sábado, 8 de septiembre de 2012

INVERTIR EN LA CIUDAD


Por irregularidades en su planta, la Municipalidad ganó a una empresa de Arroyo Seco un millonario juicio. Y para invertir ese dinero, el gobierno de turno convocó a todos los habitantes mayores de edad a una reunión en el Salón Dorado para que aportasen ideas o propuestas.
Cientos de vecinos se hicieron presentes en la convocatoria. Algunos con interesantes ideas que expondrían a las autoridades y al resto de los vecinos, y muchos simplemente de chismosos. Quedaba bien en claro que luego el Ejecutivo decidiría qué propuesta llevar a cabo.
Un abuelo con galera y bastón pidió la palabra y propuso que se construyera un barrio con una inversión inicial ganada en ese juicio, y el resto para que abonen los adjudicatarios de las viviendas. Varios aplaudieron esa idea, aunque algunos sospecharon de la identidad de ese hombre… Supusieron que debajo de esa galera había un concejal encubierto, que buscaba su propio rédito.
Una docente fue la siguiente en hablar. Propuso crear un jardín de infantes municipal, dado la gran cantidad de niños que pierden el año por quedar afuera de la inscripción. Otros vecinos ovacionaron la idea, aunque no faltaron los que comenzaron a criticar a los docentes argumentando que con feriados, paros y otros motivos, cada vez tienen menos ganas de dar clase.
Después fue el turno de un político. Se trató de un militante que elección tras elección se postula, pero nunca llega a ganar. Planteó que lo más correcto sería construir una granja para tratar con los menores delincuentes. Allí fue cuando decenas de vecinos se manifestaron en contra de la idea, planteando que lo mejor era meterlos presos directamente, “o molerlos a cintazos” – propuso el viejito de la galera.
Una mamá propuso invertir en la plazoleta de la estación, colocando nuevos juegos y poniendo en funcionamiento el carrusel. Hasta manifestó que era necesario un espacio verde para que las quinceañeras y novios se saquen fotos, ya que no hay otro más que el Club Central. Pero muchos se opusieron a la idea, simplemente porque expresaron que los romperían y todo quedaría en la nada.
Finalmente apareció un hombre de saco y corbata, que con maqueta en mano propuso construir enormes puentes que unieran los tres ingresos a la ciudad; “con estas carreteras un vehículo que sale en Kennedy y la ruta estará en el Cristo en dos minutos” – argumentó. Las tres carreteras se unirían sobre el centro de la ciudad y de esa manera se reduciría el gran congestionamiento que se produce en horas pico en el centro de Arroyo Seco. Además, lo más interesante de la propuesta era que el material para su construcción y la mano de obra sería toda de la ciudad; “esto es como llevar a Arroyo a la altura de las enormes carreteras con las que cuenta Capital Federal, o las megaciudades del exterior” – manifestó este señor.
La propaganda del empresario convenció a todos los presentes que, puestos de pie, aplaudieron la moderna idea. Y finalmente el Ejecutivo contrató a este empresario para la construcción de esos puentes carreteras, además de otros servicios que ofrecía, como monitoreos con cámaras y recicladora de basura.
Al mes, unas enormes columnas de cemento se levantaron en los tres ingresos de la ciudad. Allí estuvieron el gobernador, las autoridades locales, vecinos y medios de comunicación para la puesta en marcha de tan majestuoso proyecto. Hubo sándwiches de miga y gaseosas para todos, inclusive se disfrutó de un show de fuegos artificiales. Como si fuera poco, el empresario se sacó fotos con el intendente, concejales y la máxima autoridad provincial.
Pero aunque la Municipalidad abonó el total de la obra al magnífico empresario, esta no avanzó más allá de las columnas. Pasaron días, semanas, meses y años… Y jamás se supo qué fue lo que ocurrió con esta inversión. Jamás hubieron puentes carreteras y las columnas sólo terminaron sirviendo para que los enamorados plasmen sus graffitis.
Cambió de gobierno y aunque se hizo una auditoría, nunca se supo qué pasó con ese dinero. La cuestión es que los vecinos se quedaron sin sus puentes y este empresario, según se comentó, se fue a vivir a Suiza como un duque. Después de todo, invertir en Arroyo Seco no es muy difícil… De allí a que se vean los frutos de tal inversión es otra cosa.



Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 08/09/2012

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