(viene de la edición pasada)
Nadie había en la ciudad más que el
máximo funcionario que permanecía encerrado en su despacho leyendo las cartas
de quejas de los vecinos que guardaba por años en su escritorio. Todos estaban
esperando que aconteciera lo que el Servicio Meteorológico Nacional había
comunicado treinta días antes. De repente, un enorme viento del este comenzó a
girar sobre el río Paraná provocando un enorme embudo. El mismo comenzó a
arrastrar el agua primero hacia las islas para luego crear una enorme ola que
en cuestión de segundos pasó las barrancas.
Por primera vez en la historia, el
barrio del Puerto fue el primero en sentir el suceso. Le enorme ancla de
Prefectura fue arrastrada hasta el ingreso de Grimoldi… imágenes que fueron
grabadas por las cámaras de seguridad al igual que un aparente hombre lobo que
corría por el lugar. En cuestión de segundos, Acevedo, el Rowing, el Boteclub y
Playa Mansa terminaron bajo el agua. Y tierra de Sueños se convirtió en
Waterworld defraudando a cientos de ciudadanos que habían comprado su terrenito
y esperaron la habilitación de la provincia.
Un barco del puerto local fue
arrastrado hasta la cancha del Asac donde quedó varado en las tribunas. Y su
ancla destruyó el parrillero donde se preparaban los infaltables choripanes de
los partidos. El local del Comando Radioeléctrico quedó bajo el agua luego de
que, después de varios años, se decidieran pintarlo y hermosearlo. Y de esta
manera la ola continuó avanzando sobre la calle Galvez y dejando por ejemplo,
que cuatro peces viejas del agua terminaran prendidas al calzón que doña
Margarita había olvidado en el tendedero.
Desde Albarellos un concejal sintió
dolor en su alma al enterarse que su proyecto de barrio de Kenedy y Galvez estaba
todo bajo el agua. Y otro de los funcionarios no tardó en hacer política
diciendo “nada de esto ocurría hace veinte años atrás.”
La ola llegó a la calle independencia
inundando la Plaza de los Juegos, destruyendo el carrusel que jamás volvió a
reconstruirse y dejando un par de peces rayas estampilladas en el fondo del
escenario del anfiteatro. Pero allí el tsunami no se detuvo y al cruzar la vía
llegó a la otra mitad de la ciudad. En el barrio Guemes, que era el único
barrio que aun permanecía con luz eléctrica, hubo cortos circuitos y
explosiones como grandes fuegos artificiales. Y Pasacalle pasó a convertirse en
un túnel acuático.
Por calle Belgrano, el agua arrasó un
colectivo de Serodino (el único que quedaba dando vueltas por la zona), la
Biblioteca se convirtió en una pecera y el pasillo del Registro Civil se llenó
de camalotes, peces muertos y musgos… (o sea, más limpio de lo que está
generalmente). Al momento de la ola golpear contra el palacio municipal, el
intendente se encomendó a Dios, abrazó sus diplomas y se encerró en su
despacho.
La plaza 9 de Julio y la Parroquia se
convirtieron en el fondo del río, una palometa quedó prendida de la cabeza de
la estatura de la madre y cinco cangrejos quedaron agarrados de la antena de
Radio Asunción funcionando, luego, como busca-polos. Además, unos peces dorados
quedaron estacados en el polo de la paz del Colegio Goretti y una unas mojarras
terminaron en un picadito en Tercer Tiempo.
Ya cuando comenzó a pasar la calle
Rivadavia, la ola comenzó a perder fuerzas. No obstante, se metió en el club
Talleres destrozando los trofeos que tenían en exhibición y arruinando a todas
las motos y autos que estaban en el Corralón a la espera de sus dueños. Por
otra parte, varios ratones salieron del galpón de maestranza y se dirigieron al
campo para salvar su vida.
Finalmente el gran tsunami terminó
siendo una pequeña marea que llegó hasta el estadio de Rosario Central y hasta
el salón de los Testigos de Jehová, donde unos fieles se subieron a unas canoas
para seguir predicando, de igual manera, casa por casa.
El agua en la ciudad duro algo de
seis días hasta que fue regresando a su lugar y, de a poco, los vecinos
comenzaron a regresar a sus casas. Aunque a veces algo tristes, pero también
contentos por los cardúmenes que encontraban en sus patios. Pero lo más
emocionante fue cuando todos los habitantes se juntaron frente al palacio
municipal para llorar por su heroico intendente.
De repente, todos escucharon algunos
ruidos del interior del palacio municipal y para alegría de todos, sobre el
techo apareció el máximo funcionario saludando a la gente que lo aplaudía.
“Vecinos, la casa está en orden… volvamos a la vida normal” – gritó a todos los
presentes que regresaron a sus casas motivados a rehacer sus vidas.
La tragedia pasó, no hubo víctimas
pero Arroyo Seco volvió en poco tiempo a ser la misma ciudad que antes, porque
quedo demostrado que acá hay gente que, a pesar de las grandes adversidades, la
sigue peleando.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 18/08/2012
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