En
casa de los Mendieta, todo estaba preparado para que uno de los tíos se
disfrace de Papá Noel y en la noche de navidad aparezca para repartir los
regalos a los niños. Una de las tías alquiló el disfraz y tuvo, en primera
instancia, que hacer el casting para encontrar al familiar que se metería
adentro; cosa que no le resultó fácil.
Primero
uno de los tíos objetó que con los treinta y cinco grados que estaba
pronosticado para Navidad, ni que estuviera loco iba a ponerse ese disfraz.
Gesto que incluso fue agradecido, dado que todos conocían el tipo de
transpiración de este sujeto y no tendrán, pasadas las fiestas, que incinerar
el traje que debía devolverse sin daños. Segundo, uno de los tíos dispuestos a
meterse dentro del disfraz tenía la gran desventaja que, como años anteriores,
nunca llegaría despierto ni en condiciones optimas a las doce de la noche. Y la
búsqueda siguió.
Las
miradas se dirigieron al tío soltero de la familia pero justo para esta
nochebuena, anunció que iba a traer a su novia a cenar con la familia pese a
tener cuarenta y seis años; y su enamorada, setenta y uno. Y finalmente, el tío que vendría de lejos a
celebrar la navidad en Arroyo Seco, fue el elegido para sorprender a los púberes
aunque su risa distaba de la tradicional de Santa Claus y se parecía más a la
de Patan, el perrito de Los Autos Locos.
Una
de las tías se ocupó de llenar la bolsa de Santa con los regalos para los
infantes. Se trataba de la tía que todos daban por entendido estaba en mejor
situación económica sobre el resto de la familia, dado que en el año había
cambiado tres veces el coche y era fanática de Macri. Colocó un par de muñecos Spyderman
para los más chiquitos, unas muñecas parecidas a Barby pero que se llamaban
Carlita porque eran más baratas, dos pelotas de agua compradas en Caprichos, y
un juego de PS2 para el sobrino más grande, que pese a tener veinte años, aun
esperaba con ansias la llegada de su regalo. Tampoco faltó el juguete para el
preadolescente que dos días antes de la fiesta sacó una de las siete materias
que se llevó en séptimo grado. Y como era de esperar, toda la familia se juntó
el veinticuatro por la noche a cenar y esperar la llevada de la navidad.
Quince
minutos antes de la medianoche, el tío pasó por desapercibido y se escondió en
la habitación de la abuela para disfrazarse. A oscuras y para no ser visto por
ninguno de los niños que correteaban por la casa con las estrellitas en mano,
se colocó el disfraz y no se percató de meter su pata en la pelela de la nona
que aun estaba al costado de la cama sin haber sido vaciada. Cuando se dio
cuenta de que algo tibio recorre su pié, intenta no caerse y busca hacer
equilibrio con sus brazos haciendo caer al piso el arbolito de navidad
provocando así un gran estruendo. Y los chicos algo asustados, preguntaron qué
ocurría adentro a lo que una madre les informa que no era nada importante.
Adentro,
el tío sacudió el pié y ya con el traje puesto, trepó por la ventana para irse
al patio desde donde aparecería con la bolsa llena de juguetes. Intenta hacer
malabares para pasar por el marco pero termina por caer y golpearse la
entrepierna obligándolo a doblarse del dolor y dar un fuerte aullido que
nuevamente asustó a los pequeños. “Deben ser los perritos que están asustados”
– les explicó una prima para obviar otras explicaciones y no arruinar la
sorpresa.
Santa
salta hacia el patio y cae sobre los perros de la abuela que estaban algo
adormecidos a fin de que no sufrieran por los ruidos de las bombas de
estruendo. No obstante, los canes se despertaron y atacaron a la visita pese a
que el tío, desde adentro, intentaba correrlo a los gritos. Un perro salchicha
se le prendió de la pata y un doberman fue contra su brazo. Papá Noel comenzó a
los gritos pero ningún familiar lo escuchaba dado que era el momento en que
todos los vecinos lanzaban cuetes anunciando la medianoche. Y mientras que
todos se saludaban, en el fondo de la casa el tío peleaba por sobrevivir al
ataque de las mascotas tanto dormidas como furiosas.
Cuando
pasaron tres minutos de la hora cero, una de las tías preguntó qué habrá pasado
con Santa que aun no había llegado y despertó la euforia de los niños que
comenzaban a indagar sobre sus regalos. Un tío que estaba recostado sobre la
mesa y sin noción de la celebración explicó a los niños que Noel probablemente
llegaría atrasado dado la diferencia de horario con el Polo Norte. Y aun el
sobrino de veinte años comenzó a refunfuñar dado que su presente no había
llegado aún a sus manos.
Pero
finalmente apareció Santa con su traje todo roto y prácticamente con agujeros
por todos lados, incluso en la parte trasera dejando al descubierto los glúteos
del tío. Los niños más pequeños se asustaron y salieron corriendo a los gritos
con un trauma que probablemente les duraría hasta su adolescencia pese a que
sus madres lo llevarían al psicólogo del Hospital. Papá Noel tiró la bolsa al
piso renegando de la situación y sus sobrinos se abalanzaron sobre la misma
para separar sus regalos. Y la abuela tuvo que llamar al servicio de Amas para
curar al tío herido que se arrepintió toda la vida de aceptar ponerse el
disfraz.
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