sábado, 21 de febrero de 2015

RESURRECCION (parte III)



Casi como en un pestañeo, Olga se encontraba de pie entre un tumulto de gente. Desorientada mira a su alrededor y descubre que tanto ella como el resto, vestían un atuendo blanco. Poniéndose en punta de pie observó sobre las cabezas de los que le rodeaban; había millones y millones de personas en el lugar. Algunos conversaban con sus compañeros. Ninguno tenía tristeza, ni temor, ni apuro aunque era como si todos esperaran algo.
Y sin noción del tiempo transcurrido allí, Olga comienza a oir de lejos la voz de su hija diciendo “mamá… yo te sacaré”. Y aquella voz se hizo cada vez más cercana haciendo que ella en cuestión de segundos, abriera los ojos y se encontrara con su hija que terminaba de abrirle el ataúd.
Tras la muerte de un ser querido, aparece esa sensación de que quedaron pendientes un montón de cosas por hacer y decir. Nos da la sensación de que la vida pasó lo suficientemente rápido como para no tener el momento de charlar aquellas cosas importantes o de vivir momentos especiales de una manera diferente. Descubrimos que la actitud de dejar todo para mañana no tuvo sentido. Y las cosas cambian, pero Sara vive otra situación única e increíble.
La repentina muerte de su madre había puesto a Sara en una continua tristeza aun cuando sus amigas y su novio intentaron, por momento, ayudarla para que se distraiga y pensara en otras cosas. Pero las cosas cambiaron, cuando motivada por una carta que encontró en la mesa de luz, abrió al tercer día el ataúd y recuperó a su madre con vida. Y cada minuto de ese día, ambas disfrutaban de su compañía como nunca antes lo habían hecho.
Sara ojeó las fotos del álbum familiar sonriendo al ver donde estaban reflejados los momentos especiales de su infancia. Secuencias que traía a la memoria y añoraba acompañada de las palabras de su madre. Fotografías que las acercaban más a través de los recuerdos y de sentir cuán gratificante significaron todos esos momentos. Y la sensación de que algo les había dado a ambas, una segunda oportunidad para estar juntar.
A las dos horas, la joven abre sus ojos despertando tras un breve descanso. Permaneció inmóvil por algunos segundos hasta que se dio cuenta que alguien estaba de pie junto a su cama. Giró su cuerpo y observó a su madre, inmovilizada, que la observaba con una sonrisa. “Solo te miraba cómo dormías… me quede a tu lado para cuidarte” – le manifestó la mujer haciendo que Sara se incorporara y la abrazara.
Luego merendaron mientras que Sara le contaba a su madre su temor: “nadie va a creer que estas otra vez con vida; aun cuando te vean acá pensarán que en realidad, nunca estuviste muerta” – le expresó. Y Olga se tomó el tiempo de acariciarle la cabellera interrumpida al instante por una brisa que entró en el comedor e hizo volar las fotografías que se habían salido del álbum y permanecían esparcidas sobre la mesa.
Al ritmo de un tema de The Beatles, Sara bailó tomada de la mano de su madre para cuando un locutor interrumpió la música de la radio y ambas terminaron por quejarse. A los diez minutos, un llamado de Gonzalo ingresó a su celular pero ella no le atendió. El muchacho que aún se encontraba en el trabajo cortó la llamada y comenzar a  preocuparse por su novia. Y las horas pasaron en la casa donde cualquiera que pasaba por la vereda podía ignorar lo que estaba pasando adentro.
Para cuando comenzó a ocultarse el sol, la joven cocinó a su madre sin permitirle que ella le diera una mano en la preparación de la cena: “siempre me cocinaste y ahora soy yo quien quiero prepararte la cena” – le indicó Sara para cuando, antes de que la comida estuviera a punto, terminaba de poner los cubiertos sobre la mesa. Y finalmente cenaron charlando sobre cómo saldrían al día siguiente, a la calle.
Alrededor de las diez de la noche Gonzalo, como acostumbraba cada día, paso por la casa de su novia. Los días posteriores a la muerte de su suegra, se encontraba con Sara que llorando permanecía sentada en la cocina aun sin poder superar la perdida. Sin embargo, en esa tercera noche el comedor estaba vacío y ella dormitaba en su habitación. E ingresó a la vivienda muy despacio notando que las cosas no estaban como los días anteriores.
Se encontró con fotos en el piso y algunos utensilios sobre la mesa. Se acercó para ver de cerca lo que había allí y para su sorpresa, había dos platos y dos tazas, pero un plato y una taza estaban servidos. Y finalmente, notando que el celular de Sara estaba también sobre la mesa con sus llamadas perdidas, ingresó en la pieza para encontrarse con su pareja que despertó cuando el encendió la luz.

(Continúa en la próxima edición)


 La Posta Hoy - 21/02/2015

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