- doctora, ¿tuvo
alguna vez miedo?
- Claro, señor
candidato, todas las personas tenemos miedo en algún momento de la vida frente
a determinadas situaciones. Pero ¿a qué se debe su pregunta? ¿A qué le tiene
miedo?
- A los muertos
vivos.
- Señor, usted
es una persona grande como para creer en eso de zombis.
- Es que ya
están entre nosotros… algunos incluso ya los han visto caminar otra vez por
nuestras calles, algunos también se sentaron en los bares de la ciudad.
- No le entiendo.
- Tengo una
parejita de amigos que encendieron la alama. Resulta ser que una noche abandonaron la zona urbana y se
introdujeron con su auto en un lugar descampado de la ciudad para tener
intimidad, usted me entiende...
- Sí.
- Es que el
muchacho es empleado municipal y no le alcanza para pagar un alojamiento
entonces no le quedaba otra que irse al campo. Entonces cuando finalmente
estaciona el vehículo y comienzan a intercambiar caricias y besos con su
pareja, no se percatan que entre las penumbras varios muertos vivos comienzan a
salir y caminan en dirección a donde estaban.
- Me suena muy
de película eso.
- Pero dado que
estaban entretenidos en lo suyo, no se daban cuenta que estos zombis se iban
acercando más y más al auto que incluso tenía sus vidrios empañados. Pero de
repente, uno de estos golpea el auto y para cuando mis amigos observan el
exterior, notan que uno con sangre en sus dientes y mirada perdida estaba
estampillado contra la luneta. Allí la pareja, dándose cuenta de que otros más venían
en su dirección, dejan lo suyo y proceden a intentar encender el auto que justo
en esos momentos, comenzó a fallarle la batería. Y la chica comenzó a gritar
mientras otros zombis chocaban contra los costados del coche…
- ¿Eran muchos
esos zombis?
- Algo menos de
diez… casi la cantidad de lo que se necesita para conformar un gabinete
municipal.
- Fue terrible
esa situación.
- Gracias a la
estampilla de San Expedito que mis amigos guardaban en la guantera, el auto
arrancó y mis amigos se alejaron del lugar dejando atrás a los zombis que iban
perdiéndose entre las penumbras y brumas del campo.
- Me imagino que
llegaron a la ciudad muy asustado y más rápido de lo que se imaginaban.
- Bueno, primero
tomaron otro desvío para terminar lo suyo y luego sí, se fueron a la ciudad y
llegaron muy exhaustos al local partidario donde justo planificábamos las
acciones de campañas a seguir. Les dimos agua, los tranquilizamos y allí nos
contaron lo que habían vivido. Cómo pudieron escapar de esos zombis que muy
desfigurados, se lanzaron sobre el coche balbuceando..
- Dígame que
pedían cerebros y no le creo.
- No, no… pedían
volver a la función pública. Lo peor es que seguramente ya están de vuelta
entre nosotros y no nos dimos cuenta. Doctora, ¡esto es terrible!
- Tiene que
tranquilizarse señor candidato, si fuera cierto que estos muertos vivos ya
están entre los ciudadanos nadie puede asegurar que vengan con malas
intenciones.
- El problema es
que tengo miedo que me hagan sombra… no sabe lo difícil que es recorrer las calles
en campaña sabiendo que puede salirme alguno de estos zombis por detrás y los
vecinos me resten vote por verme junto a ellos. Francamente quiero
diferenciarme pero tampoco quiero convertirme en un cazador al estilo Brad Pitt
en Guerra Mundial Z. Sé que no son muy malos, pero sería mejor si no hubieran
aparecido en estos momentos porque sé que
pueden restarme votos en las generales.
Así que en la medida que puedo, trato de esquivarlos.
- Sinceramente
es el primer candidato que viene a plantearme estar asustado por la presencia
de zombis. Tampoco creía en su existencia y los asociaba más a películas de
ciencias ficción. Me ha dejado sorprendida.
- Que están,
están. Pero no quiero saber nada con ellos y ni siquiera pretendo que vengan a
mi local partidario…
La Posta Hoy, 16/05/2015

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