en el que debían
accidentarse.
Uriel
estuvo toda la tarde y la noche de aquel domingo pensando en lo que habría de
hacer desde que extrajeron en primer lugar, su nombre. Ya el día lunes, por
momentos, intentó obtener consejo de otros ajenos a sus amigos pero prefirió
tenerlo en secreto y finalmente, antes de las 20 hs, se subió a su auto
pensando en las muchas cosas que podía hacer si ganaba ese dinero.
Luego
del choque, no pasaron los treinta minutos y sus amigos estaban enterados de lo
ocurrido. “¡Esto es una locura!”- dijo Cesar cuando Marcos le informó por
teléfono de lo acontecido. Rápidamente los cuatro se dirigieron hacia el
hospital pero allí fueron informados que por la emergencia, Uriel había sido
trasladado al HECA de Rosario. Los cuatro se subieron al auto de Laureano y se
dirigieron hasta allí.
Después
de varios minutos Uriel despertó. Se encontraba todo dolorido pero por suerte
no había en su cuerpo golpes graves. Cuando hubo reaccionado de lo ocurrido,
sonrió aunque sus familiares que rodeaban la cama en la sala del hospital no
entendían qué le ocurría. Mas tarde fueron sus amigos los que ingresaron a
verlo y sacaron conclusiones de la locura a la que se habían subido. “¿Cuánto
se dañó el auto?” – preguntó Uriel y sus amigos no tuvieron respuestas dado que
no habían visto el coche accidentado.
Al
día siguiente Marcos pasó por la seccional 27ª donde aprovechó a fotografiar
con su celular el auto de su amigo. Llevó esas imágenes a Julio en el Bote Club
quien luego de bajarlas y examinarlas en su computadora portátil concluyó que
solo un 40% del vehículo fue dañado en el primer intento del desafío; “¡muy
poco para recibir un premio de un millón de pesos!” – expresó el hombre quien
también le recordó que si uno de los cinco se negaba al reto, el desafío
quedaba invalidado.
Ese
dato Marcos se lo pasa por whatsapp a Uriel que aun seguía internado y se reúne
con el resto, al día siguiente, en la planta baja de la galería San Jorge.
Pidieron una cerveza y esperaron que Cesar, el siguiente, expresara qué es lo
tenía pensado hacer. Este intentó evitar
la situación pero rápidamente sus amigos terminaron por convencerlo; “de última
repartimos el millón entre los cinco y todos terminamos contentos” – concluyó
Laureano a lo que el resto dio el visto afirmativo.
Una
vez que le hicieron todos los estudios y pudo comprobarse una recuperación
rápida, Uriel fue dado de alta el dia jueves y se acercó a la casa de Cesar
para motivarlo a que protagonice un accidente. “¿Y cómo lo hago?” – se preguntó
éste. Uriel terminó por darle algunas ideas bien locas pero capaces de superar el
40% del daño de su vehículo.
Finalmente luego de las 22 horas y motivado por la
insistencia de sus amigos, tomó su Ford Ka modelo 2012 y se dirigió hacia el
norte de la ciudad. Pasando frente al santuario del Gauchito Gil intentó colisionar
con otro rodado quien rápidamente clavó sus frenos dejando a Cesar, con su auto,
estacionado al ingreso del camino que lleva al puerto y a la espera de una
nueva oportunidad.
¿Hasta qué punto una persona es capaz de llegar por
dinero? ¿Hasta dónde alguien puede embarcarse sin medir riesgos o solamente por
alguna locura entre amigos? Pensó varias veces en salirse del juego, pero los
mensajes de sus compañeros a su celular le pesaron enormemente.
Media hora más tarde, tomó la ruta nuevamente detrás de
una camioneta en dirección a Rosario y a 110 km/h intenta adelantársele casi a
la altura de la perrera. Fue ahí cuando notó la cercanía de un colectivo urbano
que venía en dirección contraria y se encontró sin espacio para volver a su
carril. Terminó por volantear hacia su izquierda, el coche colisionó con el
inicio del guardarrail, giró en el aire tres veces y se incrustó en el arroyo.
Todos los vehículos detuvieron la marcha y cuando lograron dar aviso a
emergencias, Cesar se encontraba sin vida.
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