Laurita es una
señora muy pudorosa que se siente con la intriga de llamar al servicio de sex
shop a domicilio pero su modestia le resulta más fuerte. Marcó el numero, llevó
su celular a la cara y en el primer timbre cortó el llamado… lo hizo así cuatro
veces mientras llevaba el equipo a su pecho como ocultándolo por la vergüenza
que se imaginaba si alguien atendía del otro lado. Y finalmente se fue a dormir
junto a su esposo.
Se levantó muy
de temprano y con la idea de bajar algunos kilos se fue a caminar en dirección
al Rowing Club renegando de algunos perros que salieron a ladrarle cuando
atravesaba la ruta. Allí tuvo el tiempo para pensar las palabras que podía usar
al momento de realizar el llamado argumentando por ejemplo, que la esposa y el látigo
que iba a solicitar no era para ella sino para su abuela quien no podía hacer
el pedido, o que eran simplemente para hacer una despedida de soltera a una amiga.
Y llegó hasta el ingreso al club náutico para luego regresar estimulada con que
estaba quemando calorías… aunque de pasada, se filtró por la panadería de Los
Nonos y compró una docena de factura para desayunar en su hogar.
A media tarde,
esperando el momento en que quedaba sola ya que su esposo se iba al predio de
La Estación para jugar un partido de fútbol, volvió a marcar el número del
negocio y nuevamente procedió a cortar antes de que alguien conteste del otro
lado. Analizó por unos instantes quién podía atenderla y la vergüenza que le provocaría
si el llamado lo contestaría una voz masculina… “¡ojala sea una mujer!”- rogó
en su mente mientras que buscó entre las llamadas recientes, pulsó el numero y
se llevó celular al oído. “Hola Laura” – respondió un mujer del otro lado.
Quedó sorprendida
y rápidamente miró el celular y se percató que por error volvió a llamar a su
madre con quien se había comunicado dos horas antes. En ese momento, su corazón
se tranquilizó ante la insistente pregunta de la mujer que del otro lado le
preguntaba si estaba todo bien. “Sí, mamá, todo bien…” – respondió Laurita
despidiéndose y dejando el aparato a un costado.
Se preparó una
ensalada para acompañar una milanesa de soja que se sirvió de cena mientras
miraba La Viuda Negra. En el corte, bajó el volumen del televisor y volvió a
llamar. Inoportunamente justo cuando alguien atiende, ingresa a su casa su
esposo dejándola sin palabras. El se le acercó la besarla y Laura aprovechó
rápidamente para cortar la llamada pese a que del otro lado se escuchó, varias
veces, una voz femenina dispuesta a ayudarla. Y se dedicó por los siguientes
minutos a cocinar a esposo terminado por romper su dieta y probando también de
lo cocinado.
Durante la cena,
ella estuvo en varias oportunidades decidida a contarse a su amado su fantasía y
la disposición a realizar el llamado respondiendo a la publicidad de ser un
servicio garantizado. Pero su amado prefirió ver el resumen de cuatro partidos
de fútbol de la liga italiana pese a no conocer ningún jugador y aunque el
resultado de todos estos encuentros fue cero a cero. Y finalmente se fueron a
dormir.
Al día
siguiente, volvió a caminar hacia el Rowing Club pensando en la conversación
con el inusual servicio y de regreso, nuevamente paso por la famosa panadería
pese a sentirse, por momentos, culpable de no bajar algunos kilos. Después de
sentarse tranquila en un puf de su living probó nuevamente con la llamada
teniendo suerte en esta oportunidad. Aunque la vergüenza la dominó en varias
oportunidades, venció la incomodidad y terminó por adquirir la esposa y el
látigo con los que quería sorprender a su marido por la noche. “A la hora que
usted nos diga, el paquete será entregado en su domicilio” – le indicó la
telefonista que apuntó el domicilio y los datos de la tarjeta de crédito para gestionar
el pago.
Laura esperaba
que cerca de las veinte horas llegara a su casa el deliveri justo cuando su
esposo se encontraba, como todos los días, en la cancha. Así que, desde dos
horas antes se imaginó la situación fruto de la recomendación de su psicóloga
quien le había sugerido romper con su vergüenza y animarse al juego sano en la
intimidad de su matrimonio. Pero para su sorpresa, el pedido le fue entregado
mucho antes de lo esperado.
Siendo las seis
de la tarde, cuando todos los vecinos mateaban sentados fuera de sus hogares,
una Partner con enormes leyendas a cada costado que rezaban SEX-SHOP paró
frente a su domicilio y tocó bocina. Ella abrió la puerta de la calle mientras
que su marido se encontraba en el patio, y rechazó la entrega del enorme
paquete argumentándole en voz baja al hombre que hacía el reparto, que no lo
quería. El deliveri regreso al vehículo y salió del barrio ante la mirada de
todos los curiosos del barrio. Y para cuando el esposo salió afuera, Laura
cerró tras ella la puerta y le explicó que buscaban otro domicilio.
La Posta Hoy - 06/12/2014
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