- doctora estoy
pensando abandonar la política y dedicarme a otra cosa.
- ¿Si? Y a qué
se debe ese pensamiento.
- Me di cuenta
que la política no es lo mío; haber quedado afuera de la primarias me ayudó a comprender
que para ser político a veces hay que prometer cosas imposibles de cumplir,
simplemente con la idea de conseguir el voto de los ciudadanos. Y francamente
no sirvo para ser hipócrita.
- ¿Y si hubiera
ganado?
- Bueno, en esos
casos habría seguido pensando que la política es lo mío. Pero hoy pienso
dedicarme a mi profesión olvidando el momento vivido ese día de las elecciones.
- Considerar que
la política no es lo suyo simplemente porque perdió una elección creo que es un
pensamiento muy limitado… si usted decidió en algún momento ser candidato debió
saber que podía perder o ganar.
- Sí, claro. Lo
cierto es que descubrí que esos que me motivaron para que sea candidato ahora
ni me miran… descubrí que solo les servía si arrastraba votos pero que ahora,
tras haber perdido, no les sirvo de nada. Ya ahora me observan como sapo de
otro charco y ni siquiera les interesa alguna que otra propuesta que pueda
hacerles en beneficio de la ciudad. Recuerdo aquel día, a principios de año,
cuando vinieron a mi casa, se sentaron en mi mesa y me prometieron el oro y el
moro si aceptaba sumarme a la lista. Y todo porque soy una persona medianamente
conocida en la ciudad.
- Creo que su idea de abandonar la política
está más ligada a una cuestión interna de su partido que al fracaso electoral…
- Puede ser. Me
doy cuenta que para lo único que me necesitaban era para sumarles votos y luego
de las elecciones, las cosas cambiaron. Justamente cuando comenzaba a gustarme me
encontré con que el partido me deja afuera y el principal candidato ni siquiera
atiende mis llamadas. Fíjese que le mando un watsapp, me aparecen las dos
tildes azules y ni siquiera es capaz de responder. Qué fácil se olvidan de uno
luego de haber trabajado tanto en la campaña tratando de convencer a los vecinos
de que éramos la mejor propuesta.
- Ahora bien,
¿Por qué no deja esas diferencias de lado y piensa en trabajar para apoyar al
candidato ganador de su partido?
- No, no es de
mi agrado. Cuando me invitaron a sumarme a una lista fue acompañando a un candidato,
pero éste ganador de la interna de mi partido no coincide con mis convicciones.
Además no tengo tampoco principios partidarios y creo que la gente vota más a
una persona que a un candidato. Así que ya está definido y por el bien de mi
familia, dejaré la política.
- ¿Y qué dice su familia?
- Ellos están contentos… no saben cuántas horas les prive simplemente
cuando tenía que salir de tardecita a recorrer la ciudad colocando folletos
debajo de las puertas. Cuántas noches no los acompañe en la cena porque tuve
que ir con unos integrantes del partido para colgar pasacalles. Y cuántos
momentos importantes desperdicié con mi esposa, simplemente porque cuando
estábamos por tener intimidad con ella, me venía a la mente el candidato
primero de la lista y se me iba toda la pasión por el piso.
- ¡Creo que el haber estado en esa lista le afectó demasiado!
- Sin lugar a dudas… “mira que si ganamos tenemos un puestito asegurado
en la municipalidad” – me habían dicho y ahora me siento engañado como un niño
que va tras los dulces. Eh… eh… eh… huy!,
- ¿Qué le paso?
- Justo me acaban de enviar un mensaje a mi celular de que esta noche se
juntan en el local partidario para una choripaneada.
- ¿Y qué piensa hacer?
- Eh…
- Me acababa de decir que no quería saber más nada con la gente de la
política. Me decía que se sentía dejado de lado y que tenía la sensación de
haber sido usado solamente para sumar votos.
- Bueno, es cierto doctora… pero que se le va a hacer, acá leyendo este
mensaje me doy cuenta que todavía se acuerdan de uno y pensándolo bien, tal vez la propuesta del puestito aún sigue en pie… quién sabe. Doctora, la dejo que
tengo que irme al local partidario y seguramente de allí saldré a repartir
panfletos y colocar pasacalles.
La Posta Hoy - 9 de mayo

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