sábado, 4 de agosto de 2012

TARDE


La vida de Carmen siempre estuvo marcada por su tardanza. Defecto que inclusive se pudo descubrir en su llegada al mundo: aunque su nacimiento estaba programado para un 2 de junio, ella nació el 30 de ese mes. De niña, cuando sus amiguitas iban a buscarla a su casa para jugar, salía quince minutos más tarde ya cuando las demás no tenían más ganas de estar con ella.
En el jardín de infantes, salía al patio en el recreo siempre cinco minutos más tarde. Y claro, también regresaba cinco minutos después al aula. Ya en la primaria, cuando comenzó a ir sola al colegio no hubo un día que no llegase temprano. Siempre arribaba al colegio luego de que sus compañeros hubieran izado la bandera e ingresaran al salón.
Durante toda su etapa escolar fue la última en entregar los trabajos prácticos y exámenes. Y en los actos, donde ella participaba, siempre debía retrasarse el inicio dado que Carmen llegaba algo de diez minutos más tarde.
En su adolescencia, la cosa no cambio mucho. Si sus amigas pasaban a buscarla para pasear, ella saldría de su cuarto casi veinte minutos después… el tiempo que tomaba en acomodarse el cabello, pintarse las uñas, elegirse la ropa, maquillarse, etc. Y el día que tuvo la primera cita con un enamorado fue en la plaza 9 de Julio, donde el chico se había echado una siesta de cuarenta minutos recostado en el banco hasta que finalmente llegó ella.
Así en su fiesta de quince años, Carmen llegó al salón junto con los invitados del brindis. Y ya en la universidad siempre rindió en el tercer llamado de cada examen y el profesorado de historia que es de cuatro años, ella lo cursó en diez. Siempre fue de las que llegaban a las paradas luego de que haber pasado el colectivo y para los escalafones se intentaba anotar cuando la inscripción ya había cerrado.
Cierto día fue a una tienda decidida a comprarse una campera.
“¿Ropa de abrigo? – Estamos por empezar diciembre y por ende, ya guardamos la ropa de invierno” – le expresó la joven de la tienda de pleno centro, comercio que traía vestimenta de La Salada pero la vendía como si fueran de primera marca.
Llegó el día de su casamiento. Y si bien es común que la novia se retrase un poco, ella lo hizo de manera excedida. A tal punto que el padre Pedro se sentó en los escalones del altar y se puso a jugar al chinchon con las cartas de Ben10 del sobrinito del novio. Y cuando los velones se consumieron completamente, la abuela se había dormido recostada a los pies de la imagen de un santo y un empleado pasaba el lampazo al piso de la parroquia llegó Carmen que, en cima, se tomaba el tiempo de caminar como tortuga hacia donde estaba su novio dormido de sueño.
La que había cambiado fue la vida de su esposo luego de esa boda, comenzando también a llegar tarde incluso a las comidas familiares, partidos de fútbol y eventos de la ciudad. El día que asistieron a un evento cultural en el Antiteatro, llegaron para el momento que los organizadores amontonaban las sillas de plástico y juntaban los envoltorios y bolsas del césped. Y cuando el decidió llevarla al Village, el tiempo que a ella le llevó producirse estéticamente ocasionó que llegaran en el instante que daban los créditos de la película.
Quedó embarazada y no hubo una ocasión en la que llegara a tiempo para el turno del control médico. Y cuando la cesárea estaba programada para un día martes, ella llegó a dar a luz al día siguiente. Ya con su bebé, lo llevó al hospital para cada vacuna un mes después de cada fecha del calendario de vacunación. Y para cuando debía inscribirlo para que comenzara el jardín de infantes, tuvo que perder un año porque ella se acordó demasiado tarde para anotarlo.
En las reuniones de madre de la escuela, siempre fue la que llegaba al momento en que la docente daba las ultimas explicaciones, encima levantaba la mano y preguntaba cosas que la maestra había explicado anteriormente. El día que el colegio organizó una cena para recaudar fondos y se ofreció para colaborar en la cocina, llegó al salón para el momento en que debían lavar los platos.
Para el cumpleaños de sus amigas, siempre les enviaba el mensajito de felicitaciones el día después. Todos los impuestos terminaba abonándolos en el segundo vencimiento o aun más, con considerables intereses; encima le comentaba a su madre que en la EPE le robaron cobrándole un recargo.
Así fue como toda su vida se la pasó llegando tarde a todos lados. Hasta que finalmente falleció.
Muchos amigos y amigas llegaron a su velorio. Y para honrar su vida, aunque la sala velatoria anunciaba las exequias a las diez de la mañana sus restos recién fueron inhumados a las doce del mediodía.



Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 04/08/2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario