sábado, 12 de septiembre de 2015

ROBO A-Z: JUNTOS


 Chapi era un delincuente como muchos y su debilidad eran los robos nocturnos a locales comerciales. En sus atracos no acostumbraba a ejercer violencia ni mucho menos, pistas para ser identificado. Sin embargo, un viejo amigo lo encontró sentado en la esquina de la cuadra donde residía y en voz baja, le propuso un negocio: “soy cerrajero y tengo copia de las llave de un nuevo comercio” – le comentó captando su interés.
Pero antes de que avanzaran en el acuerdo que iría a beneficiarlos a ambos, el cerrajero le expresó que había un solo problema: “el local se encuentra a metros de la policía” – le indicó. Se trataba de un comercio que inauguró semanas atrás y cuyo dueño había cambiado la cerradura de la puerta principal con la finalidad de obtener seguridad; “y como es nuevo, todavía el local no cuenta con alarmas… además, quién va a creer que alguien irá a robar al lado de la comisaria” – expresó.
“El problema es que en la esquina de esa cuadra hay cámara” – manifestó el Chapi a su amigo quien sonrió dándole a entender que tenía todo bajo control para poder quedarse con la mitad del botin. “Tengo un amigo que esta semana monitorea esa cámara de 180°, entonces esta noche va a poner el foco en dirección contraria al local” – le aclaró el cerrajero a lo que el caco acepto el trato y tomó la llave en sus manos.
Cerca de la una de la madrugada, Chapi caminó frente a la comisaría y a los pocos metros, llave de por medio, ingresó al  local. Para trabajar tranquilo y buscar en el interior todos los objetos de valor posibles, volvió a poner llave a la puerta e inició su tarea. Revisó primero los cajones de un escritorio y para su alegría, encontró efectivo por la suma de mil pesos junto a un reloj de pulsera y una cadenita que aparentaba ser de oro. Y rápidamente empezó a poner esos elementos valiosos dentro de sus bolsillos.
Pero algo complicó la labor de Chapi. A los quince minutos, se dio cuenta que otra persona se puso de pie junto a la puerta de ingreso y colocó una llave en la cerradura. Se escondió detrás del escritorio utilizando la penumbra y se inmovilizó. Y allí entró otro ladrón que para evitar un mal momento, cerró la puerta con llave tras su ingreso y se preparó para revisar el lugar.
“Este es el Gato” – balbuceó debajo del escritorio cuando conoció a su inesperado acompañante. Rápidamente se dejo ver por su amigo que primero se alarmó, pero luego terminó por abrazarse con quien, en otras tantas oportunidades, había compartido algunos robos. “¿Qué haces robando acá?” – preguntó el recién ingresado a su pana, a lo que Chapi le respondió que estaba gracias a la llave que el cerrajero le había brindado. El tema es que el cerrajero también había mandado al Gato con otra copia y allí se quedaron inmovilizados los dos ladrones sorprendidos por las casualidades de la vida.
“Hacemos así: todo lo que hay de valor lo repartimos en tres parte iguales” – propuso Chapi considerando en el botín al proveedor de la llave. El Gato consintió y antes de que pusiera una cadenita de oro en su bolsillo, su amigo le frenó cuestionando: “todo lo ponemos sobre el escritorio y luego lo llevamos en una bolsa para que quede más claro.”  Y ambos siguieron separando las cosas de valor que había en el nuevo comercio aunque el primero jamás reveló lo que ya tenía oculto en sus bolsillos.
No pasaron ni cinco minutos y un tercer ladrón, apodado Laucha, entró en escena con otra copia de la llave. Lo bueno es que todos estos se conocían puesto que en alguna oportunidad habían compartido celda de una comisaría de Villa Gdor. Galvez. “¡Esto es increíble! Cuando agarre al cerrajero, lo mato” – expresó el Gato ante la mirada de Chapi que se rascaba su cabellera. “¿Y ahora?” – preguntó el tercero en sumarse.
“Hagamos algo: todo lo de valor lo repartimos entonces en cuatro” – propuso el primero en llegar al lugar. Pero el Gato, haciendo uso de la palabra, expuso que directamente el cerrajero, por aquella jugada de regalar copias de la llave a doquier, quede afuera del botín y los demás aceptaron.
Ya para cuando los tres delincuentes colocaron sobre el escritorio todos los objetos de valor hallados, Chapi tomó una bolsa y ante la mirada de sus compañeros los guardó. “De acá vamos hasta la esquina de mi casa y repartimos todo esto” -  expuso casi sin más nada que hacer en ese local. Y entonces, de manera silenciosa, salieron del comercio pero, para su sorpresa, afuera les esperaban unos cinco oficiales de policía apuntándoles con arma que finalmente les redujeron.
Meses atrás, un comerciante se había cansado de que le robaran tres veces. Entonces alquiló un local a metros de la comisaría, montó allí su nuevo comercio y se presentó de un amigo que meses atrás hizo un curso de cerrajería. “Quiero atrapar a esos choros y tengo una idea” – le propuso al cerrajero que estaba dispuesto a ayudarle.


 La Posta Hoy, 12/09/15

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