sábado, 1 de septiembre de 2012

LA PAZ DE JULIA


“Sus problemas radican en su continuo estado de nerviosismo” – le expresó el psicólogo a  Julia, una joven de Arroyo Seco con ganas de disfrutar de la vida pese a las adversidades; “mañana cuando se levante trate de estar todo el día tranquila… En paz.”
Y luego de la recomendación del especialista, ella le abonó los cuatrocientos pesos de consulta y se fue a su casa. Se acostó y se propuso enfrentar el día siguiente con optimismo y la mayor tranquilidad que podía dar. Se despertó a las nueve con el despertador de su celular. “Tranquila y en paz” – se determinó. Se baja de la cama y coloca su pie izquierdo justo en la caca que su cachorrito había depositado en el dormitorio. Y cuando intenta tomar el celular, toca sin querer el vaso de agua de su mesa de luz y lo vuelta plenamente sobre su Nokia 6131.
Allí, con mucha paciencia, desarma el equipo para que se seque. Saca su perrito al patio y con una hoja de La Posta junta el excremento. Por esas cosas de los diarios, el dedo índice perfora el papel haciendo penetrar su delicada uña en la caca, que finalmente deja en el cesto de basura. Ya en la cocina, cuando se dispone a desayunar, encuentra una carta documento del banco que le informa de acciones judiciales por el atraso de pagos de su tarjeta.
Cierra sus ojos mientras lee la carta y respira profundamente. Como si fuera poco, cuando intenta poner el agua caliente de la pava en su pocillo se la arroja en parte sobre sus dedos, obligándola a poner su mano bajo la canilla y luego untarse pasta dental para frenar el ardor. Pero el día recién empezaba.
En su cuarto se dispone a vestirse para realizar unos trámites cuando encuentra su blusa favorita completamente mordisqueada por su can. La deja sobre la cama, vuelve a respirar para continuar con su clima de paz, y se viste. Al salir se encuentra con una de las ruedas de su bici desinflada. Se toma el tiempo para inflarla y sale, pero a media cuadra se le sale la cadena. Intenta ponerla pero, aunque se ensucia los dedos, no lo logra, y decide regresar el rodado a su casa para irse caminando.
Antes de bajar a la calle para cruzar en dirección a la Plaza 9 de Julio, un auto dobla en la esquina sobre un charco, provocando que el agua ensucie su pantalón. Se seca un poco con su pañuelo y finalmente camina hacia la plaza, a escasos segundos de que un auto frenara muy cerca de ella. Ya en la plaza una jauría la corre y un perro logra prendérsele a su pierna izquierda, ocasionándole una pequeña herida, y arrancándole además un pedazo de jean.
Llega al banco. Se encuentra con que tiene que hacer una cola de una hora con el objetivo de pagar un impuesto. Y cuando llega su turno se da cuenta de que perdió su monedero, probablemente cuando tuvo que correr en la plaza. Saluda al cajero y aunque regresa por el lugar donde fue, no la encuentra. Llega a su casa y cuando se dispone a ingresar, la llave se le rompe en la cerradura. Con mucha paciencia toma su celular y llama a un cerrajero, que aunque le dijo que iría en diez minutos, tarda una hora.
Finalmente ingresa. Abona al cerrajero y se dispone a pegarse una ducha. Se encuentra con que un problema en el calefón la obliga a bañarse con el agua bien fría, pero de todas maneras no le queda otra que enfrentar la realidad con mucha tranquilidad. Llega a la parada de colectivo a fin de ir a estudiar a Rosario.
El cole que debía pasar en quince minutos se demora más de cuarenta. Y cuando pasa, al ir totalmente lleno, no la sube. Espera media hora más para finalmente subir al ómnibus, que a la salida de Arroyo Seco termina rompiéndose frente al Club Rosario Central, y obliga a los pasajeros a tener que esperar otra media hora más para hacer el trasbordo.
Cuando llega a su facultad ya es el momento de regresar. Saca fotocopias de unos apuntes y se dirige a la parada. Cuando sube al colectivo descubre que olvidó su celular en el mostrador de la librería. Llega a su casa, enciende la luz ocasionando que la bombilla explote y sin querer, tropieza con el cachorro cayéndose al piso.
Se levanta. Saca a patadas al perro al patio. Rompe en pedazos la carta documento que seguía sobre la mesa. Arroja un plato al piso. Revolea su campera sobre la cama. Desparrama todas las fotocopias de su carpeta en toda la cocina y con una escoba en mano, golpea y rompe todas las lamparitas. Y con mucha fuerza, desarma su cama incluyendo su almohada, que se parte en pedazos.  
Se tira sobre la cama casi enloquecida, aunque en ese instante alguien llama a su puerta. Vuelve a respirar profundamente, se incorpora, se peina y atiende. Una amiga le devuelve la billetera que encontró en la plaza:
“…y me llamaron de tu celular que lo encontraron en la facultad, mañana te lo van a devolver” – le informa su amiga, que no salía del asombro al encontrar la casa sin luz y completamente desordenada. “¿Estás bien, Julia?”.
Más aun, luego descubre que la carta documento del banco tenía una dirección errónea y estaba dirigida a otra persona.



 Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 01/09/2012

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