Cinco de la
mañana y una llamada de destinatario restringido ingresó a la comisaria de
Arroyo Seco. El oficial de guardia se levantó de su cama y atendió al llamado
de una voz masculina que no quiso identificarse: “hoy por la mañana, se
asaltará al camión blindado que llegará al banco céntrico” – informó al policía
y cortó. El uniformado se lavó la cara y optó por llamar a su superior para
informarle sobre la nueva.
Rápidamente el
responsable de la dependencia dio aviso al juez de turno que con una
coordinación policial pudo constatar a la empresa transportadora de caudales
para ponerla al tanto, aunque la unidad ya estaba en camino hacia esta
localidad desde Buenos Aires. También se dio aviso a la entidad bancaria que
puso en marcha su propio plan de acción preventiva. Y la Policía puso a decenas
de oficiales a disposición cubriendo la zona donde se ubica el banco a fin de
resguardar al vehículo.
“Seguramente se
trató de uno que dejaron afuera del robo” – manifestó el comisario a un compañero
intentando explicar el llamado recibido; “algo así como un despechado.” Y
ordenó a otros policías que de civil se dieran cita en la cuadra donde
estacionaría el camión blindado para el intercambio de caudales con el banco.
Por su parte, la
empresa transportadora modificó brevemente su operatoria y ordenó a los
conductores del camión que detuvieran su marcha en una comisaría próxima
mientras que desde otro centro de logística partió otra unidad como señuelo.
Este segundo camión era conducido por tres empleados con conocimiento y táctica
para tales asuntos transportando sumas de dinero falso. Y el primero se detuvo
frente a la dependencia policial de Pavón, dio aviso a las autoridades
policiales y aguardó para continuar con la marcha.
Alrededor de las
nueve de la mañana, entre las decenas de personas y vehículos transitaban por
la zona bancaria; también se aproximó el camión blindado. La mirada de todos
los policías, ubicados en diferentes y estratégicos lugares, se dirigió hacia
la unidad de la que descendió un empleado de seguridad con unos papeles en mano
e ingresó a la entidad bancaria. Y en esos momentos una alerta se encendió
cuando bruscamente detrás del blindado clavó sus frenos un auto.
Varios policías
dirigieron sus armas hacia el vehículo sospechoso pero la operatoria
rápidamente se desintegró cuando descubrieron que solo se trataba de una mujer
que por hablar por teléfono mientras conducía, no se percató del blindado y
frenó bruscamente para evitar el impacto. La señora pidió disculpas a los policías
que se le acercaron a su coche y en cuestión de minutos, retomó su viaje.
Otro empleado de
la seguridad privada descendió del coche para escoltar al primer empleado que
se acercó al blindado con bolsas de dinero en mano. Cargó las mismas en el interior
del vehículo sin ninguna anomalía y finalmente se alejó del lugar dejando a
todas las autoridades policiales boquiabiertas. “Para mí, estos vieron la
cantidad de policías que salieron con la alamar de la mujer que frenó
bruscamente y desistieron del robo” – fue lo que explicó el comisario y jefe
del operativo a sus superiores.
La cuestión es
que el mismo llamado se repitió a la madrugada de los dos siguientes días. El
policía intentó obtener más datos pero no tuvo éxito. Informó a su superior
nuevamente de la situación que, otra vez, activó el plan de prevención ya
establecido para estos casos y dio aviso, entre otros, también a la empresa
transportadora y a la entidad bancaria. Lo cierto es que fueron las nueva de la
mañana, y todo se desarrolló sin ningún inconveniente.
Lo mismo ocurrió
varias veces durante los siguientes días. Se montaba todo un operativo pero el
robo nunca ocurrió. Lo único de positivo fue que la investigación pudo dar con
mucha proximidad el destinatario de cada llamada. El policía con el tubo del
teléfono en mano ya cansado de dar una falsa alarma pensó por momentos en
directamente no dar aviso a su superior y continuar dormitando como si nada.
Pero a los diez minutos, tras luchar con sus pensamientos, optó por dar aviso y
el operativo otra vez se puso en marcha.
Cuando eran las
ocho de la mañana un operativo comando ingreso a un departamento de Pavón dando
con un joven que desde el interior de su cuarto realizaba las llamadas anónimas
y anunciaba los robos que nunca ocurrieron. Con la orden judicial
correspondiente fue trasladado a la otra dependencia policial para ser
interrogado justo en el mismo momento que el camión blindado amenazado llegaba
allí para resguardarse y dar paso, desde otro lugar, al señuelo. El joven
detenido aprovechó el descuido de la poca presencia policial en el lugar, dado
que los demás estaban cubriendo la zona bancaria, y logró salirse de la
dependencia con la ayuda de un oficial amigo que abrió sus esposas. Y mientras
los choferes del blindado charlaban en el interior de la comisaria, puso en
marcha el transporte de caudales y huyó.
Para cuando
lograron ubicar el camión blindado, lo encontraron en una zona descampada
abandonado y sin nada en su interior. Y el joven y su policía amigo, a los días
siguientes se distribuyeron el dinero.
La Posta Hoy, 19/09/15
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