sábado, 13 de diciembre de 2014

EN LA ADVERSIDAD


Sin dudarlo, Carlos y Analia dan el sí ante la jueza quien, en aquella mañana, termina por declararlos marido y mujer: “que así sea, tanto en la paz como en la adversidad” – explicó la magistrada. Además sellan el momento dándose un piquito y emocionando a cuantas tías y vecinas, conocidas de la novia, que se dieron cita en el interior del Registro Civil de Arroyo Seco. Y finalmente la jueza le entrega la libreta de matrimonios indicándoles que aquella era solo figurativa para la foto, dado que no tenían más que solo esa y esperaban una nueva partida desde la Nación.
El flamante matrimonio se fotografía con la libreta antes de devolverla a la jueza y los presentes se avalanchan para saludarlos y expresar los mejores deseos. Los que iban saludando iban saliendo por los pasillos del registro mientras que la parejita termina de escuchar el memorial de la vecina que recuerda, en esos momentos, cuando veía a Carlos de púber correr por la vereda de la manzana en pañales y lleno de mocos. Y se preparan para salir sabiendo que fuera del lugar le arrojarían arroz y recibirían más abrazos y besos.
Pero cuando están por salir, un empleado provincial le comunica que una manifestación por un remate de casa en el Juzgado interrumpió el pasillo del registro por lo que debían salir por un sector interno que conduce al ingreso principal del palacio municipal contiguo. Y viendo que no había otra alternativa, Carlos y Analía caminan por unas grutas hasta encontrarse con una ventana.
El muchacho hace anclas a su amada quien termina por saltar del otro lado de la ventana y cae justo sobre una pila de papeles de la oficina de hacienda. La responsable de la cartelera se congela mirando a la mujer y soltando el resaltador verde fluor que tenía en sus manos y con el que ajustaba presupuestos de gastos. Otras empleadas corrieron a levantarla justo cuando el marido también salta al interior y la funcionaria le explica que afuera de su oficina la esperaban sindicalistas por lo que debían salir por otro pasillo.
Carlos levanta sobre sus hombros a su señora quien estirándose logra introducirse por un ventanal y cae en el interior de la oficina de Obras Publicas justo cuando algunos empleados preparaban el mate-listo y se disponían a desayunar. La novia quita las telarañas de su cabello y su amado intenta treparse a la pared para llegar a su lado en el momento que se raja el pantalón en su parte trasera ante la mirada de una empleada municipal que traía unos tulipanes y colocaba en un florero.
Nuevamente el matrimonio se une para cuando el secretario de Obras ingresaba a la oficina con un mapa de la ciudad y pregunta a sus colaboradores dónde quedaba la calle Moreno. Carlos, que también retiraba las telarañas de su ropa, le explica que la misma corre de sur a norte entre Belgrano y Rivadavia y el funcionario se retira con una enorme sonrisa. Y allí, un empleado le informa que desde ese lugar, la salida a la calle estaba siendo interrumpida por un acto donde el Intendente presentaba a la prensa nuevos tractores, por lo que debían tomar otro pasillo.
Carlos y Analía camina por los pasillos intentando salir al exterior y sin tener éxito. En un momento, se encuentran saliendo a la Biblioteca justo ante la mirada de una abuela que ojeaba una novela de Agatha Christie. Luego, desde otro pasillo terminan por encontrarse en el calabozo de la Comisaria y un tercer intento los conduce a un aula del Centro Cultural donde dos personas diseñaban el periódico En Positivo. Luego, una enorme gruta los traslada a una puerta próxima a las mesas de villar de la sede del ASAC. Y algo desanimados, terminan por sucumbirse en otro pasillo frío y oscuro, apenas iluminado por una pequeña lámpara de 15w que los lleva a correr tal cual fueran perseguidos por unos zombis.
Finalmente abren una compuerta y la luz solar ilumina el rostro de la flamante pareja acompañado del canto de los pájaros. Se detuvieron a tomar aire y se dan cuenta que se encontraban sobre el techo del palacio municipal desde el cual podían ver solamente la punta de las palmeras. Pero el amor era más fuerte y sin rendirse, optan por llamar a los gritos a unos transeúntes que dan aviso a los bomberos quienes rápidamente se dieron cita sobre la calle 9 de Julio. Y allí extienden una enorme escalera haciendo que los novios desciendan a la vereda sin ningún conocido que los recibiera por el momento.
A los pocos segundos, las vecinas que esperaban a la salida del registro logran ver a la pareja que bajaba por un costado del edificio municipal y corren a ellos a los empujones entre los posibles compradores de la casa rematada que termina por venderse a veinte mil pesos. Les arrojan el arroz para le emoción de Carlos y Analía que no dejaban de quitarse la suciedad de su ropa y haciendo que algunos granos caigan dentro de la chimenea de los tractores presentados a los periodistas. Esto ultimo ocasionó que cuando un empleado los puso en marcha, las maquinas se recalentaran y debieran devolverse al proveedor para su recambio por garantía. Y finalmente, el flamante matrimonio se alejó del lugar junto a sus seres queridos para celebrar el suceso.


  La Posta Hoy - 13/12/2014

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