“Sus problemas radican en su continuo
estado de nerviosismo” – le expresó el psicólogo a Julia, una joven de Arroyo Seco con ganas de
disfrutar de la vida pese a las adversidades; “mañana cuando se levante trate
de estar todo el día tranquila… En paz.”
Y luego de la recomendación del
especialista, ella le abonó los cuatrocientos pesos de consulta y se fue a su
casa. Se acostó y se propuso enfrentar el día siguiente con optimismo y la
mayor tranquilidad que podía dar. Se despertó a las nueve con el despertador de
su celular. “Tranquila y en paz” – se determinó. Se baja de la cama y coloca su
pie izquierdo justo en la caca que su cachorrito había depositado en el
dormitorio. Y cuando intenta tomar el celular, toca sin querer el vaso de agua
de su mesa de luz y lo vuelta plenamente sobre su Nokia 6131.
Allí, con mucha paciencia, desarma el
equipo para que se seque. Saca su perrito al patio y con una hoja de La Posta
junta el excremento. Por esas cosas de los diarios, el dedo índice perfora el
papel haciendo penetrar su delicada uña en la caca, que finalmente deja en el
cesto de basura. Ya en la cocina, cuando se dispone a desayunar, encuentra una
carta documento del banco que le informa de acciones judiciales por el atraso
de pagos de su tarjeta.
Cierra sus ojos mientras lee la carta
y respira profundamente. Como si fuera poco, cuando intenta poner el agua
caliente de la pava en su pocillo se la arroja en parte sobre sus dedos,
obligándola a poner su mano bajo la canilla y luego untarse pasta dental para
frenar el ardor. Pero el día recién empezaba.
En su cuarto se dispone a vestirse
para realizar unos trámites cuando encuentra su blusa favorita completamente
mordisqueada por su can. La deja sobre la cama, vuelve a respirar para
continuar con su clima de paz, y se viste. Al salir se encuentra con una de las
ruedas de su bici desinflada. Se toma el tiempo para inflarla y sale, pero a
media cuadra se le sale la cadena. Intenta ponerla pero, aunque se ensucia los
dedos, no lo logra, y decide regresar el rodado a su casa para irse caminando.
Antes de bajar a la calle para cruzar
en dirección a la Plaza 9 de Julio, un auto dobla en la esquina sobre un charco,
provocando que el agua ensucie su pantalón. Se seca un poco con su pañuelo y
finalmente camina hacia la plaza, a escasos segundos de que un auto frenara muy
cerca de ella. Ya en la plaza una jauría la corre y un perro logra prendérsele
a su pierna izquierda, ocasionándole una pequeña herida, y arrancándole además
un pedazo de jean.
Llega al banco. Se encuentra con que
tiene que hacer una cola de una hora con el objetivo de pagar un impuesto. Y
cuando llega su turno se da cuenta de que perdió su monedero, probablemente
cuando tuvo que correr en la plaza. Saluda al cajero y aunque regresa por el
lugar donde fue, no la encuentra. Llega a su casa y cuando se dispone a
ingresar, la llave se le rompe en la cerradura. Con mucha paciencia toma su
celular y llama a un cerrajero, que aunque le dijo que iría en diez minutos,
tarda una hora.
Finalmente ingresa. Abona al
cerrajero y se dispone a pegarse una ducha. Se encuentra con que un problema en
el calefón la obliga a bañarse con el agua bien fría, pero de todas maneras no
le queda otra que enfrentar la realidad con mucha tranquilidad. Llega a la
parada de colectivo a fin de ir a estudiar a Rosario.
El cole que debía pasar en quince
minutos se demora más de cuarenta. Y cuando pasa, al ir totalmente lleno, no la
sube. Espera media hora más para finalmente subir al ómnibus, que a la salida
de Arroyo Seco termina rompiéndose frente al Club Rosario Central, y obliga a
los pasajeros a tener que esperar otra media hora más para hacer el trasbordo.
Cuando llega a su facultad ya es el
momento de regresar. Saca fotocopias de unos apuntes y se dirige a la parada. Cuando
sube al colectivo descubre que olvidó su celular en el mostrador de la
librería. Llega a su casa, enciende la luz ocasionando que la bombilla explote
y sin querer, tropieza con el cachorro cayéndose al piso.
Se levanta. Saca a patadas al perro
al patio. Rompe en pedazos la carta documento que seguía sobre la mesa. Arroja
un plato al piso. Revolea su campera sobre la cama. Desparrama todas las
fotocopias de su carpeta en toda la cocina y con una escoba en mano, golpea y
rompe todas las lamparitas. Y con mucha fuerza, desarma su cama incluyendo su
almohada, que se parte en pedazos.
Se tira sobre la cama casi
enloquecida, aunque en ese instante alguien llama a su puerta. Vuelve a
respirar profundamente, se incorpora, se peina y atiende. Una amiga le devuelve
la billetera que encontró en la plaza:
“…y me llamaron de tu celular que lo
encontraron en la facultad, mañana te lo van a devolver” – le informa su amiga,
que no salía del asombro al encontrar la casa sin luz y completamente
desordenada. “¿Estás bien, Julia?”.
Más aun, luego descubre que la carta
documento del banco tenía una dirección errónea y estaba dirigida a otra
persona.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 01/09/2012
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